Mateo Rivera llega a una prestigiosa universidad de Estados Unidos con una beca que representa la oportunidad de cambiar su vida. Acostumbrado a luchar por cada oportunidad, sabe que no puede permitirse cometer errores. Alexander Whitmore, en cambio, nació rodeado de privilegios. Hijo de una de las familias más importantes de la ciudad, tiene un futuro prácticamente asegurado. Pero detrás de su apellido, su dinero y la imagen de una vida perfecta existe una presión que pocos conocen. Sus caminos se cruzan durante su primer día de universidad. Al principio, solo son dos estudiantes que comienzan a hablar. Después, poco a poco, se convierten en amigos. Entre conversaciones, miradas y momentos compartidos, algo comienza a cambiar entre ellos. Pero mientras Mateo empieza a descubrir lo que realmente siente, Alexander tendrá que enfrentarse a sus propios miedos. Porque enamorarse de Mateo significa desafiar un mundo al que siempre ha pertenecido. Un mundo donde las apariencias importan, donde su familia tiene una reputación que proteger y donde mostrar quién es realmente podría cambiarlo todo. Dos chicos. Dos mundos completamente diferentes. Una historia que comienza con una simple mirada. Entre Dos Mundos es una historia de amor, amistad, descubrimiento y valentía, donde ambos tendrán que decidir si vale la pena luchar por lo que sienten.
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Temporada 2, Capítulo 1
— Capítulo 1: Lo que no sabemos
Durante varios segundos, ninguno de los dos dijo una palabra.
Mateo seguía mirando el mensaje que había recibido aquella mañana.
“Si quieres saber qué ocurrió hace tres años, no confíes en los Whitmore.”
Y debajo:
“Pregúntale a tu padre qué hizo la noche del 17 de agosto.”
Alexander volvió a leerlo.
—¿Tienes idea de quién pudo enviarlo?
Mateo negó lentamente con la cabeza.
—No.
—¿Tu padre?
—No creo.
—¿Thomas?
—Tampoco lo sé.
Alexander guardó silencio.
Después tomó el teléfono de Mateo y volvió a mirar la pantalla.
—Hay algo que me preocupa.
—¿Qué?
—La persona que lo envió sabe demasiado.
Mateo sintió un escalofrío.
—Eso mismo estaba pensando.
—Sabe lo de hace tres años. Sabe quién es mi familia. Sabe que tú tienes preguntas sobre tu padre.
Mateo miró hacia el edificio de la universidad.
—Y sabe la fecha.
Alexander levantó la mirada.
—El 17 de agosto.
—Sí.
—Tenemos que preguntarle a Carlos.
Mateo asintió.
—Hoy.
Alexander tomó su mano.
—Juntos.
Mateo entrelazó sus dedos con los de él.
Esta vez ninguno intentó ocultarlo.
Después de todo lo ocurrido, aquello se sentía diferente.
Ya no eran dos amigos intentando descubrir qué sentían.
Habían cruzado una línea.
Y aunque ninguno sabía exactamente qué significaba su relación todavía, ambos sabían que no querían regresar atrás.
⸻
Daniel y Sophie aparecieron unos minutos después.
Daniel miró sus manos entrelazadas y sonrió.
—Bueno…
Mateo levantó la mirada.
—¿Qué?
—Nada.
Sophie sonrió.
—Déjalo disfrutar.
—No estoy diciendo nada.
—Tu cara está diciendo mucho.
Alexander soltó una risa.
—Déjenlo tranquilo.
Daniel levantó ambas manos.
—Está bien, está bien.
Sophie se acercó a Mateo.
—¿Todo bien?
Mateo dudó.
—No exactamente.
Daniel dejó de bromear.
—¿Otra vez lo de Thomas?
Alexander asintió.
—Y algo más.
Mateo les mostró el mensaje.
Daniel lo leyó.
Su expresión cambió.
—Esto ya no parece una coincidencia.
—No —respondió Alexander—. No lo es.
Sophie miró a Mateo.
—¿Vas a hablar con tu papá?
—Sí.
—¿Quieres que vayamos?
Mateo negó.
—No. Necesito hacerlo yo.
Daniel asintió.
—Entonces nos quedamos cerca.
Mateo sonrió.
—Gracias.
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Las clases terminaron antes de lo esperado.
Mateo salió de la universidad con Alexander.
Durante el trayecto hacia la casa de los Rivera, hablaron poco.
Finalmente Alexander rompió el silencio.
—¿Estás nervioso?
—Sí.
—¿Por tu padre?
Mateo miró por la ventana.
—Por lo que pueda decirme.
Alexander entendió.
—¿Y si no quiere hablar?
—Entonces insistiré.
—¿Y si te cuenta algo que cambia lo que piensas de él?
Mateo tardó en responder.
—Es mi padre.
—Lo sé.
—Pero también quiero saber la verdad.
Alexander lo miró.
—Pase lo que pase, no tienes que enfrentarlo solo.
Mateo sonrió ligeramente.
—¿Siempre vas a decirme eso?
—Probablemente.
—¿Incluso cuando sea complicado?
—Especialmente cuando sea complicado.
Mateo apoyó la cabeza contra el asiento.
—Me alegra que estés aquí.
Alexander sonrió.
—A mí también.
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Carlos estaba en la cocina cuando llegaron.
El ruido de la puerta hizo que levantara la mirada.
—Mateo.
Después vio a Alexander.
—Hola, Alexander.
—Buenas tardes, señor Rivera.
Carlos asintió.
—¿Todo bien?
Mateo dejó su mochila sobre una silla.
—Necesito hablar contigo.
Carlos observó su expresión.
—Claro.
Alexander dio un paso atrás.
—Puedo esperar afuera.
Mateo lo miró.
—No.
Carlos frunció ligeramente el ceño.
—¿Sobre qué?
Mateo sacó el teléfono.
—Sobre el 17 de agosto.
Carlos se quedó completamente quieto.
La reacción fue inmediata.
Mateo lo notó.
Alexander también.
—¿Qué pasó ese día? —preguntó Mateo.
Carlos bajó la mirada.
—¿Quién te habló de esa fecha?
—Eso no importa.
—Sí importa.
—Papá.
Carlos respiró profundamente.
—Mateo, hay cosas que…
—No quiero otra respuesta a medias.
Carlos levantó la mirada.
Mateo continuó:
—Primero apareció Thomas. Después apareció un documento con el nombre de Ethan Whitmore. Ahora alguien me manda un mensaje diciéndome que te pregunte por una fecha específica.
Carlos palideció ligeramente.
—¿Qué mensaje?
Mateo se lo mostró.
Carlos lo leyó.
Su expresión cambió.
—¿Quién te mandó esto?
—No lo sé.
Carlos devolvió el teléfono.
—Tienes que olvidarte de esto.
Mateo abrió los ojos.
—¿Qué?
—Olvídalo.
—¿Por qué?
—Porque no sabes con quién estás tratando.
Alexander intervino.
—Señor Rivera, si alguien está amenazando a Mateo…
Carlos lo miró.
—No es una amenaza.
—Entonces ¿qué es?
Carlos permaneció en silencio.
Mateo se acercó.
—Papá, ¿qué pasó esa noche?
Carlos cerró los ojos.
Finalmente dijo:
—Yo estuve con Thomas.
Mateo sintió un nudo en el estómago.
—¿Dónde?
—En el almacén.
—¿Y qué ocurrió?
Carlos no respondió inmediatamente.
—Tuvimos una discusión.
—¿Por dinero?
—Sí.
—¿Cuánto dinero?
Carlos negó con la cabeza.
—No era solo dinero.
Mateo frunció el ceño.
—Entonces ¿qué era?
Carlos lo miró directamente.
—Un contrato.
Alexander prestó atención.
—¿Con quién?
Carlos respondió:
—Con una empresa relacionada con los Whitmore.
El silencio fue absoluto.
⸻
En ese mismo momento, en la casa Whitmore, Ethan estaba sentado frente a Richard.
Victoria permanecía de pie cerca de la ventana.
—Alexander ya sabe demasiado —dijo Ethan.
Richard lo miró.
—Todavía no sabe lo suficiente.
—Eso es precisamente lo peligroso.
Victoria se volvió hacia ellos.
—¿Qué ocurrió realmente aquella noche?
Richard no contestó.
Ethan se levantó.
—No puedes seguir escondiéndolo.
—Sí puedo.
—No para siempre.
Richard golpeó suavemente la mesa.
—No entiendes lo que está en juego.
Ethan lo miró fijamente.
—Lo entiendo mejor que tú.
Richard se quedó callado.
Ethan sacó una carpeta.
La colocó sobre la mesa.
—Encontré esto.
Richard miró la carpeta.
—¿Dónde?
—En los archivos antiguos.
—¿La abriste?
—Sí.
Richard palideció.
—¿Qué dice?
Ethan abrió la carpeta.
Dentro había una copia de un contrato.
En la parte superior aparecían dos nombres:
Rivera Construction
y
Whitmore Holdings.
Victoria se acercó.
—Dios mío…
Ethan continuó:
—El contrato fue firmado tres días antes de la desaparición del dinero.
Richard miró la firma.
—Eso no puede estar ahí.
—Pero está.
—¿Quién autorizó la transferencia?
Ethan señaló una línea.
—Ese es el problema.
Richard miró.
Su rostro perdió completamente el color.
—No.
Victoria preguntó:
—¿Qué pasa?
Richard cerró la carpeta.
—Nada.
Ethan negó.
—No puedes seguir diciendo eso.
Richard levantó la mirada.
—Hay una firma que no debería existir.
⸻
En la casa Rivera, Carlos finalmente se sentó.
Parecía agotado.
—Hace tres años —comenzó—, Thomas y yo conseguimos un proyecto importante.
Mateo escuchaba atentamente.
—El proyecto estaba relacionado con una compañía que tenía vínculos con los Whitmore.
Alexander permaneció en silencio.
—Todo iba bien hasta que apareció un problema con una transferencia.
—¿La que menciona Thomas?
—Sí.
—¿Y tú qué hiciste?
Carlos lo miró.
—Nada.
—¿Entonces por qué te acusó?
—Porque el dinero desapareció después de que yo tuviera acceso a las cuentas del proyecto.
Mateo frunció el ceño.
—¿Lo tenías?
—Sí.
—Entonces parecía que tú lo habías hecho.
Carlos asintió.
—Exactamente.
—¿Y no pudiste demostrar que no fuiste tú?
Carlos negó.
—Los documentos que podían demostrarlo desaparecieron.
Alexander preguntó:
—¿Quién tenía acceso a ellos?
Carlos miró a Alexander.
—Varias personas.
—¿Thomas?
—Sí.
—¿Ethan Whitmore?
Carlos se quedó callado.
Alexander entendió.
—También.
Carlos asintió lentamente.
—Sí.
Mateo se levantó.
—¿Mi padre y Ethan se conocían?
Carlos respondió:
—Sí.
—¿Y tú nunca me dijiste?
—Porque quería protegerte.
Mateo negó con la cabeza.
—¿Protegerme de qué?
Carlos no respondió.
⸻
El teléfono de Alexander comenzó a vibrar.
Miró la pantalla.
Era Emma.
Contestó.
—¿Sí?
La voz de Emma sonaba preocupada.
—Alexander, ¿dónde estás?
—Con Mateo.
—Necesito hablar contigo.
—¿Qué pasó?
—Ryan encontró algo.
Alexander se quedó serio.
—¿Qué cosa?
—Una persona.
—¿Qué persona?
Emma hizo una pausa.
—Alguien que estaba investigando a Mateo antes que tu padre.
Alexander se puso de pie.
—¿Quién?
—No lo sabemos todavía.
—¿Dónde está Ryan?
—En la universidad.
Alexander miró a Mateo.
—Vamos para allá.
⸻
Una hora después, Alexander y Mateo regresaron al campus.
Daniel y Sophie también estaban allí.
Ryan esperaba cerca de la biblioteca.
—¿Qué encontraste? —preguntó Alexander.
Ryan sacó su teléfono.
—Estuve revisando algunas cosas porque me pareció raro que tu padre tuviera información sobre Mateo tan rápido.
Mateo cruzó los brazos.
—¿Y?
Ryan mostró una fotografía.
—Encontré esto.
Era una imagen tomada desde lejos.
Mateo y Alexander saliendo juntos de la universidad.
—¿Cuándo fue tomada? —preguntó Alexander.
—Antes de que tu padre empezara oficialmente a investigar a Mateo.
Mateo sintió un escalofrío.
—Entonces alguien ya nos estaba observando.
Ryan asintió.
—Exactamente.
Sophie preguntó:
—¿Quién tomó la foto?
Ryan negó.
—Eso no lo sé.
Alexander miró la imagen.
Entonces se fijó en un detalle.
Al fondo aparecía un automóvil oscuro.
—Ese auto…
Ryan lo miró.
—¿Lo reconoces?
Alexander no respondió.
Sí lo reconocía.
Lo había visto varias veces frente a la casa de Mateo.
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Esa noche, Richard recibió una llamada.
—Señor Whitmore.
—Habla.
—Tenemos un problema.
—¿Qué pasó?
—Thomas desapareció.
Richard se levantó.
—¿Qué?
—No responde llamadas.
—¿Desde cuándo?
—Desde esta tarde.
Richard caminó rápidamente hacia la ventana.
—¿Están seguros?
—Sí.
—¿Y la persona que estaba con él?
La respuesta tardó unos segundos.
—También desapareció.
Richard apretó el teléfono.
—Encuéntrenlos.
—Lo estamos intentando.
—No.
Su voz se volvió fría.
—Encuéntrenlos antes que Alexander.
⸻
En otra parte de la ciudad, un automóvil se detuvo frente a un edificio abandonado.
Thomas bajó.
Miró alrededor.
—Te dije que esto era peligroso.
La persona que estaba con él cerró la puerta del automóvil.
—Ya es demasiado tarde.
Thomas la miró.
—¿Él sabe?
—Todavía no.
—Entonces tenemos poco tiempo.
La persona sacó un sobre.
Se lo entregó.
—Aquí está.
Thomas abrió el sobre.
Dentro había una fotografía.
Su rostro cambió.
—¿De dónde salió esto?
—De los archivos originales.
Thomas miró nuevamente la fotografía.
—Entonces Carlos tenía razón.
La persona asintió.
—Y Richard también estaba allí.
Thomas guardó la fotografía.
—Tenemos que hablar con Mateo.
—No.
—¿Por qué?
—Porque ahora ya no estamos tratando solamente con Richard.
Thomas la miró.
—¿Entonces con quién?
La persona respondió:
—Con alguien que lleva tres años esperando este momento.
⸻
Cerca de medianoche, Mateo y Alexander estaban sentados en el auto.
Ninguno hablaba.
Finalmente Mateo rompió el silencio.
—Mi padre sabía más de lo que me dijo.
—Sí.
—Y tu familia también.
—Sí.
Mateo miró por la ventana.
—No sé si quiero seguir.
Alexander lo miró.
—¿Quieres dejarlo?
Mateo negó.
—No.
—Entonces seguiremos.
Mateo sonrió.
—¿No estás cansado?
—Mucho.
—¿Asustado?
Alexander pensó unos segundos.
—También.
—¿Entonces por qué sigues aquí?
Alexander tomó su mano.
—Porque ahora sé lo que quiero.
Mateo lo miró.
—¿Qué quieres?
Alexander sonrió.
—A ti.
Mateo se quedó en silencio.
Alexander continuó:
—Y también quiero saber la verdad.
Mateo apoyó su cabeza sobre su hombro.
—Entonces hagámoslo juntos.
Alexander besó suavemente su frente.
—Juntos.
⸻
Al día siguiente, Mateo llegó a la universidad.
Pensaba que sería otro día difícil.
Pero cuando abrió su casillero encontró un sobre.
No tenía nombre.
Lo abrió.
Dentro había una fotografía.
Mateo la observó.
Era una fotografía antigua.
Carlos.
Thomas.
Richard.
Ethan.
Todos juntos.
Pero había una quinta persona.
Un hombre que Mateo no reconocía.
En la parte inferior de la fotografía aparecía una fecha:
17 DE AGOSTO — 3 AÑOS ATRÁS.
Mateo sintió que el corazón se le detenía.
Detrás de la fotografía había una frase.
“Tu padre no fue quien hizo desaparecer el dinero.”
Mateo dio vuelta la fotografía.
Debajo había otra frase.
“Pero tampoco te ha contado quién lo hizo.”
Mateo levantó la mirada.
Alguien estaba parado al final del pasillo.
Un hombre.
Lo observó durante unos segundos.
Después se dio la vuelta y desapareció entre los estudiantes.
Mateo salió corriendo detrás de él.
—¡Espera!
Pero cuando llegó al final del pasillo, ya no había nadie.
Solo quedó una pequeña tarjeta en el suelo.
Mateo la recogió.
Tenía una dirección.
Y una hora.
20:00.
Alexander apareció detrás de él.
—Mateo.
Mateo se volvió.
—Tenemos que irnos.
—¿Qué pasó?
Mateo le entregó la fotografía.
Alexander la observó.
Y entonces vio al quinto hombre.
Su expresión cambió.
—Yo conozco a este hombre.
Mateo lo miró.
—¿Quién es?
Alexander levantó lentamente la mirada.
—Es alguien que trabajó para mi padre.
Mateo sintió un escalofrío.
—¿Quién?
Alexander no respondió inmediatamente.
Miró nuevamente la fotografía.
—Y según mi padre…
Hizo una pausa.
—Ese hombre murió hace tres años.
Los dos se quedaron completamente inmóviles.
La fotografía seguía entre sus manos.
Y por primera vez, Mateo comprendió que la historia que había comenzado tres años atrás no solamente involucraba a su familia.
También podía estar conectada directamente con la familia de Alexander.
Y alguien había estado esperando tres años para que ellos encontraran la verdad.
Alexander tomó la mano de Mateo.
—No vayas solo.
Mateo negó.
—No pienso hacerlo.
Ambos miraron nuevamente la dirección.
20:00.
La pantalla se oscurece.
CONTINUARÁ…
Fin del Capítulo 1 —