Catalina solo conoció un amor, el de su padre. La única persona que la quiso se fue de éste mundo sabiendo todo lo que tendría que afrontar su pequeña.
Hay personas que nacen para sufrir, la protagonista es una de ellas 💔
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21 MI CORAZÓN ESTÁ ROTO
Era otro abuelo el que veía ante mí. Ezequiel era feliz, y yo con él.
Mercedes lo revolucionó todo, fueron los meses más felices de mi vida.
Aprendí de una mujer maravillosa, era mi madre, abuela, amiga y confidente.
Crecer entre hombres, me había hecho una niña especial, con una mujer a mi lado, había cambiado un poco. Me enseñó modales, a caminar, a sentarme.
Las tardes y noches eran mis favoritas, jugábamos a las cartas, al adivine, bingo. Etc..
A si lado abuelo había recuperado vitalidad, y juventud y yo madurez y seguridad.
Los tres meses se cumplieron y Jimena no volvió.
No sé si se arrepintió, o aplazó la fecha pero nunca regresó. Nosotros seguimos con la rutina, íbamos a alojar cada tres días y nos quedábamos en mi cabaña, seguía cuidando las ovejas. Ellas no tenían la culpa de las decisiones de los humanos.
Seguía alerta y preocupada por esa situación. Era vivir en el limbo.
No quería ir sola, pero las circunstancias me llevaron.
Necesitaba ir a mi casa, se me habían quedado mis herramientas el día anterior.
Le pedí permiso al abuelo para ir.
Lo pensó mucho, miró a Mercedes y no me contestó.
El día anterior él se había pinchado un clavo y estaba cojo. Su herida no sé había infectado, le apliqué una pomada antibiótica y no se inflamó ni enrojeció. Me sentía orgullosa que mis cremas y remedios dieran resultados.
--Preferiria que no, Catita.
--Pero abuelo voy y vuelvo. No demorare nada. Margarita me llevará y traerá.
--Por favor, quiero trabajar en el búho esta noche y si no tengo mis herramientas no puedo avanzar.
--Esta bien. Pero vuelves de inmediato.
--En dos hora estaré aquí, ya verás.
--No galopes, no le sigas el juego a esa yegua loca.
La monte a pelo y nos fuimos. El viaje siempre era maravilloso, sentir el viento en mi cara, era lo máximo para mí.
Llegué a casa, salté de la yegua, que se fue a pastar.
Me paré en la cima del risco y contemplé el valle.
Tenían algo raro. Las ovejas estaban apiñadas. Solo tenían esa actitud cuando se alteraban, generalmente con algún depredador o con gente que no conocían.
Me preocupé, sabía lo que significaba. Fuí corriendo a la casa, el candado estaba puesto, abrí, busque el rifle que lo tenía escondido.
Siempre lo mantenía cargado, pero no estaba en el lugar donde lo dejaba.
Me quedé inmóvil, con los nervios no me dí cuenta y....
Sentí el olor.
Ese olor a cuerpo sin lavar, a transpiración. Desagradable y asqueroso.
Empecé a caminar a la puerta, pero no lo ví venir.
Me tomó por detrás, me agarró del cuello, era muy alto y fuerte y olía muy mal.
--Sabía que tarde o temprano te encontraría. Llevo días merodeando. Has venido dos veces, pero nunca sola. Siempre acompañada del viejo.
--Has crecido, y estás bonita, tal como el muerto de mi hermano te describió.
Estaba firmemente sujeta por sus brazos.
--Tu abuelo lo mató, a él y a mi otro hermano.
--El viejo, jaja. Creímos que era un anciano indefenso. Y mira. Los mató tan fácil. Cómo si matara cerdos.
--Tu abuelo es un viejo loco, hizo algo impensable me dejó con vida.
--Me perdonó la vida,según él.
--Que podía cambiar mi modo de vida
--Trate de continuar con ella. Los enterré, nadie pregunto por ellos. Ni la policía, somos basura, eso creen todos.
--Asi que ahora será ojo por ojo y diente por diente. La familia lo exige
--Voy a cumplir con el plan. Pero no tendré que competir con mis hermanos. Se trató de reír falsamente
--Ahora yo seré el primero y el último.
--Me dió vuelta y lo ví por primera vez.
Nunca se dió cuenta que le había clavado mi cortapluma en el costado.
El dolor y la sorpresa, lo hizo reaccionar.
Me arrojó al suelo.
Se sonrió con una mueca tú dolor.
Desde el suelo lo miré.
--De tal palo tal astilla, eres una niña muy mala
--Sin embargo el dolor hace despabilarse
--Bebi licor para darme valor, y creer que si podía.
--Vine porque llegaron mis tíos y primos, quieren hacer justicia.
--Yo prometí que vengaría a mis hermanos, pero...
--Ahora tu me acuchillas y ya no podré cumplir con lo planeado.
--Tendré que matarte niña.
Tomó el rifle y me apuntó.
La sangre caía a gotas. Pero a ese ritmo no se desangraría.
Pasaron mil cosas por mi mente, mi papá. Cerré los ojos y le pedí. No quería morir.
Papá, no me lleves aún, estoy conociendo lo que significa tener una familia.
Una mariposa se posó en la ventana, no era de las más coloridas, pero estaba ahí.
Cómo una señal.
--¡Mierda!
--Tu abuelo tenía razón, no soy como ellos. Bajó el rifle y lo dejó a un lado.
--Pero todo cambio exige un sacrificio, tu tendrás que pagar un alto costo.
--Tendrás que irte.
--Mi familia no es buena. Todos han estado en la cárcel, menos yo.
--Y no quiero ser como ellos.
--Tengo dos opciones, las mismas que las tuyas.
--La orden de mi familia ........es abusar de tí y luego dejarte ir para que el viejo sufra.
--Pero si te dejo ir.
--No puedes volver a tu casa.
--Tendrás que huir. Irte lejos, por lo menos unos años, hasta que ellos se calmen. O mueran como lo hicieron mis hermanos.
--Tu abuelo me dió a elegir yo también te doy a elegir.
--Si escapas y yo digo que te mate, porque te quisiste hacer la lista, me creerán.
--Se creen muy inteligentes, pero no son más que delincuentes.
--Pero si te quedas, ellos matarán a tu abuelo.
--Contigo muerta, todo termina.
--Decide
Me levanté del suelo. Y miré a la mariposa que aún seguía ahí
--¿Sería un trato? Le dije con voz temblorosa.
--Si. Yo sé que pierdes mucho, pero busca un familiar lejano y te vas por un largo tiempo. En unos años nadie se acordará.
--Y yo podré devolver el favor de tu abuelo.
Salí a la entrada, se divisaban mis ovejas, mi mundo, el que estaba a punto de cambiar.
Abuelo por fin había conocido la felicidad y no sería yo quien se la quitara.
Ahora estaba Mercedes.
Con toda la rabia e impotencia que sentía por lo injusto de todo le contesté
--Acepto.
--Debes dejarme una prueba. Corta tu pelo y me lo das.
Fuí a la cocina y con uno de mis cuchillos corté mi trenza. Se la dejé en la mesa.
--Cumple tu promesa. Que la vida de mi abuelo quede garantizada.
--Asi será, me dijo él. Tomó un trapo y se taponeo la herida.
--Ahora vete. Le dije
No quería llorar, no quería que me viera llorar.
Porque mi corazón se estaba rompiendo de la pena....
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Entre tú y yo, ¡qué mucho echaba de menos tus letras!