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La Tentación Del Capo

La Tentación Del Capo

Status: Terminada
Genre:Mafia / Posesivo / Completas
Popularitas:822.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yesenia Stefany Bello González

Salvatore Greco nunca tuvo problemas con la tentación.
Hasta que una mujer que no lo necesita se cruza en su camino.

Elira Rama es una sobreviviente.
No cree en rescates ni en promesas. Ha pasado su vida cuidando a otros y luchando por no perder el control de la suya.

Mientras él intenta protegerla y mantenerla a salvo, ella lucha por no depender de nadie.
Y cuando el deseo, el pasado y la ambición chocan, ambos deberán decidir si la tentación es una promesa… o una condena.

Porque no todas las mujeres quieren ser rescatadas.
Y no todos los capos sobreviven a aquello que no pueden dominar.

NovelToon tiene autorización de Yesenia Stefany Bello González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Grieta

Salvatore

Katrina está frente al espejo, con un paño en la mano. Sus hombros están rígidos. Su postura es perfecta, pero hay una tensión en su espalda que no vi en el escenario. Como si el personaje se hubiera quedado pegado a su piel y ahora le pesara.

Respiro profundamente mientras se voltea a una velocidad desquiciantemente lenta.

Su mirada, ahora marrón, casi rojiza, me atraviesa… Una mirada sin sonrisa. Como Elira lo hace siempre, pero en Katrina no me gusta.

Esta Katrina no es la del escenario. No es el personaje que veo bailar y tentar a todos quienes quieran mirarla.

Esta Katrina está mirándome con frialdad y elegancia, como si fuera demasiado insignificante para dedicarme un poco de su tiempo.

–No hago privados. Pensé que Luan lo había dejado claro –dice con voz suave, como si no le importara que yo exista.

La frase debería calmarme. Pero me araña.

–Te estuve esperando –digo.

No me gusta cómo suena. Demasiado honesto. Demasiado parecido a un ruego. Pero ya no puedo recuperar mis palabras.

Katrina alza una ceja, divertida, como si yo fuera un niño caprichoso.

–¿Esperándome para qué? –pregunta–. ¿Para que te mire? ¿Para que te sonría? –Da un paso hacia mí y su voz baja medio tono–. ¿O para que te recuerde que eres el dueño del mundo?

Se acerca lo suficiente para que el perfume me golpee. Dulce. Picante. Peligroso.

No jazmín.

No hogar.

–No juegues conmigo –digo.

Ella se ríe sin humor.

–¿Jugar contigo? –susurra–. Eso es gracioso, Salvatore. Anoche me besaste como si fueras a arrancarme el alma… y después me dijiste que no soy ella.

No esperaba que lo dijera así.

Directo. Sin maquillaje emocional. Como un cuchillo limpio.

El dolor en mi pecho empeora y mi corazón comienza una marcha letal. Mis manos se tensan a los costados cuando veo su expresión dolida.

Quiero explicarme. Quiero justificar lo que dije ayer. Quiero decir que no lo dije así, que no quise herirla… Pero la verdad es simple.

La herí.

Y lo peor es que no sabía que eso era posible.

Katrina me mira como si esperara que yo diga algo inteligente, pero tengo nada.

–Hoy… –empiezo, y mi voz se astilla–. Hoy no me miraste.

El silencio cae como una sábana pesada cuando mi cabreo deja un calor espeso en la habitación.

Katrina pestañea una vez. Solo una. Pero el gesto es suficiente para ver que debajo del orgullo hay algo vivo. Algo que se mueve.

Dolor.

Y lo oculta rápido, como si fuera vergonzoso.

–No tenía ganas –dice finalmente–. No tenía ganas de regalarte nada.

–No eres así. No conmigo.

–Anoche aprendí a serlo.

El aire se vuelve demasiado denso. Demasiado pesado sobre mis hombros.

Me acerco un paso casi esperando que corra, pero no retrocede. Tampoco avanza. Se queda firme, como si la línea estuviera marcada en el suelo y se negara a cruzarla.

–¿Por qué? –pregunto, más bajo. Siseante. Una amenaza–. ¿Por qué me estás castigando?

Sus labios se curvan apenas con un temblor, pero se recompone.

–No estoy castigándote –susurra–. Estoy cuidándome.

Esa frase… esa maldita frase… no suena a Katrina. Suena a otra cosa.

A alguien que conoce el dolor. A alguien que aprendió que pedir es peligroso.

Mi garganta se cierra. Siento una irritación en los ojos que me ofende. Me ofende sentir tanto.

–No quería… –murmuro–. No quise decirlo de esa manera.

–Pero lo dijiste –responde–. No soy yo quién quieres, ¿no? Es ella. Deberías estar con ella y no aquí esperando algo que no vas a tener, no porque no pueda dártelo, sino porque no lo quieres de mí.

Su voz no tiembla. Sus manos sí. Apenas. Los dedos se aprietan contra el paño húmedo como si necesitara algo que sostener.

La veo.

No a Katrina.

No a Elira.

A ella.

A la grieta entre ambas.

Y se me rompe algo. Algo en mi pecho comienza a sangrar cuando puedo verla a ella. A la niña que está atrapada entre ambas. La Ely que ambas ocultan del mundo, porque fue el mundo quien la rompió cuando nadie pudo protegerla.

No puedo resistirlo.

No puedo.

Me acerco despacio, como si cualquier movimiento brusco pudiera asustarla. Como si yo mismo me hubiera vuelto un hombre que camina sobre hielo.

Levanto una mano y la apoyo en la pared junto a su rostro, atrapándola sin tocarla. Ella levanta la mirada a mí, desafiante… pero no se mueve. Sus ojos comienzan a mutar a un verde jade, para luego oscurecerse en los bordes.

–No vuelvas a ignorarme –le digo, y no suena a una orden.

Suena a confesión. A una petición que me vuelve débil y fuerte a la vez.

Katrina traga saliva antes de humedecer sus labios: –¿Y qué vas a hacer si lo hago?

–Volver.

La palabra sale sola. Brutal.

Katrina se queda quieta un segundo y luego su boca se curva en una sonrisa mínima, triste, casi invisible.

–Mentiroso –susurra.

Y en ese instante, sin pensarlo, sin planearlo, sin poder evitarlo… La beso.

No es como anoche.

No hay furia. No hay hambre violenta.

Es un beso lento, contenido, como si estuviera probando una verdad nueva. Como si no supiera qué hacer con el sentimiento que me aprieta el pecho.

Katrina se queda inmóvil al inicio. Por un terrible segundo pienso que me empujará. Que me humillará, quitándome lo único que necesito en este momento: su cercanía.

Pero entonces sus labios se abren apenas, lo justo para devolverme el beso con una suavidad que no le pertenece al escenario. Una suavidad humana. Vulnerable.

Su respiración tiembla.

Y algo dentro de mí se incendia, pero no en mi virilidad, no en el cuerpo…En el centro de mi pecho.

En ese lugar donde no debería doler ni arder nada. No con ella.

Me separo antes de que el beso se convierta en otra cosa. Antes de perder el control. Antes de hacer lo que siempre hago cuando quiero algo con la fuerza que la quiero a ella: tomar.

Katrina me mira con los labios entreabiertos, como si no supiera qué sentir, como si hubiera olvidado cómo hacerlo.

–Eso… –susurra, y no termina la frase.

Yo tampoco.

–No vuelvas a mirarme como si yo fuera uno más –exijo, casi sin voz.

Ella ríe, pero esta vez sí hay un poco de ella. De la Katrina divertida y vibrante.

–No lo eres –responde.

Y ese “no lo eres” no suena a seducción. Suena a verdad.

Me quedo mirándola, odiando que esto me importe tanto. Odiando que la idea de que me vuelva a ignorar me revuelva el estómago.

–¿Vas a volver a bailar? –pregunto, como si fuera una pregunta simple. Como si no fuera mi ego en carne viva.

Katrina alza la barbilla.

–No para ti.

Debería irme. Debería dejarla.

Debería recordar quién soy.

Pero la miro… y entiendo que algo cambió. Que ya no basta con esperar desde la sombra. Entiendo que si quiero que me mire, tendré que ganármelo.

Y eso me enfurece… Y me atrae.

–Entonces me tocará aprender a no necesitarlo –digo.

Katrina ladea la cabeza.

–Suerte con eso. Ningún hombre ha aprendido a hacerlo. Y tú no serás la excepción.

Me doy la vuelta antes de hacer una estupidez. Antes de besarla otra vez. Antes de pedirle algo que no puede darme. No ella. No esa parte de ella.

Salgo del camerino con el pulso acelerado. Escapando del lugar donde pierdo el control. Escapando de esto que comienzo a sentir, no por Elira, ni por esa niña, por Katrina.

El ruido del club me golpea de nuevo. Las risas, la música, los billetes y las luces.

Todo se siente lejano.

Me apoyo un segundo en la pared del pasillo y cierro los ojos.

Me digo que esto no significa nada. Que fue un error. Un impulso. Pero mi boca aún guarda su sabor.

Y mi pecho… Mi pecho está peor.

Porque ahora sé algo que no quería saber.

No solo espero a Katrina. La necesito.

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Yeimi Suarez
A mi también me encanta, me tiene enganchada.
Clayas Pao
echar
elizabeth venera
me encanta esta historia algo diferente quien sabe cómo termine jaja
elizabeth venera
no logro entender por fin de quién de las dos está enamorado de Eli o de su tía pq a la final es Eli bailando con movimientos de su tía Pero es la misma persona
Cliente anónimo
Excelente
ISABEL CLEMENTE
muy buena la historia, me gustó esta saga gracias
Yesenia Bello González: Gracias por leer y por la puntuación 💛 😊 💕 🙌 💜 ♥️ 💛 😊
total 1 replies
alejandra
cómo cada una de tus historias y toda esta saga, no hubo presa mala. felicitaciones autora, excelente
Yesenia Bello González: Gracias por leer y por la puntuación 💛 😊 💕 🙌 💜 ♥️ 💛 😊
total 1 replies
alejandra
veaaa que ganó Iris la apuesta 🤣🤣🤣🤣🤣🤣
alejandra
🤣🤣🤣🤣🤣🤣 Stefy es pesada
alejandra
🤣🤣🤣🤣 que no vaya a ser la mamá
alejandra
pero escriban sus propias historias donde la protagonista sea a su gusto Home,
alejandra
error querido decano
alejandra
esta hablando de él, miserable
alejandra
atención a todas las unidades
llamado de emergencia S.O.S estos se están quemando 🔥🔥🔥🔥
Jesica Agüero
me gusta mucho esta novela no leí todo los libros lo voy hacer
Ana Florencio torres
Que buenísimas están tus novelas me enamore de todas gracias por compartir tu hermoso trabajo 🥰😘🥰😘🥰🎉🎊🫶 voy por más, saluditos y un fuerte abrazo ala distancia.
Yesenia Bello González: Gracias por leer y por la puntuación 💛 😊 💕 🙌 💜 ♥️ 💛
total 1 replies
Chel Garcia
maravillosa historia 👌🏽 felicidades
Luisana Carmona
esto es todo lo que ella se merecía su final feliz ♥️♥️🥰🥰
Luisana Carmona
/Scowl//Angry//Angry//Angry/
Luisana Carmona
wow wow wow mucho amor amor mucho amor ♥️♥️♥️♥️🥰🥰🥰
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