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El Trono De Sangre Y Espinas

El Trono De Sangre Y Espinas

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía
Popularitas:739
Nilai: 5
nombre de autor: Lelixi

¡Que escuchen los hombres, que escuchen los reyes y que escuchen los cielos! ¡Si la moralidad del mundo exige que renuncie a ti, destruiré el mundo! ¡Y si el cielo mismo intenta separarnos, le declararé la guerra a los mismos dioses! ¡Mi único reino es tu corazón, Elysian!

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EL JARDÍN DE LAS DELICIAS PROHIBIDAS

Tras aquella primera noche de entrega absoluta, el palacio de piedra pareció transformarse para Lyra y Rhaed. Lo que comenzó como un amor nacido de la protección se convirtió en una adicción febril y deliciosa. Aunque el compromiso era oficial, ambos sentían que las paredes de la Ciudadela eran demasiado estrechas para el fuego que los consumía.

​Rhaed, el hombre que antes solo vivía para el acero, ahora contaba los minutos de su guardia para escabullirse por los pasadizos secretos que llevaban a la torre de Lyra. Se volvieron expertos en el arte del disimulo: una mirada robada durante el almuerzo real, un roce de dedos al pasar por un pasillo, o el intercambio de pequeñas notas ocultas en ramos de rosas silvestres.

​Sin embargo, cuando las puertas se cerraban, la contención desaparecía. En los jardines privados, ocultos por la magia de sombras que Rhaed desplegaba para asegurar su privacidad, se entregaban el uno al otro con una urgencia que rozaba la desesperación. Lyra amaba la aspereza de las manos de Rhaed contra su piel, y él adoraba la forma en que ella se aferraba a su espalda esculpida, reclamándolo como suyo.

​—No puedo tener suficiente de ti —le susurraba Rhaed una noche, oculto entre las glicinias del patio—. Siento que cada hora que paso lejos de ti es tiempo que le robo a mi propia vida.

​—Entonces no te vayas nunca —respondía Lyra, besando la cicatriz de su hombro—. Quédate hasta que el sol nos delate.

​Eran jóvenes, estaban enamorados y se sentían invencibles. Pero no contaban con los ojos expertos de un sanador que conocía cada rastro de la naturaleza humana.

​Elysian observaba a su hermana con una mezcla de alegría y creciente preocupación. Notaba el brillo inusual en sus ojos, pero también el cansancio repentino y cómo Lyra, siempre hambrienta, ahora rechazaba ciertos alimentos que antes amaba.

​Una mañana, Lyra no bajó a desayunar al Gran Comedor. Kaelen, siempre alerta, dejó caer su cubierto de plata con un sonido metálico.

​—¿Dónde está Lyra? —preguntó el Rey de Hierro, sus ojos plateados escaneando la mesa.

​—Me envió un mensaje, amor —mintió Elysian con suavidad, acariciando la mano de su esposo—. Dijo que tenía una migraña leve y que prefería descansar un poco más. Ya sabes que el cambio de estación suele afectarle.

​Kaelen gruñó, poco convencido, pero se dejó distraer por un beso que Elysian le depositó en la mejilla. En cuanto el Rey de Hierro se retiró para pasar revista a las tropas, Elysian corrió hacia la torre este.

​Al entrar, encontró a Lyra pálida, inclinada sobre un aguamanil, sufriendo los estragos de una náusea matutina que no dejaba lugar a dudas. Rhaed estaba a su lado, arrodillado, sosteniendo su cabello con una expresión de terror puro en el rostro, como si ella fuera a romperse en pedazos.

​—Elysian... yo... no sé qué le pasa —balbuceó Rhaed, mirando al sanador con desesperación—. Estaba bien hace una hora y ahora...

​Elysian cerró la puerta con llave y se acercó. Posó sus manos sobre el vientre de Lyra y cerró los ojos, canalizando su magia. Sintió un latido, pequeño pero vibrante y fuerte como el hierro. Una chispa de vida nueva que ya llevaba el sello de las sombras y la luz.

​—Por los dioses... —murmuró Elysian, abriendo los ojos con asombro—. Lyra, Rhaed... van a tener un hijo.

​El silencio fue absoluto. Lyra se llevó las manos a la boca, sollozando, pero esta vez de una felicidad que la desbordaba. Rhaed se quedó petrificado, mirando el vientre de su prometida como si fuera el milagro más grande del universo.

​—¿Un hijo? —susurró Rhaed, su voz quebrada—. ¿Una vida nuestra?

​Elysian, sin embargo, recuperó la compostura rápidamente. El instinto de supervivencia se activó.

​—Escúchenme bien —dijo Elysian, bajando la voz—. Kaelen es un hombre de fuego. Si descubre que su mano derecha y su hermana han concebido antes de pasar por el altar, su orgullo y su furia sobreprotectora lo cegarán. No distinguirá entre amor y deshonra. Podría matarte, Rhaed, incluso siendo su mejor amigo.

​Rhaed se puso de pie, su instinto protector despertando.

​—No dejaré que le haga nada a ella.

​—No se trata de eso —dijo Elysian—. Se trata de que no podemos permitir que este palacio se convierta en un campo de batalla. Debemos adelantar la boda. Mañana mismo convocaré al consejo y anunciaré que la ceremonia se celebrará en tres días. Diremos que he tenido una visión de los dioses exigiendo la unión inmediata. Debemos casarlos antes de que esa pequeña vida comience a notarse bajo el vestido.

​La pareja asintió, compartiendo una mirada de complicidad y alegría secreta. Iban a ser una familia. Pero primero, debían sobrevivir a la corte... y a Kaelen.

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