—¡Esto no es un cliché de reencarnación!
exclamó la protagonista reencarnada con todo los elementos que le hace un cliché.
Sin embargo, todo cambia cuando lo conoce a él. Su misterioso y falso “esposo"
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Capítulo 2: El "esposo" improvisado
El tiempo pareció detenerse en el gran salón de fiestas. La distancia entre el rincón de la joven y el imponente grupo de los cinco hombres se reducía con cada zancada, rápida y letal. Las miradas fijas sobre ella eran como lanzas invisibles: la frialdad implacable del Duque del Norte, la sonrisa depredadora del Príncipe Heredero, el aura asfixiante del Santo, la compostura marcial del Caballero Paladín y el brillo peligroso en los ojos del Maestro de la Torre Mágica.
«Si me alcanzan, estoy muerta. No sé qué hice, pero definitivamente estoy muerta», pensó en un arrebato de puro instinto de supervivencia.
Girando sobre sus talones con una agilidad desesperada, la joven se adentró torpemente entre la multitud que aún permanecía paralizada. Necesitaba un escudo, un chivo expiatorio, cualquier cosa que desviasse la atención de semejantes monstruos.
Fue entonces cuando lo vio.
De pie cerca de una de las salidas laterales, apartado del bullicio y observando la escena con una manzana a medio comer en la mano, se encontraba un joven desconocido. Vestía una casaca de viaje de corte fino pero sin ningún blasón familiar ni insignia que indicara su estatus. Su cabello oscuro y largo caía con desprolijidad elegante sobre la frente y sus ojos desprendían una serenidad casi ridícula considerando el caos del lugar. Tenía el aspecto perfecto de un noble menor de paso o un invitado secundario a quien nadie prestaba atención.
Ella no lo pensó dos veces. Se lanzó hacia él como un náufrago hacia una tumba de madera.
Antes de que el desconocido pudiera reaccionar o dar otro mordisco a su fruta, la joven le agarró el brazo izquierdo con ambas manos, pegándose a su costado y elevando la voz con una firmeza dramática que resonó en medio del silencio del salón.
—¡Cariño! ¡Por fin te encuentro! —exclamó, fingiendo una sonrisa de alivio mientras clavaba sus dedos en la tela de su manga—. Te dije que no te alejases tanto, ¡sabes bien lo mucho que me marean las multitudes!
El joven se congeló por un segundo. Mantuvo la manzana a milímetros de su boca y bajó la mirada hacia la muchacha que se aferraba a él como si le fuera la vida en ello. Sus cejas se elevaron ligeramente con sorpresa, pero no la apartó.
A pocos metros, los cinco pilares del imperio se detuvieron en seco. El rostro del Príncipe Heredero se endureció; el Duque del Norte apretó la mandíbula con un chasquido audible; y el Maestro de la Torre Mágica entrecerró los ojos, evaluando al intruso con recelo.
—¿"Cariño"? —murmuró el desconocido con una voz profunda, suave y cargada de una diversión contenida—. No recordaba haberme casado esta mañana.
—Shh, solo sígueme el juego o nos matarán a los dos —le siseó ella entre dientes, manteniendo una sonrisa falsa hacia los nobles que los observaban atónitos—. ¡Nos vamos a casa ahora mismo, querido!
Sin darle tiempo a responder, la joven tiró de su brazo con toda la fuerza que le permitía su ajustado vestido y lo arrastró hacia la salida lateral de la gran terraza.
El joven dejó que lo llevara sin poner la más mínima resistencia. Mientras cruzaban el umbral de las puertas de cristal, echó una rápida mirada hacia atrás sobre su hombro. Sus ojos se cruzaron por un breve instante con los del Príncipe Heredero y los del Duque del Norte. Lejos de intimidarse, la comisura de sus labios se curvó en una sonrisa leve e imperceptible, como si acaba de presenciar el espectáculo más entretenido de su vida.
Lanzó la manzana a un lado de la barandilla, acomodó su ropa y aceleró el paso para ponerse a la par de su acelerada y aterrorizada "esposa".