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Volver A Vivir No Está Mal

Volver A Vivir No Está Mal

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Venganza
Popularitas:5.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yinet Leonor

Noelia Pérez es una mujer mayor de 89 años que muere de un ataque al corazón, pero inexplicablemente despierta en otra realidad. No se ha convertido en ninguna preciosa jovencita, sigue siendo una mujer mayor, pero esta vez tiene unos 50 años, un gato tuerto, una casa desvencijada y un nieto delicado que viene a vivir por ser rechazado por su preferencia sexual. ¿Qué hará Noelia con esta nueva vida? Acompáñame y verás como solo hay que desear vivir con mucha fuerza para brillar desde la miseria más absoluta.

NovelToon tiene autorización de Yinet Leonor para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El secreto

Esa tarde de Lunes Megan parecía tener prisa por ir a su clase de piano apenas si se despidió de Lían. Le dijo que después le escribiría por la noche. Lían ya contaba con su ausencia. No estaba especialmente afectado por ello. De hecho era muy conveniente, pues tenía cierta deuda que saldar en la pista de hielo. Además ardía en deseos de bailar con el traje nuevo. Era tan hermoso que se pasó el fin de semana observándolo con devoción. Se lo puso más de mil veces y otras tantas lo guardó. Razón esta que provocó las burlas de Mateo.

-Lía. Mi primo está enamorado.

-Eso ya lo sabía. Tiene novia.

-No. Eso no sé lo que es, pero no te lo creas. Saber Dios qué se traen esos dos entre manos, pero amor no es.

-¿Entonces de quién está enamorado Lían?

-De este traje.

-Mateo no fastidies. -protestó Lían sin apartarse del espejo de su abuela. Modelaba, posaba y se hacía Selfies.

-Lo que digo. Ha perdido la cabeza. Si hasta se hace fotos. Lía te digo, lo perdimos. Lían se resiste a las cámaras como el diablo a la cruz desde segundo de primaria.

-¿Tengo curiosidad? ¿Qué pasó?

-Nada solo que perdí los dientes y pues digamos que fui la burla de la escuela por medio año.

-A propósito. No me dijiste de dónde sacaste ese traje. -preguntó Noelia.

-Me lo regaló Andrés.

-¿Por qué?

-No sé. -mintió con soltura. Tendrás que preguntarle.

-No. Eso sería grosero. Andrés es un buen chico, una vez que lo conoces. Me cae bien.

Lían no dijo nada. Había acabado de sacarse la ropa cuidadosamente cuando Mateo los llamó con urgencia. Capitán había buscado la forma de colarse en el gallinero y estaba molestando a sus asustadas y escandalosas vecinas. Realmente su único ojo brillaba con diversión diabólica. Parecía sentir satisfactorio al verlas aleteando por todo el gallinero. Mateo lo capturó mientras lo regañaba.

-Escúchame bien bicho. Esto ya es mala conducta. Te voy a poner en arresto domiciliario. Deja a las gallinas o te quito también las sardinas. -Capitán maulló indignado. Mateo lo dejó en el piso todo erizado contemplando vengativamente a las aves. Una gallina pareció burlarse Mientras observaba con estrategia militar un gusano. Capitán volvió a maullar enfadado. Lían a todas estas revisaba en boxer todo el gallinero. Buscaba la brecha por la que Capitán había entrado a alborotar a las gallinas. Noelia en cambio aprovechó que estas estuvieran fuera de sus nidos y recogió los huevos. Cuidando de dejar siempre uno. Finalmente Lían dio con la rotura del perímetro. Capitán se había lucido. Separó una unión de la maya del techo.

Lían sonreía recordando todo el episodio camino a la pista de hielo. Llevaba dos bolsas. Una con los patines y la otra con el deslumbrante traje. Ya Andrés lo esperaba. Fue a cambiarse. Cuando regresó vio a Andrés con una cosa en la mano.

-¿Eso es una cámara profesional de mano?

-Sí.

-No me siento cómodo ante ellas.

-Solo ignórala. Además te lo había dicho.

-Lo sé, pero creí que bromeabas.

-No con estas cosas. -Lían no supo cómo interpretar eso último y en cambio le tiró un pendrive. -¿Para qué es?

-Si vamos a hacer esto. Lo haremos bien. En el equipo de la esquina busca la pista número tres. -Andrés lo hizo.

-¿Es Champion de Neomi & Burnboy?

-Sí. Esa misma. Tenla lista para que presiones play cuando te dé la señal.

Lían buscó el centro. Se deslizaban con una gracia cautivadora. Andrés reguló la iluminación. Ahora la penumbra de la pista de hielo se teñía de un azul profundo, salpicado por diminutos puntos de luz que parecían estrellas atrapadas bajo la superficie helada. El frío se colaba en el ambiente, pero dentro del pecho de Andrés, solo había fuego. Apretó la correa de la cámara portátil contra su cuello, sintiendo el peso de la lente como un talismán. A través del visor, el mundo se reducía a un único punto de enfoque: Lían.

Sobre el hielo, el chico era una silueta blanca casi fantasmagórica. El traje que Andrés le había regalado, un diseño de líneas plateadas que serpenteaban sobre su torso y brazos como venas de mercurio, se ceñía a su cuerpo con la precisión de una segunda piel. No era solo ropa de competición; era armadura y poesía a la vez y ahora, sobre las cuchillas que centelleaban bajo los focos, Lían comenzaba a moverse, convertido en el protagonista absoluto de su propia película. Le hizo la señal y él accionó la música.

Los primeros compases de Champion surgieron de los altavoces. Un susurro sintético que crecía como una ola. Andrés ajustó el enfoque, capturando el instante exacto en que Lían inclinó la cabeza. La música era un reto en ese comienzo, una llamada a la batalla. Lían respondió con una serie de pasos rápidos y entrecortados. Sus patines arañando el hielo con un crujido que la cámara de Andrés, con su micrófono de alta definición, registró nítidamente: shhhh-crac, shhhh-crac. El sonido era como un latido acelerado y Andrés contuvo el aliento. Cada movimiento de Lían era una respuesta al desafío de la canción, una declaración de que estaba dispuesto a luchar, a brillar, a no rendirse.

La melodía se alzó y con ella, Lían se lanzó en un giro sobre una pierna. La cámara de Andrés siguió el movimiento con una fidelidad asombrosa, captando cómo la luz se deslizaba por las líneas plateadas del traje, cómo el cabello de Lían se convertía en un remolino oscuro. "I'm a champion, can't you see?" cantaba Neomi y Lían parecía contestar con su cuerpo. Su brazo se extendió, un gesto de apertura, de vulnerabilidad y Andrés sintió un nudo en la garganta. La canción, en ese momento, se convertía en un grito de ayuda, un ruego silencioso que Lían lanzaba a través de la distancia. Sus ojos se encontraban con la lente de la cámara por un instante y Andrés supo que Lían no bailaba para nadie más. Bailaba para él. La cámara captó el destello de sus ojos, el temblor apenas perceptible de su labio inferior. Era su manera de decir: ¡Mírame, mírame de verdad! Y Andrés lo veía. Lo veía todo.

Entonces, el ritmo cambió. La base se volvió más profunda, más sensual y la voz de Neomi se enroscó en la penumbra. Fue en ese instante cuando la pista de hielo dejó de ser una pista para convertirse en su universo particular. Lían se abandonó y su baile se transformó en una oda a la libertad. Su cuerpo se movía con una fluidez que desafiaba la gravedad. Un salto, un águila, una secuencia de pasos de baile que parecían flotar sobre el hielo. La cámara de Andrés era su ojo extendido, el único testigo de la intimidad de cada movimiento. Enfocó el arco de su espalda cuando Lían se inclinaba hacia atrás, la tensión de los músculos de sus piernas al impulsarse, el suave aleteo de sus manos al describir círculos en el aire. Podía ver el vaho de su aliento, pequeño y blanco, mezclándose con la niebla fría de la pista. Podía casi oler su perfume, sentir el latido de su corazón acelerado.

Lían era pura sensualidad y poder. La canción ya no era un reto ni un grito; era la banda sonora de su libertad. Cada giro, cada pirueta, era una declaración de amor escrita en el hielo, un poema de cuchillas que surcaban la superficie blanca con una elegancia brutal. "I'm alive, I'm on fire", cantaba Neomi y Lían se convertía en la encarnación de esa llama. Andrés sintió que el corazón se le salía del pecho. No era solo la belleza del baile; era saber que ese traje que él había elegido, que ese momento, que esa entrega, era un regalo exclusivo para él. La cámara tembló ligeramente en sus manos. No por el frío, sino por la emoción que le embargaba. De su boca escapó un suspiro que se condensó en el aire y sus dedos se aferraron al visor como si pudiera, a través de él, tocar a Lían.

El clímax de la canción llegó como una explosión de luz y sonido. Lían se lanzó en un triple salto, el más difícil de su repertorio. El tiempo pareció detenerse. Andrés contuvo la respiración, con el dedo índice pegado al botón de grabación. Vio cómo Lían se elevaba, su silueta recortada contra el haz de luz cegadora, cómo su cuerpo giraba en el aire con una precisión matemática. La cámara capturó el ángulo perfecto, el vértigo del movimiento, la tensión en el rostro de Lían concentrado en la hazaña y en el momento exacto en que sus patines tocaban el hielo, en la fracción de segundo en que su peso se asentaba sobre la cuchilla y salía disparado en un último arabesco de brazos, Neomi cantaba con toda su fuerza: "I'm a champion".

Fue entonces cuando Andrés lo entendió todo. Lían no estaba solo bailando. Estaba conquistando sus propios miedos, sus propias sombras y en ese movimiento final, en la forma en que abrió los brazos y sonrió directamente a la cámara, Andrés vio al campeón. No al que gana medallas, sino al que se entrega entero en una pista de hielo para la persona que ama. La música se desvaneció en un último susurro. Sobre la pista, Lían se detuvo, su pecho subiendo y bajando al ritmo de su respiración agitada. La cámara de Andrés seguía rodando, capturando el momento en que el chico de los patines se giraba para mirarlo, con la sonrisa aún temblorosa y los ojos brillantes de emoción y cansancio.

Andrés bajó lentamente la cámara. No necesitaba la pantalla para verlo; lo tenía grabado en la retina, en el alma. A través del cristal que los separaba, sus miradas se encontraron. La pista de hielo estaba vacía, el silencio era absoluto, pero entre ellos vibraba la melodía de un momento eterno, el de un baile que no había sido para nadie más que para ellos dos. El hielo todavía parecía guardar el eco de la música. Lían permanecía sentado junto a la pista, inclinado hacia delante, con los antebrazos apoyados sobre las rodillas y el pecho subiendo y bajando con rapidez. Tenía las mejillas encendidas por el esfuerzo y algunos mechones de cabello pegados a la frente. Aun así, sonreía.

Sonreía como quien acaba de conquistar algo. Andrés bajó la cámara lentamente.

-¿Y bien? -preguntó Lían, todavía intentando recuperar el aliento. -¿Me vas a dar una copia? -Andrés arqueó una ceja.

-¿Así, sin más?

-Así, sin más.

-No. -Lían abrió los ojos.

-¿Cómo que no?

-Primero voy a editarla. Voy a quitar los momentos en los que casi te estampas contra el hielo.

-¿Cuándo sucedió eso?

-Hay uno en el que tu dignidad abandona tu cuerpo durante aproximadamente dos segundos. -Lían soltó una carcajada.

-Eres insoportable.

-Y tú eres dramático.

-Quiero mi grabación.

-La tendrás. Cuando termine. -Lían resopló, pero acabó sonriendo otra vez.

-Está bien, pero quiero la versión completa. Debo ver cuál fue el error.

-La tendrás.

Después llegó el silencio. No uno de esos silencios incómodos que obligaban a buscar desesperadamente cualquier cosa que decir. Era distinto. Cómodo. Cálido, incluso. El sonido lejano de la maquinaria de la pista llenaba el espacio. El hielo crujía suavemente bajo alguna distante contracción. Lían seguía recuperando el aliento mientras Andrés observaba la pantalla de la cámara. Durante unos minutos ninguno dijo nada y sorprendentemente, ninguno sintió la necesidad de hacerlo. Hasta que Andrés habló.

-¿Por qué Megan? -Lían giró lentamente la cabeza.

-¿Qué? -Andrés mantuvo la mirada en la cámara.

-Megan. ¿Por qué ella? -Lían se encogió de hombros.

-¿Por qué no?

Aquella respuesta tan sencilla dejó a Andrés sin argumentos. ¿-Por qué no? En efecto. Era natural. Megan era bonita. Popular. Inteligente. Tenía esa clase de belleza que llamaba la atención sin pedir permiso. Era perfectamente lógico que un chico como Lían pudiera interesarse por ella. Andrés bajó los ojos. Claro que era lógico. Entonces, ¿por qué aquella pregunta le había salido de la boca? Sin querer, recordó el primer día en el instituto. Llevaba apenas una semana en el Valle y odiaba absolutamente todo. El lugar. La escuela. La gente. A sí mismo. Había entrado al aula con la decisión de no mirar a nadie, de no permitir que nadie se acercara lo suficiente como para descubrir que debajo de aquella indiferencia había un muchacho que no sabía qué hacer con todo lo que llevaba dentro. Entonces alguien lo tocó.

-Oye. -Andrés levantó la vista. Era él. Lían. Tenía una libreta en la mano.

-Se te cayó. -Andrés miró la libreta y después aquellos ojos azules y durante un instante se perdió en aquella profundidad. No había sabido explicar qué había ocurrido. Solo había visto aquella mirada limpia, luminosa, completamente ajena a la oscuridad que él llevaba consigo. Lían sonrió. Una sonrisa tan bonita como una margarita cuando abre sus pétalos bajo los cálidos rayos del sol. Brillaba. Todo en él parecía luminoso y Andrés, en lugar de aceptar la libreta y darle las gracias como una persona normal, reaccionó con violencia. Habían terminado en una pelea. Ahora, recordándolo, le parecía inmaduro. Absurdo. Ridículo, pero quizá había algo más. Quizá aquel día su instinto había comprendido algo que su cabeza todavía no estaba preparada para aceptar. Tal vez le había advertido que aquel chico podía poner su corazón en peligro. Andrés suspiró. Se levantó.

-Vamos. -le tendió una mano. Lían la miró y sonrió antes de aceptarla.

-Gracias. -sus dedos se cerraron alrededor de los de Andrés y entonces ocurrió. La cuchilla derecha de Lían resbaló.

¡Ah...!

No hubo tiempo de reaccionar. Ambos perdieron el equilibrio. Andrés intentó sujetarlo. Lían intentó recuperar el control. Ninguno lo consiguió. Cayeron juntos sobre el hielo, pero el golpe que esperaban nunca llegó. Porque, en algún punto absurdo entre la caída y el intento desesperado por sostenerse, sus rostros quedaron demasiado cerca y sus labios chocaron. Fue apenas un instante. Un accidente. Una colisión imposible de prever, pero suficiente. Los dos quedaron inmóviles. Los ojos de Lían se abrieron de par en par. Los de Andrés también. Ninguno se movió. Ninguno respiró. Durante unos segundos olvidaron incluso funciones básicas del cuerpo. Respirar. Parpadear. Pensar. El mundo entero pareció detenerse. Hasta que, como si ambos hubieran recibido exactamente la misma orden invisible, se apartaron de golpe. Lían quedó a medio metro. Andrés, al otro lado.

-Perdón.

-Lo siento.

-Yo no quería...

-Fue la cuchilla...

-Sí, claro, la cuchilla.

-Fue un accidente.

-Sí.

-Completamente accidental.

-Por supuesto.

Las palabras se atropellaban entre ellos. Ninguno escuchaba realmente al otro. Porque debajo de todas aquellas disculpas había un estruendo mucho más fuerte. Sus propios corazones. Lían se llevó una mano a los labios. Todavía sentía aquel contacto y eso fue precisamente lo que más lo desconcertó. No había sido desagradable. Eso debería haber sido lo más sencillo de comprender. Había sido un accidente. Nada más. Entonces, ¿por qué su corazón latía como si acabara de terminar una rutina completa sobre el hielo? ¿Por qué la sonrisa de Andrés, aquella que tantas veces había visto sin darle importancia, acababa de adquirir un significado extraño? ¿Por qué de pronto tenía calor? Lían bajó la mirada. No quería pensar en ello. No todavía. No podía.

Andrés, mientras tanto, permanecía sentado sobre el hielo, completamente inmóvil. Había pasado años convencido de que conocía perfectamente la naturaleza de sus sentimientos. Odiaba a los homosexuales por culpa de lo sucedido con Ernesto, pero eso no siempre fue así. Sabía lo que era admirar. Sabía lo que era querer a alguien. Sabía lo que era proteger, pero aquello... Aquello era diferente. Porque cuando sus labios habían tocado los de Lían, su primera reacción no había sido apartarse. Había sido quedarse y esa pequeña verdad acababa de derribar algo dentro de él. Andrés levantó los ojos. Lían seguía sin mirarlo.

Entonces comprendió que quizá aquel beso accidental no había creado nada. Quizá simplemente había revelado algo que llevaba demasiado tiempo allí. Algo que ambos habían aprendido a ignorar. Que él temía enfrentar. Algo que, como el hielo bajo sus cuchillas, había estado esperando el instante exacto para hacerlos perder el equilibrio. Andrés sonrió apenas bajo la aplastante realidad. Lían finalmente levantó la mirada. Sus ojos azules encontraron los de él. Ninguno dijo nada y esa vez, el silencio entre ambos dejó de ser solamente cómodo. Ahora guardaba un secreto. Uno pequeño. Tembloroso. Peligroso. Culpable y extraordinariamente hermoso. Porque algunas historias no comienzan con una confesión. Ni con un beso buscado. A veces comienzan con una caída. Con dos corazones demasiado cerca y con un accidente que, inexplicablemente, se parece demasiado al destino.

-Me has robado mi primer beso. Tendrás que hacerte responsable. -trató de bromear Andrés, pero en el fondo era lo más serio que había dicho. Lían en cambio pensaba "y tú me robaste el mío así que estamos a mano", pero no podía decirlo. Se suponía que tenía novia. ¡Eso era!

-Tengo novia. No puedo hacerme responsable. -Andrés mantuvo un dominio absoluto de su expresión. Cuando habló lo hizo despacio.

-Era broma. No me hagas caso. Al final de cuentas, ambos somos hombres. Eso sería raro.

-Sí. Lo sería.

Lían Pérez con el traje que Mateo le regaló.

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Elisa Patico
aaaaaa por que Megan es tan comprensiva 😭 quiero no quererla y le guardo un poco de resentimiento porque yo quería un Andrés x Lian, osea yo sé que no es su culpa y no ha hecho nada malo, pero aaaaaaaaa no lo puedo evitar. Sé que ella no se metió entre ellos dos ni nada, pero aaaaaaaaaaaaa, es tan confuso lo que siento, culpo a la autora 😖
Yinet Leonor: 🤣🤣🤣🤣Culpa aceptada, pero me conoces todos mis finales son felices.🤷
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Elisa Patico
ya lo ves, la vida es así, tu te vas y yo me quedo aquí 🎶😭
Yinet Leonor: Así es. Todas las despedidas duelen.
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Elisa Patico
es que por queeeeee 😞 si se por que pero por queeeeee 😭
Yinet Leonor: Veremos cuánto crece este chico.😊
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Warriorgame
Es por esto que debía aceptar voluntariamente en vez de lo que pasó. No cualquiera soporta eso.
Yinet Leonor: Así es. Ser atleta de alto rendimiento conlleva sacrificios a niveles que los espectadores nunca ven.🤷
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Warriorgame
La verdad, debieron preguntarle primero.
Yinet Leonor: Sí, por suerte a Lían le gusta lo suficientemente como para no resentir esa decisión de los adultos 😊
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Elisa Patico
Cada vez que leo sobre Andrés, me duele un poquito. Gracias a Dios nunca me ha pasado lo de él, de amar a alguien en silencio, desde la distancia y ver cómo es feliz con alguien más, pero si he tenido desamores y si eso ya duele, no me imagino lo que vive él. Ojalá pueda encontrar a alguien que lo ame de la misma manera, con quién no se tenga que esconder y que lo acepte tal y como es ❤️ de pronto en la universidad?
Yinet Leonor: Paciencia 🤣🤣🤣🤣🤣
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Marita Peña
YA LO ENTENDERAN
Yinet Leonor: Claro que sí. Cuando crezcan.
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Marita Peña
EXACTO SON AMORES DIFERENTES
Yinet Leonor: Exactamente y el corazón tiene capacidad ilimitada para amar.
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Marita Peña
ES COMPLEJO SON ADOLESCENTES Y ESTAN CELOSOS HASTA CAPITAN ESTA CELOSO
Yinet Leonor: Así es, los dos han sufrido traumas y ven en Noelia su personas segura.😊
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Marita Peña
CAPITAN ES BRAVO 🤣🤣🤣
Yinet Leonor: 🤣🤣🤣🤣🤣Sí y muy territorial🤣🤣🤣🤣🤣
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Warriorgame
Ya dijo que no lo hará. No parece que tenga malas intenciones.
Yinet Leonor: A esa edad la seguridad es muy importante. Naturalmente los temores salen a flor de piel.🤷
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Elisa Patico
son cosas que van a ir comprendiendo con el tiempo, a medida que crecen y van madurando
Yinet Leonor: Claro.🤷
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Elisa Patico
jajajajaja vaya forma de romper el hielo
Yinet Leonor: Es un hombre con sentido del humor 🤣🤣🤣
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Aniramairos
Es increíble que muchos piensen (no solo los adolescentes), que si ya pasas de cierta edad no puedes amar, tener emociones o lo peor, tener relaciones sexuales, lo que yo puedo decirle a las personas que piensan así es que se ocupen de sus vidas y dejen ser feliz a los demás 🤭.
Yinet Leonor: Exactamente porque el amor no tiene edad 😊
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Aniramairos
En las cosas del amor es normal sentir nervios y mariposas en el estómago, sin importar la edad que tengas 🤭.
Yinet Leonor: Así mismo 😊
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Elisa Patico
pequeños bribones 🤣 y que harán cuando se vayan a la universidad? o formen su propia familia? 🤣 ella más que nadie tiene derecho a volver a darse un chance en el amor, ustedes no siempre van a estar ahí, tarde o temprano se irán y haran su propia vida
Yinet Leonor: Totalmente de acuerdo, pero quién se lo explica a dos adolescentes inseguros 🤣🤣🤣🤣
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Warriorgame
Espero que no busquen enfermarse intencionalmente pensando en que pueden tomar medicinas y que sólo sea una frase romántica.
Yinet Leonor: No, claro que no piensa en enfermar. Solo quiere dejar claro sin romanticismo que estar a su lado implica apreciar cada instante de la vida más allá del pensamiento convencional.
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Elisa Patico
para que periódico 🤣 para que redes sociales 🤣 si te puedes enterar más rápido con Amparo
Yinet Leonor: 🤣🤣🤣🤣🤣 Así mismo. Tiene alma de periodista 🤣🤣🤣🤣🤣
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Warriorgame
Pues con cincuenta ya no es tan joven. Si quiere iniciar algo, que no se demore.
Yinet Leonor: No al contrario con esa edad se valoran las cosas importantes y la prisa se destierra de la lógica.🤷
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Elisa Patico
siempre, sin importar la edad, deberías buscar a alguien con quien compartir la vida, cualquiera te la puede cambiar, pero no cualquiera esta dispuesto a caminar a contigo a tu lado
Yinet Leonor: Así es y un poco de soledad no hace mal, pero mucha nos mata el alma
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