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Amir El Guardián De Los Límites De Al-Jazair

Amir El Guardián De Los Límites De Al-Jazair

Status: En proceso
Genre:Poder equitativo / Pareja destinada
Popularitas:526
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

Amir era el tercer hijo de Elena y Zayn, hermano de Karim, Layla y Sara. Y aunque todos lo respetaban, lo admiraban y lo querían como al hombre más noble y leal que existía, él cargaba con una soledad que nadie más podía comprender. Había nacido para proteger. Desde niño, mientras Karim aprendía a sentarse en un trono y dictar leyes, mientras Layla aprendía a blandir la espada y desafiar al mundo, Amir aprendía a vigilar, a esperar, a estar alerta. Se había convertido en el Capitán General de la Guardia Real y el Guardián de los Límites, el hombre que conocía cada sendero, cada bosque, cada escondite y cada peligro en los tres reinos de Al-Jazair, Velarion y Zoraya.

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LA ESPERA.

Los meses que siguieron a la noticia fueron los más hermosos y mágicos que jamás se habían vivido en el Palacio de Al-Jazair. La noticia de que Amir y Nalia esperaban gemelos, el príncipe y la princesa que unirían para siempre la sangre de los guerreros y la magia antigua, se esparció por todo el reino como una luz dorada, llenando de alegría a todos.

Nalia cambiaba día a día, y cada cambio era para Amir un milagro nuevo. Su cuerpo, ya de por sí perfecto y deslumbrante, se transformaba bajo la influencia de la vida que crecía en su interior. Su vientre, antes plano y suave, ahora se redondeaba con una belleza majestuosa, creciendo rápido porque dos vidas se abrían paso allí. Sus pechos, que siempre habían sido firmes y generosos, ahora se llenaban más, pesados y sensibles, preparándose para alimentar a los futuros herederos, y su piel brillaba con un resplandor sobrenatural, un brillo que venía de su propia magia y de la felicidad inmensa que sentía.

Para Amir, ella era más hermosa que nunca. Si antes la deseaba con locura, ahora su deseo se había mezclado con una adoración casi sagrada. No pasaba ni una hora sin que él la tocara, sin que besara su vientre, sus pechos, sus labios, sin que le susurrara promesas de amor eterno. Y aunque al principio tuvo miedo, creyendo que debía ser cuidadoso y distante, Nalia misma se encargó de demostrarle que el embarazo no era un impedimento, sino una nueva etapa de placer y unión más profunda.

Una noche, pocas semanas después de saber la noticia, Amir entró en sus aposentos y la encontró recostada sobre la cama, desnuda bajo la luz de las velas, con las manos descansando suavemente sobre su vientre que comenzaba a destacar con suavidad. Al verlo entrar, ella sonrió con esa sonrisa que siempre le desarmaba las rodillas, y abrió los brazos, invitándolo.

—Ven, mi amor —le dijo ella con voz ronca y dulce—. No te escondas, ni te alejes. Siento cómo me miras, cómo me deseas, cómo te tiembla el cuerpo cuando te acercas. Crees que debes tratarme como si fuera frágil, como si fuera de cristal... pero no lo soy. Soy más fuerte que nunca, y estoy más viva que nunca. Y te necesito. Te necesito dentro de mí, te necesito sintiéndome tuya, igual que siempre. Deja que nuestros hijos sientan el amor con el que fuimos concebidos. Deja que sientan la pasión de sus padres.

Amir se quitó la ropa rápidamente, quedando desnudo ante ella, mostrando su cuerpo fuerte y esa dureza que siempre despertaba al verla, esa virilidad que solo ella sabía dominar y provocar. Se acostó a su lado, la abrazó con cuidado pero con necesidad, y la besó con hambre, recorriendo su cuerpo con sus manos grandes y cálidas, admirando cada cambio.

—Eres increíble —le susurró él, besando su cuello, bajando hacia sus pechos ahora más grandes y pesados, tomando uno en su mano, sintiendo su peso, su calor, la piel fina y estirada—. Cada día te veo y pienso que no puedes ser más hermosa, y cada día me demuestras que me equivoco. Me vuelves loco, Nalia. Ver tu cuerpo cambiar, ver cómo crece la vida que creamos... me hace desearte mil veces más. Me hace querer devorarte, poseerte, amarte hasta que no podamos más.

Esa noche descubrieron nuevas formas de amarse, posiciones más suaves pero igual de profundas, donde él podía estar dentro de ella, llenándola y uniéndola a él, sin presionar su vientre, pero sin perder ni un ápice de intensidad. Amir la tomó desde atrás, recostados de lado, abrazándola contra su pecho, rodeando con sus brazos su cuerpo entero, hundiendo su miembro en su profundidad con movimientos lentos, profundos y constantes. Besaba su cabello, su espalda, su hombro, mientras sus manos recorrían sus pechos sensibles y su vientre redondo, sintiendo cómo ella se movía contra él, cómo se apretaba alrededor de él, cómo gemía su nombre con ese sonido que era música para sus oídos.

—Así... sí... así mi amor... —gimió ella, echando la cabeza hacia atrás para apoyarla en su hombro, abriendo sus piernas más para recibirlo mejor—. Lléname... lléname todo... eres mi vida, Amir... solo tú... siempre tú...

Y mientras se movían juntos, creando un ritmo perfecto y eterno, Amir sentía bajo sus manos no solo el cuerpo de su esposa, sino también la presencia de sus hijos, la vida que crecía, latiendo al mismo tiempo que sus corazones, unidos en un solo amor. Llegaron al clímax juntos, con un grito ahogado y largo, derramando él su esencia caliente y fértil dentro de ella, sintiendo ella cómo esa calidez la invadía todo, alimentando su magia y su ser.

Al día siguiente, toda la familia se reunió en los jardines, como era costumbre, pero ahora con una emoción especial. Elena, la reina madre, pasaba mucho tiempo con Nalia, enseñándole todo lo que ella sabía, mezcla de sabiduría humana y magia antigua, cuidando de ella como si fuera su propia hija, feliz de ver su linaje crecer y mezclarse con algo tan extraordinario. Zayn, el rey, caminaba con su hijo Amir, hablando de los futuros príncipes, de cómo serían, de la fuerza y la magia que llevarían en la sangre.

—Tendrás dos guerreros, hijo mío —le decía Zayn, poniendo una mano en el hombro de Amir, con orgullo—. O un guerrero y una reina. Pero sean lo que sean, serán poderosos. Llevan lo mejor de nosotros: tu fuerza, mi experiencia, la magia de Elena, la luz de Nalia... y sobre todo, llevan el amor más grande que jamás se ha visto. Eso los hará invencibles.

Karim y Amaraeran los cómplices perfectos. Amara, que ya había sido madre cuatro veces, conocía cada etapa, cada sensación, cada cambio. Siempre estaba cerca de Nalia, compartiendo secretos, consejos y muchas risas. Sus hijos, los trillizos Kael, Lira y Derian, y los pequeños Zair y Miraya, ya consideraban a los bebés que venían como sus hermanos pequeños, y cada día corrían a saludar el vientre de Nalia, a tocarlo con sus manitas y a contarles historias o jugar con ellos usando su propia magia naciente.

Karim, por su parte, disfrutaba viendo a su hermano tan pleno, tan protector y tan enamorado.

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Michel Yandi
está muy buena la historia 👏
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