Sus ojos eran azules como el mar. Y Noah Lobo quedó atrapado desde el primer instante en que la vió.
Noah tiene poder, domina parte de la mafia italiana y rusa, y nada se le resiste. Pero ella es Eliza Romano: una mujer curvilínea, de belleza deslumbrante, esposa de otro hombre. Lo que nadie sabe es que ese apellido es una cadena. Que ella fue arrancada de su tierra, raptada a los dieciocho y obligada a casarse. Y que cada día finge ser feliz para proteger a su pequeña hija.
Cuando la niña le confiesa que su padre maltrata a su madre, Noah decide que ya basta. Luca Romano tiene una reputación… pero Noah tiene a la familia más temida de Europa. Y esta vez no se trata de negocios.
Ella no es de nadie. No cuando él está dispuesto a quemar el mundo entero por tenerla.
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Picnic.
Noah 🩶
Marisol salta de alegría señalando una mariposa azul que revolotea entre las flores. La tomo en brazos para que la vea mejor y ella me rodea el cuello con sus bracitos, contándome cosas que suenan a pura luz. Me doy cuenta de que Eliza nos mira desde unos pasos más atrás, y hay algo distinto en su mirada hoy: menos miedo, más brillo. Se le ve hermosa. No de la belleza que se ve en un cuadro, sino la que se siente en el alma. La que brilla desde dentro cuando por fin empieza a creer que merece estar aquí.
Pasan las horas y el sol empieza a bajar, tiñendo el cielo de tonos dorados y rosados. Recogemos todo con calma. Marisol se queda dormida en el asiento trasero antes de salir del parque, con la cabeza recostada de lado y una sonrisa pequeña en los labios. Eliza va junto a la ventana, mirando el paisaje desfilar, tranquila, serena. De vez en cuando la miro por el espejo y la encuentro mirándome a mí, y aparta la vista despacio, sonrojada, y yo sonrío. Algo está cambiando entre nosotros. Lo siento. Lo sé.
Pero cuando llegamos a la entrada de la casa, tengo que frenar más fuerte de lo habitual. Hay autos por todas partes. Elegantes, grandes, ocupan casi todo el camino. Apago el motor y suelto un suspiro entre divertido y resignado.
—¿Qué pasa? —pregunta ella de inmediato, y noto la tensión en su voz—. ¿Quiénes son? ¿Sucedió algo malo?
Me giro hacia ella y le acaricio suavemente el dorso de la mano.
—No, mia vita. Nada malo. Al contrario. Parece que las mujeres de mi familia no soportaron más la intriga y decidieron venir a conocerlas.
Me mira sin comprender del todo.
—¿Quiénes? —susurra—. ¿Tu familia está aquí?
—Mi madre —le digo despacio—. Mis hermanas: Adara, Aurora, Abigail. Mis tías, mis primas… y algunas amigas también. Aún no sabes cómo son. Cuando se ponen de acuerdo, no hay quien las detenga.
Sus ojos se abren un poco más y se lleva una mano al pecho.
—¿Todas… están ahí? Noah, no estoy preparada… no sé qué decirles…
—No tienes que decir nada especial —le aseguro apretando su mano—. Solo sé tú misma. Ya conoces a mi cuñada y a su hermana y sabes que te adoran. Mi madre lleva semanas preguntando por ti, preocupándose si estás bien, si te falta algo. No van a juzgarte. Van a quererte. Igual que yo.
—Noah —me llama.
—Tranquila, mia vita, estás conmigo. Y estoy segura de que les caerás muy bien y ellas a tí. La más lengua suelta es mi hermana Aurora.
Bajo del coche primero y la ayudo a ella. Luego recojo a Marisol entre mis brazos, ligera como un pajarito, y la arropo contra mi pecho. Eliza camina a mi lado, inquieta, mirando de un lado a otro, y le doy la mano libre para que se agarre si lo necesita. La toma, con un poco de timidez al principio, y luego aprieta con más seguridad.
Apenas cruzamos la puerta principal, el vestíbulo se llena de movimiento y voces cálidas. No hay silencio incómodo, ni miradas frías. Todo es sonrisas, prisa contenida, ganas de verlas.
—¡Por fin llegaron! —se adelanta Adara, la primera, con los ojos brillantes de emoción—. Ya creíamos que no volverían hoy a casa.
—Eliza —dice Aurora acercándose con suavidad—, qué alegría verte y conocerte al fin. Él nos ha contado tanto de ustedes… Pero te digo que lo que ha dicho no hace justicia a lo hermosa y sexy que eres.
Aurora toma a Eliza de la ma o y le da la vuelta para que gire mientras ella arquea una ceja con picardía.
—Eh, gracias... —dice Eliza.
Y entonces mi madre se acerca. Camina despacio, elegante, y sus ojos oscuros iguales a los míos. Van de mí a ella, y luego se detienen en Marisol dormida en mis brazos.
—Yo soy Fátima Novikova —dice con voz suave, cálida, la misma que me arrulló de niño—. La madre de Noah. Y he querido conocerlas desde el primer día que mi hijo me habló de ustedes.
Veo a Eliza tragar saliva, nerviosa, y luego sonreír, tímida pero sincera.
—Mucho gusto, señora Fátima… soy Eliza Márquez. Y ella es mi hija, Marisol.
—La pequeña principessa —repite mi madre acercándose un poco más para mirarla—. Qué hermosa es. Tiene la dulzura de su madre.
Varias de las mujeres asienten y murmuran de acuerdo, y veo cómo Eliza se sonroja, pero esta vez no baja la vista. Me busca con la mirada y le sonrío:
—¿ves? No tenías de qué temer.
—Vengan, pasen —dice Adara tomándola de la mano como si la conociera de siempre—. Preparamos todo: té, pasteles, mermeladas caseras… queremos conocerlas, saber de ustedes. Y si les parece bien, les mostramos fotos de toda la familia. Tienen que ver a los cuatrillizos, no van a creer lo que hacen estos días.
Siguen las presentaciones, se acercan mis tías: Nelly y Angélica. Ashley y Abigail. Ava, Arabella, Nahela y mi prima Jazmín.
La guían suavemente hacia la sala, rodeándola, cuidándola, y yo me quedo un instante en el umbral, viéndola caminar entre ellas, ya no sola, ya no asustada. Me duele el pecho de ternura. Ella que estuvo tan sola tanto tiempo… ahora tiene a toda mi familia a su alrededor. Y la aceptan. La quieren.
Me acerco a ella cuando se sienta, aún con Marisol en mis brazos y le acomodo un mechón de cabello tras la oreja, bajito para que solo ella lo oiga:
—¿Ves? Te dije que no tenías nada que temer.
Me mira y sonríe, y esta vez no hay miedo en sus ojos. Solo gratitud. Y algo más, algo que empieza a florecer despacio, valiente y hermoso.
—Gracias, Noah —susurra—. De verdad.
Me inclino un poco más y le digo solo para ella:
—No me des las gracias. Esto es solo el comienzo. Bienvenida a casa, Eliza.
Marisol se despierta y abre los ojos asombrada cuando ve a tantas mujeres juntas y más porque ya las distingue, me he mostrado a toda familia por fotos. Se baja y se acerca.
—¡Hola! Yo soy Marisol.
—¡Ah, que tierna! —exclaman las mujeres de mi familia en coro.
Y entonces Marisol se acerca a mi madre y le sonríe.
—Tú eres Fátima Novikova, mi abuelita...
Mi madre la mira con ternura y le sonríe.
—Sí, principessa. Soy tú abuelita. Ellas son tus tías —le muestra a mis hermanas.
—Sí, Aurora y Adara Lobo Novikova —se acerca a mis hermanas y les da un beso, mientras su madre no lo puede creer. —Tú eres Arabella, la esposa del primo Alessandro. Tú Ava, la esposa del primo Massimo. Tú eres Nahela, la esposa del primo Gabriele. Tú eres Jazmín la Koroleva de Rusia.
Y así se acerca a todas, pero queda maravillada con mi tía Angélica.
—Tienes un cabello hermosa. Rojo como la princesa Ariel.
—¿Me la pueden regalar o me la robo? —dice la tía Nelly.
—Cada una una me puede llevar a pasear un día diferente a lugares diferentes —dice Marisol.
—Hija... —la intenta regañar Eliza.
—Déjala, será una Lobo y nosotras sabemos lo que queremos... —dice mi madre con orgullo.
Eliza se sonroja, entendiendo lo que quiere decir mi madre.
Hermosos capítulos donde tantas mujeres lo recibe como su familia ya no se va sentir sola.
Y ya esta cerca de encuentro 🔥🔥🔥 con Naoh, ya lo dos sienten esa química
Que emoción todas juntas¡