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Su Obsesion Prohibida

Su Obsesion Prohibida

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Mafia / Amor a primera vista / Esclava / Sirvienta / Amor-odio / Triángulo amoroso / Secuestro y encarcelamiento / Yandere / Romance oscuro / Completas
Popularitas:20.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Leslie Michelle Gonz

Valentina fue comprada a los seis anos por el hombre que la crio. A los dieciocho, un magnate mafioso la reclama como suya. Atrapada entre su tutor obsesivo y un multimillonario que le compra islas y le destroza enemigos, descubre que su propio cuerpo esconde un secreto por el que matarian. ?Escapara... o elegira al hombre equivocado?

NovelToon tiene autorización de Leslie Michelle Gonz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21

Capítulo 21: El baile

El cuarteto empezó a tocar un vals.

No uno de esos valses suaves de boda, de los que suenan como fondo mientras la gente come y platica. Este era distinto. Más lento. Más grave. Los chelos llevaban la melodía con un arrastre que le recordó a Valentina el sonido del viento contra las ventanas de la hacienda en noches de tormenta.

La pista de baile se había llenado despacio, parejas que se movían con la elegancia ensayada de quienes aprenden a bailar antes que a leer. Vestidos que barrían la duela de mezquite. Zapatos que marcaban el compás con precisión de relojería.

Valentina seguía de pie junto a una columna, con Santiago a un metro de distancia. Catalina se había ido a buscar agua para su hermano, que todavía se veía un poco verde.

—¿Estás bien? —preguntó Santiago.

—No.

—¿Quieres irte?

—No puedo irme.

Santiago asintió. No preguntó por qué. Ya lo sabía.

Fue entonces cuando lo vio.

Damián cruzaba el salón caminando directamente hacia ella. Se había puesto el saco de nuevo, abotonado con una sola mano mientras avanzaba, y algo en su postura había cambiado. Ya no era la calma predatoria de la mesa de tequila. Era otra cosa. Algo que Valentina solo había vislumbrado una vez, en el pasillo del Club Ónix, la noche que le dijo "mariposa" por primera vez.

Determinación. Pero suave. Determinación envuelta en algo que parecía ternura.

Santiago lo vio venir y se tensó a su lado.

—Val...

—Está bien, Santi.

—No tienes que bailar con él si no quieres.

—Yo sé.

Damián se detuvo frente a ella. No frente a Santiago. Frente a ella. Como si Santiago no existiera, como si la columna no existiera, como si el salón entero se hubiera reducido a los sesenta centímetros que los separaban.

—Creo que gané un baile —dijo.

Su voz era baja. No la voz de mando que usaba con sus hombres. La otra. La que solo Valentina conocía.

Santiago dio un paso al frente.

—Montero, la apuesta fue una estupidez de Ferrera. No tienes que...

—No le estoy hablando a Ferrera —dijo Damián sin dejar de mirar a Valentina—. Le estoy hablando a ella.

Santiago abrió la boca. La cerró. Miró a Valentina.

Valentina miró a Damián.

Había algo en sus ojos que no era la arrogancia del Halcón ni la frialdad del heredero de los Montero. Era algo más simple. Más humano. Una pregunta que no iba a hacer en voz alta pero que estaba ahí, escrita en cada línea de su cara.

"¿Confías en mí?"

—Un baile —dijo Valentina.

—Un baile —repitió Damián.

Le ofreció la mano. Palma hacia arriba. Los dedos ligeramente abiertos. Esperando.

Valentina la tomó.

La mano de Damián se cerró alrededor de la suya con una firmeza que no era presión. Era contención. Como si estuviera sosteniendo algo frágil que no quería romper pero tampoco iba a soltar.

La guió a la pista.

El salón entero los miró. Valentina lo supo sin necesidad de voltear. Podía sentir los ojos como alfileres en la espalda, en los hombros, en la nuca. Cien invitados haciendo cálculos políticos en tiempo real. La protegida de Ferrera bailando con el Halcón de los Montero, la misma noche en que Ferrera la había apostado como si fuera un trofeo.

Damián le puso la mano en la cintura. Justo en el punto donde la tela del vestido se curvaba contra su cadera. La otra mano mantuvo la de Valentina arriba, a la altura del hombro, en la posición clásica del vals.

Empezaron a moverse.

Damián sabía bailar. Por supuesto que sabía. Un heredero de los Salvatore y los Montero, criado entre cenas de gala y recepciones diplomáticas, no podía no saber. Pero no bailaba como los otros hombres del salón, con esa rigidez de academia. Bailaba como peleaba: con el cuerpo entero, cada movimiento fluido, cada giro controlado desde el centro.

Valentina se dejó llevar. No por sumisión. Porque su cuerpo lo decidió antes que su mente.

—Hueles a tequila —dijo.

—Bebí dieciséis copas.

—¿No estás borracho?

—No me emborracho fácil.

—Nadie dice eso estando sobrio.

La comisura de la boca de Damián se levantó un milímetro.

—Mariposa, si estuviera borracho, no estaríamos bailando.

—¿Qué estaríamos haciendo?

Damián la hizo girar. El vestido se abrió como una flor oscura y volvió a cerrarse contra sus piernas cuando él la recogió. La atrajo más cerca. No mucho. Lo justo para que ella pudiera sentir el calor de su pecho a través de la camisa.

—Tengo que decirte algo —dijo Damián. Su boca estaba cerca de su oído. Su aliento le rozaba el lóbulo de la oreja—. Y necesito que no reacciones.

Valentina se tensó entre sus brazos.

—¿Qué pasa?

—No mires a nadie. Mírame a mí. Solo a mí.

—Me estás asustando.

—No es para asustarte. Es para liberarte.

Valentina levantó la cara. Los ojos de Damián estaban a quince centímetros de los suyos. Oscuros. Serios. Sin rastro de juego.

—Los cinco millones —dijo Damián.

El estómago de Valentina se contrajo como si alguien le hubiera dado un golpe.

Los cinco millones. La oferta que había destruido todo. La oferta que Nicolás le había revelado en el capítulo más humillante de su vida, cuando la sentó frente a él y le dijo que alguien había ofrecido cinco millones de dólares por ella, como si fuera ganado, como si fuera mercancía, como si dieciocho años de vida pudieran pesarse en una balanza y convertirse en un número.

La noche que Valentina entendió que para el mundo en el que vivía, ella tenía un precio.

—No —susurró—. No me hables de eso.

—Valentina.

—No quiero saber...

—Fui yo.

El mundo se detuvo.

No metafóricamente. Literalmente. Los pies de Valentina dejaron de moverse. La música seguía sonando pero ella ya no la escuchaba. La mano de Damián en su cintura era lo único que la mantenía en posición vertical.

—¿Qué? —La palabra salió sin aire.

—La oferta de los cinco millones. Fui yo quien la hizo.

—No. No, Nicolás dijo que fue...

—Nicolás te dijo lo que le convenía. —Damián la sostuvo más firme, obligándola a seguir moviéndose. Sus pies obedecieron antes que su cerebro—. Escúchame. Los cinco millones no fueron para comprarte. Fueron para forzar un trato legal.

—¿Un trato?

—Si Nicolás aceptaba el dinero, la transacción quedaba registrada. Documentada. Y una vez documentada, se podía impugnar ante un juez como lo que es: una venta de tutela ilegal. Es nula de origen, Valentina. Un tutor no puede "vender" a su protegida. El acto mismo invalida la tutela.

Valentina lo miraba sin parpadear. Sus ojos ardían pero no lloraba. No podía llorar. No aquí. No ahora.

—Estás diciendo... —Su voz temblaba—. Estás diciendo que querías que Nicolás aceptara para poder...

—Para poder demostrar ante un tribunal que tu tutela es fraudulenta. Que él nunca fue tu protector. Que fue tu captor. Y que al aceptar dinero por ti, lo confirmó él mismo con su propia firma.

El vals seguía. Las parejas giraban a su alrededor como constelaciones lentas. Nadie se acercaba demasiado. Nadie interrumpía. Algo en la forma en que Damián la sostenía hacía que el espacio alrededor de ellos fuera intocable.

—¿Por qué no me lo dijiste? —susurró Valentina—. Esa noche... cuando Nicolás me lo contó... yo pensé...

—Pensaste que yo era igual que él.

El dolor en la voz de Damián era real. Valentina lo escuchó como un golpe seco en un cuarto vacío.

—Sí —admitió ella—. Pensé que eras otro hombre que quería comprarme.

—Lo sé.

—¿Y por qué no me lo aclaraste?

—Porque si te lo decía, tú ibas a cambiar tu comportamiento hacia mí. Nicolás lo iba a notar. Y si Nicolás descubría que tú sabías la verdad, el trato se caía. Necesitaba que él creyera que la oferta lo había ofendido. Que había funcionado como provocación, no como trampa legal.

Valentina cerró los ojos un instante. Solo un instante. Cuando los abrió, todo se veía diferente. No el salón. No la fiesta. No la gente. Damián.

Damián se veía diferente.

Todo lo que había pasado desde aquella noche se reacomodó en su cabeza como piezas de un rompecabezas que por fin encontraban su lugar. La distancia que él había mantenido después. La forma en que la miraba cuando creía que ella no lo veía. Las palabras que se tragaba. Los silencios que ahora tenían sentido.

No la había comprado.

La estaba rescatando.

—Damián... —Su voz se quebró en la segunda sílaba.

—No llores. —Le apretó la mano—. Nos están mirando.

—No me importa.

—A mí sí. Porque si lloras, voy a tener que abrazarte. Y si te abrazo aquí, Ferrera va a saber que te lo dije. Y todavía no tenemos la firma.

Valentina tragó el nudo de su garganta con fuerza bruta. Respiró. Una vez. Dos veces. Obligó a su cara a mantenerse neutral mientras por dentro todo se incendiaba.

—¿Todavía no aceptó? —preguntó.

—No. Y después de esta noche, va a ser más difícil.

—¿Por qué?

—Porque acaba de mostrarle a todo el salón lo que siente por ti. Ya no puede pretender que eres solo su protegida. Y un hombre como Nicolás nunca acepta un trato que lo haga ver débil.

Los dedos de Valentina se apretaron contra el hombro de Damián.

—Entonces, ¿qué hacemos?

—Seguimos. —La hizo girar de nuevo, lento, controlado—. Por las buenas o por las malas, mariposa. Pero te saco de ahí. Te lo prometí.

—No me prometiste nada.

—Te lo estoy prometiendo ahora.

Valentina lo miró. Ahí estaba de nuevo. Esa fractura en la armadura del Halcón, esa grieta por donde se asomaba algo que no tenía nombre pero que ella reconocía porque lo sentía en el centro del pecho cada vez que él la tocaba.

El vals cambió. La melodía se volvió más lenta, más grave, y las parejas empezaron a separarse. El baile estaba terminando.

Damián no la soltó.

—Un minuto más —dijo.

No era una orden. Era una petición. Y viniendo de un hombre que nunca pedía nada, sonaba como una rendición.

Valentina se acercó. Su mejilla rozó la de él. La barba de un día le raspó la piel y el contacto le envió una descarga eléctrica por todo el brazo.

—Gracias —susurró contra su mandíbula.

Damián no respondió con palabras. Su mano se movió de la cintura a la espalda baja y la presionó contra él, un gesto que duró dos segundos, que nadie vio, y que Valentina iba a recordar durante mucho tiempo.

La música terminó.

Se separaron.

Damián dio un paso atrás. La máscara del Halcón volvió a caer sobre su cara como una cortina de acero. Pero sus ojos seguían suaves. Solo para ella.

—Ve con Carrasco —dijo—. No te quedes sola.

—¿Y tú?

—Tengo que hablar con Don Aurelio. Sobre el trato.

—¿Ahora?

—Esta noche. Antes de que Ferrera pueda hacer su siguiente movimiento.

Valentina asintió. Se dio vuelta. Caminó hacia donde Santiago estaba de pie junto a la columna, con los brazos cruzados y la cara de alguien que acaba de ver algo que no puede procesar.

A mitad de camino, se detuvo.

Un movimiento al fondo del salón captó su atención. No fue un sonido. Fue algo visual. Una forma que se movía contra la corriente de la fiesta, hacia la salida lateral, con pasos que eran demasiado rápidos para ser casuales y demasiado controlados para ser de alguien borracho.

Nicolás.

Se estaba yendo. No hacia la mesa de honor. No hacia los baños. Hacia la salida que daba al pasillo de servicio. Y mientras caminaba, sacó el teléfono del bolsillo del pantalón con un movimiento seco, como quien desenfunda un arma.

Valentina lo vio marcar un número.

No vio qué número. Estaba demasiado lejos. Pero vio su cara.

La cara de Nicolás ya no era la del diplomático. Ni la del hombre que había perdido el control con el tequila. Era algo peor. Era la cara de un hombre calculando. Reorganizando. Planeando.

La cara de alguien que acababa de perder una batalla y ya estaba diseñando una guerra.

Valentina sintió el frío subirle por las piernas hasta el estómago.

Santiago apareció a su lado.

—¿Qué ves?

—A Nicolás. Se está yendo.

Santiago miró hacia la salida. Alcanzó a ver la espalda de Nicolás desapareciendo por la puerta lateral, el teléfono pegado a la oreja, el paso firme de un hombre con un plan.

—Eso no es bueno —dijo Santiago en voz baja.

No. No era bueno.

Valentina se abrazó los codos y clavó la mirada en la puerta por donde Nicolás había desaparecido. El calor de la mano de Damián todavía le quemaba la espalda baja. La revelación de los cinco millones le daba vueltas en la cabeza como una canción que no podía parar de repetir.

Pero todo eso, la esperanza, la ternura, la gratitud, quedó eclipsado por una sola imagen:

Nicolás marcando un número con furia contenida, caminando hacia la oscuridad del pasillo con el rostro de un hombre que acaba de decidir que alguien va a pagar por lo que pasó esta noche.

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Jujerny Del Valle Farfan cuica
que miedo
Jujerny Del Valle Farfan cuica
es una mujer sin voluntad propia
Jujerny Del Valle Farfan cuica
que rabia con Valentina
Jujerny Del Valle Farfan cuica
Huy q miedo
Jujerny Del Valle Farfan cuica
ya era hora 🥺
Jujerny Del Valle Farfan cuica
fuera de lo común me encanta 👏
Jujerny Del Valle Farfan cuica
siempre fue esto lo q quiso el pelambres este 😱
Jujerny Del Valle Farfan cuica
que le pasa a esta mujer tanto miedo le tiene a Nicolás y no se va
Jujerny Del Valle Farfan cuica
ojalá consiga aliados q la ayuden a salir de ese horror 😱
Jujerny Del Valle Farfan cuica
ojalá consiga aliados q la ayuden a salir de ese horror 😱
Jujerny Del Valle Farfan cuica
que terror vive Valentina!
Jujerny Del Valle Farfan cuica
no soy vip y no lo voy a ser aunque quiera soy de Venezuela 🥺
Jujerny Del Valle Farfan cuica
interesante
Jujerny Del Valle Farfan cuica
ojalá Damián pueda sacarla d allí
Jujerny Del Valle Farfan cuica
por que tanto encierro es abrumador 🥺
Luz Silvero
x lo q entendí, si no entendí mal
El si la compro, para estar esos días con ella😑
Gaby N
Tanto poder tiene Nicolás?
Xq el banana de Damián no hace nada?
Gaby N
Xq le dice "Cruza"?
Pdll Dsrth
🥰Esta novela diferente al principio casi dejo de leerla pero ya le fui tomando el hilo un buen final
Graciela Saiz
todo el mundo la manipula a esta mujer ,!
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