Ella amaba dibujar, su sueño era poder dedicarse a eso.. pero, sufre un accidente.. aun así, la vida la oportunidad de reencarnar en una nueva vida.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
**Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Lady Sarah
Así fueron pasando los meses. Aunque los sueños con las montañas, árboles de hojas rojas, un libro escrito con cosas que no entendía, lugares de las montañas, sangre en la nieve, o la nieve volviendose agua de color morada no cambiaban, la amistad entre Olivia y Sarah se hacía cada vez más fuerte.
Aunque eran muy diferentes, habían aprendido a disfrutar de la compañía de la otra.
Hasta que un día Olivia recibió una invitación.
Era una invitación de boda.
Lady Sarah Ivanov se casaría.
Olivia sostuvo la invitación entre sus manos y la leyó varias veces.
[Así que realmente va a casarse...]
Sonrió.
Estaba feliz por su amiga.
Sin embargo, había un pequeño problema.
Olivia no disfrutaba demasiado de las reuniones sociales.
Las fiestas llenas de personas, las conversaciones superficiales y tener que permanecer rodeada de desconocidos durante horas no eran precisamente su idea de diversión.
[Qué agotador...]
Pero era la boda de Sarah.
Su amiga.
Así que, por supuesto, asistiría.
Y entonces tuvo otra idea.
Un regalo.
Podía comprarle algo.
Quizás una joya.
O alguna pieza bonita para su nueva casa.
Pero...
[Quiero darle algo especial.]
Algo que Sarah pudiera conservar.
Algo que tuviera un significado.
Entonces recordó una conversación que habían tenido semanas atrás.
Sarah le había contado sobre su futuro esposo.
Era capitán de un barco.
Y le había contado que ambos se habían conocido en el mar.
Olivia pensó durante unos segundos.
Después miró hacia su salón de pintura.
Y sonrió.
[Ya sé.]
Pintaría un cuadro.
Pero no cualquier cuadro.
Pintaría el lugar donde se habían conocido.
El mar.
Así que comenzó a trabajar.
Primero hizo varios bocetos.
Probó diferentes composiciones.
Pensó en el horizonte.
En las olas.
En la luz.
En el cielo.
Y finalmente encontró la imagen que quería.
Un hermoso paisaje marítimo.
El océano extendiéndose hasta el horizonte.
El cielo iluminado.
Las olas moviéndose suavemente.
Y, a lo lejos, un barco.
Era una pintura delicada.
Romántica.
Pero no exagerada.
Simplemente representaba el mar.
El lugar donde la historia de Sarah y su futuro esposo había comenzado.
Olivia trabajó durante días.
Después semanas.
Cada vez que pensaba que había terminado, encontraba algo que podía mejorar.
Así que volvía a pintar.
Volvía a corregir.
Volvía a empezar algunas partes.
Hasta que finalmente llegó el momento.
El cuadro estaba terminado.
Olivia se quedó mirándolo.
Era hermoso.
Sonrió.
Pero entonces apareció una duda.
[¿Y si no le gusta?]
Miró el cuadro.
[Quizás debería haber comprado algo más tradicional.]
Tal vez una joya.
Un objeto elegante.
Algo que una novia pudiera recibir de una amiga.
Pero después recordó a Sarah.
Recordó sus conversaciones.
Sus risas.
Las tardes compartiendo el salón.
Los contratos sobre una mesa mientras Olivia pintaba en la otra.
Y recordó cuánto significaba aquella amistad para ella.
[Quiero darle esto.]
Porque no era simplemente una pintura.
Era algo que había hecho pensando en ella.
Había pasado semanas trabajando en ella.
Cada pincelada tenía un poco de su tiempo.
De su esfuerzo.
Y de su cariño.
Así que decidió que sería su regalo.
El día de la boda, Olivia llevó el cuadro cuidadosamente protegido.
Cuando encontró a Sarah, esperó hasta que estuvieron juntas.
—Sarah.
La novia se giró.
—¿Sí?
Olivia le entregó el paquete.
—Esto es para ti.
Sarah abrió los ojos.
—¿Para mí?
Olivia asintió.
—Es un regalo de bodas.
Sarah comenzó a desenvolverlo.
Cuando vio el cuadro...
Se quedó completamente quieta.
Sus ojos recorrieron el paisaje.
El mar.
El barco.
El horizonte.
Y poco a poco su expresión cambió.
—Olivia...
La joven sonrió tímidamente.
—Me contaste que tú y tu esposo se conocieron en el mar.
Sarah volvió a mirar el cuadro.
—Sí.
—Así que pensé que sería bonito que tuvieran un recuerdo de ese lugar.
Sarah llevó una mano a sus labios.
Sus ojos comenzaron a humedecerse.
—Es precioso.
Olivia sonrió.
—¿Te gusta?
Sarah la abrazó inmediatamente.
Olivia se quedó sorprendida.
[¡Me está abrazando!]
Pero después correspondió al abrazo.
—Me encanta.
Sarah se separó y volvió a mirar el cuadro.
—Nunca había recibido algo así.
—Quería que fuera especial.
—Lo es.
Sarah sonrió.
—Muchísimo.
Miró nuevamente el cuadro.
—Lo voy a conservar toda mi vida.
Olivia sintió una cálida felicidad en el pecho.
Había dudado tanto.
Había pensado que quizás no era un regalo suficientemente tradicional.
Pero al ver la reacción de Sarah, comprendió que había elegido bien.
Porque los regalos más especiales no siempre eran los más caros.
A veces eran aquellos en los que alguien había puesto su tiempo.
Su dedicación.
Sus recuerdos.
Y, sobre todo...
Su cariño.
Sarah volvió a abrazarla.
—Gracias, Olivia.
Olivia sonrió.
—Feliz matrimonio, Sarah.
Y mientras ambas se abrazaban, Olivia pensó que quizás asistir a una reunión social no era tan terrible...
Después de todo, había valido completamente la pena por ver aquella sonrisa en el rostro de su amiga.