Sinopsis: Él pensó que se casaba con un monstruo. Ella pensó que compraba un peón. Ninguno imaginó que el verdadero peligro no vendría de sus enemigos en las calles de Sicilia, sino de la irresistible tensión de compartir la misma cama. Una viuda poderosa, un esposo indomable y una mano derecha celosa dispuesta a todo por destruirlos.
¿Estás lista para conocer a La Reina de la Mafia? Una nueva y adictiva historia de la escritora Rocío Duque.
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El silencio de los lobos
La capilla privada de la mansión Lombardi, una joya arquitectónica del siglo XVII con frescos desgastados y altares de mármol negro, nunca había albergado una ceremonia tan cargada de hostilidad. No había cantos de alegría ni invitados sonrientes; las bancas estaban ocupadas por los capos más peligrosos de las distintas familias de Sicilia. Hombres de miradas gélidas y trajes hechos a medida que habían asistido no para celebrar, sino para oler la debilidad de la Reina. Querían ver de cerca al "don nadie" que Matteo había entregado como pago y evaluar si el imperio Lombardi estaba listo para ser despedazado.
Cuando las pesadas puertas de madera se abrieron, un silencio sepulcral cayó sobre la capilla.
Victoria avanzó por el pasillo central con una majestuosidad que cortaba la respiración. Su vestido de novia no era el típico encaje inocente; era una pieza de satén blanco marfil, de líneas severas y hombros descubiertos, complementado con una gargantilla de diamantes que brillaba como el hielo. Su rostro permanecía impasible, una máscara de fría belleza que dejaba claro que ella no caminaba hacia el altar, sino hacia una reafirmación de su soberanía.
Al final del pasillo, esperándola junto al sacerdote, estaba Alex.
El murmullo de sorpresa entre los capos fue inevitable. Alex vestía un traje oscuro impecable que entallaba a la perfección su imponente físico robusto. La barba bien perfilada y los ojos claros fijos en Victoria le daban un aire de magnética seguridad. Pero lo que de verdad descolocó a los lobos del consejo fue su postura: Alex no tenía la cabeza baja del siervo que ha sido vendido; permanecía erguido, con los hombros anchos hacia atrás y una mirada tan firme y desafiante que obligó a más de un capo veterano a apartar la vista. Los tatuajes sutiles que asomaban por el cuello de su camisa le añadían un toque rústico y peligroso que rompía con la etiqueta del lugar.
A un lado del altar, con una mano apoyada sutilmente en la culata de su arma oculta, Matías observaba la escena. Sus ojos inyectados en rabia pasaban de Victoria a Alex, esperando el más mínimo error, el más leve titubeo del muchacho para intervenir. Pero Alex no le dio el gusto.
Cuando Victoria llegó a su lado, Alex le tendió la mano. Su agarre fue firme, cálido y seguro. Al cruzar las miradas, ella leyó en los ojos claros de él una promesa silenciosa: No te voy a hacer quedar mal ante tus lobos.
El sacerdote inició el rito en un latín susurrado que resonaba en las paredes de piedra. Tras el intercambio de votos —que para ambos sonaba más a un juramento de guerra que a una promesa de amor—, el clérigo pronunció las palabras finales:
—Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. Puede besar a la novia.
La capilla entera contuvo el aliento. Los capos se inclinaron hacia adelante, esperando un beso tímido o fingido que confirmara que todo era una farsa.
Alex dio un paso al frente, acortando la distancia con Victoria. Su mano grande y segura subió con parsimonia hasta la nuca de ella, sosteniéndola con una ruda delicadeza que la tomó por sorpresa. Victoria entornó los ojos, midiendo sus intenciones, pero no retrocedió. Alex se inclinó y la besó. Fue un beso profundo, intenso, de una posesividad calculada que mandó una onda de choque por toda la capilla. No era el beso de un subordinado; era el beso de un hombre que le demostraba a todo el submundo criminal de Italia que, a partir de ese instante, nadie tocaría a la Reina sin pasar primero sobre él.
Cuando se separaron, las mejillas de Victoria tenían un sutil e inusual rastro de rubor, aunque sus ojos felinos recuperaron de inmediato su brillo gélido. Se giró hacia los invitados, entrelazando su brazo con el de Alex.
Los capos se miraron entre sí, asombrados y tensos. El peón que esperaban pisotear acababa de morder primero. La guerra por el trono Lombardi oficialmente había comenzado.
¡Llegamos a uno de mis capítulos favoritos! Quería que sintieran esa mezcla de peligro, deseo y desconfianza absoluta que rodea a Victoria y Alexander. Llegar hasta aquí con ustedes, ver cómo reaccionan y cómo se sumergen en este romance oscuro está siendo un viaje increíble. Gracias por leer, por apoyar mis letras y por ser cómplices de este imperio. ¿Qué les pareció este encuentro? 🖤
Detrás de cada imperio hay secretos oscuros, y detrás de cada capítulo de La reina de la mafia, hay horas de entrega, pasión y un trozo de mi alma. Ya hemos dejado atrás 9 capítulos; hemos visto la frialdad, el poder, los conflictos internos y la tensión que rodea a nuestra reina y su entorno.
Solo quiero decirles: GRACIAS. Gracias por no dejarla sola en este camino tan peligroso, por morderse las uñas conmigo y por apasionarse con este universo tanto como yo. Su apoyo es el motor que me empuja a seguir escribiendo el destino de los Lombardi.
Prepárense, porque lo que viene va a sacudir los cimientos de todo lo que creen saber... Que tengan un día increíble. ☕🌹