Amor, venganza y secretos destruyen corazones destinados a reencontrarse nuevamente.
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Capítulo 1
La lluvia golpeaba los enormes ventanales del último piso del Hotel Torrealmont Imperial en Eldolia.
Omar permanecía de pie frente al cristal de su oficina, con las manos dentro de los bolsillos de su pantalón oscuro. Elegante. Impecable. Frío.
Habían pasado nueve largos años desde la última vez que vio Valle Escondido.
Nueve años desde la muerte de su padre, desde que dejó atrás a Muriel.
El sonido de la puerta abriéndose interrumpió sus pensamientos.
—Ya tengo todo listo —dijo Federico mientras entraba con una carpeta negra bajo el brazo.
Omar giró lentamente hacia él.
—¿Qué me tienes?
Federico dejó la carpeta sobre el escritorio de madera oscura y tomó asiento.
—Conseguí el veinticinco por ciento de las acciones de la inmobiliaria Galiano.
Los ojos de Omar brillaron apenas.
—Eso fue más rápido de lo que esperaba.
—El dinero mueve montañas —respondió Federico con una ligera sonrisa—. Aunque hay algo interesante.
Omar arqueó una ceja.
—Habla.
Federico abrió la carpeta y acomodó varios documentos.
—Muriel tiene el treinta por ciento a su nombre… pero no está interesada.
El nombre de Muriel provocó una tensión inmediata en el cuerpo de Omar.
Después de tantos años, seguía teniendo ese efecto absurdo sobre él.
—¿Por qué? —preguntó con aparente indiferencia.
Federico lo observó por unos segundos antes de responder.
—Algo ocurrió según lo que investigué. Dejó a su padre el día que cumplió dieciocho años. Desde entonces se dedicó a trabajar para pagar sus estudios. No aceptó un solo centavo de Lauro Galiano.
Omar bajó la mirada hacia los documentos.
Había imaginado muchas versiones de la vida de Muriel… pero no aquella.
—Hoy en día es dueña de la editorial más famosa de Valle Escondido —continuó Federico—. Logró construir un imperio ella sola.
Una sonrisa amarga apareció en el rostro de Omar.
—Así que logró su sueño…
Recordó a la adolescente que llenaba cuadernos enteros escribiendo historias mientras hablaba emocionada sobre editar libros algún día.
Y lo había conseguido.
Sin ayuda de su padre.
Lejos de él.
—Asi que salió del yugo de Lauro —murmuró Omar—. Será más fácil convencerla de que nos casemos.
Federico levantó la vista inmediatamente.
—Amigo… independientemente de todo, recuerda que ella no es culpable de las fechorías de su padre.
El silencio inundó la oficina.
Omar caminó lentamente hacia el minibar y sirvió whisky en dos vasos.
—Ya lo sé —respondió finalmente—. No pienso hacerle daño.
Le entregó un vaso a Federico.
—Pero Muriel es la debilidad de Lauro Galiano… y la necesito de mi lado.
Federico suspiró.
Conocía a Omar desde la universidad. Sabía perfectamente que detrás de aquella sed de venganza todavía existía algo más peligroso: sentimientos que jamás desaparecieron.
—Aquí están los documentos solo firmalos
—dijo cambiando el tema—. Desde este momento serás dueño del veinticinco por ciento de la inmobiliaria.
Omar tomó la carpeta.
Observó cada firma detenidamente.
Cada hoja era un paso más cerca de destruir al hombre que, había acabado con su familia.
Sus labios se curvaron lentamente.
—Ya quiero ver la cara de Lauro Galiano.
Federico bebió un poco de whisky antes de hablar otra vez.
—Por cierto… la casa está lista.
Omar asintió despacio.
La antigua casa Torrealba había sido demolida y recontruida completamente meses atrás. Nadie en Valle Escondido sabía quién la habitaría.
Pero ahora todo estaba preparado.
El regreso era inevitable.
—Solo debo confirmarlo con mamá… y regresamos a Valle Escondido.
Afuera, un relámpago iluminó el cielo.
Y por primera vez en muchos años, Omar sintió que el pasado estaba a punto de abrir nuevamente sus puertas.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
En otro lugar...
La oficina de Muriel seguía iluminada a pesar de que el resto de la editorial estaba prácticamente vacía, mientras dentro solo reinaba el sonido de hojas pasando y teclas siendo presionadas con rapidez.
Muriel estaba completamente concentrada revisando el manuscrito de uno de sus autores más importantes. Tenía el cabello recogido en un moño desordenado, varias anotaciones marcadas con tinta roja y tres tazas de café olvidadas sobre el escritorio.
Era perfeccionista.
Por eso su editorial se había convertido en la más prestigiosa de la ciudad en menos de tres años.
Cada libro que llevaba el sello de Editorial Arabella terminaba convirtiéndose en un éxito.
Aunque existía una ironía cruel detrás de todo aquello.
Muriel podía reconocer una gran historia apenas leyéndola… pero jamás había tenido el valor de publicar una propia.
Y eso que llevaba años escribiendo en secreto.
Guardando manuscritos enteros dentro de un cajón que nadie conocía.
Suspiró cansada mientras corregía una última página.
Entonces tocaron la puerta.
—Adelante —respondió sin despegar la vista del documento.
La puerta se abrió lentamente.
—¿Aún sigues aquí? —preguntó Belinda Lozano mientras entraba con expresión dramática—. Te van a salir canas en esta oficina.
Muriel soltó una pequeña risa nasal.
—Hola, Bel.
—No, en serio. Un día voy a encontrarte fusionada con ese escritorio.
Muriel levantó finalmente la mirada.
—Tengo una entrega importante mañana.
Belinda caminó hasta el sofá frente al escritorio y se dejó caer exageradamente.
—Bueno, pues tendrás que ignorarla por cinco minutos porque necesito a mi amiga.
Muriel arqueó una ceja.
—¿Qué pasó ahora?
Belinda llevó una mano al pecho como actriz de telenovela.
—Acabo de terminar con Antonio.
Muriel la miró.
—¿Definitivamente?
—Sí.
—¿Más definitivo que la última vez?
Belinda entrecerró los ojos.
—Muriel Galiano, ¿vas a consolarme o vas a seguir atacando mi dolor?
Una sonrisa apareció en los labios de Muriel.
—Depende… ¿qué hizo esta vez?
Belinda soltó un gruñido antes de dejarse caer más sobre el sofá.
—Lo encontré coqueteándole a una influencer espiritual.
Muriel parpadeó.
—¿Una qué?
—De esas que suben frases sobre “sanar energías” mientras destruyen relaciones ajenas.
Muriel no pudo contener la risa.
Belinda la señaló acusadoramente.
—Eres una pésima amiga.
—Lo siento… pero eso fue muy específico.
Por primera vez en todo el día, Muriel se relajó un poco.
Se levantó de su silla y caminó hacia el pequeño minibar que tenía en una esquina de la oficina.
—¿Vino?
—Por favor. Necesito olvidar que perdí tres años de mi vida con un hombre que usa pulseras de cuarzo.
Muriel soltó otra carcajada mientras servía dos copas.
Belinda observó a su amiga en silencio durante unos segundos.
Siempre le impresionaba verla en aquel lugar.
Dueña de una editorial reconocida que había construido sin la ayuda de nadie.
Porque Muriel jamás aceptó el dinero de su padre.
—Trabajas demasiado —dijo Belinda más suave esta vez.
Muriel le entregó una copa.
—Alguien tiene que hacerlo.
—No tienes que demostrarle nada a nadie.
Aquella frase hizo que Muriel desviara la mirada apenas un segundo.
Belinda lo notó.
Siempre ocurría igual cuando alguien mencionaba algo relacionado con demostrar fortaleza.
Como si existiera una herida abierta detrás de todo el éxito de Muriel.
—Además —continuó Belinda intentando aligerar el ambiente—, sigues escondiendo esos manuscritos tuyos.
Muriel casi se atragantó con el vino.
—No sé de qué hablas.
—Claro que sí. He visto cómo escondes hojas cuando entro.
Muriel negó inmediatamente.
—Son tonterías.
—Muriel, eres editora. Sabes reconocer una buena historia mejor que nadie.
—Una cosa es editar libros y otra muy distinta escribirlos.
Belinda suspiró.
—Algún día vas a dejar de tener miedo.
Muriel apretó ligeramente la copa entre sus dedos...
nada más quiere tantito para estar con el..
es hora de ser feliz mujer y más con el hombre que te ama ..
O Lauro se enredó con la mamá de Omar o la mamá de Muriel se enredó con el papá de Omar ......🧐🤔🤨🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴