Desperté años en el pasado con una misión: eliminar al futuro Rey Demonio.
Sin embargo, cuando lo encontré, era solo un bebé.
Un bebé demasiado inteligente.
Un bebé que conocía mi nombre.
Un bebé que me miró con tristeza y susurró:
—Te encontré otra vez, mamá
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Cuando Lucien dejó de hacer travesuras
Lyra descubrió algo aterrador a la mañana siguiente.
Lucien estaba comportándose bien.
Demasiado bien.
No había explotado nada.
No había discutido con ningún profesor.
No había intentado escapar de la academia.
No había utilizado magia para robar postres.
Ni siquiera había hecho comentarios sarcásticos durante el desayuno.
Simplemente estaba sentado frente a una taza de chocolate caliente.
Pensando.
—No me gusta esto.
Murmuró Lyra.
Elena levantó una ceja.
—¿El qué?
—Está demasiado tranquilo.
—¿Quién?
—Lucien.
Lucien levantó la vista.
—Estoy aquí.
—Lo sé.
—Entonces deja de hablar de mí como si hubiera muerto.
—Justamente eso me preocupa.
—¿Qué?
—Que estés sentado sin causar problemas.
Lucien suspiró.
—No siempre causo problemas.
—Ayer convertiste una escoba en una gallina.
—Fue un accidente.
—La gallina hablaba.
—Un accidente mágico.
—Me llamó "plebeya".
—Una gallina muy educada.
Elena se atragantó con el té intentando contener la risa.
Lyra apoyó la cabeza sobre la mesa.
—Devuélvanme al Lucien problemático.
—No sabía que podía ser extrañado tan rápido.
—Cállate y rompe algo.
—Eso son señales contradictorias.
—Haz lo que quieras, pero deja de parecer un anciano deprimido.
Lucien bajó la mirada.
La sonrisa desapareció lentamente.
Y Lyra se arrepintió al instante.
Porque entendió lo que estaba ocurriendo.
Todavía estaba pensando en el recuerdo.
Todavía estaba pensando en el Rey Demonio.
Todavía estaba pensando en el monstruo que había visto convertirse.
El ambiente se volvió más pesado.
Por suerte, Elena decidió intervenir.
—Bueno, cambiemos de tema.
—Excelente idea.
Dijo Lyra.
—¿Alguna noticia interesante?
—Sí.
Respondió Elena.
—Y no me gusta.
Eso consiguió captar la atención de ambos.
Lucien levantó la cabeza.
—¿Qué pasó?
Elena observó alrededor antes de acercarse.
—Anoche intenté revisar algunos de mis recuerdos.
—¿Y?
—Faltan cosas.
Silencio.
—¿Qué significa eso?
Preguntó Lyra.
—Significa exactamente eso.
Hay recuerdos que deberían estar ahí y no están.
Lucien se quedó inmóvil.
—Eso no es posible.
—Lo sé.
—Los recuerdos de las líneas temporales no desaparecen.
—Lo sé.
—Entonces alguien los eliminó.
—Eso es justamente lo que me preocupa.
Lyra sintió un escalofrío.
—¿Estás diciendo que alguien puede manipular los recuerdos?
—No lo sé.
Respondió Elena.
—Pero algo está mal.
Muy mal.
Lucien cruzó los brazos.
Su expresión se volvió seria.
—¿Qué recuerdos faltan?
Elena tardó unos segundos en responder.
—Recuerdos relacionados con La Tejedora.
El silencio regresó.
—No recuerdo cuándo la conocí.
No recuerdo la primera vez que la vi.
No recuerdo por qué le tenía miedo.
Solo recuerdo que debía temerle.
Lyra intercambió una mirada con Lucien.
Aquello era inquietante.
Porque el miedo normalmente tenía una razón.
Y Elena había olvidado la suya.
—Tal vez sea un efecto de los reinicios.
Intentó decir Lyra.
—Pensé lo mismo.
Respondió Elena.
—Pero hay algo más.
—¿Qué?
—Encontré una línea temporal que no puedo recordar en absoluto.
Lucien frunció el ceño.
—¿Una línea temporal completa?
—Sí.
—Eso es imposible.
—Lo sé.
—Deja de decir eso.
—Es mi mecanismo de defensa.
—Es un mecanismo horrible.
—Lo sé.
Lyra golpeó suavemente la mesa.
—¡Concéntrense!
Ambos la miraron.
—Gracias.
Continuó.
—¿Qué significa exactamente que no recuerdas esa línea temporal?
Elena respiró profundamente.
—Significa que sé que existió.
Sé que ocurrió.
Sé que formó parte de la historia.
Pero cuando intento verla...
No hay nada.
Como si alguien hubiera arrancado las páginas de un libro.
Lucien sintió algo extraño.
Un dolor breve.
Una sensación familiar.
Como si hubiera escuchado esa descripción antes.
Muy lejos.
Hace mucho tiempo.
Demasiado tiempo.
—¿Lucien?
Preguntó Lyra.
—¿Estás bien?
El pequeño tardó unos segundos en responder.
—Creo...
Murmuró.
—Creo que eso también me pasó a mí.
Elena abrió los ojos de golpe.
—¿Qué?
—Hay recuerdos que no puedo alcanzar.
Los veo.
Pero desaparecen.
Como si alguien estuviera empujándolos lejos de mí.
Elena se puso de pie.
Por primera vez desde que la conocían parecía verdaderamente asustada.
—Entonces no soy la única.
—Parece que no.
Respondió Lucien.
Los dos se quedaron en silencio.
Pensando exactamente lo mismo.
Porque si dos personas que recordaban las líneas temporales estaban perdiendo recuerdos...
Entonces aquello no era un accidente.
Alguien estaba ocultando la verdad.
Y por alguna razón...
Esa verdad estaba relacionada con La Tejedora.