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Dónde El Destino Volvió A Pasar Lista

Dónde El Destino Volvió A Pasar Lista

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Completas
Popularitas:276
Nilai: 5
nombre de autor: Sherineth Lameda Marrero

¿Y si el mayor fracaso de tu vida fuera, en realidad, el comienzo de tu historia de amor?
Valeria creyó que reprobar una materia era el fin de su camino. Mientras veía a sus compañeros avanzar, ella tuvo que regresar a un salón que jamás imaginó volver a pisar.

Gabriel, un estudiante que apenas iniciaba su primer semestre de medicina, llegó con la ilusión de cumplir el sueño de convertirse en médico. Lo que no esperaba era encontrar a una joven de mirada melancólica que, sin proponérselo, cambiaría su vida para siempre.

Entre clases interminables, noches de estudio, guardias, cafés compartidos y el peso de una carrera que exige el corazón tanto como la mente, nacerá un amor capaz de demostrar que el destino nunca se equivoca.

Porque hay encuentros que no ocurren por casualidad.

Hay personas que llegan justo cuando creemos haberlo perdido todo.
Y, a veces, la materia que más duele repetir... es la misma que termina enseñándote la lección más importante de tu vida.

NovelToon tiene autorización de Sherineth Lameda Marrero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La distancia de un sueño

Capítulo 22

La distancia de un sueño

La noticia de que Gabriel y Valeria representarían a la facultad en la prueba principal del Congreso Nacional de Medicina recorrió los pasillos en cuestión de horas.

Profesores y estudiantes se acercaban para felicitarlos. Algunos les deseaban suerte; otros les recordaban la gran responsabilidad que llevaban sobre los hombros.

Pero, mientras todos celebraban, una noticia inesperada cambió el rumbo de los acontecimientos.

A la mañana siguiente, el decano reunió a Gabriel y a Valeria en su oficina.

—Antes que nada, quiero felicitarlos nuevamente.

Ambos sonrieron.

—Gracias, profesor —respondieron al mismo tiempo.

El decano abrió una carpeta.

—El congreso cambió el formato de la competencia. En lugar de trabajar como pareja, cada uno competirá con estudiantes de distintas universidades. Los equipos serán asignados por sorteo.

Valeria sintió un pequeño vacío en el estómago.

—¿Eso significa que no estaremos juntos?

—Así es.

El objetivo es evaluar su capacidad para adaptarse a diferentes equipos.

Gabriel respiró hondo.

—Lo entendemos.

Cuando salieron de la oficina, caminaron en silencio por el pasillo.

Por primera vez desde que se conocían, ninguno sabía qué decir.

En la cafetería, el grupo los esperaba.

Daniel notó enseguida que algo ocurría.

—¿Qué pasó?

Gabriel dejó la mochila sobre una silla.

—Ya no competiremos juntos.

Lucía frunció el ceño.

—¿Cómo así?

Valeria explicó lo que el decano les había contado.

Camila tomó su mano.

—Sé que querían vivir esa experiencia juntos.

—Sí —respondió Valeria—, pero también entiendo por qué lo hicieron.

Sofía sonrió con dulzura.

—Tal vez sea otra oportunidad para demostrar todo lo que han aprendido.

Daniel levantó su vaso de café.

—Además, aunque estén en equipos distintos, siguen jugando para la misma facultad.

Gabriel sonrió.

—Eso no cambia.

Durante los días siguientes comenzaron los entrenamientos.

Cada participante trabajaba con nuevos compañeros.

Valeria fue asignada a un grupo con estudiantes de otras universidades invitadas para la preparación.

Entre ellos estaba una joven llamada Elena, brillante y muy competitiva.

—He escuchado hablar de ti —le dijo mientras organizaban unos apuntes.

Valeria sonrió.

—Espero que cosas buenas.

—Dicen que nunca te rindes.

Ella recordó el día en que tuvo que repetir la materia.

—Aprendí que rendirme nunca fue una opción.

Mientras tanto, Gabriel practicaba con otro grupo.

Uno de los integrantes era Tomás, un estudiante muy seguro de sí mismo.

—Dicen que eres bueno resolviendo casos clínicos.

Gabriel respondió con humildad.

—Todavía me falta mucho por aprender.

Tomás sonrió.

—Esa respuesta me gusta más que cualquier nota.

Las jornadas eran largas.

A veces, Gabriel y Valeria apenas coincidían unos minutos entre entrenamiento y entrenamiento.

Una tarde se encontraron en el jardín central.

—Te extrañé —dijo Gabriel.

Valeria sonrió.

—Solo llevamos medio día sin hablar.

—Para mí fue eterno.

Ella soltó una risa.

—Eres exagerado.

—Solo cuando se trata de ti.

Se sentaron bajo el árbol donde tantas veces habían estudiado.

El silencio entre ellos ya no era incómodo.

Era un lugar de descanso.

—¿Sabes qué me preocupa? —preguntó Valeria.

—¿Qué?

—Que esta competencia termine alejándonos.

Gabriel negó con firmeza.

—No permitiremos que eso pase.

Una competencia dura unos días.

Lo nuestro... quiero que dure toda la vida.

Valeria sintió cómo el corazón se aceleraba.

—Prométeme que, pase lo que pase en el congreso, seguiremos siendo el mismo equipo.

Gabriel entrelazó sus dedos con los de ella.

—No importa en qué salón, hospital o ciudad estemos.

Siempre voy a elegir caminar contigo.

Ella apoyó la cabeza sobre su hombro.

—Gracias por hacerme sentir que nunca estoy sola.

Esa noche, el grupo decidió reunirse en la cafetería cercana a la facultad para despejar la mente.

Daniel llegó con una enorme caja de pizza.

—Orden del día: prohibido hablar de medicina durante una hora.

Lucía sonrió.

—Eso será difícil.

—Lo lograremos.

Entre risas, recordaron anécdotas del primer semestre de Gabriel y del segundo de Valeria, las bromas en Anatomía, los cafés antes de clase y las interminables horas de biblioteca.

Mariana miró a Gabriel y Valeria.

—¿Se dan cuenta de cuánto han cambiado?

Gabriel asintió.

—Muchísimo.

Antes pensaba que la medicina era solo estudiar.

Ahora sé que también es aprender de las personas que caminan contigo.

Valeria tomó su mano debajo de la mesa.

—Y yo entendí que los errores no siempre son finales.

A veces son el comienzo de las mejores historias.

Todos sonrieron.

Al despedirse, Gabriel acompañó a Valeria hasta la entrada de su casa.

Antes de que ella entrara, él sacó de su mochila una pequeña libreta de tapas azules.

—Quiero que la tengas.

Ella la recibió con curiosidad.

—¿Qué es?

—Cada vez que sientas miedo o dudas de ti, escribe una página.

Y cuando todo esto termine, la leeremos juntos.

Valeria acarició la portada con cuidado.

—Es el regalo más bonito que me han hecho.

Gabriel sonrió.

—No.

El regalo más bonito fue encontrarte aquella mañana en un salón donde ninguno imaginaba que el destino estaba comenzando a escribir nuestra historia.

Valeria lo abrazó con fuerza.

No sabían qué ocurriría en el congreso.

No sabían qué nuevos desafíos les esperaban.

Pero sí sabían una cosa.

Sin importar la distancia, los equipos o las pruebas que la vida les pusiera enfrente, seguirían encontrando el camino para volver el uno al otro.

Porque algunas historias de amor nacen por casualidad.

Pero las más inolvidables permanecen por decisión.

1
Milanyela Lameda
muy buena la historia
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