Ella reencarna en un mundo mágico, pero mantiene su fuerte amor por el mar.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Felix Gallagher 2
A la mañana siguiente, temprano, el carruaje del duque Gallagher se detuvo frente a la mansión White.
Pero Felix no bajó inmediatamente.
Uno de sus hombres le entregó varios documentos.
El duque los leyó en silencio.
Y mientras avanzaba…
Su expresión empeoraba.
Lord y Lady White centraban prácticamente toda su atención en Daisy.
Los profesores más prestigiosos.
Los elogios.
La preocupación.
El cariño visible.
Mientras tanto Dana…
Era tratada como una herramienta perfecta.
Educada.
Elegante.
Útil.
Pero emocionalmente apartada.
Gallagher terminó de leer lentamente.
[Y aun así ella sigue intentando agradarles.]
Aquello lo enfureció muchísimo más de lo esperado.
Especialmente cuando recordó la forma en que Dana había intentado justificar la bofetada.
Como si creyera que merecía soportarla.
El guardia habló con cautela.
—¿Desea que intervengamos más directamente, duque?
Gallagher levantó lentamente la vista hacia la mansión White.
Y honestamente…
Parecía un hombre preparándose para una guerra.
—Todavía no.
Pero el tono de su voz claramente significaba.. depende de cómo salga esta conversación.
El duque finalmente descendió del carruaje.
Y entró a la mansión White con una presencia tan intimidante que los sirvientes inmediatamente comenzaron a ponerse nerviosos.
Lord y Lady White lo recibieron rápidamente en el salón principal.
—Duque Gallagher —saludó Lord White intentando sonar calmado.
Gallagher asintió formalmente.
—Lord White.
Lady White hizo una reverencia elegante.
Pero el duque apenas le prestó atención.
Porque inmediatamente preguntó..
—¿Dónde está Dana?
No lady Dana.
No su hija.
Dana.
Lady White notó aquello.
Y algo en su expresión se tensó.
—Está preparándose, duque Gallagher.
Gallagher asintió una sola vez.
El ambiente se volvió incómodo rápidamente.
Porque el duque claramente no estaba allí como visitante casual.
Parecía alguien evaluando enemigos.
Y entonces…
Dana apareció.
Entró al salón todavía algo adormecida, con un vestido sencillo de mañana y el cabello parcialmente recogido.
Y apenas vio al duque…
Sonrió.
Una sonrisa pequeña. Real.
Como si genuinamente le alegrara verlo.
Gallagher sintió inmediatamente que parte de la presión en su pecho desaparecía.
[Por los dioses… otra vez esa sonrisa.]
Pero entonces notó algo más.
La mejilla de Dana aún estaba ligeramente roja.
El ambiente alrededor del duque se volvió peligrosamente frío.
Dana no pareció darse cuenta.
—Duque Gallagher.
Gallagher caminó hacia ella casi instintivamente.
—¿Dormiste bien?
Lord White quedó sorprendido por la naturalidad de la pregunta.
Dana también.
—Sí… creo.
Gallagher seguía mirando discretamente la marca en su mejilla.
[Y sigue visible.]
Eso empeoró muchísimo su humor.
Lord White carraspeó incómodo.
—Duque Gallagher, quizá deberíamos conversar a solas.
Gallagher finalmente apartó la vista de Dana.
—Claro.
El duque comenzó a caminar junto a Lord White hacia otro salón.
Y mientras avanzaba…
Observó algo más.
Daisy acababa de entrar.
Lady White inmediatamente sonrió hacia ella.
Le acomodó suavemente parte del cabello.
Le preguntó si había desayunado.
Si había descansado bien.
Pequeños gestos.
Normales.
Cariñosos.
Y después…
Gallagher vio cómo la misma mujer miraba a Dana.
Frialdad.
Distancia.
Evaluación constante.
Como si nunca fuera suficiente.
El duque sintió otra vez aquella furia silenciosa crecer dentro de él.
[Y ella todavía intenta ganarse su cariño.]
Gallagher desvió lentamente la mirada hacia Dana.
Ella permanecía elegantemente quieta.
Acostumbrada.
Como si ni siquiera esperara algo diferente.
Y en ese instante Felix Gallagher pensó algo peligrosamente serio..
[Ella será mucho más que ellos.]
Muchísimo más.
Y si la familia White no sabía verlo…
Entonces él se encargaría personalmente de que todo Sunderland sí lo hiciera.
La oficina de Lord White estaba completamente en silencio.
Un silencio pesado.
Porque desde el momento en que la puerta se cerró…
Lord White entendió algo incómodo..
El duque Gallagher no había ido a conversar.
Había ido a imponer algo.
Felix permanecía de pie frente al escritorio con expresión fría.
Y sinceramente…
Parecía más peligroso vestido elegantemente que armado.
Lord White intentó mantener compostura.
—¿Qué desea discutir exactamente, duque Gallagher?
Gallagher lo miró directamente.
Sin rodeos.
—Voy a ser claro.
Lord White sintió inmediatamente tensión en el pecho.
El duque continuó..
—Lady Dana comenzará a asistir regularmente a la mansión Gallagher.
Lord White parpadeó sorprendido.
Gallagher siguió hablando tranquilamente..
—Aprenderá a administrar el ducado.
Lord White sinceramente no esperaba eso.
Porque aquello no era una visita romántica.
Era poder.
Influencia.
Preparación real para convertirse en duquesa.
Y aquello volvía todo demasiado serio.
—Duque Gallagher… quizá aún es demasiado pronto para algo así.
Gallagher ni siquiera pestañeó.
—No.
Lord White frunció apenas el ceño.
Gallagher cruzó los brazos.
—Lady Dana es mayor de edad.
Su voz se volvió todavía más firme.
—Y no estoy aquí para pedirle permiso.
Lord White sintió irritación inmediata.
Porque aquella conversación comenzaba a parecer una declaración de propiedad sobre Dana.
—Las personas hablarán.. si Dana comienza a visitar regularmente la mansión ducal.
Gallagher respondió inmediatamente..
—Entonces me la llevaré a vivir al ducado.
Lord White quedó completamente inmóvil.
El duque siguió con absoluta calma..
—Digan que se fue de viaje si eso protege su reputación.
Lord White se puso de pie de golpe.
—¡No puedo aceptar algo así!
La voz salió mucho más alterada de lo que esperaba.
Porque aquello ya comenzaba a sentirse como si Gallagher quisiera arrancar a Dana completamente de la familia White.
Y quizás…
Eso era exactamente lo que el duque estaba pensando.
Gallagher lentamente también se puso de pie.
Y el ambiente se volvió inmediatamente peligroso.
—No finja interés en su hija ahora.
Lord White abrió los ojos sorprendido.
Gallagher lo miraba con absoluto desprecio contenido.
—Después de ignorarla durante años.
La voz del duque era baja.
Controlada.
Mucho peor por eso.
—Después de golpearla.
Lord White tensó la mandíbula.
—Duque Gallagher..
Pero Felix no terminó.
Porque llevaba demasiadas horas observando cosas que lo enfurecían.
La distancia emocional.
Las miradas.
La forma en que Dana parecía acostumbrada a ser menos querida.
Y finalmente explotó.
—¿O acaso ahora sí le importa porque finalmente todos notaron lo hermosa y brillante que es?
Lord White quedó completamente rígido.
Gallagher dio un paso hacia el escritorio.
—Porque su hija menor no destaca en nada.
Silencio absoluto.
La frase cayó como una bomba.
Y apenas salió…
El ambiente se volvió sofocante.
Lord White sintió furia inmediata.
Violenta.
—¡No se atreva a hablar de Daisy de esa forma!
Gallagher no retrocedió ni un centímetro.
—Entonces tampoco permita que traten a Dana como si fuera menos humana.
Lord White apretó los puños.
Porque una parte de él…
La peor parte…
Sabía que el duque había notado demasiadas cosas.
Dana siempre había sido eficiente.
Perfecta.
Brillante.
Y precisamente por eso…
Dejaron de verla como una hija que necesitaba cariño.
Mientras Daisy…
Siempre parecía necesitar más atención.
Más apoyo.
Más cuidado.
Y en algún momento aquello creó una distancia enorme con Dana.
Pero escuchar eso de otra persona…
Lo llenó de vergüenza y rabia.
—Usted no entiende nada sobre mi familia.
Gallagher respondió inmediatamente..
—Entiendo suficiente.
El duque seguía completamente frío.
—Entiendo que ayer levantó la mano contra ella.
Lord White bajó apenas la mirada un segundo.
Y Gallagher lo notó.
Aquello solo empeoró su humor.
—Y entiendo que ella ni siquiera parece sorprendida de soportarlo todo sola.
Lord White respiró pesadamente.
Porque aquellas palabras golpeaban más fuerte de lo esperado.
El duque continuó firme..
—Lady Dana irá conmigo al ducado.
—¡Ella es mi hija!
Gallagher sostuvo su mirada sin moverse.
—Entonces compórtese como su padre.
Silencio.
Silencio absoluto.
Lord White sintió la sangre hervir.
Porque nadie le hablaba así.
Nadie.
Pero frente a él estaba Felix Gallagher.
El hombre con más poder militar en Sunderland.
Y peor aún…
Un hombre que realmente parecía dispuesto a proteger a Dana incluso de su propia familia.
Lord White finalmente habló con voz tensa.
—¿Por qué le importa tanto?
Gallagher quedó quieto apenas un segundo.
Y sinceramente…
No tenía una respuesta lógica.
Porque él mismo todavía intentaba entenderlo.