Séptimo libro de la Dinastía Lobo.
Alessandro juró no enamorarse jamás. Arabella juró vengarse al precio que sea. Pero cuando sus caminos se cruzan, el odio y el deseo se vuelven imposibles de distinguir. Ella fue entrenada para seducirlo y destruirlo; él, para no caer en las trampas del corazón. Sin embargo, un roce, una mirada y un secreto bastan para encender una pasión tan peligrosa como inevitable. Entre mentiras, fuego y traiciones, Alessandro y Arabella descubrirán que algunos destinos no pueden evitarse... y que hay amores que se sienten como una herida abierta imposible de cerrar.
NovelToon tiene autorización de Rosa Verbel para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Lo odio.
Arabella🌷
Salgo de esa maldita oficina con la sangre hirviendo. No es enojo… es algo más oscuro, más profundo, una mezcla de rabia, impotencia y orgullo herido que me aprieta el pecho como un puño. Camino rápido, con los tacones golpeando el suelo con fuerza, como si cada paso fuera una forma de descargar lo que llevo dentro. No miro a nadie, no saludo a nadie, no quiero escuchar ni una sola voz porque sé que si alguien me habla ahora mismo, no voy a responder con palabras… y eso sería un problema.
Empujo la puerta del camerino sin cuidado.
Dency levanta la mirada de inmediato, dejando lo que estaba haciendo a un lado. Me observa con atención, con esa intuición suya que nunca falla cuando se trata de mí.
—¿Qué pasó? ¿Por qué te llamaron aparte? —pregunta, frunciendo el ceño mientras se acerca un poco más.
No le respondo enseguida. Empiezo a caminar de un lado a otro, pasándome las manos por el cabello, tratando de ordenar mis ideas, pero es imposible. Todo está revuelto. Todo está mal.
—¿Arabella? —insiste, ahora más seria.
Me detengo en seco, la miro fijamente y dejo salir lo primero que tengo atravesado en la garganta.
—Ese ... maldito tipo.
Dency se tensa de inmediato.
—¿Qué hizo? ¿Te faltó al respeto? ¿Te tocó? Porque si es así, te juro que voy y le parto la cara —dice con una firmeza que no es amenaza, es promesa.
Suelto una risa amarga, seca, cargada de frustración.
—No. Ojalá fuera algo tan simple.
—Entonces habla claro, coñ0.
Respiro hondo, pero no me calma en absoluto.
—Modificó mi contrato a su antojo.
El silencio cae como un golpe.
—¿Qué…?
—Que lo cambió —repito, apretando los dientes—. Así, sin más.
Dency me mira como si no entendiera lo que estoy diciendo.
—¿Cómo que lo cambió?
La observo con incredulidad, todavía sin creerme del todo lo que acaba de pasar.
—Ni siquiera me dejó firmar. Solo lo modificó, a su antojo, como si yo no importara en absoluto.
—¿Y qué dice ese contrato?
La rabia vuelve a subir.
—Que ahora tengo que bailar solo para él.
Dency se queda en silencio unos segundos, procesándolo, hasta que niega con la cabeza.
—No… eso no puede ser real.
—Pues lo es.
—Ese tipo está loco de remate.
—Un cabrón es lo que es —respondo sin titubear, dejando claro el desprecio que me provoca.
Dency se levanta de golpe, empieza a caminar, igual que yo hacía antes.
—No, no, no… algo se puede hacer. Él no puede obligarte a hacer algo que tú no quieres.
La miro directo a los ojos.
—Sí puede.
—No puede.
—Sí puede —insisto, y lanzo el contrato sobre la mesa—. Léelo.
Ella lo toma con rapidez, pasa las páginas sin detenerse demasiado hasta que llega al final. Y entonces… se queda quieta. Demasiado quieta.
—…No jodas.
—Ajá.
Levanta la mirada lentamente, como si necesitara confirmar que no está alucinando.
—¿Un millón de dólares?
No puedo evitar soltar una risa cargada de rabia.
—Exacto. Un millón.
Dency deja caer el contrato como si quemara.
—Ese tipo está enfermo de la cabeza.
—Está acostumbrado a tenerlo todo —respondo—. Y a que nadie le diga que no.
—Pues contigo se jodió.
—Eso creía yo.
Dency resopla con frustración y de pronto cambia de tema, pero no realmente.
—Y Braulio… —murmura con rabia—. También es su culpa.
Aprieto los labios porque sé que no está equivocada.
—Él fue quien nos metió en esto —continúa—. Y ahora desaparece como si nada. ¿Dónde coñ0 está?
—No lo sé —respondo en voz baja—. Su teléfono está apagado.
—Siempre lo mismo con él.
—Siempre.
El silencio que cae ahora es distinto. Más pesado. Más real. Porque ya no es solo el problema de Alessandro… es todo.
Me dejo caer en la silla, cansada de golpe.
—Me toca hacerlo.
Dency se gira hacia mí de inmediato.
—¿Qué?
—Bailar para él.
—¿Estás loca?
—¿Tienes un millón de dólares para sacarme de esto? —pregunto, mirándola fijamente.
Ella se queda callada.
—No.
—Entonces ya sabes.
Dency se acerca, más seria ahora.
—¿Estás segura?
La miro fijamente, sosteniendo su mirada.
—No. Pero no tengo otra opción.
Respiro profundo, tratando de mantener el control.
—Y que Dios me ayude… porque como ese tipo siga provocándome, le voy a soltar un par de golpes antes de que termine ese maldito contrato.
Dency sonríe, pero no es una sonrisa inocente. Es peligrosa.
—Oye… ¿y si hacemos que se arrepienta?
Frunzo el ceño.
—¿Cómo?
—Lo fastidiamos. Te vistes de una forma que no le guste, algo que le mate toda la fantasía. Que diga “¿qué mierda es esto?” y te saque él mismo.
La idea se queda flotando entre nosotras.
—¿Crees que funcione?
—Tiene que funcionar.
La miro unos segundos más… y termino sonriendo.
—Vamos a intentarlo.
🌷...🌷...
Minutos después estoy lista, o al menos eso creo. El atuendo no es lo que él esperaría, y esa es exactamente la intención. Justo cuando termino, tocan la puerta. Dency abre y aparece un hombre alto, serio, trajeado, con esa actitud típica de los que trabajan para alguien poderoso.
—El señor Alessandro la espera —dice, sin mirarme siquiera.
Eso me molesta más de lo que debería.
—Dile que ya voy.
El hombre asiente y se retira. Dency se acerca, me toma de los brazos y me mira con complicidad.
—Rompe ese lugar.
—O lo intento.
—Suerte.
—La voy a necesitar.
Salgo con el mentón en alto, sin permitir que nadie vea lo que realmente siento.
El lugar al que me llevan no es una oficina. Es otra cosa. Más oscuro, más privado, más… calculado. Los tonos vinotinto, negro y gris dominan el ambiente, las luces son bajas, todo está perfectamente organizado para crear una atmósfera íntima. En el centro hay una tarima… y una estructura de cristal que no encierra, pero da la sensación de hacerlo.
Trago saliva.
Y entonces lo siento detrás de mí.
—Llegaste —su voz grave roza mi oído—. Y estás jodidamente... Preciosa.
Mi cuerpo se tensa al instante. Me giro lentamente y lo encuentro mirándome como si ya supiera exactamente cómo va a terminar todo esto. Sus ojos recorren mi rostro, deteniéndose en mis labios más de lo necesario, y eso me irrita profundamente.
—No te emociones —le digo con frialdad—. Todo esto es en contra de mi voluntad.
Él sonríe, como si eso le divirtiera.
—Eso lo hace más interesante.
Se sienta frente a la tarima, cruzando una pierna con total tranquilidad, como si estuviera viendo un espectáculo privado hecho a su medida. Y lo está.
Presiona un botón.
La música comienza.
Lenta. Sensual.
—Empieza.
—Te odio —le suelto sin filtro.
—Lo sé —responde, sin dejar de sonreír.
Subo a la tarima con la intención clara de arruinarle la noche, de hacerlo mal, de incomodarlo. Pero la música… maldita sea… se mete bajo mi piel. Mi cuerpo reacciona solo, como si no me perteneciera, como si cada nota lo guiara sin que yo pudiera detenerlo.
Y entonces… bailo. De verdad.
Cuando termina, mi respiración está agitada, el silencio pesa un segundo… y luego él aplaude.
—Impresionante.
Eso me molesta más que cualquier otra cosa.
—¿Ya puedo irme? —pregunto, molesta.
—Sí.
Camino hacia la salida, pero su voz me detiene.
—Cuatro días a la semana. Solo para mí. Los otros… puedes quedarte en casa.
No respondo. Paso a su lado y siento cómo intenta rozar mi cabello. Me aparto antes de que lo haga y sigo caminando sin mirar atrás.
Salgo con el pecho ardiendo.
Con la rabia intacta porque no funcionó.
No lo fastidié.
No lo incomodé.
Al contrario… Lo dejé encantado. Aprieto los puños mientras camino.
—Maldito…
Lo odio.
Lo odio de verdad.
Me hace acordar a su papá con cabo suelto 🤣🤣🤣
Pero Braulio esto es lo que quería cuando se enteré que lo rechazo su hermanita
Ale que esta acostumbrado a tener todos a sus pies ahora tiene un NO de repuesto pero hasta el nombre lo sabe.
Ale esta 🔥🔥🔥🔥🤣
Estas tan ciega con la venganza que no sabes lo que te espera.
Te va enfrentar en un peligro que no tenes idea, le crees todo lo que te dice.