Una humana en un mundo de cambiaformas.... Elara Corven se ve obligada a registrarse en la aplicación EIDOS para conseguir compañero de vida inesperadamente se ve emparejada con la persona más detestable Kaelon Draven su imponente y severo profesor de Psicología de comportamiento animal..
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Capitulo 21 - ¿Todos saben menos yo?
◾ INSTITUTO — PASILLO CENTRAL
Ya había pasado una semana desde que Elara estaba viviendo con Kaelon.
Las cosas no iban muy bien casi no se hablaban para evitar chocar como en los primeros días, Kaelon la llevaba a la escuela y por alguna razón le ordenaba esperarlo a la salida.
Todavía no se había hecho oficial en el instituto su emparejamiento, en otras palabras seguía sin pareja en la escuela.
Ya había terminado la primera clase y Elara salió al pasillo a fingir comprar algo para comer por si Kaelon la veía.
Todos los días eran igual reclamos sobre su alimentación, él no entendía que ella no quería sentirse en deuda ni ser una carga para él
Así que deambulo hasta que le tocará su próxima clase.
El murmullo era constante.
Como siempre.
Pero hoy…
Elara lo sentía distinto.
Más pesado.
Más… presente.
Caminaba con el bolso apretado contra el pecho, intentando ignorar las miradas.
—Tranquila… —se dijo—
—Solo es un día normal…
Mentira.
Nada era normal en el ambiente ese dia
Los machos estaban más callados de lo normal
Las hembras se veían más coquetas y escandalosas de lo normal.
Y la forma en que la gente la miraba.
Era...inquietante.
Giró en el pasillo principal.
Y ahí fue cuando pasó.
Un grupo de alumnas.
Dos de ellas la miraron.
Después bajaron la vista.
A su cuello.
Silencio.
Una de ellas frunció el ceño.
—¿…no tiene marca?
Elara siguió caminando.
Pero lo escuchó.
Claro que lo escuchó.
—Debe estar cubierta —dijo otra.
—No… —respondió la primera—
—No hay rastro, ni siquiera aroma.
—No debe tener pareja aún.—dijo la otra
Elara apretó más fuerte el bolso.
Siguió.
Más rápido.
Pero ahora…
las miradas cambiaban.
No eran de curiosidad.
Eran otra cosa.
Algo más filoso.
Más peligroso.
—¿Nunca tuve marca , de que hablan todos? Me miran más extraño que de costumbre.—murmuro Elara
◾ ESCALERA — SEGUNDO PISO
Subió rápido.
Demasiado.
Casi tropezando.
—No debería pensar tanto...
Pero la voz volvió.
Detrás.
Está vez era una voz grave masculina.
—Ey…
Se detuvo, fue extraño nadie la hablaba generalmente.
Sin embargo
Giró.
Un chico.
No lo conocía.
Pero su mirada…
no le gustó.
Para nada.
—¿Vos sos Corven, no?
Elara no respondió.
—Hay un rumor...de que aún no tienes marca…
Silencio.
Su estómago se tensó.
—¿Qué querés? —preguntó seca.
El chico sonrió.
Pero no era una sonrisa amable.
—Verificar. Si nadie te reclamo
—Si estoy a tiempo aún.
Dio un paso.
Corto.
Pero invasivo.
Elara se congeló el chico era intimidante
Tenía el doble de su altura.
El chico sonrió al ver la reacción de Elara y
con una mano sujeto su muñeca con fuerza y con la otra quiso levantar su barbilla y acercarse a su cuello
En ese momento Elara reaccióno
—¡Alejate! soy humana no soy compatible con tu raza—grito enojada, pero su voz tembló un poco
Dando dos pasos hacia atrás.
Silencio.
Elara sintió el aire quedarse atrapado en su pecho.
—¿Y? —respondió él, firme.
Ella intento argumentar
Pero su voz…
no salió
El chico inclinó la cabeza.
Analizándola.
—Es raro que seas humana ,si...—murmuró—
—Pero sigues siendo una hembra después de todo.
Otro paso.
Elara retrocedió.
Instintivo.
—No es asunto tuyo si tengo pareja.
—Claro pero al no tener marca... En esta época—respondió él—
—Significa que estás disponible
Pausa.
Sonrió.
—No estás protegida.
El mundo se le vino encima en ese segundo.
No por lo que dijo.
Sino por cómo lo dijo.
Dejo en claro que tenía una oportunidad y que la tomaría.
Me quedé quieta unos segundos.
No entendía.
No del todo.
Pero por primera vez sentí el peligro.
—¿Qué… significa eso? —preguntó, odiando que su voz dudara.
El chico soltó una risa baja.
—¿En serio no sabes?
—Te daré una pista...estamos en época de apariamiento.
Silencio.
Y ahí estuvo.
Ese momento.
Ese pequeño segundo donde todo encajó…
de la peor forma.
Las miradas.
Los murmullos.
La tensión.
Apretó los dientes.
—Nadie te explicó, ¿no?—dijo con risa burlona
Eso…
dolió.
Más que cualquier otra cosa.
Elara levantó la mirada.
Y por primera vez…
no había confusión.
Había enojo.
Frío.
Claro.
—No —dijo—Pero eso no te da derecho a acercarte.
Avanzo firme mirando directo a los ojos de él y co enojo señalando con su dedo dijo
—Y me importa una mierd# que seas un jaguar o un gato podes ser una zanahoria y ni así...te miraria si yo te digo que te alejes ,te alejas así de simple.
El chico se detuvo.
No esperaba eso.
—Solo digo que…
—No me interesa—lo cortó ella.
Seco.
—Tengo pareja y no creo que le guste verte molestandome.
Silencio.
Tenso.
—¿Por que no te marco entonces? Pregunto con descaro
—Tan poco le importa su hembra — dijo burlándose de ella
Pero esta vez…
ella no retrocedió.
Tampoco respondió.
Sentía que se desmoronaba pero no quería que notará sus dudas.
El chico chasqueó la lengua.
—Como quieras.
Se dio la vuelta.
Pero antes de irse—
—Cuidado Corven… —dijo sin mirarla—
—Veamos cuánto te dura ese carácter antes de chocar con una raza de mayor jerarquía, sin marca no tienes a nadie.
Y se fue.
Se quedó sola.
En medio del pasillo.
Con el corazón latiendo fuerte.
Demasiado.
Bajó la mirada.
Sus manos.
Temblaban.
Las piernas no le respondían.
—¿Raza de mayor jerarquía? Habla de leones, dragones ,hipopótamos.
—Habla de depredadores dominantes.
—Crei que con el emparejamiento ya bastaba.
Sus dedos subieron lentamente.
Hasta su cuello.
Piel limpia.
Nada.
—…nadie me dijo nada…
Silencio.
Y entonces…
la bronca.
Subió.
Caliente.
Dolorosa.
—Kaelon…
Apretó los dientes.
—El debía saber…
Respiración agitada.
—Y no me dijiste nada.
Levantó la cabeza.
Esta vez…
no había miedo.
Había otra cosa.
Algo nuevo.
—Por que siempre me tienen que hacer sentir como una tonta.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Por que siempre tengo que ser la última en enterarme de todo.
Volví a tocarme el cuello
Y de repente una idea simple llego a mí cabeza
—¿Por que no simplemente me marcó?
Si tan solo me ubieras...
Hubieras evitado esta humillacion.
Dijo mientras miraba a dónde se había ido el chico.
Pausa.
El pecho se le tenso conteniendo las lágrimas.
—¿No le importa mi protección acaso?
Empezó a caminar nuevamente está vez se dirigía al taller de teatro.
—¿Es que solo me uso para no pagar la multa?.
—Claro
Apretó el bolso con fuerza y se secó las lágrimas.