Ella huye de un pasado mágico y de un alma gemela que se convirtió en monstruo. Él es un humano de hierro, capitán de inteligencia, que solo vive para su trabajo. Ella caza abusadores por las noches; él los persigue por el día. Un caso los une, la necesidad de justicia los mantiene juntos, y un amor inesperado los acecha en medio de la investigación más peligrosa de sus vidas. En esta cacería, nadie es lo que parece y el amor es el único misterio que no saben cómo resolver.
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Capitulo 24: La sombra del pasado
El aire en la unidad de cuidados intensivos del hospital es denso, pesado. Zoe, sentada junto a la cama de la sobreviviente, observa cómo la mujer intenta articular una realidad que se le escapa entre los dedos. La luz de la tarde se filtra por la persiana, creando un patrón de barras sobre las sábanas que, irónicamente, recuerdan a los barrotes de una celda.
La mujer, a quien los médicos llaman simplemente "la paciente", ha comenzado a emerger del shock profundo. Sus ojos, antes perdidos en el vacío, ahora siguen el movimiento de Zoe.
__No fue al azar__. Susurró la sobreviviente, rompiendo el silencio que reinaba en la habitación.
__Eso es lo que más me atormenta. No fue un encuentro fortuito__.
Zoe se inclinó hacia adelante, su rostro una máscara de calma profesional, aunque por dentro sus instintos estan en alerta máxima.
__Dime qué recuerdas__. Pidió Zoe en voz baja.
__Su voz... cuando no gritaba insultos, cuando se ponía a sermonearme sobre el "orden natural"__. La mujer hizo una pausa, estremeciéndose.
__Había algo en su tono. Una especie de... desdén institucionalizado. No sonaba como un criminal de calle. Sonaba como alguien que se cree con la autoridad de juzgar. Como si él fuera la ley__. Zoe sintió un frío recorriéndole la espalda. Alguien que se cree la ley.
__¿Hubo algo más? ¿Algún tic? ¿Algún hábito que pudieras notar?__. Presionó Zoe, consciente de que esta buscando la aguja en un pajar.
La sobreviviente cerró los ojos, concentrándose.
__Tenía una forma particular de golpear el suelo con el tacón de su bota cuando se impacientaba. Un ritmo... como el paso militar, pero truncado. Y el olor...__. La mujer abrió los ojos de repente, con un destello de terror claro.
__Olía a tabaco barato y a un producto de limpieza industrial, de ese que usan en las oficinas centrales de la policía para el piso__.
El corazón de Zoe dio un vuelco. Las piezas, antes dispersas, se unieron con una violencia que le cortó la respiración. El ritmo del paso, el desdén por la jerarquía, el olor de la central... Zoe se puso en pie, las piernas temblándole levemente. La memoria, como una inundación, la arrastró al pasado. Recordó la azotea. Recordó el rostro deformado por el rencor, el alcohol y una envidia que lo carcome desde las entrañas.
"Al final, terminaste siendo la zorra que todos decían. Solo que, por ser un simple teniente, mi bolsillo no llegó a tu precio". El nombre golpeó su mente como un martillo: Caraballo.
Zoe salió de la habitación sin despedirse, con el pulso martilleando en sus sienes. Cruzó el pasillo a zancadas, ignorando las miradas de los enfermeros, hasta encontrar a Alarik en la cafetería del hospital, donde esta terminando de hablar con un oficial médico. Al ver la expresión de Zoe, Alarik despidió al médico con un gesto seco y se acercó a ella.
__¿Sargento? ¿Qué ha pasado?__. Preguntó él, su voz perdiendo toda formalidad al notar la palidez espectral de ella.
Zoe no respondió de inmediato. Se detuvo en un rincón apartado del pasillo, donde la luz artificial parpadea. Sus manos, generalmente firmes como el acero, estan cerradas en puños.
__Es él__. Dijo Zoe, su voz apenas un susurro cargado de una culpa que la esta consumiendo.
__Sé quién es. Es Caraballo__.
Alarik se quedó inmóvil. El nombre trajo consigo el recuerdo de aquel día tormentoso en la azotea, cuando tuvo que expulsar al teniente de la policía. Un hombre que no había podido procesar la mediocridad de su propia carrera ni el rechazo de una mujer que es superior a él en todos los sentidos.
__¿Estás segura?__. Preguntó Alarik, su tono volviéndose gélido, profesional, aunque sus ojos buscan los de ella con una preocupación profunda.
__La forma en que se mueve, el desprecio por la ley que él mismo juró proteger, su obsesión con las mujeres fuertes... todo encaja__. Zoe sintió que el aire le falta.
__Capitán, esto es mi culpa. Él se volvió así porque yo... porque lo rechacé. Porque lo humillé en esa azotea. Si no hubiera reaccionado así, si lo hubiera ignorado... quizás él nunca habría caído en esta espiral. Estas mujeres... podrían estar vivas__.
El remordimiento es una marea negra que la arrastra hacia el fondo. Se vio a sí misma como la creadora de esa tragedia, la chispa que ha encendido el odio de un hombre que, al perder su estatus, ha decidido destruir lo que no puede poseer.
Alarik, al ver la vulnerabilidad que ella rara vez muestra, acortó la distancia entre ellos. Sin importar el entorno hospitalario, la puso frente a él, sujetándola por los hombros con una firmeza que no admite discusiones.
__Mírame, Zoe__. Ordenó él, con una autoridad que, por primera vez, no busca el rango, sino el consuelo.
__No te atrevas a cargar con el peso de la maldad de ese hombre. Caraballo no se convirtió en un asesino por un rechazo. Él ya era un monstruo. Tenía la semilla del odio y la misoginia sembrada en su carácter desde mucho antes de cruzarse contigo__
__Pero él me odia a mí__. Insistió ella, con los ojos vidriosos.
__Me usa a mí como el estándar para sus víctimas. Es como si quisiera castigarme a través de todas ellas__.
__Él buscaba un propósito para su propia mediocridad__. Continuó Alarik, bajando la voz hasta que solo ella pudo oírlo.
__Si no hubieras sido tú, habría sido cualquier otra mujer que destacara, cualquier otra que le recordara que él no es el hombre que se cree ser. Tú no eres la causa, Zoe. Tú eres, irónicamente, el único motivo por el cual tenemos una oportunidad de detenerlo. Porque conoces su mente, conoces su odio y sabes exactamente dónde le duele__.
Zoe exhaló un suspiro tembloroso. Las palabras de Alarik funcionaron como un ancla en medio de la tormenta. Él tiene razón. La culpa es una trampa, una distracción que Caraballo estaría encantado de que ella tenga.
__Sabe cómo pensamos__. Dijo Zoe, recobrando la compostura, su voz volviéndose firme nuevamente.
__Conoce nuestros protocolos, nuestros puntos ciegos. Si sabe que lo hemos identificado, o si sospecha que estamos cerca, no se quedará quieto__. Alarik asintió.
__Es un ex-oficial. Sabe que la cacería ha empezado. Lo que él no sabe es que no solo estamos buscando a un ex-teniente despechado. Estamos buscando a un asesino que está usando el poder de un fragmento de destrucción para ocultar sus huellas__. Zoe se enderezó, limpiando el rastro de duda de su rostro. La culpa se ha transformado en un combustible frío y letal.
__Si él es Caraballo__. Dijo ella, con determinación.
__Entonces sabe que cuando yo digo que voy a ir a por alguien, no es una amenaza. Es una sentencia__.
__Entonces es hora de que sepa que la cacería ha terminado__. Respondió Alarik, sacando su radio.
__Avisaré al equipo. Pero Zoe, escucha bien: esto no lo vamos a hacer como policías siguiendo un manual. Vamos a hacerlo como los únicos que pueden verlo en las sombras. Caraballo cree que es invisible porque usa la oscuridad a su favor. Va a aprender, a las malas, que la oscuridad no solo pertenece a los monstruos. También pertenece a los que saben cómo cazar en ella__.
Alarik se alejó para dar las órdenes, pero antes de doblar el pasillo, miró a Zoe una última vez. Fue una mirada cargada de confianza, de una alianza que va mucho más allá de la lealtad profesional. En este instante, Zoe supo que no esta sola en el abismo. Y más importante aún, sabe que Caraballo, oculto tras su máscara de ideología y poder, esta a punto de enfrentarse a la única mujer a la que nunca pudo quebrar, y que ahora es, sin duda, su peor pesadilla.
La cacería no ha hecho más que empezar, y las reglas del juego haan cambiado para siempre. Ya no buscan a un asesino. Buscan a un hombre que ha cometido el error fatal de subestimar a la mujer que alguna vez intentó someter, y que ahora va a arrastrarlo, pieza a pieza, hacia la justicia que tanto se merece.
se vuelven justicieros en un mundo decadente.
que buena esta está historia y lo que falta