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VOTOS DE TRAICIÓN

VOTOS DE TRAICIÓN

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido / Mafia / Matrimonio arreglado
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Leidy Ocampo

Rachell Takahashi Zhang nunca creyó en el amor, solo en el poder. Pero cuando su boda se derrumba y es obligada a casarse con un desconocido, no imagina que ese hombre perfecto es, en realidad, su peor enemigo. Damien Bloodworth no llegó para amarla... llegó para vengarse. Y mientras ella le entrega su confianza, él se acerca cada vez más al momento de destruirlo todo.
"Se casó con su enemigo...
y terminó entregándole el arma perfecta para destruirla: su corazón."
¿El amor puede vencer el odio?

NovelToon tiene autorización de Leidy Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Demasiado tarde

Llevaba media hora esperándola.

Treinta malditos minutos.

Pierce ya estaba abajo terminando una llamada mientras yo revisaba el reloj por quinta vez consecutiva en el vestíbulo de la mansión.

—¿Quieres que suba a buscarla? —preguntó él intentando no reírse.

Lo miré serio.

—No.

—Claro. Porque tú eres muy paciente.

—Cállate.

Pierce sonrió apenas.

—Está peor de lo que pensé.

Lo ignoré y subí las escaleras antes de terminar golpeándolo.

La puerta de la habitación de Rachell estaba entreabierta.

Empujé lentamente...

Y me quedé quieto.

Maldita sea.

Ella estaba de espaldas frente al espejo, todavía terminando de vestirse.

Lencería negra.

Cabello oscuro cayendo por su espalda desnuda.

El vestido negro todavía abierto alrededor de sus piernas mientras acomodaba uno de los pendientes.

Mi cerebro dejó de funcionar aproximadamente en ese instante.

Rachell levantó la vista hacia el espejo y me vio detrás.

—Oh.

Silencio.

Peligroso silencio.

—No fue mi intención atrasarte —dijo volviendo a buscar algo sobre la mesa—. La reunión virtual con Tokio se complicó porque uno de los encargados del puerto no entendió las nuevas rutas y—

No estaba escuchando nada.

Absolutamente nada.

Porque seguía mirándola.

Porque esa mujer era un problema.

Uno enorme.

—...y después Yuri empezó a discutir con ellos porque claramente nadie sabe hacer bien su trabajo y—

Me acerqué lentamente.

Ella siguió hablando.

—...aunque supongo que todavía llegaremos a tiempo si—

Mis manos se deslizaron directamente hacia su cintura.

Rachell se quedó callada.

Finalmente.

Sus ojos se encontraron con los míos a través del espejo.

Oscuros.

Peligrosos.

—Damien...

La besé antes de que pudiera seguir hablando.

Fuerte.

Directo.

Como si hubiera pasado demasiado tiempo desde la última vez.

Ella respondió inmediatamente.

Siempre lo hacía.

Sus manos se aferraron a mi camisa mientras la giraba hacia mí completamente.

El vestido cayó apenas más por sus piernas.

Mi respiración se volvió pesada.

La suya también.

—Llegaremos más tarde de lo pensado —murmuré contra sus labios.

Rachell soltó una pequeña risa entrecortada.

—Eso parece.

Y un segundo después caímos sobre la cama besándonos otra vez.

Como dos personas incapaces de mantenerse lejos.

Como si cada discusión, cada pelea y cada provocación terminara inevitablemente aquí.

En esto.

En el caos.

Media hora después íbamos dentro de la camioneta camino al evento.

Pierce conducía adelante mientras yo terminaba una llamada con uno de los hombres del puerto.

—Quiero toda la mercancía movida antes del amanecer —dije observando las luces de Nueva York por la ventana—. No me importa cuánto cueste.

Rachell estaba sentada a mi lado revisando una tableta.

El vestido negro que llevaba era criminal.

Escotado en la espalda.

Elegante.

Peligrosamente ajustado.

Mi mano descansaba distraídamente sobre su espalda desnuda mientras seguía hablando por teléfono.

—Y revisen nuevamente las rutas de Baltimore. No quiero otro error.

Colgué finalmente.

Rachell seguía leyendo documentos.

—Pierce, ¿el vuelo a Chicago sigue para el viernes? —preguntó ella.

—Sí. Aunque probablemente cambie después de esta reunión.

—¿Y el contacto de Boston?

—Confirmado.

Ella asintió revisando información.

Yo seguía observándola.

Demasiado.

Su perfume.

El movimiento lento de sus dedos sobre la pantalla.

La forma en que cruzaba las piernas sin darse cuenta.

Maldita mujer.

Me acerqué lentamente hacia su cuello y dejé un beso suave cerca de su piel.

Ella levantó la vista inmediatamente.

—¿Qué haces?

Sonreí apenas.

—Molestarte.

—Compórtate.

—Nunca.

Pierce soltó una risa desde adelante.

—Voy a subir el volumen de la música para no escuchar cosas traumáticas.

—Conduce —gruñí.

Rachell sonrió apenas intentando volver a la tableta.

Pero ya estaba distraída.

Perfecto.

—Te ves demasiado tranquila hoy —murmuré cerca de ella.

—Y tú demasiado insoportable.

—Eso te gusta.

Ella giró apenas el rostro hacia mí.

—No te emociones, Bloodworth.

Mi mano subió lentamente por su espalda desnuda.

Sentí cómo se tensó apenas.

Interesante.

—¿Nerviosa?

—Jamás.

—Mentira.

Sus ojos oscuros se clavaron en los míos.

Y el aire volvió a sentirse demasiado pesado.

Demasiado íntimo.

Demasiado peligroso.

Entonces todo explotó.

Literalmente.

Un estruendo brutal sacudió la camioneta.

El mundo giró violentamente.

Vidrios.

Metal.

Fuego.

Gritos.

La camioneta rodó varias veces mientras los disparos empezaban afuera.

Todo se volvió caos.

Mi cabeza golpeó algo fuerte.

Dolor.

Un pitido ensordecedor llenó mis oídos.

Por un segundo no entendí nada.

Luego humo.

Fuego.

Sangre.

Mierda.

—¡PIERCE! —gruñí intentando moverme.

—¡Estoy bien! —escuché su voz a la distancia.

Intenté girarme inmediatamente hacia Rachell.

Y sentí el miedo golpearme directo en el pecho.

No se movía.

Su cabeza descansaba contra el asiento destruido mientras fragmentos de vidrio cubrían parte de su cabello.

—Rachell.

Nada.

—Rachell.

Mierda.

La puerta estaba destruida parcialmente. Forcé mi cuerpo hacia afuera ignorando el dolor mientras varios de mis hombres sobrevivientes comenzaban a disparar contra los atacantes.

Caos absoluto.

Pierce ya estaba organizando el perímetro.

Pero yo solo podía verla a ella.

Volví hacia la camioneta inmediatamente.

—Rachell, mírame.

No respondía.

Sentí algo frío recorrerme el cuerpo.

No.

No.

La saqué con cuidado entre los restos de metal mientras el fuego comenzaba a extenderse.

—Vamos, despierta.

Nada.

—Rachell.

Mi voz salió más rota de lo que esperaba.

La acomodé contra mí revisando rápidamente si tenía heridas graves.

Respiraba.

Gracias a Dios.

—Escúchame —murmuré sosteniendo su rostro—. Abre los ojos.

Y entonces finalmente se movió apenas.

Un pequeño quejido escapó de sus labios.

Mis hombros literalmente se relajaron.

—Ahí estás.

Sus ojos se abrieron lentamente.

Confundidos.

Aturdidos.

—¿Damien...?

Casi me derrumbo al escucharla hablar.

—Sí.

Ella frunció apenas el ceño mirando alrededor.

—¿Qué demonios pasó?

—Intentaron matarnos.

—Qué groseros.

Eso me arrancó una pequeña risa incrédula.

Pierce apareció cerca cubierto de sangre y polvo.

—Tenemos el perímetro asegurado.

Asentí inmediatamente.

—Activen protocolo completo. Quiero todas las salidas cerradas y averigüen quién hizo esto.

Pierce asintió alejándose nuevamente.

Rachell intentó levantarse.

No la dejé.

—Estoy bien.

—No te muevas.

—Damien—

La cargué ignorando completamente la protesta.

Sus brazos terminaron alrededor de mi cuello automáticamente.

Y eso calmó algo dentro de mí que ni siquiera sabía que estaba perdiendo el control.

La camioneta seguía ardiendo detrás mientras avanzábamos hacia los vehículos restantes.

Rachell me observó unos segundos.

—Estás sangrando.

—Tú también.

Ella levantó apenas una ceja.

—Suenas estupido.

La miré fijamente.

Y por primera vez desde que empezó todo esto...

El miedo de perderla me golpeó más fuerte que cualquier bala.

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Angeles 😈😇
me encanta
Angeles 😈😇
cada vez se está poniendo más interesante 🥰
Angeles 😈😇
hola! muy interesante hasta el momento ☺️
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