Veinticinco años antes de los eventos que cambiarían el mundo, la verdad permanecía oculta bajo silencio, sangre y recuerdos prohibidos.
Mientras antiguas fuerzas observan desde las sombras, personas marcadas por la pérdida, la culpa y la soledad intentan seguir adelante en un mundo que lentamente comienza a desmoronarse.
Esta es la historia de quienes existieron antes de la tragedia. Antes de los bucles. Antes de que alguien pudiera regresar de la muerte.
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Capítulo 14: El otro mundo
La lluvia caía suavemente sobre el pequeño pueblo.
Dentro de una casa iluminada por velas cálidas, Alicia permanecía sentada cerca de la ventana observando el bosque mojado.
Todavía era una niña.
Pequeña. Silenciosa. Y demasiado observadora para su edad.
Pero dentro de aquella casa…
podía sentirse segura.
Porque su madre estaba ahí.
Una mujer de cabello negro largo y ojos amatista suaves que jamás miró a Alicia con miedo.
Nunca.
Mientras el resto del mundo susurraba cosas horribles sobre ella…
su madre simplemente la abrazaba.
Le contaba historias. Le cepillaba el cabello. Y le decía constantemente cuánto la amaba.
Para ella…
Alicia jamás fue una calamidad.
Solo era su hija.
Aquella noche la mujer preparaba comida tranquilamente mientras Alicia leía uno de los libros que Liz había traído días atrás.
Entonces la puerta se abrió lentamente.
Liz apareció empapada por la lluvia.
—Llegas tarde —dijo la madre de Alicia con una pequeña sonrisa cansada.
—Los libros son más importantes que los horarios.
—Eso no tiene sentido.
—Para mí sí.
Alicia soltó una pequeña risa apenas audible.
Liz observó inmediatamente a la niña.
—¿Terminaste el libro?
Alicia asintió suavemente.
—Me gustó.
—Obviamente. Yo elegí uno bueno.
La pelirroja se sentó tranquilamente frente a ella mientras acomodaba varios libros nuevos sobre la mesa.
Y entonces…
Alicia habló lentamente.
—Liz…
—¿Hm?
La niña dudó apenas un momento.
—¿Puedes enseñarme otro mundo?
El ambiente quedó en silencio apenas unos segundos.
La madre de Alicia levantó ligeramente la mirada sorprendida.
Pero Liz…
simplemente parpadeó.
—¿Otro mundo?
Alicia asintió lentamente.
Sus ojos amatista reflejaban curiosidad pura.
—Siempre hablas de lugares diferentes. Quiero verlos.
La pelirroja guardó silencio unos momentos.
Liz jamás fue alguien grosera con Alicia.
Y además…
enseñar cosas nuevas era una de las pocas actividades que genuinamente disfrutaba.
Finalmente cerró lentamente su libro.
—Bien.
Los ojos de Alicia brillaron ligeramente.
—¿De verdad?
—Sí. Pero solo mirarás.
La niña asintió emocionada inmediatamente.
Liz extendió lentamente una mano.
Y el aire alrededor comenzó a distorsionarse.
La madre de Alicia observó aquello en silencio.
Acostumbrada ya a las extrañas habilidades de la pelirroja.
Un círculo oscuro apareció lentamente frente a ellas.
Y entonces…
el mundo cambió.
Alicia abrió enormemente los ojos.
Edificios gigantes.
Luces por todas partes.
Calles llenas de personas.
Vehículos moviéndose rápidamente.
El cielo nocturno iluminado por enormes anuncios brillantes.
Era completamente distinto a cualquier cosa que hubiera imaginado.
—¿Q-qué es este lugar…?
Liz observaba el paisaje con calma absoluta.
—Japón.
Alicia seguía mirando todo fascinada.
Las personas vestían diferente. Los edificios parecían imposibles. Y el ruido de la ciudad hacía que todo se sintiera vivo.
Entonces…
sus ojos se detuvieron en algo específico.
Un chico.
Cabello negro ligeramente crespo. Ojos café oscuro. Expresión cansada.
Parecía joven.
Y aun así…
había una tristeza extraña en su mirada.
Alicia lo observó en silencio.
No entendía por qué.
Pero algo dentro de ella reaccionó apenas lo vio.
A su lado caminaba una chica de cabello oscuro y ojos café marrón.
La chica sonreía mientras hablaba con él.
Y aunque el chico parecía serio…
su expresión cambiaba ligeramente cuando ella estaba cerca.
—¿Quiénes son…?
Liz observó también.
Y por primera vez en mucho tiempo…
la expresión de la pelirroja cambió apenas un instante.
Como si incluso ella estuviera sorprendida.
—Curioso…
Alicia inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Los conoces?
Liz permaneció observando al chico unos segundos más.
Y luego respondió lentamente.
—No.
Pero era mentira.
Porque apenas vio a ese joven…
algo dentro de Liz entendió inmediatamente que aquella existencia era peligrosa.
Muy peligrosa.
Mientras tanto…
sin saber que estaba siendo observado desde otro mundo…
Kenji caminaba junto a Stella bajo las luces de Japón.
Completamente ajeno…
a que el destino acababa de comenzar a moverse.
Capítulo 14
El otro mundo — Parte 2
Las luces de la ciudad iluminaban las calles mojadas por la lluvia.
Personas caminaban rápidamente bajo paraguas mientras anuncios gigantes brillaban sobre los edificios.
Pero Kenji apenas prestaba atención a nada.
Caminaba lentamente junto a Stella con las manos dentro de los bolsillos de su sudadera negra.
Su expresión estaba cansada.
Como alguien que llevaba demasiado tiempo sin descansar realmente.
Stella lo observó de reojo.
Cabello oscuro ligeramente movido por el viento. Ojos marrón suaves. Y una sonrisa pequeña que parecía esconder tristeza.
—Espero que vayas al hospital para verme.
Kenji soltó un pequeño suspiro.
—Lo sé, lo sé…
Su voz sonaba relajada.
Pero también preocupada.
Stella lo observó unos segundos.
Y luego habló más bajo.
—Sería la última vez que me verías.
El silencio cayó entre ambos.
El ruido de la ciudad continuó alrededor de ellos.
Pero de repente…
todo parecía lejano.
Kenji bajó lentamente la mirada.
—No digas eso.
Stella sonrió apenas.
Una sonrisa débil.
—Es la verdad.
El chico apretó ligeramente los puños dentro de los bolsillos.
Porque odiaba escucharla hablar así.
Odiaba esa calma con la que aceptaba todo.
—Tu enfermedad…
Kenji tragó saliva lentamente.
—La leucemia todavía puede mejorar.
Stella soltó una pequeña risa.
—Los doctores no parecen pensar lo mismo.
Aquellas palabras golpearon directamente el pecho de Kenji.
Porque él sabía la verdad.
Sabía que Stella estaba empeorando.
Cada vez más débil. Cada vez más cansada.
Y aun así…
seguía sonriendo frente a él.
El chico desvió lentamente la mirada hacia las luces de la ciudad.
—Odio esto.
Stella parpadeó ligeramente sorprendida.
Kenji respiró profundamente.
—Odio no poder hacer nada.
Por primera vez…
su voz mostró frustración real.
Dolor.
—Si alguien está triste… quiero ayudar. Si alguien está sufriendo… quiero arreglarlo.
El viento nocturno movió ligeramente su cabello negro.
—Pero contigo…
Kenji bajó lentamente la cabeza.
—No puedo hacer nada.
Stella lo observó en silencio.
Y entonces…
lo golpeó suavemente en el brazo.
—Idiota.
Kenji levantó ligeramente la mirada confundido.
La chica sonreía otra vez.
Pero sus ojos parecían húmedos.
—Has estado conmigo todo este tiempo. Eso ya es suficiente.
El chico permaneció callado.
Porque honestamente…
no lo sentía suficiente.
No cuando alguien importante para él estaba desapareciendo lentamente frente a sus ojos.
Stella comenzó a caminar nuevamente.
—Además… si sigues poniendo esa cara deprimente, pensaré que voy a morir mañana.
Kenji inmediatamente habló.
—¡No digas eso!
La chica comenzó a reír suavemente.
Y aunque la risa terminó convirtiéndose en tos…
seguía sonriendo.
Kenji la sostuvo inmediatamente preocupado.
—Oye…
—Estoy bien…
Pero claramente no lo estaba.
Y eso aterraba a Kenji más de lo que quería admitir.
Muy lejos de ahí…
desde otro mundo…
Alicia observaba la escena en silencio.
Sus ojos amatista permanecían completamente fijos sobre Kenji.
Porque por alguna razón…
podía sentirlo.
El dolor dentro de él.
La impotencia.
Y esa desesperación silenciosa de querer salvar a alguien incluso cuando sabes que probablemente no podrás.
Liz también observaba en silencio.
Sus ojos negros analizaban al chico cuidadosamente.
Y cuanto más lo observaba…
más inquietante se volvía algo.
Porque había algo extraño alrededor de Kenji.
Algo roto.
Algo vacío.
Algo que todavía no existía completamente…
pero que algún día terminaría devorándolo todo.