SIN SPOILER
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LA ¿CAIDA?
El cielo ardía.
No con fuego común.
Era fuego celestial.
Blanco.
Brillante.
Doloroso.
Las enormes puertas doradas del Reino Celestial permanecían abiertas mientras cientos de ángeles observaban en silencio.
Nadie se atrevía a hablar.
Nadie se atrevía a mirar directamente al centro del salón.
Porque ahí estaba ella.
Adaline.
De rodillas.
Con las alas extendidas detrás de su espalda.
Temblando.
Sus ojos dorados estaban llenos de lágrimas mientras las cadenas de luz rodeaban sus muñecas.
—Adaline… —la voz del arcángel supremo resonó en todo el lugar—. Has sido encontrada culpable de traición al cielo.
Ella levantó la mirada de golpe.
—¡Yo no hice nada! —su voz se quebró—. ¡Lo juro!
Los murmullos comenzaron.
Algunos ángeles desviaron la mirada.
Otros la observaban con decepción.
Como si ya hubieran decidido que era un monstruo.
Adaline sintió un nudo en la garganta.
Había protegido el cielo durante siglos.
Había obedecido cada regla.
Cada orden.
Jamás dañó a nadie.
Entonces…
¿por qué nadie la escuchaba?
—El arcángel Cassiel mur1ø por tu culpa —dijo otra voz fría—. Tus manos están manchadas con su s@ngr3
—¡NO! —gritó ella—. ¡Cuando llegué ya estaba mu3rtø!
Pero nadie respondió.
El silencio fue peor.
Mucho peor.
Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas.
—Por favor… —susurró—. Yo soy inocente…
El arcángel supremo levantó lentamente la mano.
Y en ese instante…
las cadenas brillaron intensamente.
Adaline soltó un grito ahogado al sentir una presión insoportable en la espalda.
Sus alas.
Algo estaba pasando con sus alas.
El fuego celestial apareció de golpe.
Las plumas comenzaron a arder.
—¡AAAAH…!
El dolor fue insoportable.
Adaline cayó al suelo mientras las llamas blancas consumían parte de sus alas.
Intentó moverse.
Intentó escapar.
Pero las cadenas no la dejaban.
El olor a plumas quemadas llenó el aire.
—Por el pecado de traición… —declaró el arcángel—. Se te despoja de tu lugar en el cielo.
Las llamas crecieron.
Adaline lloraba desesperadamente.
—¡Por favor…!
Pero nadie la ayudó.
Nadie.
Entonces las puertas celestiales se abrieron detrás de ella.
El vacío.
La Tierra.
Muy abajo.
Muy lejos.
Sus ojos se abrieron con terror.
—No… no…
Las cadenas desaparecieron.
Y una fuerza invisible la empujó.
Adaline gritó mientras caía al vacío.
El viento golpeó su cuerpo violentamente.
Las nubes atravesaban su piel como cuch1ll@s heladas.
Sus alas @rd1@n.
Cada movimiento le causaba dolor.
Intentó volar.
Pero no pudo.
El fuego celestial seguía consumiendo las puntas de sus alas.
Y por primera vez en toda su existencia…
tuvo miedo.
Miedo de mør1r
Miedo de estar sola.
Miedo de lo que la esperaba abajo.
La Tierra se acercaba cada vez más rápido.
Bosques.
Montañas.
Oscuridad.
El impacto fue brutal.
El suelo explotó bajo ella.
Los árboles se quebraron.
La tierra tembló.
Y el fuego iluminó el bosque entero.
El silencio regresó.
Solo se escuchaban brasas cayendo lentamente.
Adaline respiraba con dificultad.
Todo le dolía.
Sus alas estaban heridas.
Quemadas.
Las lágrimas corrían silenciosamente por su rostro mientras intentaba levantarse.
Pero su cuerpo no respondía.
Entonces…
escuchó motores.
Varios.
Luces atravesaron la oscuridad del bosque.
Vehículos negros.
Adaline sintió pánico de inmediato.
Intentó arrastrarse lejos.
Pero estaba demasiado débil.
Las puertas de uno de los automóviles se abrieron.
Botas negras tocaron el suelo húmedo.
Y después…
una voz masculina.
—¿Qué d3møn1øs fue eso…?
Kain Torres levantó lentamente la mirada hacia el enorme cráter frente a él.
El aire olía a humo.
A fuego.
Sus hombres apuntaron con @rm@s hacia el centro del impacto.
—Jefe, podría ser una emboscada.
Kain no respondió.
Algo se sentía extraño.
Demasiado extraño.
Caminó lentamente entre los árboles destruidos mientras el fuego iluminaba parcialmente su rostro.
Traje negro.
Guantes oscuros.
Mirada fría.
Era el heredero de la familia Torres.
El hijo del hombre más temido del mundo.
Pero incluso él se detuvo al verla.
Porque en medio del cráter…
había una mujer.
Una mujer con alas.
Sus ojos se abrieron ligeramente.
Por primera vez en años…
Kain quedó completamente sorprendido.
Las enormes alas blancas estaban parcialmente quemadas.
Algunas plumas seguían ardiendo lentamente.
La chica intentó alejarse al verlo.
Asustada.
Desesperada.
Como un animal herido.
Y eso hizo que Kain frunciera levemente el ceño.
No entendía qué estaba viendo.
Los rumores del mundo criminal hablaban de d3møn1øs.
De m@ld1c1øn3s.
De cosas ocultas.
Pero un ángel…
eso era imposible.
Uno de sus hombres levantó el @rm@
—¿La eliminamos?
Adaline retrocedió aterrorizada.
Kain reaccionó de inmediato.
—Baja el @rm@
El hombre obedeció enseguida.
Kain volvió a mirar a la chica.
Ella estaba temblando.
Cubriéndose parcialmente con sus alas dañadas.
Sus ojos dorados estaban llenos de miedo.
Pero también de desconfianza.
Como si esperara que la atacaran en cualquier momento.
Kain se acercó lentamente.
—No voy a hacerte daño.
Adaline lo miró en silencio.
No le creyó.
Claro que no.
Había sido traicionada por el cielo.
¿Por qué confiaría en humanos?
Especialmente en hombres armados.
Kain se detuvo a pocos metros de ella.
Y por un instante…
ambos solo se observaron.
Él intentando comprender qué era ella.
Ella intentando decidir si debía huir.
El viento movió lentamente las plumas quemadas de sus alas.
—¿Qué eres…? —preguntó Kain finalmente.
Adaline apretó los labios.
No respondió.
Kain notó algo extraño entonces.
Ella estaba herida.
De verdad.
Las quemaduras parecían extenderse lentamente por sus alas.
Y aun así…
seguía intentando mantenerse alerta.
Como si rendirse fuera peligroso.
Uno de los hombres volvió a hablar.
—Esto no es normal, señor. Debemos llamar a Alessandro.
Adaline reaccionó al escuchar otro nombre.
Retrocedió más.
Asustada.
Kain lo notó inmediatamente.
Y entonces entendió algo.
Ella le tenía miedo a todos.
No importaba quién fuera.
No confiaba en nadie.
Kain volvió a verla fijamente.
Una criatura imposible había caído del cielo прямо(directamente) frente a él.
Y aun herida…
seguía intentando sobrevivir sola.
Eso despertó algo extraño dentro de él.
Curiosidad.
—Nadie le @punt@ otra vez —ordenó con voz fría.
Sus hombres guardaron silencio.
Adaline seguía respirando agitadamente.
Kain dio un paso atrás lentamente.
Quería que entendiera que no pensaba atacarla.
Aunque ni siquiera él comprendía por qué estaba ayudándola.
Tal vez eran sus ¿alas?
Tal vez su ¿mirada rota.?
O tal vez…
porque jamás había visto a alguien tan perdido como ella.
Las brasas continuaban cayendo alrededor de ambos.
Y bajo aquel cielo oscuro…
el heredero del imperio criminal Torres conoció al ser que cambiaría por completo su vida
que va a pasar en el cielo
que pasará con ese embarazo ?