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La Sumisión Del Mafioso (Jaque Al Corazón)

La Sumisión Del Mafioso (Jaque Al Corazón)

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / CEO / Mafia
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Un contrato de sangre. Un matrimonio obligado. Un pecado imposible de ocultar.
Para su padre, ella es solo una pieza de ajedrez en un juego de poder. Para Arturo Rial, el hombre con el que debe casarse por obligación, ella es un frío contrato de negocios.
Pero todo cambia cuando aparece el hermano mayor de Arturo, un hombre que no conoce la palabra "no". Él no quiere un acuerdo; la quiere a ella. Entre los rincones oscuros de la mansión, él la marca, la reclama y la convierte en su mundo, desatando una obsesión que amenaza con destruirlo todo.
En este juego de traiciones, ella es la niña dulce que se convertirá en la caída del hombre más peligroso de la mafia.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 9

La culpa tiene un sabor amargo, metálico, que se pega a la parte posterior de la garganta y no te deja respirar.

Isabella pasó el resto de la noche de la gala como un autómata. Arturo, ebrio de poder y del whisky caro, ni siquiera notó el silencio sepulcral de su prometida ni el ligero temblor que sacudía sus manos. Para él, ella había cumplido su función: sonreír, lucir el vestido blanco y posar como el trofeo perfecto ante los socios de la familia. Al regresar a la mansión, Arturo se encerró directamente en su despacho para revisar las ganancias de la noche, dejándole claro a Bella con un frío ademán que ya no requería su presencia.

A las dos de la mañana, la mansión Rial se sumió en una oscuridad absoluta. Bella, incapaz de conciliar el sueño, caminaba descalza por el ala oeste. Se sentía sucia, pero no por el desprecio de Arturo, sino por la forma en que su propio cuerpo había reaccionado ante Vincenzo en aquel pasillo. Había una traición latente en su piel, un deseo prohibido que la empujaba hacia el peligro.

Buscando un vaso de agua para calmar la ansiedad, bajó a la cocina secundaria, un espacio penumbroso iluminado apenas por la luz de la luna que se filtraba por los altos ventanales. De repente, una sombra inmensa bloqueó la entrada.

No hubo tiempo para gritar.

Antes de que Isabella pudiera dar un paso atrás, unos brazos gruesos y devastadoramente fuertes la envolvieron por la cintura, levantándola apenas del suelo para acorralarla contra la encimera de mármol frío. El choque térmico entre la piedra helada y el calor abrasador que emanaba de ese cuerpo la hizo jadear. El aroma a tabaco, cuero y lluvia nocturna la inundó. Era Vincenzo.

—Te encontré, mi Bella —susurró él contra su oído, con una voz ronca que arrastraba una urgencia salvaje.

—Vincenzo, no... Arturo está arriba, si nos ve... —intentó suplicar ella, apoyando sus manos contra el pecho de él, sintiendo los músculos rígidos de su torso bajo la camisa negra.

—Arturo está contando billetes como el imbécil que es. No sabe lo que tiene, por eso no merece conservarlo —sentenció él.

Vincenzo no esperó más. Sostuvo el rostro de Bella con una sola de sus manos inmensas, obligándola a inclinar la cabeza hacia atrás. Sus dedos callosos se enterraron en su cabello oscuro con una firmeza que rozaba la violencia, anulando cualquier intento de escape.

Y entonces, la besó.

El primer beso de Vincenzo no fue una invitación; fue una invasión absoluta. Sus labios, cálidos y firmes, se apoderaron de los de ella con una intensidad destructiva que le robó el aire en el primer segundo. Bella dejó escapar un gemido ahogado que Vincenzo devoró de inmediato, profundizando el contacto. Su lengua reclamó el territorio con una voracidad implacable, buscando una sumisión total que ella, traicionada por sus propios sentidos, no pudo negarle.

El contraste era abrumador: la delicadeza de Bella desaparecía bajo la fuerza grandota y dominante de Vincenzo. Él la pegó tanto a su cuerpo que ella pudo sentir los latidos desbocados de su corazón y la dureza de su pecho. Con la mano que le quedaba libre, Vincenzo bajó por su espalda, apretando su cintura, enterrando sus dedos en la carne con una posesión tan salvaje que supo que le dejaría marcas moradas al día siguiente.

Isabella intentó resistirse los primeros segundos, recordando su compromiso, el contrato de su padre, la decencia. Pero el beso la estaba quemando por dentro. El sabor a peligro y a hombre de verdad la embriagó. Sus manos, que antes empujaban el pecho de Vincenzo, cedieron. Sus dedos se enredaron en la tela de su camisa y luego subieron hasta su nuca, rindiéndose por completo a la tormenta. Se encontró respondiendo al beso con la misma urgencia pecaminosa, gimiendo entre sus labios mientras la oscuridad de la cocina los ocultaba del mundo.

Cuando Vincenzo finalmente se separó, sus labios estaban húmedos y encendidos. Ambos jadeaban, con el aire escaseando en sus pulmones. Él no la soltó; apoyó su frente contra la de ella, observándola en la penumbra con esos ojos grises que brillaban como los de un lobo en la noche.

—Eres mía, Bella. Tu boca me pertenece a mí, no a él —gruñó, rozando con el pulgar el labio inferior de ella, que estaba hinchado por la intensidad del beso—. Puedes subir a su cama si quieres, pero tu mente se va a quedar aquí abajo, conmigo.

Vincenzo retrocedió un paso, desapareciendo en las sombras del pasillo con la misma velocidad con la que había llegado, dejándola temblando y apoyada contra el mármol.

Isabella se quedó sola, con las piernas flaqueando y los labios ardiendo. Subió a su habitación corriendo, con el corazón saltándole en el pecho. Al cerrarse la puerta, se dejó caer de rodillas, cubriéndose la boca con las manos. Las lágrimas de culpa comenzaron a brotar.

Había traicionado a su prometido. Arturo no sabía nada, seguía creyendo que tenía el control de su pieza de ajedrez, pero la realidad era otra. Bella se miró en el espejo a la luz de la luna; sus labios estaban rojos, marcados por la fuerza de Vincenzo, y en su cadera ya empezaba a vislumbrarse la sombra de los dedos del hermano mayor. La culpa la carcomía, la hacía sentirse una mujer pecadora, pero mientras se tocaba la piel donde Vincenzo la había reclamado, una certeza aterradora la invadió: la sumisión hacia Arturo era una obligación, pero la entrega hacia Vincenzo era una adicción de la que ya no quería curarse.

El juego limpio se había terminado en la mansión Rial. Isabella acababa de cruzar la línea del no retorno, y el secreto ahora pesaba más que cualquier cadena.

1
Maria Mongelos
Gracias querida escritora por estos capítulos 💕
Maria Mongelos
Y Arturo en que terminó, porque mientras siga vivo hay peligro
Maria Mongelos
Esta muy buena la historia 💕
Maria Mongelos
Bebé en camino en medio de esta guerra de poder, quieren lastimar a Bella porque es el punto débil de Vincenzo
Maria Mongelos
Pobre Arturo se quedó sin nada
Maria Mongelos
Isabella ya no es la sumisa de Arturo, es la mujer que necesita Vicenzo a su lado
Maria Mongelos
Arturo cree que puede vengarse de su hermano, no lo conoce bien, Vincenzo le va a dar su merecido
Maria Mongelos
Pobre Bella, donde fué a parar
Maria Mongelos
Está muy linda esta historia 💕
Nairobis Cardozo Portillo
Vicenzo ojos bien abiertos Arturo te entregó a los enemigos
Elisabeth Figueroa
👏👏👏👏👏👏/Smile//Smirk/
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️🔥🔥
Maria Mongelos
Esto está muy intenso
Maria Mongelos
Vicenzo es el heredero por derecho, esta reclamando algo que suyo
Nairobis Cardozo Portillo
Buenísima historia 👏👏👏
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏
Maria Mongelos
Vincenzo toma lo que quiere sin pedir permiso, en este caso la presa es Isabella
Maria Mongelos
Ya está muy buena esta historia
Maria Mongelos
Isabela se metió en la boca del lobo y ese es Vincenso
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏👏
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