NovelToon NovelToon
Dinastía De Reinas: Aralisse

Dinastía De Reinas: Aralisse

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Mundo de fantasía
Popularitas:555
Nilai: 5
nombre de autor: EllyaG

Dinastía de Reinas: Aralisse.
Narra la historia de una princesa obligada a heredar una corona rodeada de traiciones. Tras la misteriosa muerte de sus padres, Aralisse queda sola dentro de una corte donde todos parecen querer manipularla o verla caer.
Alejada por obligación de su reino, deberá aprender a gobernar mientras intenta descubrir qué ocurrió realmente la noche en que los reyes murieron. Entre conspiraciones, secretos y enemigos ocultos, conoce a Rydan, el príncipe de Orvenah, el reino rival.
Lo que comienza como una tregua forzada pronto se convierte en algo mucho más peligroso. Porque detrás de la frialdad de Rydan y de la guerra entre ambos reinos, Aralisse descubre que el hombre que más debería temer… es también el único dispuesto a ensuciarse las manos por ella.

NovelToon tiene autorización de EllyaG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Zaryah

El amanecer los recibió con un aire distinto. A lo lejos, los estandartes azules y plateados ondeaban con orgullo: la frontera de Zaryah, el reino de sal y arena.

Aralisse contempló el horizonte desde su caballo, sintiendo el cansancio acumulado del viaje y, al mismo tiempo, un extraño alivio.

A su lado, Lysandre mantenía la vista alerta,puede ser tan hermoso como mientras Erak revisaba un mapa con expresión concentrada. Habían dejado atrás los caminos empedrados de Orvenah y las rutas boscosas para adentrarse en un territorio más cálido y luminoso.

Cuando alcanzaron la frontera, una comitiva de guardias de Zaryah ya los esperaba formada a ambos lados del camino. Sus armaduras reflejaban destellos plateados bajo el sol y el estandarte azul con el emblema de un kraken ondeaba orgullosamente detrás de ellos.

—Bienvenida, alteza Aralisse de Lysirah —saludó el capitán inclinando la cabeza con respeto—. En nombre de sus majestades, los reyes de Zaryah, es un honor recibirla en nuestras tierras.

Aralisse se sorprendió ligeramente, aunque mantuvo intacta la compostura. Enderezó apenas la espalda antes de responder:

—Agradezco la hospitalidad de los reyes. Ha sido un viaje largo… y su recibimiento es más que bienvenido.

Uno de los guardias, un capitán de rostro amable y barba cuidadosamente recortada, dio un paso al frente.

—En nombre de sus majestades, el rey Thalior y la reina Selarya, se ha dispuesto una escolta real y un carruaje para conducirla cómodamente hasta el palacio.

Aralisse miró brevemente a Lysandre y luego a Erak, ambos atentos a su respuesta.

Durante un instante pensó en negarse.

Pero el cansancio, junto a la formalidad del recibimiento, terminó inclinando la balanza.

—Aceptaré el carruaje —respondió finalmente con una sonrisa cortés—. Será un placer conocer su reino con calma.

El capitán hizo una señal y, entre el murmullo de la escolta, un elegante carruaje blanco perla con detalles dorados avanzó lentamente hacia ellos. Dos caballos zaryanos de pelaje plateado tiraban de él con una elegancia impecable.

Lysandre ayudó a Aralisse a subir, cuidando que la tela de su capa no se enredara entre los escalones.

Antes de cerrar la puerta, se inclinó apenas hacia ella.

—No confíes demasiado, mi princesa —murmuró en voz baja—. Zaryah puede ser traicionero.

Aralisse sostuvo su mirada unos segundos.

—Lo tendré en cuenta.

Luego se acomodó entre los suaves cojines mientras el carruaje comenzaba a avanzar lentamente por las calles del reino.

La escolta los rodeaba por ambos lados.

A través de la ventana, Aralisse observó un reino completamente distinto a todo lo que había visto antes.

Las calles de piedra clara parecían reflejar la luz del mar. Los balcones estaban cubiertos de flores azules y el aire transportaba una mezcla de sal y brisa marina.

La ciudad rebosaba vida.

Algunas personas inclinaban la cabeza respetuosamente al verla pasar; otras simplemente observaban con curiosidad a aquella joven de cabello dorado y piel demasiado pálida para pertenecer al sur.

Un pequeño niño le sonrió desde una esquina de la calle.

Y Aralisse, casi sin pensarlo, le devolvió una sonrisa suave junto con un pequeño movimiento de mano.

Por un instante… el murmullo del pueblo pareció mezclarse con el sonido del mar cercano.

Las enormes puertas doradas del palacio de Zaryah se abrieron lentamente.

La brisa marina recorría los corredores abiertos, llevando consigo el aroma constante de las olas. En lo alto de las escalinatas esperaba la reina Selarya.

Era una mujer de porte elegante, piel bronceada por el sol del sur y una mirada cálida que contrastaba con la elegancia impecable de su vestimenta.

A su lado, el rey Thalior, imponente y sereno, inclinó apenas la cabeza cuando Aralisse descendió del carruaje.

—Princesa de Lysirah —dijo Selarya con voz amable—. Zaryah la recibe con alegría. Su viaje debe haber sido agotador.

Aralisse inclinó la cabeza con humildad mientras notaba las miradas curiosas de varios sirvientes y nobles cercanos.

—Gracias —respondió con una pequeña sonrisa.

—Hemos preparado un ala completa del palacio para usted y su comitiva —continuó el rey Thalior—. Nadie la molestará. Podrá descansar todo lo que necesite.

Selarya dio un paso al frente con una expresión amable.

—Y cuando se sienta recuperada, me encantaría ofrecer un pequeño banquete en su honor. Así podrá conocer a nuestros nobles, degustar nuestros vinos y sentir verdaderamente el espíritu de nuestro reino.

Aralisse asintió agradecida, sin saber realmente cómo expresar lo reconfortante que resultaba aquel recibimiento después de semanas de tensión y miedo.

—Además —añadió la reina con una sonrisa cómplice— me gustaría enviarle a nuestro diseñador real. Me atrevería a decir que los vestidos del sur podrían sentarle incluso mejor que los del norte.

Sus ojos brillaron divertidos.

—Son más frescos… y permiten que el viento juegue un poco con la tela.

El tono amistoso de Selarya logró relajar ligeramente a Aralisse.

Por primera vez en mucho tiempo… sintió que podía respirar sin miedo.

—Estaré encantada —respondió con una sonrisa más sincera—. Hace muchísimo calor aquí.

La reina soltó una pequeña risa suave antes de girarse hacia una mujer de mediana edad vestida de marfil.

—Lady Erena es la jefa de las criadas a su disposición, princesa —explicó Selarya—. Ella la acompañará personalmente al Ala Coral, donde usted y su comitiva se alojarán.

—Será un honor, alteza —respondió Erena haciendo una elegante reverencia—. Todo está preparado.

Aralisse asintió y siguió a la mujer a través de los largos corredores del palacio.

Las paredes estaban adornadas con mosaicos marinos, corales tallados y lámparas que parecían hechas de conchas perladas. Todo el lugar olía a flores y agua salada.

Cuando finalmente llegaron al Ala Coral, una joven sirvienta, no mayor de diecisiete años, los esperaba sosteniendo varias llaves entre las manos.

Sus dedos temblaban ligeramente.

—S-soy Lerea, princesa —se presentó nerviosamente—. Estoy en entrenamiento… pero me encargaron recibirla.

La muchacha comenzó a guiarlos cuidadosamente por el ala mientras explicaba cada espacio con evidente esfuerzo por hacerlo perfectamente.

La habitación principal era amplia y luminosa, con un pequeño salón privado, un baño de mármol blanco y un balcón que daba directamente al océano.

Aralisse se quedó inmóvil unos segundos observando el horizonte.

Respiró profundamente.

Como si aquel paisaje pudiera aliviar un poco el agotamiento que llevaba acumulado desde la muerte de sus padres.

Cuando volvió la vista hacia el interior de la habitación, notó inmediatamente cómo Lerea observaba a Lysandre de reojo con una tímida sonrisa imposible de ocultar.

Aralisse no pudo evitar sonreír divertida.

—Puedes dejar las llaves ahí, Lerea —dijo con dulzura—. Has hecho un gran trabajo.

La muchacha hizo una reverencia apresurada, completamente sonrojada, antes de salir casi corriendo.

Aralisse soltó una pequeña risa.

Lysandre arqueó una ceja sin comprender.

—Parece que ya tienes una admiradora —murmuró ella divertida.

Lysandre resopló con resignación.

Y Aralisse, por primera vez en muchos días… rió de verdad.

En ese momento, Lady Erena apareció nuevamente en la entrada de la habitación.

—Las habitaciones de ustedes también están listas, señores —anunció dirigiéndose a Erak y Lysandre—. Se encuentran al final del pasillo, un poco más alejadas de las de la princesa, por disposición del rey.

Lysandre inclinó ligeramente la cabeza.

—Agradecemos la hospitalidad de Zaryah.

Aunque su tono permaneció sereno, su mirada recorrió discretamente la habitación de Aralisse, asegurándose de que todo estuviera realmente en orden.

—Unos criados los acompañarán —añadió Erena señalando a dos jóvenes que aguardaban cerca del corredor.

Erak murmuró algo en voz baja, probablemente una queja sobre protocolos innecesarios, y Lysandre le lanzó una mirada de advertencia inmediata.

Antes de marcharse, Lysandre volvió la vista hacia Aralisse.

—Descanse, alteza. Y, por favor… no salga sola, al menos esta noche.

Aralisse asintió suavemente.

—Lo prometo. Gracias por cuidar de mí, Lysandre.

Cuando los pasos de ambos finalmente se alejaron por el corredor, el Ala Coral quedó sumida en un silencio tranquilo, acompañado únicamente por el sonido constante del mar golpeando contra las rocas.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play