Lyhia era una lectora que gritaba a la pantalla: «¡Este tirano es un padre de mierda!» hasta que tropezó con un cable y ¡pum! Despertó como Alice Sigrid, la niña de siete años que en la novela termina con la cabeza rodando por culpa del mismo tirano.
Plan perfecto; escapar antes de que papá Draven afine la guillotina familiar. Pero sorpresa, un sistema le regala puntos por soltar chismes mentales .
Lo peor; sus pensamientos son un megáfono invisible. Alice planea fugas épicas mientras piensa «¡Huyo esta noche, adiós palacio de locos!».
Resultado: todo falla “por casualidad”, mamá la abraza más fuerte y papá la mira como si fuera su posesión más preciada.
Chismes que salvan vidas, pensamientos que la condenan y un tirano que, contra todo pronóstico, empieza a parecer… ¿humano?
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Capítulo 21
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La puerta se cerró con un golpe seco que aún vibraba en la madera cuando el sonido de una bofetada rompió el silencio. No hubo aviso, no hubo advertencia. El impacto giro el rostro de Vespera hacia un lado, haciendo que un mechón de su cabello cayera desordenado sobre su mejilla enrojecida. Durante un segundo... no reaccionó. El aire en la habitación se volvió pesado, denso, como si incluso respirar fuera un esfuerzo. Frente a ella, su padre permanecía de pie, inmóvil, con la mirada endurecida y una furia contenida que no necesitaba elevar la voz para hacerse sentir. Luego, como si aquella explosión hubiera sido solo el inicio, se dio la vuelta con búsqueda y camino hacia su asiento tomando lugar con rigidez, apoyando un brazo en el reposabrazos mientras la observaba con enojo. Vespera, en cambio llevó lentamente la mano a su mejilla, sintiendo el calor del golpe... pero su expresión no se quebró. No había lágrimas. No había miedo. Solo una pausa... y luego, una máscara perfectamente colocada.
—Su Majestad abandonó el banquete en cuanto escucho que la pequeña princesa fue secuestrada... —la voz de Malakor fue baja, cortante—.¿De verdad crees que es un imbécil?
Vespera gurobel rostro con lentitud, aún tocándose la mejilla, y lo miro con una leve confusión fingida.
—No sé de que está hablando, padre...
Los ojos de Malakor se afilaron mirando a su hija.
—No finjas conmigo. Sé perfectamente que esto lleva tu huella y firma.
El silencio que siguió fue distinto. Más corto... más revelador. Y entonces, Vespera suspiro... un pequeño gesto, casi aburrido. Dejo caer la mano de su mejilla y camino con total calma hasta su asiento, como si el golpe no hubiera significado nada. Se sentó cruzando las piernas con elegancia, acomodando su vestido con naturalidad, y tomando la taza de té que descansaba sobre la mesa dando un sorbo antes de hablar.
—¿Y si lo hice? ¿Qué importa? —confesó ella con voz suave, totalmente despreocupada —. ¿De verdad piensa que no tengo motivos? —levantó apenas la mirada había él, con una leve sonrisa torcida que apareció en sus labios — Esa mujer... y su hija… Son un estorbo. Como agua estancada. Molesta, y pesada. Difícil de ignorar. —añadio dando otro sorbo — Solo quiero que desaparezcan. El emperador no me ha prestado atención por estar con ellas, ¡¿Acaso es justo?!
El cambio en la expresión de Malakor fue inmediato. Su mandíbula se tensó, y sus dedos se cerraron con fuerza sobre el brazo de la silla
—El emperador ya tiene a esos hombres.—su voz descendió, más peligrosa —Y créeme... no va a detenerse hasta hacerlos hablar. —se inclinó ligeramente hacia adelante, añadiendo con dureza —Cuando lo hagan... ¿qué crees que pasara contigo?
Vespera no movió ningún solo músculo.
—Esta exagerando.
—¿Exagerando? —Malakor soltó una risa seca, sin humor —Has atacad directamente a su hija. No a un sirviente cualquiera, ni a una concubina menor. ¡A su hija!. —luego añadido poniéndoQuéde pie de golpe —¿Crees que eso es algo que se pueda ocultar con facilidad? ¿Que esto no va a escalar? —su voz se volvió más tensa —Has actuado sin permiso, sin medir consecuencias... como una niña caprichosa que cree que todo le pertenece.
Vespera apoyo el codo sobre el brazo de la silla, sosteniendo su rostro con la mano, mirándolo con una calma que resultaba casi provocadora.
—No se preocupe tanto, padre. —sus ojos brillaron apenas —Esos bandidos no saben quién soy. No vieron mi rostro, ni conocen mi nombre.—se encogió de hombros levemente —Aunque los despedacen... non podrán decir nada útil.
El golpe contra la mesa fue tan fuerte que taza vibró. Malakor la señalo directamente, con una mirada cargada de advertencia real.
—Escúchame bien. —su voz bajo, pero fue mucho más peligrosa —No vuelvas a actuar por tu cuenta.—dio un paso hacia ella. —No tienes idea de en qué terreno estás jugando. Si esto sale mal... —añadió clavando los ojos en los suyos — No seremos solo nosotros quienes enfrentemos las consecuencias, será ella.
El ambiente cambió. No de golpe... pero sí lo suficiente. El silencio no fue cómodo, pero ella no respondió de inmediato. Sus dedos giraron suavemente la taza entre sus manos... pensativa, y luego sonrió, el gesto fue pequeño, controlado... casi perceptible. Como si incluso esa advertencia no fuera suficiente para hacerla retroceder.
Mientras tanto, en un lugar apartado, oscuro, y lejos de todo lo que pudiera interferir... no había prisa... ni necesidad de ocultar nada. Los dos hombres permanecían arrodillados, atados con el cuerpo tenso y la respiración irregular. Frente a ellos, estaba Draven que no se movía. Su sola presencia bastaba para mantenerlos en silencio. A un lado su guardia personal sostenía una barra de hierro al rojo vivo, el calor ondulaba en el aire a su alrededor. Cuando uno de los hombres levantó la vista y vio el hierro, su expresión cambio por primera vez. Dudo. Trago saliva, mientras que el otro apretó los dientes con más fuerza negándose a ceder.
—No sabemos nada... —dijo uno, con la voz tensa y apresurada —No tenemos nada que decir.
Draven no respondió de inmediato. Dio un paso al frente, lento, sin alterar su expresión. Extendió la mano y tomó al hierro incandescente sin titubear, como si el calor no fuera nada para él. Sus ojos se posaron en el hombre que había hablado.
—Deberían pensarlo mejor. —su voz fue baja y tranquila —Pero tal vez... esto les ayude a aclarar sus mentes.
El hombre intentó moverse, pero no pudo. El movimiento fue rápido, y directo. El contacto arrancó un grito que rompió el silencio del lugar, agudo, imposible de contener. El olor a hierro y a carne quemada se mezcló en el aire pesado y sofocante; el otro hombre al verlo se tenso por completo mirando la escena con ojos muy abiertos, definitivamente el miedo ya le era imposible de ocultar. Draven no cambio su expresión, ni un músculo de ello. Apartó el hierro con la misma calma con la que lo había usado y lo dejo a un lado, como si fuera una herramienta más.
—¿Aún no?. —miro al segundo hombre —Tienes otra oportunidad.
—¡Maldito emperador tirano! ¡Puedes torturarnos como te plazca, nosostros no diremos nada!
Draven lo observó unos segundos en silencio, evaluando. —Fueron lo suficientemente valientes... como para infiltrarse en mi palacio. Secuestrar a mi hija... y pensar que saldrían de esto con vida. Sé que no hablarán de inmediato, después de todo para mi sería muy decepcionante si lo hicieran... solo busco ver cuánto dura su lealtad, cuando empieza a doler.
No había enojo en su voz, mcho menos prisa... solo certeza. Luego giro lentamente mirando a su guardia real.
—Kylian, asegúrate de tratar a nuestros invitados con hospitalidad —dijo él —No seas descortés…
—Trataré su alteza —respondió Kylian con una media sonrisa.
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