Margo siempre fue la mujer de los planes perfectos, hasta que su prometido la abandonó en el altar por su mejor amiga. Humillada y con la prensa social acechando, Margo decide que no será la víctima de esta historia. En un arrebato de orgullo y dolor, recurre a la única persona que odia tanto como a su ex: Lucas, el rival empresarial de su familia y el hombre que ha intentado hundir sus negocios por años.
Lucas acepta la propuesta de un matrimonio por contrato, pero no por caridad. Él ve la oportunidad de finalmente entrar en el círculo de poder de los de Margo. Lo que comienza como una alianza gélida y transaccional, pronto se convierte en un campo de batalla emocional donde el odio se confunde con una atracción eléctrica. En un juego de apariencias, Margo y Lucas deberán decidir si su unión es la mejor venganza o la peor de sus derrotas.
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Capitulo 13
El motor del todoterreno tosió por última vez antes de quedar en un silencio absoluto, devorado por el rugido del viento que azotaba la costa norte. Lo que debía ser una inspección rutinaria a los nuevos terrenos del puerto se había transformado, gracias a un desprendimiento de tierra y una tormenta eléctrica prematura, en una trampa de barro y salitre.
Lucas golpeó el volante con la palma de la mano, una chispa de frustración cruzando sus ojos. A su lado, Margo observaba cómo la lluvia golpeaba el parabrisas con una violencia que borraba el horizonte. No había señal de satélite, ni luces de la ciudad, ni guardaespaldas. Solo estaban ellos, el olor a gasolina fría y una pequeña cabaña de pescadores que se vislumbraba a unos metros, resistiendo el embate del Atlántico.
—Tenemos que salir del coche —dijo Lucas, recuperando esa voz de mando que, en este entorno, sonaba extrañamente fuera de lugar—. El lodo está cediendo. Si nos quedamos aquí, terminaremos en el acantilado.
La cabaña era un refugio de madera carcomida por la sal, con apenas una habitación, una chimenea de piedra y dos mantas de lana áspera que olían a humo antiguo. No había mármol negro, ni domótica, ni hilos de seda. Era el entorno más austero que Margo había pisado en su vida, y sin embargo, al ver a Lucas forcejeando con la puerta para asegurar el cerrojo contra el viento, sintió una extraña ligereza.
Sin la armadura de sus trajes a medida —ambos estaban empapados, con la ropa pegada al cuerpo y el cabello desordenado—, la jerarquía social se disolvió. Eran simplemente dos personas intentando no morir de frío.
Lucas logró encender un fuego pequeño con unas astillas secas que encontró en un rincón. Se sentaron frente a las llamas, envueltos en las mantas de lana, con los hombros rozándose. El silencio que siguió no fue el de la oficina, cargado de estrategias, sino un silencio crudo, humano.
—Es irónico —murmuró Margo, mirando cómo el fuego bailaba en las pupilas de Lucas—. Tenemos millones en cuentas bancarias y estamos aquí, peleando por el calor de un montón de leña vieja.
—El lujo es una distracción, Margo —respondió él, su voz perdiendo la aspereza habitual—. Te hace creer que tienes el control sobre el caos. Pero la naturaleza siempre encuentra una forma de recordarte que solo eres un inquilino.
La falta de cámaras, de enemigos y de expectativas externas creó un vacío que solo podía llenarse con la verdad. Sin pantallas que revisar ni planes de venganza que ejecutar, la curiosidad que Margo sentía por el hombre detrás del "monstruo" se volvió inevitable.
—Dijiste que tu padre murió después de salir de la cárcel —dijo ella, suavemente, sabiendo que estaba pisando terreno minado—. Pero nunca me contaste cómo sobreviviste tú. Un niño solo, con el apellido manchado… ¿Cómo llegaste a ser el hombre que me compró en un altar?
Lucas se tensó. Durante un momento, el único sonido fue el crujido de la madera y el azote de la lluvia contra las tablas de la cabaña. Margo pensó que él volvería a cerrar la puerta, que la frialdad regresaría para protegerlo. Pero Lucas estaba cansado de cargar con el peso de su propia leyenda.
—No sobreviví con brillantez, Margo —confesó, mirando las brasas—. Durante años, fui lo que todos esperaban: un resentido. Trabajé en los mismos muelles donde humillaron a mi padre, limpiando la grasa de los barcos que llevaban el logo de los Valente.
Hizo una pausa, y su voz se volvió más baja, más íntima.
—Mi mayor miedo no era el hambre. Era la irrelevancia. Tenía miedo de morir siendo el hijo de un "traidor", de que el mundo olvidara que mi padre era un hombre bueno que simplemente no supo defenderse de los lobos. Mi rivalidad con tu familia… empezó como justicia, pero terminó siendo una adicción. Me volví tan eficiente destruyendo que olvidé cómo se sentía construir algo para mí mismo.
Margo sintió un nudo en la garganta. Ver la debilidad de Lucas —su miedo a ser olvidado, su necesidad de validación— lo humanizaba de una forma devastadora. Ya no podía odiarlo. No se puede odiar a alguien cuando ves el reflejo de tus propios miedos en sus ojos.
—Yo también tenía miedo a la irrelevancia —admitió ella, apoyando la cabeza en el hombro de él—. Por eso buscaba la perfección en los planos. Si el puente era perfecto, nadie podría cuestionar mi lugar. Mateo era parte de ese diseño. Una pieza que debía encajar para que mi vida pareciera un éxito. Cuando se fue, no solo perdí a un novio; perdí la estructura que me mantenía en pie.
Lucas se giró hacia ella. En la penumbra de la cabaña, sin el resplandor de las luces de la ciudad, sus facciones parecían suavizadas por la luz del fuego. Ya no era el tiburón; era el hombre que le había dado su apellido para que ella no tuviera que bajar la cabeza.
—Margo —dijo él, tomando su mano bajo la manta de lana. Sus dedos estaban ásperos, pero su tacto era increíblemente tierno—. El contrato… el plan de arruinar a tu padre… se ha vuelto cenizas en mi boca. No puedo seguir adelante con ello si eso significa verte sufrir de nuevo.
—¿Estás diciendo que vas a renunciar a tu venganza de quince años por mí? —preguntó ella, con el corazón martilleando contra sus costillas.
—Estoy diciendo que tú eres más importante que el pasado. Que protegerte se ha vuelto el único contrato que me interesa cumplir.
La tregua emocional se consolidó en ese instante. Margo se inclinó hacia él, buscando su calor, no por una necesidad física, sino por una necesidad del alma. Lucas la rodeó con sus brazos, envolviéndola en la manta y en su propia protección. En ese refugio forzado, lejos de las apariencias y el lujo, descubrieron que sus miedos eran los mismos y que sus heridas encajaban como dos piezas de un rompecabezas roto.
Cuando el amanecer empezó a filtrarse por las grietas de la madera, la tormenta había amainado. El mundo exterior seguía allí, con sus deudas, sus escándalos y sus enemigos esperando, pero dentro de la cabaña, algo había cambiado irrevocablemente.
Lucas miró a Margo, que dormía profundamente apoyada en su pecho. Supo que el regreso a la ciudad sería difícil. Tendrían que enfrentarse a su padre, a los inversores y a la farsa que habían creado. Pero ya no lo harían como socios forzados por el despecho.
—Bienvenida al mundo real, Señora Thorne —susurró él, dándole un beso corto en la frente—. Esta vez, no hay contrato que nos salve de lo que sentimos.
Margo abrió los ojos y le dedicó una sonrisa genuina, la primera que nacía sin sombras desde aquel día en la catedral. El refugio forzado les había dado lo que el penthouse nunca pudo: la libertad de ser vulnerables.
Genial la novela! Gracias por compartir tu talento!