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Una Alfa Rebelde

Una Alfa Rebelde

Status: En proceso
Genre:Yuri / Romance / Embarazo no planeado
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: maite lucía

Una alfa rebelde
Alismeidy, una dominicana indomable en Italia, choca con una refinada omega. Entre secretos, caos familiar y deseo prohibido, el instinto salvaje de esta alfa pondrá su mundo de cabeza.

¿Podrá esta Alfa indomable domesticar su instinto y ser madre?

NovelToon tiene autorización de maite lucía para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

Si el primer día de trabajo fue un castigo de los dioses, el segundo amanecer en la casa de los dominicanos en Italia fue el mismo infierno con olor a café y a suape.

A las cinco de la mañana, el silencio de la calle era sepulcral, pero dentro de mi cuarto se libraba una guerra mundial. Yo estaba enredada en mi colchón del piso, abrazada a una almohada que ya olía a miseria, soñando que era una Alfa millonaria que vivía en una isla privada donde no existían los despertadores ni las responsabilidades. El sueño estaba en su punto más dulce, ese momento donde uno no sabe si está vivo o muerto, pero se siente de maravilla.

¡PAM! ¡PAM! ¡RE-PAM!

—¡ALISMEIDY! ¡LEVÁNTATE, PEDAZO DE VAGA! ¡QUE EL TRABAJO NO ESPERA POR TU FLOJERA!

Era Don Ramón. El hombre no usa despertador, él tiene un radar biológico para detectar cuándo un hijo suyo está disfrutando de un minuto de descanso. Yo ni abrí los ojos, solo me hundí más en el colchón.

—Papi, por lo que más tú quieras... déjame cinco minutos más. Siento que el alma todavía no me ha llegado al cuerpo —balbuceé, con la lengua pesada.

—¡Cinco minutos ni que ocho cuartos! —Don Ramón entró a la habitación como si fuera a allanar un punto de droga—. ¡Usted se levanta ahora mismo o le echo un cubo de agua con hielo! ¡Mire a esa muchacha! —señaló a Elizabeth, que estaba sentada en la cama mirándonos con cara de espanto— ¡Ella tiene una criatura ahí dentro y usted durmiendo como un tronco! ¡A TRABAJAR!

Me levantó de un tirón de la oreja. ¡Ay, mi madre! Sentí que el cartílago se me iba a quedar en su mano. Elizabeth, con su pijama de seda que brillaba más que mi futuro, me miró con una mezcla de lástima y una risita que intentaba esconder.

—Good morning, Alismeidy... creo que tu padre tiene mucha energía —dijo ella con su acento finoli.

—Energía no, Elizabeth, lo que tiene es ganas de verme sufrir —refunfuñé mientras buscaba mis botas de trabajo, que estaban llenas de polvo del día anterior.

Bajé a la cocina arrastrando los pies. Mi mamá, Doña Altagracia, ya tenía el caldero en la estufa. Me puso un plato de mangú con cebolla que pesaba más que mi conciencia.

—Cómase eso, que hoy le toca descargar un camión de harina —dijo mi mamá—. Y no me ponga esa cara de "fuchi", que peor está Elizabeth, que tiene que aguantar a las chismosas del barrio hoy.

Mientras yo me iba para el puerto a que me salieran más callos en las manos, Elizabeth tuvo que enfrentar el verdadero peligro de Italia: Las Doñas del Barrio.

Resulta que en nuestra calle viven tres dominicanas que son más rápidas que el internet de fibra óptica para regar un chisme. Estaban sentadas en la acera cuando Elizabeth salió al balcón a coger un poco de aire.

—¡Ay, miren a la gringuita! —voceó Doña Chicha, la que vende aguacates en la esquina—. ¡Tan linda ella! Qué pena que se vino a meter con la Alfa más vaga de toda Europa.

—¡Verdad que sí! —le contestó Doña Cuquita, limpiándose el sudor—. Pobre muchacha, no sabe que Alismeidy no sabe ni lo que es una escoba. Ese muchachito se va a criar comiendo aire si el viejo Ramón no las mantiene. ¡Qué desperdicio de Omega! ¡Mira ese brillo en los ojos para terminar en esta casa de locos!

Elizabeth no entendía todo, pero las señas de las viejas eran universales. La miraban como quien mira a alguien que se acaba de ganar un viaje gratis al Titanic. Ella, que en Londres tenía chofer y mucama, ahora estaba ahí, aprendiendo a lavar su ropa interior a mano en un lavadero de cemento porque mi mamá decía que "la lavadora gasta mucha luz".

—¡Doña Altagracia! —gritó una de las vecinas— ¡Dígale a la gringa que si quiere un Alfa de verdad, mi sobrino el que trabaja en la alcaldía está soltero! ¡No la deje perder con esa hija suya que lo que es una callejera!

—¡Cállense la boca, envidiosas! —gritó mi mamá desde adentro, saliendo con un suape en la mano—. ¡Mi hija está trabajando! ¡Ya verán que mi nieto va a ser un príncipe, aunque la madre sea gringa y el padre sea una loca!

En el puerto, la cosa no estaba mejor para mí. Mis compañeros de trabajo, un grupo de italianos y un dominicano llamado "El Tiguere", ya sabían toda la historia. El chisme vuela más que un avión.

—¡Ey, Alis! —gritó El Tiguere mientras cargaba un saco de cincuenta libras como si fuera una pluma—. ¿Es verdad que te engancharon a una gringa? ¡Muchacha, pero tú no aguantas ni un round! ¡Mírate, tienes los brazos temblando y apenas son las diez!

—Cállate, Tiguere, que yo soy una Alfa pura —le dije, tratando de enderezar la espalda, aunque sentía que los discos de la columna estaban jugando tetris.

—¿Alfa pura? ¡Tú lo que eres es una "Alfa de Cristal"! —se burló uno de los italianos, Marco—. En este barrio todos sabemos que tu papá te tuvo que traer arrastrada. ¡Vaga! ¡Mira que dejar preñada a una mujer así y no tener ni para el café!

Yo quería que la tierra me tragara. El orgullo de "chica rebelde" se me estaba yendo por el sifón. Me pasé el día entero cargando cajas, y cada vez que pasaba por un espejo (o el reflejo de un camión), veía a una mujer que no reconocía. Estaba sucia, sudada, con ojeras, pero había algo... algo en la forma en que los hombres del puerto me miraban al final del día. Ya no era burla pura, era una especie de "vamos a ver si aguanta".

Mientras yo me estaba deslomando, mi hermano mayor, Junior, estaba en otro universo. Él no sabe lo que es el puerto, él lo que sabe es de "resorts" y restaurantes caros.

Esa tarde, su Sugar Mami, Sonia, lo pasó a buscar en un Maserati rojo que brillaba más que el sol. Sonia es una mujer de la "alta sociedad" italiana, dueña de una cadena de hoteles, y tiene a Junior como su juguete preferido.

—Ciao, bellísimo —le dijo Sonia, dándole un beso que le dejó la marca de la pintura de labios en la mejilla—. Hoy vamos a cenar a L'Oro di Napoli. He reservado la mesa principal.

Se fueron a un restaurante donde un solo plato de pasta costaba lo que mi papá ganaba en dos meses de trabajo duro. Junior estaba ahí, con un traje de lino que le compró ella, hablando de vinos y de viajes, mientras yo estaba comiendo un pica-pica con pan en una esquina del muelle.

—Ay, Sonia, mi amor —decía Junior, haciéndose el interesante—, mi familia es tan complicada. Mi hermana Alismeidy es una salvaje, se metió en un lío con una inglesa. Yo trato de ayudarlos, tú sabes, pero ellos no tienen mi clase.

—No te preocupes, caro —decía la vieja, acariciándole la mano—, tú eres diferente. Tú eres un Alfa de verdad, de los que saben tratar a una mujer.

Junior sonreía, pero por dentro solo pensaba en la próxima tarjeta de crédito que ella le iba a dar. Él es el verdadero "mago" de la familia: desaparece el trabajo y hace aparecer el dinero de los bolsillos ajenos.

Pero lo que Junior no sabía es que en ese restaurante también estaba el tío de Elizabeth... o mejor dicho, un socio de la familia de Elizabeth de Londres que estaba en Italia por negocios. Un Alfa de alta alcurnia llamado Lord Harrison, que miró a Junior con un desprecio absoluto.

—¿Quién es ese muchacho que anda con la señora Sonia? —preguntó Harrison a su secretario.

—Es el hijo de los dominicanos, señor. La hermana de ese chico es la que... bueno, la que dejó en estado a la señorita Elizabeth.

Lord Harrison apretó la copa de vino hasta que los nudillos se le pusieron blancos. —Esa familia de locos... no tienen idea de con quién se han metido. Elizabeth es una joya de Londres, y no voy a permitir que su hijo nazca en un chiquero rodeado de gente que vive de las mujeres y vallas publicitarias de plátanos.

Cuando llegué a la casa, la escena era para una película de comedia. Elizabeth estaba sentada en un banquito pequeño, con un delantal puesto que decía "La mejor cocinera", tratando de majar unos plátanos bajo la supervisión de mi mamá.

—¡Májalo con fuerza, hija! —gritaba Doña Altagracia—. ¡Si no le das con ganas, queda con grumos y a Ramón no le gusta el mangú con tropezones!

Elizabeth sudaba, pero no se rendía. Me miró llegar y, por primera vez, no hubo sarcasmo en su cara. Había una especie de solidaridad.

—Bienvenida a casa, trabajadora —me dijo, pasándome un vaso de agua fría—. He aprendido que en esta casa, si no te mueves, te mueres de hambre.

—Y tú has aprendido que pelar plátanos es más difícil que hablar inglés —le respondí, sentándome en el suelo a su lado, ignorando los dolores musculares.

—¡Alismeidy! —gritó mi papá desde la sala— ¡No te sientes, que hay que arreglar una gotera en el techo antes de que llueva! ¡Muévete, que un Alfa no descansa hasta que su Omega esté segura!

Miré a Elizabeth. Ella me miró a mí. Yarielis salió con un libro de cocina molecular diciendo que el plátano debería ser servido en forma de espuma. Junior entró por la puerta oliendo a perfume de trescientos euros y Sonia, desde el carro, nos saludó con la mano como si estuviéramos en un zoológico.

—¡Ay, mi madre! —exclamé— ¡Esta familia lo que necesita es un exorcismo!

Pero en medio de todo ese lío, de los chismes de los vecinos, de las amenazas de los ricos de Londres y de la vagancia de Junior, sentí que algo estaba cambiando. Ya no era solo Alismeidy la rebelde. Era Alismeidy la que, aunque no quisiera, estaba empezando a entender que ese "chamaquito" que venía en camino iba a necesitar más que solo una madre loca. Iba a necesitar una familia de locos que se mantuviera unida.

—¿Mañana a las cinco? —me preguntó Elizabeth con una sonrisa pícara.

—Si no me muero antes, mañana a las cinco —suspiré.

El momento de amor dulce apenas estaba empezando, pero el azúcar nos iba a costar mucha sangre, sudor y mucho, pero mucho mangú.

¿Qué pasará cuando Lord Harrison decida presentarse en la casa de Doña Altagracia?

¿Podrá la elegancia londinense sobrevivir a un boche dominicano?

¡El próximo capítulo será un choque de mundos que nadie se puede perder!

Continuará....🔥

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Pamela Duran Sandoval
rayos esto se esta poniendo color de hormiga 💓💓💓
Pamela Duran Sandoval
no quiero pensar como se va a poner elizabet cuando se entere del casamiento
Michica Omegavers: Más adelante lo vamos a ver 🤭
total 1 replies
yusmery gomez
muy cómica de la vida real me encanta 😍☺️👏👏👏👏
yusmery gomez
😍😍😍😍 buenísima está nueva novela 👏👏👏👏👏
yusmery gomez
me encantó quedé ☺️☺️☺️☺️☺️😍
yusmery gomez
buenas madrugadora autora excelente novela
Pamela Duran Sandoval
excelente novela muy buena gracias
yaneth fan del GL fuerte
me encanto el primer capitulo y no se si seguir leyendo por creo que se terminará esa trama tan perfecta 😭
Michica Omegavers: Puedes seguir si te gusta 🥰
total 1 replies
yaneth fan del GL fuerte
veamos lo de que estas echo 🤭
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