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LA ESPOSA OLVIDADA DEL CEO.

LA ESPOSA OLVIDADA DEL CEO.

Status: En proceso
Genre:Reencarnación(época moderna)
Popularitas:30k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Anna Marín muere a los 32 años con seis puñaladas en el pecho, asesinada por su hermanastra Mariana mientras su esposo Javier observa sin intervenir. Sus últimos pensamientos son de arrepentimiento: por amar demasiado, por callarse demasiado, por convertirse en invisible.
Pero cuando abre los ojos, está de vuelta dos años antes de su muerte.
Con todos los recuerdos intactos.
Anna sabe exactamente lo que viene: cómo Mariana manipulará a sus hijas gemelas para que la odien, cómo Javier la torturará durante meses para robarle la herencia de la abuela, cómo morirá sola en el mismo piso de mármol donde alguna vez creyó que construiría un hogar.
Esta vez no será la esposa sumisa que se arrastra por amor.
Esta vez será la Loba Blanca que todos temían en los tribunales.
Esta vez cada traidor pagará por adelantado.
Pero cambiar el futuro tiene un precio. Y Anna descubrirá que la venganza, aunque dulce, puede costarle lo único que aún le importa: el alma de la mujer que alguna vez fue.
Una histo

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 16

Mariana Vélez marca el número de Carlos Méndez por quinta vez en dos horas.

Nada.

Buzón de voz. Otra vez.

Se queda mirando el teléfono con el estómago convertido en hielo. Carlos siempre responde. Siempre. Es profesional, discreto, confiable porque sabe exactamente lo que le pasa a la gente que no es confiable cuando trabaja para Mariana Vélez.

Pero hace dos horas que no contesta.

Mariana deja el teléfono sobre el escritorio de su oficina en Grupo Rojas y se recuesta en la silla ejecutiva de cuero italiano que Javier le regaló. Mira por la ventana hacia la ciudad que se extiende abajo como un tablero de ajedrez donde ella siempre ha sabido exactamente qué pieza mover y cuándo.

Algo salió mal.

No sabe qué. Pero lo siente en el estómago como agua fría que sube hasta el pecho.

Toma el teléfono otra vez. Esta vez marca otro número. El teléfono suena tres veces antes de que contesten.

—¿Sí? —dice una voz de mujer al otro lado. Voz joven, nerviosa, con acento que delata que no nació en esta ciudad.

—Soy yo —dice Mariana sin identificarse porque nunca lo hace—. ¿Qué pasa en la mansión?

La mujer al otro lado es Patricia. Empleada doméstica en la mansión Rojas desde hace ocho meses. Mariana la contrató después de que Patricia le debiera dinero que no podía pagar. Ahora Patricia le pasa información. Cada semana le cuenta todo lo que pasa dentro de esa casa. El espía perfecto porque nadie sospecha de la empleada callada.

—Señorita Vélez —dice Patricia con voz que tiembla ligeramente—. Algo raro está pasando.

Mariana se endereza en la silla.

—¿Qué tipo de raro?

—La señora Rojas sacó a todos de la casa esta mañana temprano. A todos. Las empleadas, el chofer, los jardineros. Solo quedaron Diego y dos guardias de seguridad. Nos dijeron que volviéramos después de las seis de la tarde.

Mariana siente que algo se rompe en su pecho.

—¿Por qué?

—No sé. Pero cuando volví hace una hora vi que había estado aquí el señor Alejandro Vargas. El abogado. Su auto estaba afuera y cuando se fue llevaba documentos y su maletín.

—¿Qué tipo de documentos?

—No pude verlos bien. Pero escuché a Diego hablando con otro guardia después de que el abogado se fue. Dijo algo sobre un testamento. Sobre cambios importantes.

Mariana cierra los ojos.

No.

No puede ser.

No ahora.

—¿Algo más? —pregunta Mariana con voz que intenta sonar calmada pero que ya tiene grietas en los bordes.

—Sí —dice Patricia y la voz baja hasta convertirse en un susurro—. La señora Rojas ha estado rara los últimos días. Más seria. Como si supiera algo. Y esta mañana cuando salimos vi que en el garaje había un auto con el capó abierto. Los guardias estaban revisando algo debajo. No sé qué.

Mariana termina la llamada sin despedirse.

Se queda sentada en silencio durante varios minutos. El cerebro trabaja rápido. Conectando puntos. Viendo patrones. Entendiendo lo que pasó sin necesidad de que nadie se lo diga.

Carlos no responde porque algo le pasó. Los guardias están revisando el auto porque encontraron algo. La abuela sacó a todos de la casa porque no quería testigos. El abogado vino con documentos. Un testamento.

Rosa Margarita descubrió el plan.

Pero eso es imposible. Mariana fue cuidadosa. Usó una línea prepagada. Usó un contacto sin conexión directa. No dejó rastros. Carlos era profesional. Nunca la delatarían.

A menos que lo atraparan.

A menos que lo interrogaron.

A menos que habló.

Mariana se pone de pie y camina hasta la ventana. Las manos le tiemblan ligeramente, pero las mete en los bolsillos para que nadie las vea si alguien entra. Respira profundo. Una vez. Dos veces.

Tiene que pensar.

Si Rosa Margarita descubrió el plan eso significa que sabe que Mariana intentó matarla. Eso significa que el testamento que firmó esta mañana probablemente no tiene nada bueno para Mariana dentro. Eso significa que todo el trabajo de los últimos diez años —separar a Javier de Anna, convertirse en la amante indispensable, posicionarse como la futura esposa del CEO— podría estar en riesgo.

Pero solo si Rosa Margarita tiene pruebas.

No, imposible pensó.

Carlos nunca hablaría. Incluso si lo atraparon. Incluso si lo interrogaron. Carlos sabe lo que le pasa a la gente que habla. Carlos tiene familia. Carlos tiene demasiado que perder.

A menos que Rosa Margarita lo asuste más de lo que Mariana lo asusta.

Mariana marca al detective privado. El hombre contesta al segundo timbre.

—Carlos Méndez. Encuentra dónde está. Si está arrestado, hospitalizado, vivo. Ahora.

Cuelga.

Luego abre la laptop y empieza a borrar.

Borra los correos uno por uno. Cada click es una decisión. Cada archivo que desaparece es un rastro que se borra del mundo. La línea prepagada que usó para contactar a Carlos. Las instrucciones que envió por correo encriptado. Los recibos de las transferencias que hizo a la empresa fantasma que creó para reservar la habitación del hotel hace diez años.

Porque Mariana no solo planeó el sabotaje del auto. Mariana planeó todo desde el principio. Y cada plan dejó un rastro digital que ahora tiene que desaparecer antes de que alguien lo encuentre.

Borra los mensajes de texto. Borra los registros de llamadas que respaldó en su computadora por precaución. Borra cada conversación con Patricia donde menciona algo sobre Rosa Margarita. Borra las notas que guardó sobre los horarios de la abuela. Borra todo lo que pueda conectarla con Carlos Méndez o con cualquier plan de sabotaje.

Sus dedos vuelan sobre el teclado. No hay tiempo para dudar. No hay tiempo para preguntarse si está siendo paranoica. Si Rosa Margarita descubrió algo entonces Mariana tiene que asumir que descubrió todo. Y tiene que borrar todo.

Cuando termina vacía la papelera de reciclaje dos veces. Luego usa un programa de borrado profundo que un técnico le instaló hace años específicamente para estas situaciones. El programa sobrescribe cada archivo borrado tres veces para que ningún forense digital pueda recuperarlo.

Tarda veinte minutos.

Cuando termina cierra la laptop y se queda mirando la pantalla negra.

No hay evidencia. No hay rastros. No hay nada que pueda conectarla directamente con Carlos o con el auto saboteado.

Y sin evidencia Rosa Margarita no puede hacer nada.

Sin evidencia Mariana está a salvo.

Mariana se permite respirar por primera vez en una hora. El pánico que sintió cuando Patricia le contó sobre el abogado empieza a retroceder. El hielo en su estómago empieza a derretirse.

Está bien. Todo está bien. Rosa Margarita puede sospechar lo que quiera. Puede cambiar el testamento. Puede sacar a Mariana completamente de cualquier herencia. Pero eso no importa porque Mariana nunca planeó esperar a que la vieja muriera para quedarse con Grupo Rojas.

Mariana siempre planeó casarse con Javier. Convertirse en la esposa del CEO. Tener el poder por matrimonio en vez de por herencia.

Y eso sigue siendo posible.

Porque Anna ya se fue. Anna ya cedió la custodia. Anna ya firmó el divorcio. El camino está despejado. Solo es cuestión de tiempo antes de que Javier se dé cuenta de que Mariana es la única persona que realmente lo entiende.

Rosa Margarita puede hacer lo que quiera con su testamento.

Mariana va a casarse con Javier de todas maneras.

Y cuando eso pase todo lo que Rosa Margarita intente proteger va a terminar en las manos de Mariana de todos modos.

Mariana sonríe.

Sí. Está bien. Todo está bajo control.

Pero esa noche cuando Mariana está sola en su apartamento con una copa de vino blanco y las luces de la ciudad brillando afuera, el teléfono suena.

Es el detective.

—lo siento señorita, no encontré a Carlos Méndez —dice el hombre con voz que suena cansada.

—¿Dónde está? —pregunta Mariana.

—Desapareció. Su teléfono está apagado desde esta mañana. Su apartamento está vacío. Su auto sigue en el estacionamiento, pero él no está en ninguna parte.

Mariana siente el hielo regresar al estómago.

—¿Qué significa eso?

—Significa que alguien lo tiene. O lo pagaron para que desaparezca. O está muerto.

El detective cuelga.

Mariana se queda con el teléfono en la mano mirando la pantalla negra. Carlos desapareció. Eso no es algo que pasa por accidente. La gente no desaparece sin razón. La gente desaparece porque alguien la hace desaparecer.

Y la única persona que tendría razones para hacer desaparecer a Carlos es Rosa Margarita.

Mariana piensa en Carlos. En el hombre joven con tatuajes y cicatrices que aceptó cincuenta mil pesos por cortar los frenos de un auto. Un hombre profesional. Un hombre que sabe cómo no dejar rastros. Un hombre que probablemente hizo esto antes sin que nadie lo atrapara.

Pero Rosa Margarita lo atrapó.

Y si Rosa Margarita lo atrapó eso significa que tenía seguridad en el garaje. Eso significa que sabía que alguien iba a intentar algo. Eso significa que alguien le advirtió.

Alguien que sabía del plan.

Pero nadie sabía del plan excepto Mariana y Javier.

A menos que Anna lo sabía.

Mariana se detiene en medio de ese pensamiento como si acabara de golpear una pared invisible.

Deja el teléfono sobre la mesa y toma otro sorbo de vino.

Rosa Margarita sabe. Tiene que saber. Pero no lo denunció a la policía. Porque si lo hubiera hecho Carlos estaría arrestado y el detective lo habría encontrado. Rosa Margarita lo está manejando en privado. Lo cual significa que no tiene pruebas suficientes para hacer algo público.

Mariana termina el vino y se sirve otra copa.

Rosa Margarita puede sospechar todo lo que quiera. Puede cambiar su testamento. Puede esconder a Carlos Méndez en algún lugar donde nadie lo encuentre.

Pero no puede probar nada.

Y sin pruebas Mariana es intocable.

Mariana se recuesta en el sofá y mira el techo.

Todo está bajo control.

Por ahora.

1
Betty Saavedra Alvarado
Las gemelas los ponen en apuros son y que apuros
Betty Saavedra Alvarado
Anna eres una nadre coraje que no le teme a nada por sus hijas ellos son todo para ti
Betty Saavedra Alvarado: Javier ahora a la cárcel
total 1 replies
Luz Angela Castillo Ramirez
esta buenisima
Luz Angela Castillo Ramirez
👏
Mercedes Tibisay Marin
estos desgaciados no se cansas de hechar vaina
Mercedes Tibisay Marin
jajaja Ana se las comio
Mercedes Tibisay Marin
esté hombre no entiende es otro loco ygual que la mujer
Marcela Lopez
excelente
Marcela Lopez
Javier nada que aprende
Marcela Lopez
logro ser feliz en su último día
Mercedes Tibisay Marin
bueno Ana deja de pensar tanto y hacesta a ese que te ama de verdad
Marisel Rio
💪💪💪💪💪💕💕💕💕💕Vamos Anna y junto con Leonardo van a ser imparables ♥️♥️♥️♥️
Marisel Rio
Vamos 💪 💪 💪 Anna a destruir a esos bastardos 😅😅😅
Johann
Así se hace Ana 👏👏👏👏👏
Marisel Rio
No me canso de decir que es una novela extraordinaria 💕💕💕💕💕💕
Marisel Rio
Al menos los padres de la LOCA tienen dos dedos de frente 👏👏👏
Vamos a ver como se destruyen Javier y Mariana 😅😅
Betty Saavedra Alvarado
Javier solo te interesa el dinero parece que no tienes corazón
Betty Saavedra Alvarado
Cuídate de la víbora de Mariana que no se quedará tranquila algo malo hará en contra tuya
Betty Saavedra Alvarado
Javier eres un títere en manos de Marianano piensas en tus hijas solo le haces a esa loca van acabar en la cárcel
Betty Saavedra Alvarado
Mariana quieres destruir va Loba Blanca no lo harás ella es más fuerte y inteligente que tu
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