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El Honor De La Villana

El Honor De La Villana

Status: En proceso
Genre:Villana / Poli amor / Brujas
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Callenta001

En el poderoso reino de Valdoria, la belleza es poder… y el amor, una condena.

Lady Anya Naville, segunda hija de un influyente archiduque, ha sido admirada toda su vida como el diamante del reino. Prometida desde la infancia al príncipe heredero, Maxime Iker Lindberg, Anya creció creyendo que su destino era convertirse en reina… y esposa del único hombre que había amado.

Pero todo se derrumba cuando una noble extranjera cautiva el corazón del príncipe.

Consumida por los celos y la humillación, Anya comete un acto imperdonable usando la magia prohibida que corre por su sangre. Su crimen la convierte en la villana del reino y la lleva a enfrentar la ejecución pública.

Sin aliados. Sin amor. Sin esperanza.

Hasta que, en su última hora de vida, lanza un hechizo imposible.

Anya despierta años en el pasado, atrapada nuevamente en su cuerpo de cinco años, pero conservando todos los recuerdos de su trágico futuro.

Esta vez no cometerá los mismos errores.

NovelToon tiene autorización de Callenta001 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20 | No desisten

Volver a casa no fue difícil. Fue… extraño.

No hubo una sensación de alivio como esperaba. Tampoco incomodidad. Simplemente, todo parecía más quieto. Como si el mundo que había dejado en el palacio siguiera avanzando, mientras que aquí… todo se mantenía igual.

Las puertas se abrieron, los sirvientes saludaron y la mansión me recibió con la misma calma de siempre. Nada había cambiado y aun así, yo no encajaba del todo en esa rutina.

Los primeros días intenté no pensarlo demasiado.

Me levantaba temprano, antes de que el resto estuviera despierto. El jardín abandonado seguía siendo el único lugar donde podía estar completamente sola, sin interrupciones ni miradas innecesarias.

El aire frío de la mañana ayudaba a despejar la mente.

Ahí practicaba; no era algo llamativo. No hacía nada que pudiera considerarse impresionante. Movía pequeñas cantidades de energía, repetía gestos una y otra vez, intentando afinar el control más que la fuerza. Era suficiente, tenía que serlo.

Pero desde el palacio… algo había cambiado.

No era evidente. No podía señalarlo con exactitud, pero lo sentía. Como si mi magia respondiera más rápido. Como si estuviera más… atenta. Como si esperara algo, eso era lo que más me incomodaba.

Después, pasaba horas en la biblioteca.

Los libros antiguos estaban donde siempre, algunos olvidados, otros claramente ignorados durante años. No todos servían, pero había fragmentos útiles si sabía dónde buscar.

Magia residual.

Objetos vinculados.

Registros incompletos de fenómenos que nadie había terminado de estudiar.

Nada era concluyente, pero tampoco era coincidencia. Había patrones y eso bastaba para seguir.

Las comidas con mi padre eran lo único que se mantenía completamente estable. Siempre estaba ahí, siempre preguntaba lo justo, siempre observaba más de lo que decía.

—Estás leyendo demasiado —comentó una tarde, mientras servían el té.

—No es nada nuevo.

—No —respondió con una leve sonrisa—. Pero ahora parece distinto.

Lo miré.

—¿Distinto cómo?

—Más concentrada. Más… ausente con los demás.

Bajé la mirada hacia la taza.

—Estoy pensando en la academia.

No era mentira, pero tampoco era todo. Mi padre asintió con tranquilidad.

—Es normal.

—Aún faltan dos años.

Decirlo en voz alta hizo que el tiempo se sintiera más concreto, más largo. Y, al mismo tiempo, insuficiente para lo que sentía que se aproximaba.

—Van a pasar rápido —dijo.

Lo dudaba, pero no lo contradije.

—¿Te preocupa algo más?

Negué suavemente.

—No.

No insistió, nunca lo hacía y eso me permitía mantener el equilibrio.

...****************...

Había pasado un mes desde el palacio. Un mes desde la última vez que los vi.

Para entonces, todos ya habían regresado a la academia. Vivían ahí, entrenaban ahí, aprendían a sobrevivir en ese mundo. Y yo… aún no podía entrar. Dos años, la distancia no era solo física.

Las cartas comenzaron a llegar poco después. Las de los gemelos eran las más constantes.

Directas, claras, sin rodeos innecesarios. Hablaban de lo que podían investigar dentro de la academia, de libros restringidos, de menciones vagas que coincidían con lo que habíamos visto.

No exageraban, no especulaban. Solo compartían lo que encontraban y yo respondía siempre, porque eso sí era importante.

Las cartas de Kael también. Esas nunca las ignoraba, eran diferentes.

No hablaban solo de la academia. A veces mencionaba cosas simples, rutinas, detalles que parecían irrelevantes, pero que, de alguna forma, mantenían una conexión constante.

No hacía preguntas directas, pero siempre dejaba espacio para que yo respondiera. Y lo hacía, no con todo, pero lo suficiente para mantenernos al tanto.

Las otras cartas… eran más complicadas. No era que no las leyera; al contrario, las abría todas. Las leía con atención, pero no respondía a ninguno.

No a Maxime. No a Ian. No a Alexei.

No sabía exactamente en qué momento había tomado esa decisión o si siquiera había sido una decisión consciente. No quería responderles porque no quería que se fueran haciendo más cercanos a mí. No lo quería permitir.

Las cartas eran distintas entre sí.

Maxime escribía poco, pero directo. No rodeaba las cosas, no intentaba suavizar lo que pensaba.

Ian, en cambio, era más desordenado. Sus cartas parecían cambiar de tema sin aviso, como si escribiera lo primero que se le pasaba por la cabeza.

Alexei era el más difícil de leer. Sus palabras eran precisas, pero nunca decía más de lo necesario.

Y aun así… todos seguían escribiendo. A pesar de que yo no respondía, a pesar de que no les daba ninguna razón para hacerlo. Eso era lo que no entendía.

Una tarde, después de volver de la biblioteca, encontré otra carta sobre el escritorio.

No necesitaba mirar el nombre.

Sabía de quién era.

Ian.

La tomé sin apuro, girándola entre los dedos un segundo antes de abrirla. No esperaba nada distinto, pero aun así… la leí.

No era especialmente larga, tampoco intentaba serlo.

“No sé si sigues evitando responder o si simplemente decidiste ignorarnos a todos, pero voy a asumir que al menos lees esto.”

Exhalé suavemente por la nariz.

“La academia sigue siendo… rara. No mala. Solo distinta, ya te lo había mencionado antes. Todo es más intenso. Nadie te deja equivocarte demasiado.”

Pasé al siguiente párrafo.

“Los Gullvieg están metidos en algo, eso es obvio. No dicen nada, pero tampoco hacen mucho esfuerzo por ocultarlo. Y tú tampoco eras muy buena en eso, por cierto.”

Eso me hizo fruncir levemente el ceño. No sabía desde cuándo se había hecho tan observador.

“No sé qué estás haciendo allá, pero espero que no estés intentando hacer todo sola. No eres tan difícil de leer como crees, al menos no para mí.”

Me detuve. No por la frase en sí, sino por cómo estaba escrita. No sonaba acusatorio, no del todo.

“Y antes de que lo tomes mal, no lo digo como reproche. Es solo… raro. Estás ahí, pero no estás.”

Mis dedos se tensaron ligeramente sobre el papel.

“En fin. No tienes que responder si no quieres. Pero podrías dejar de actuar como si no existiéramos. Empieza a ser incómodo.”

La carta terminaba ahí, sin despedida, sin formalidad. Simplemente terminaba. Eso era muy Ian, algo que, claramente, él haría.

Me quedé mirándola unos segundos más, en silencio.

No era la única. Todas, de alguna forma, decían lo mismo, no con las mismas palabras, pero sí con la misma intención.

Me levanté y caminé hasta la ventana.

El jardín estaba tranquilo, cubierto por una luz tenue de la tarde. Todo parecía en calma, pero yo no lo estaba.

No entendía por qué seguían intentando acercarse; no tenía sentido. Había sido clara, distante y fría.

Había hecho todo lo posible por mantenerlos lejos, y aun así… seguían ahí.

Apoyé la mano contra el vidrio, frío por el clima y, sobre todo, familiar.

Tal vez ese era el problema. Ellos no habían cambiado tanto, no de la forma en que yo lo esperaba.

Cerré los ojos.

Por un momento, los recuerdos volvieron, no de esta vida, de la otra.

Palabras que dolían, miradas que ignoraban, crueldad disfrazada de indiferencia. Y todo eso provenía de ellos tres.

Exhalé lentamente.

«Eso no está pasando ahora.» Pensé.

Abrí los ojos.

Y, sin embargo… seguía actuando como si sí.

Bajé la mirada hacia la carta en mi mano; tal vez no eran ellos, tal vez era yo.

No iba a olvidar, eso era imposible. Pero tampoco podía seguir reaccionando como si todo ya estuviera decidido.

Eso no era cuidado… era miedo.

Me giré lentamente. La habitación seguía en silencio.

No iba a cambiar de un momento a otro, no iba a acercarme como si nada hubiera pasado. Pero… podía dejar de alejarme. Podía intentar algo distinto.

No por ellos, no del todo, por mí. Porque si quería avanzar… no podía seguir viviendo en dos tiempos al mismo tiempo.

Me acerqué al escritorio y dejé la carta junto a las demás. No tomé la pluma, no todavía. Pero esta vez… no aparté las cartas.

Y eso ya era un comienzo.

1
Quica Romero
Èso dicen todas y a la mera hora, ¡zaz! ahí van de nuevo.😒🫩🤷‍♀️🙎‍♀️
KATHERINE GUILARTE
ame
anais angie paola molina chacon
Me tienes intrigada con tus capítulos!
La que la llama es ella del futuro o quien puede ser!?
anais angie paola molina chacon
Disculpa tenía que volver a repetirse el capítulo pero este es de forma distinta al anterior,tienen similitudes pero también cosas que cambiaron
Dannita
¿Quien es esa persona que la observa? y por que sabe tanto
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