Sofía Rymer no es la típica mujer que todos imaginan. Con curvas pronunciadas, ha sido constantemente objeto de burlas y malos tratos, pero su espíritu indomable la distingue. De carácter fuerte y con un corazón de oro, su vida está lejos de ser perfecta. Sin embargo, su pasado regresa para revelar secretos que cambiarán todo lo que creía saber. Ahora, Sofía debe enfrentarse a una decisión crucial: seguir el camino del amor o aceptar el legado al que ha sido destinada desde su nacimiento.
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CAPITULO 20
SOFÍA.
El olor alcohol revivió en mí recuerdos que creí olvidados. Papá solía ser quien me cuidaba cuando estaba pequeña y perdía el conocimiento o me enfermaba por mis descuidos, dedicandose casi por completo a mí.
Por él, ese rechazo que experimentaba por parte de mi madre se hacía más llevadero. He sufrido hipoglucemia desde que tengo memoria, creo que me he desmayado más veces de la que puedo recordar, saltarme comidas no es nada beneficioso y justamente es una costumbre que no he sido capaz de erradicar, ni siquiera sé porque mi peso se mantiene tal y donde está.
La razón de mi molestia por la precensia del medico era porque en realidad me sentía avergonzada. Tuve tan mal momento en la mañana que no comí nada en el almuerzo.
Nunca pensé que me ocurriría algo asi en casa de Allan, pero como decía mi abuelita: " Untado el dedo, untada la mano" Ya ni para que lamentarse. Aunque el hecho de que haya sido capaz de traerme hasta su cama, él solo... resulta bastante excitante. Ademas de lucir físicamente acuerpado, también es muy fuerte. Para mí, no hay cosa mas atractiva en un hombre que esa, aunque no quise decirlo.
El doctor llegó hace unos segundos interrumpiendo nuestro faena de besos, no se que hubiera sucedido de no haber sido así. Allan puede nublarte el juicio con tan solo mirar tus ojos. Es encantador en todo el sentido de la palabra.
El dolor del pinchazo en mi dedo me trae de vuelta.
- El nivel de azúcar se ha normalizado, algo que me tranquiliza- expresa el doctor con voz suave- Sin embargo te recomiendo que comas algo en este momento. Recuerda que el dulce sólo es un engaño para el cuerpo en caso de emergencia como hoy, pero necesitas alimento.
-Ok Doc- respondo asintiendo con la cabeza. Mi atención no puede estar al cien por ciento en él, porque la intensa mirada de Allan me distrae. Esta recostado a la puerta cruzado de brazos.
Maldito porte de chico peligroso que se gasta este hombre! Es la viva encarnación de la lujuria.
-Quiero verte en mi consultorio en unos días. Necesito hacerte examenes más especializados- vuelvo asentir. Él extiende su mano y yo correspondo a su gesto.
-Gracias- le digo de corazón.
Allan también se despide y el Doc nos deja solos de nuevo.
-No soy el mejor chef del país, ni siquiera de la ciudad, pero puedo preparar algo para ti- sonríe ampliamente acercandose a mi.
-De verdad muchas gracias por tu ayuda- sonrío también- Lamento que hayas tenido que cargarme hasta aquí, también haber ocupado y destendido tu cama.
Me pongo de pie tratando de estirar la sábana, pero antes de que pueda reaccionar sus brazos me levantan unos centímetros del suelo, arrojándome de nuevo a la cama. Se sube sobre mi, abriendo sus piernas para dejarme atrapada entre ellas.
-Destenderla?- besa mi mejilla derecha suavemente- Aún no hemos llegado a eso bombom- ahora hace lo mismo con la izquierda- No te imaginas lo enorme que me pareció está cama después de haber dormido contigo en tu sofá.
-Ocupo demasiado espacio obviamente- suelto la risa pero él se limita a negar con la cabeza.
-Dormir contigo ha sido todo un placer. No pude conciliar el sueño aquí, imaginando como se hubiera sentido tenerte en mi cama aferrandome a tu cuerpo tal y como lo hize en tu casa- besa mi cuello despacio- Te traigo tantas ganas que no puedo pensar en nada más.
-Tener sexo conmigo te despierta curiosidad o es algún tipo de fantasia sin cumplir?- pregunto mirandolo fijamente a los ojos.
-Es más que eso dulzura. Eres una obra de arte. Una que me despierta diferentes sensaciones, una que sólo yo deseo admirar y disfrutar- su nariz olfatea mi cabello mientras una de sus manos lo acaricia- Ven! El chef Allan preparará algo para ti.
Se levanta dándome la mano en el proceso para que haga lo mismo. Entrelaza nuestros dedos con fuerza cuando llegamos a la escalera, bajamos de una en una hasta la cocina.
-Cocinar aquí debe ser una gran experiencia- paso mis manos por la ceramica de color crema que parece ser el comedor pues hay tres sillas allí. Un gran ventanal da hacia el jardín. Ya oscureció pero imagino que debe entrar mucha luz natural.
En un meson intermedio esta el fregadero, el lavavajillas y la estufa. Hay una inmensa nevera empotrada en la esquina de las gavetas grises que también cubren alrededor formando una L. Definitivamente haría desastres monumentales aquí.
-Pancake?- pregunta revisando las diferentes gavetas. Algo me dice que no tiene la más minima idea de lo que hace.
-Me encantaría- respondo observandolo divertida. Parece un niño curioso mirando todos los cajones. Seguro ni siquiera se acerca aquí, pero el hecho de que se haya ofrecido a prepararme algo, sin tener la mas mínima idea de como, le da mucho más merito a su gesto de amabilidad.
Al fin parece encontrar una taza y la harina integral, mirando detrás de la bolsa las indicaciones. La risa que estaba tratando de aguantar al fin explota.
- Qué es gracioso? - pregunta. Parece que está bastante contrariado. Camino en su dirección.
-Como se nota que no sabes ni hervir agua, Allan- frunce el ceño- tranquilo voy a enseñarte. Vas a ser mi ayudante.
La idea parece gustarle porque abre una de las gavetas y saca de ella dos delantales, poniendose uno y haciendo lo mismo conmigo, sin dejar aún lado la seducción en el proceso.
-Que necesita señorita chef? - pregunta poniendose aún lado de mi- Huevos, leche?
-Pensé que no tenías ni idea de como prepararlos- lo observo suspicaz.
-Yo nunca dije eso bebé- se acerca y besa mi mejilla- Pero entre dos todo es más placentero.
Va a la nevera y trae todo lo necesario para nuestra receta, sin perder oportunidad de rozar mi cuerpo en el proceso.
-Empezemos- deposito la harina en la taza seguida de los huevos y él empieza a verter la leche despacio.
- Quieres más leche?- pregunta en un tono pícaro. El doble sentido en esa pregunta es evidente.
-Por supuesto- igualo su picardía y empiezo a revolver con el tenedor.
Sus tacticas de seducción son más de lo que cualquier mujer podría soportar... Y yo? No lo sé... Ya veremos como termina la noche.