LUCIAN SANTOS , un hombre guapo y libre de ataduras ,no vive así por alguna decepción o algo que se le parezca ,no ,es el estilo de vida que el prefiere, pero todo da un giro inesperado; cuando una mañana aparece una bebe en su puerta y solo necesita la ayuda de la mujer que siempre está a su disposición ,para ayudarlo en esta nueva travesía (su secretaria) ,sin imaginar el gran secreto que ella guarda...
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Heredera Santos
El sobre blanco descansaba sobre el escritorio de ébano de Lucian como si fuera una granada con el seguro a punto de saltar. Era un sobre pulcro, con el sello del laboratorio genético más prestigioso de la ciudad. Dentro, un porcentaje determinaría si la vida de Lucian Santos regresaría a su orden gélido y solitario, o si se transformaría para siempre en un caos de pañales y risas.
Elena estaba de pie frente a él, con las manos entrelazadas con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos. Ver a Lucian dudar era algo inédito. El hombre que tomaba decisiones de vida o muerte corporativa en segundos llevaba cinco minutos simplemente mirando un papel.
—Señor Santos... —susurró Elena, con la garganta seca—. Si no se siente capaz, yo puedo...
—No —la interrumpió él, con la voz ronca—. Yo lo haré.
Lucian tomó el abrecartas de plata. Sus manos, que nunca temblaban ni siquiera ante las amenazas de quiebra, tuvieron un ligero espasmo. Rasgó el sobre y sacó el documento. Sus ojos escanearon rápidamente el lenguaje técnico hasta llegar a la parte inferior de la segunda página.
Probabilidad de Paternidad: 99.999%
Conclusión: No se puede excluir al presunto padre de la relación biológica.
El aire pareció escaparse de la oficina. Lucian soltó el papel, que flotó sobre el escritorio hasta detenerse frente a Elena. Ella leyó el resultado, aunque no necesitaba que un laboratorio le dijera lo que ella misma había gestado durante nueve meses. Aun así, ver la confirmación legal le provocó un mareo de alivio y terror.
—Es positiva —dijo Lucian. No fue una pregunta, sino una declaración de guerra contra su propia antigua vida.
—Lo es —respondió Elena, conteniendo el aliento.
Lucian se levantó y caminó hacia el ventanal que daba a la ciudad. Se veía pequeño frente a la inmensidad de los rascacielos. De repente, soltó una carcajada amarga.
—Un hijo. Tengo una hija, Rivas. Una extensión de mí que no planeé, que no pedí y que llegó en una canasta como si fuera un pedido de comida a domicilio.
Se giró, y Elena vio algo nuevo en su mirada: una mezcla de rabia y una vulnerabilidad que la desarmó.
—¿Quién es ella, Elena? —preguntó Lucian, usando su nombre de pila por primera vez, lo que la hizo estremecerse—. ¿Quién es la mujer que fue capaz de dejar a su propia hija en una puerta? ¿Qué clase de monstruo se esconde para no dar la cara?
Elena sintió que el suelo se abría. La palabra "monstruo" la golpeó como una bofetada física. Ella quería gritarle: "¡Soy yo! ¡Estoy aquí! ¡Fui la mujer que ignoraste en esa fiesta, la que siempre ha estado en tu sombra y la que no tenía otra opción para salvar a su hija del desahucio!". Pero sus labios se quedaron sellados por el miedo a que él le quitara a Mikeila legalmente si descubría el engaño.
—Quizás... quizás estaba desesperada, señor —logró decir Elena con la voz entrecortada—. Quizás pensó que usted era la única salvación para la niña.
—¡La salvación no es abandonar a un bebé! —exclamó él, golpeando el escritorio—. La única razón por la que no estoy llamando a la policía para que la rastreen y la metan a la cárcel es porque... porque Mikeila no se merece ese escándalo.
Lucian se acercó a Elena, invadiendo su espacio personal. Podía ver el rastro de una lágrima escapándose por debajo de sus gafas.
—A partir de hoy, Rivas, el Proyecto Bebé cambia de nombre. Se llama "Heredera Santos". Quiero que busques a la mejor niñera del país, pero tú seguirás supervisando todo. No confío en nadie más que en ti.
—¿Por qué en mí, señor? —preguntó ella, con el corazón en un hilo.
Lucian la observó detenidamente. Por un momento, su mirada bajó a sus labios, y Elena olvidó cómo respirar. Había una conexión magnética, un hilo invisible que los unía desde aquella noche de alcohol y sombras que él seguía sin recordar.
—Porque eres la única persona que no ha mirado a Mikeila como una molestia, sino como a un ser humano —respondió él, suavizando el tono—. Y porque, por alguna razón que no entiendo, ella se calma cuando tú estás cerca, al parecer le agradas.
En ese momento, el intercomunicador sonó. Era la recepción.
—Señor Santos, la señorita Bianca está aquí. Dice que tienen una reserva para almorzar.
Bianca. La modelo con la que Lucian salía esa semana. Una mujer que odiaba cualquier cosa que no fuera de su propia talla de ropa. Lucian miró el sobre del ADN y luego a Elena.
—Dile que se vaya, Rivas —ordenó Lucian, sentándose de nuevo en su silla de cuero con una autoridad renovada—. Dile que mi agenda está llena. A partir de ahora, mi único compromiso es entender cómo un ser tan pequeño puede haberme ganado una batalla sin decir una sola palabra.
Elena asintió, saliendo de la oficina con una mezcla de triunfo y agonía. Había logrado que Lucian aceptara a su hija, pero ahora vivía en el ojo del huracán: amando a un hombre que despreciaba a la madre de su hija, sin saber que la madre estaba justo frente a él, sosteniendo su café cada mañana.
Mientras tanto, en la oficina, Lucian tomó la foto que García le había tomado a Mikeila esa mañana. La observó durante mucho tiempo y, por primera vez en años, el "playboy #1" sonrió de verdad.
—Bienvenida a la familia, pequeña gatita—susurró, riendo al recordar que creyó que era un gato.
La narración me hace morir de risa 😂😂😂😂😂