Cande, ceo de una gran empresa, muere y reencarna en Fiorella. Volviéndose la niñera del hijo del villano. El frívolo Giovanni. Tiene que proteger al niño para que no muera de una traición por parte de la corona. De lo contrario, ella es quien morirá. ¿lo malo a parte de que su vida depende de un niño? Es que nunca tuvo uno o cuido tan siquiera. Por eso, el joven amo le resulta tan estresante.
NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 12: La nobleza tiene sus facetas.
Fiorella despertó en su habitación. Se quedó unos segundos sentada en el borde de la cama, acomodando con calma el vestido sencillo que había elegido esa mañana. No era un vestido de sirvienta, tampoco uno propio de una dama de la corte. Algo intermedio, lo suficientemente correcto para caminar por el ala central sin llamar demasiado la atención. Aunque en el fondo sabía que la atención llegaría igual.
La puerta se abrió sin golpearse.
Giovanni entró con Gabriel, caminaba a su lado sujetando su mano con tranquilidad. El niño la vio primero y su rostro cambió al instante.
—¡Fio! —dijo Gabriel con una sonrisa abierta mientras soltaba la mano de su padre y corría hacia la cama.
Fiorella apenas tuvo tiempo de ponerse de pie cuando el niño ya la abrazaba con fuerza.
—Cuidado, Gabriel —dijo ella con una pequeña risa, acomodando sus brazos alrededor del niño—. Aún no soy de hierro.
—Pero ya no estás enferma —respondió él levantando la cabeza para mirarla—. El médico dijo que ya estás bien.
—Estoy mejor —contestó Fiorella con paciencia—. Pero eso no significa que puedas lanzarte como si fueras un caballo desbocado.
Gabriel soltó una pequeña risa y se separó un poco, aunque siguió agarrado a su mano.
Giovanni observaba la escena desde la puerta, sin intervenir. Su mirada pasó de Fiorella al niño, luego al vestido que llevaba puesto, y finalmente habló.
—Hoy vendrás conmigo.
Fiorella levantó la vista hacia él.
—¿A dónde?
—A una audiencia.
El silencio duró apenas un momento.
—¿Con la corte?
—Sí.
Gabriel miró a su padre con curiosidad.
—¿Yo también?
—Tú también —respondió Giovanni.
Fiorella respiró despacio, sin mostrar sorpresa ni entusiasmo. Simplemente asintió.
—Entonces será mejor que no lleguemos tarde.
Giovanni hizo un leve gesto afirmativo y salió del cuarto, dando por hecho que ambos lo seguirían.
Los pasillos del ala central eran distintos a todo lo que Fiorella había conocido dentro del castillo. Las paredes estaban cubiertas con tapices grandes, los suelos brillaban por el cuidado constante de los sirvientes, y cada pocos pasos aparecía un guardia o un miembro del personal que se detenía al ver pasar a Giovanni.
Algunos inclinaban la cabeza, otros simplemente se apartaban con respeto. Las miradas hacia Fiorella eran inevitables.
Ella lo notaba, pero no reaccionaba.
Gabriel caminaba entre ambos, tranquilo, observando el camino con curiosidad infantil, mientras de vez en cuando levantaba la vista hacia su padre como si buscara alguna señal.
—Ese es el consejero Aldieri —dijo Giovanni en voz baja mientras caminaban—. Habla mucho, pero rara vez dice algo útil.
Fiorella giró apenas la cabeza para mirar al hombre que estaba conversando cerca de una columna.
—¿Tiene poder?
—Más del que debería.
Siguieron avanzando.
—La mujer del vestido verde es la duquesa Renata —continuó Giovanni—. Tiene influencia sobre varios comerciantes del reino, le gusta escuchar rumores. Conocida como la mujer que le gusta el chisme.
—Entonces conviene medir las palabras cerca de ella —respondió Fiorella con calma.
Giovanni la miró de reojo por un instante.
—Exacto.
Caminaron unos metros más.
—El hombre alto junto a la ventana es el general Vittorio —añadió Giovanni—. Le importa más el ejército que la política.
Entraron finalmente en la sala de audiencias.
El lugar era amplio, con columnas altas y una larga mesa donde varios nobles ya estaban reunidos. Conversaban entre ellos con tonos controlados.
La presencia de Giovanni hizo que varias conversaciones se detuvieran.
Algunos inclinaron la cabeza en saludo.
Otros observaron directamente a Fiorella. Se mantuvo en silencio.
Giovanni tomó asiento en uno de los lugares principales. Gabriel se acomodó cerca de él, apoyando las manos sobre la mesa mientras miraba alrededor con interés.
Fiorella permaneció de pie a un lado.
—Puedes sentarte —dijo Giovanni sin mirarla.
Ella tomó la silla junto a Gabriel.
Durante varios minutos la audiencia avanzó con asuntos que Fiorella apenas entendía por completo. Nombres de territorios, problemas con comerciantes, informes del ejército.
Pero más que las palabras, ella observaba a las personas. En un momento la puerta principal de la sala se abrió.
Los guardias se apartaron de inmediato.
El murmullo se apagó.
El rey Massimo entró acompañado por dos consejeros. Todos en la sala se pusieron de pie.
Giovanni también. Gabriel imitó el gesto con rapidez.
Massimo saludó con una leve inclinación de cabeza mientras caminaba hacia el centro.
—Hermano —dijo al llegar frente a Giovanni.
—Majestad —respondió Giovanni con tranquilidad.
Massimo lo observó unos segundos, luego su mirada bajó hacia Gabriel.
Su expresión cambió al instante.
—Por fin vuelvo a verte, sobrino.
El niño lo miró con curiosidad.
Massimo se agachó frente a él para quedar a su altura.
—He escuchado muchas cosas sobre ti —continuó el rey con una voz más suave—. Pero ninguna tan interesante como verte aquí.
Gabriel lo observó con cautela.
—¿Usted es el rey?
Massimo sonrió.
—Sí.
—¿Entonces manda en todo?
Algunos nobles soltaron una risa discreta.
Massimo miró de reojo a Giovanni antes de responder.
—Intento hacerlo.
Gabriel asintió como si la respuesta le pareciera razonable.
—Mi padre también manda mucho.
Massimo soltó una pequeña risa.
—Eso lo sé muy bien.
Se puso de pie nuevamente.
Fue entonces cuando sus ojos se posaron en Fiorella. La observó con atención, sin ocultar su sorpresa.
—¿Y ella?
La pregunta quedó flotando en la sala. Varias miradas se dirigieron al mismo punto. Giovanni respondió sin prisa.
—Mi esposa.
El silencio fue inmediato. Massimo parpadeó una vez. Luego otra.
—Tu... esposa.
Giovanni no añadió nada más.
El rey tardó unos segundos en reaccionar.
—Debo admitir que no esperaba escuchar eso hoy.
Fiorella permanecía sentada, tranquila, sin bajar la mirada ni mostrar incomodidad. Massimo la estudió con más atención.
—Después de lo que ocurrió con Claudia... —dijo finalmente— pensé que jamás volverías a tomar esa decisión.
El nombre dejó una pequeña tensión en el ambiente. Algunos nobles desviaron la mirada. Otros fingieron revisar documentos.
Giovanni no mostró reacción.
—Las circunstancias cambian —respondió simplemente.
Massimo miró otra vez a Fiorella.
—Supongo que debo felicitarte.
Fiorella inclinó la cabeza con respeto.
—Gracias, Majestad.
No había nervios. Massimo pareció notarlo.
—No pareces intimidada.
—Desde que vivo con Giovanni, la intimidación es algo que ya no existe para mí—respondió ella con calma.
Un leve murmullo recorrió la sala.
El rey cruzó los brazos.
—Eso suena desafiante. Se parece a ti, ¿No? Giovanni.
—Supongo que peor.
Massimo soltó una risa corta.
Varios consejeros sonrieron con discreción. Su presencia en ese lugar ya estaba creando preguntas.
Aunque nadie se atreviera todavía a formularlas fuera de pensamiento.
La audiencia continuó poco después, pero el ambiente había cambiado. Las conversaciones seguían, los consejeros discutían asuntos del reino, el general hablaba de movimientos en la frontera.
Pero cada cierto tiempo alguien miraba hacia el lugar donde estaban Giovanni, Gabriel y Fiorella.
...----------------...
Muchas gracias por leer no olviden dejar su me gusta y su comentario ❤️.