En la ciudad de Arcadia, la rutina terminó en un instante 🔥. Lo que comenzó como un supuesto accidente químico terminó convirtiéndose en el encierro más grande de la historia moderna 💥. Un domo de energía azul eléctrico cubre la ciudad completa: bloquea señales, distorsiona el aire y descarga electricidad a cualquiera que intente cruzarlo ⚡️. Nadie entra. Nadie sale 🚫.
Mientras el caos consume las calles, una infección conocida extraoficialmente como VX-17 comienza a propagarse 🔴. No mata de inmediato. No destruye el cuerpo. Destruye la conciencia 🧠.
Los infectados —apodados Los Vacíos— no sienten dolor, no sienten miedo… solo un impulso violento que los vuelve más rápidos, más agresivos y más activos en la oscuridad 💀.
Pero el verdadero horror no está solo en ellos 🤯. Un grupo de jóvenes atrapados en el Instituto Central Arcadia deberá aprender que sobrevivir no significa seguir siendo humanos 👥. Aislados, vigilados desde el exterior por drones militares 🚁.
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CAPÍTULO 15
El pasillo de talleres olía a aceite, metal y polvo viejo. Las luces del techo parpadeaban débilmente, algunas completamente apagadas, dejando tramos del corredor sumidos en sombras profundas. Los pasos del grupo resonaban contra el piso de concreto mientras avanzaban con rapidez. Armando iba adelante. Siempre adelante. El bate todavía goteaba con una línea oscura de sangre que iba dejando pequeñas marcas en el suelo.
Nadie dijo nada durante los primeros segundos. Todavía estaban respirando demasiado fuerte. Todavía estaban tratando de procesar lo que acababan de hacer. Brajhan fue el primero en romper el silencio.
...—Ese era Daniel… Su voz temblaba. Nadie respondió. Rafa caminaba mirando el suelo, el bate apoyado sobre su hombro....
...—Sí —dijo finalmente—. Era Daniel....
Brajhan negó con la cabeza.
...—Estaba en mi clase de historia… Su voz se quebró....
...—Ayer estábamos hablando de un examen....
El silencio volvió. Armando apretó ligeramente el bate.
...—Brajhan....
El chico levantó la mirada.
...—Eso ya no era Daniel....
Brajhan no respondió. Pero sus ojos estaban húmedos. Ezequiel caminaba unos pasos detrás, observando cada puerta del pasillo.
...—Podemos discutir filosofía después —dijo con frialdad—. Ahora tenemos que concentrarnos en no morir....
Rafa levantó una ceja.
...—Qué inspirador....
Ezequiel lo miró.
...—¿Tienes una mejor idea?...
Rafa señaló alrededor.
...—Sí. Golpeó una puerta metálica con el bate. CLANG. El sonido resonó por el pasillo....
...—Moverse con cuidado....
Armando frunció el ceño.
...—No hagas ruido....
...—Exactamente —respondió Rafa—. Eso intento demostrar....
Ángel Israel intervino antes de que la discusión creciera.
...—Cálmense. Su voz era tranquila, pero firme. Se detuvo frente a una intersección del pasillo. Miró a la derecha. Luego a la izquierda....
...—Los talleres están hacia allá. Señaló la derecha....
...—Pero si seguimos ese camino regresamos hacia el centro del instituto....
Ezequiel cruzó los brazos.
...—¿Y?...
Ángel Israel señaló la otra dirección.
...—Ese camino debería llevar a las salidas de servicio....
Rafa lo miró.
...—¿Estás seguro?...
...—Bastante....
Armando pensó unos segundos.
...—Las salidas de servicio conectan con el patio trasero....
Brajhan levantó la mirada.
...—¿El patio trasero?...
...—Sí —dijo Armando—. Cerca de los estacionamientos del personal....
Rafa suspiró.
...—Perfecto....
...—¿Perfecto? —preguntó Ezequiel....
Rafa levantó el bate.
...—Más espacio para correr si esas cosas aparecen....
Ezequiel bufó.
...—Siempre tan optimista....
Brajhan murmuró.
...—Yo prefiero optimista que muerto....
Rafa le dio una pequeña sonrisa.
...—Me caes bien, Brajhan....
Armando volvió a moverse.
...—Vamos....
El grupo siguió avanzando. El pasillo se volvió más estrecho. Las paredes ahora estaban cubiertas de tablones con herramientas: llaves inglesas, martillos, destornilladores. El taller de mecánica.
Rafa tomó un martillo del tablero.
...—Esto es mejor que un bate....
Ezequiel tomó una llave metálica enorme.
...—Esto también....
Brajhan agarró un destornillador largo.
...—No sé si esto ayude mucho…...
...—Ayuda más que una pelota de básquet —dijo Rafa....
Brajhan sonrió nerviosamente.
Siguieron caminando. El silencio volvió a caer sobre el grupo. Pero esta vez no era solo miedo. Era pensamiento. Era shock.
Armando caminaba mirando el suelo. Y por primera vez desde que todo empezó… Su mente se fue a otro lugar. A su casa. A su madre.
Recordó la cocina pequeña del departamento. El olor a café en las mañanas. Su madre siempre levantándose antes que él para ir a trabajar.
...—Tienes que estudiar, Armando —le decía—. Tú vas a ser el primero de la familia en ir a la universidad....
Armando siempre respondaba lo mismo.
...—Primero tengo que terminar la escuela....
Su madre se reía.
...—Pues empieza por llegar temprano....
Armando casi sonrió al recordar eso. Pero la sonrisa desapareció rápido. Porque no sabía si su madre seguía viva. Si el domo también había caído sobre su barrio. Si ella estaba atrapada. O peor. Muerta.
Apretó el bate con más fuerza. No. No iba a pensar en eso. No ahora. Tenía que proteger a los que estaban aquí. Ese siempre había sido su papel. Desde niño. El fuerte. El que cuidaba a los demás. El que no podía permitirse romperse.
...—Armando....
La voz de Ángel Israel lo sacó de sus pensamientos.
...—¿Sí?...
Ángel señaló una puerta metálica al final del pasillo.
...—Salida de servicio....
Rafa sonrió.
...—Perfecto....
Ezequiel caminó hasta la puerta y la probó. Estaba cerrada.
...—Genial....
Rafa levantó el martillo.
...—Déjame intentar algo....
Armando levantó la mano.
...—Espera....
Se acercó lentamente a la puerta. Y escuchó. Silencio. Nada del otro lado. Giró la manija. La puerta se abrió.
La luz del exterior entró como una explosión blanca. Todos entrecerraron los ojos. Habían pasado demasiado tiempo dentro. El aire de afuera era frío. Y olía a humo.
El grupo salió lentamente. El patio trasero del instituto era enorme. Un campo de concreto con contenedores de basura, estacionamientos y rejas metálicas. Pero lo que llamó su atención… No fue eso. Fue el cielo. Porque el cielo estaba cubierto por algo. Una enorme cúpula azul. El domo. La energía vibraba como electricidad suspendida en el aire.
Brajhan susurró.
...—Dios…...
Rafa levantó la mirada.
...—Eso… no puede ser real....
La superficie del domo ondulaba ligeramente, como agua.
Ezequiel habló en voz baja.
...—Nos encerraron....
Ángel Israel estaba mirando hacia la distancia.
...—No. Señaló más allá del estacionamiento....
...—Miren....
Todos giraron. Más allá del domo… Había movimiento. Vehículos militares. Camiones. Soldados. Y un helicóptero negro flotando en el aire.
Brajhan sintió una ola de alivio.
...—¡NOS VAN A RESCATAR!...
Empezó a correr hacia el domo.
...—¡HEY! Agitó los brazos....
...—¡AQUÍ!...
Los soldados al otro lado del domo los estaban mirando. Claramente. Definitivamente. Uno de ellos levantó algo. Un rifle. Pero no disparó. Solo observó. El helicóptero descendió ligeramente.
Armando se acercó a Brajhan.
...—Espera....
Pero Brajhan seguía gritando.
...—¡AYUDA!...
Los soldados no se movieron. No hablaron. No reaccionaron. Solo observaban. Como si estuvieran viendo animales dentro de un zoológico.
El alivio desapareció lentamente del rostro de Brajhan.
...—¿Por qué…?...
Rafa murmuró.
...—Porque saben....
Ezequiel lo miró.
...—¿Saben qué?...
Rafa señaló el instituto detrás de ellos.
...—Lo que está pasando aquí....
Ángel Israel lo entendió antes que nadie.
...—No vinieron a rescatarnos....
El helicóptero giró lentamente. Y comenzó a alejarse. Los soldados también empezaron a retirarse.
Brajhan sintió que el estómago se le hundía.
...—No…...
Armando miró el domo azul vibrando sobre sus cabezas. Y finalmente entendió algo horrible. No estaban esperando salvarlos. Estaban esperando… A que todos murieran.
El silencio cayó sobre el patio. Y por primera vez desde que todo comenzó… El grupo entendió la verdad. Estaban completamente solos.