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MALA DESDE LA CUNA Esta Señorita Te Sorprenderá

MALA DESDE LA CUNA Esta Señorita Te Sorprenderá

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Traiciones y engaños / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Lyanne Vesper siempre fue considerada la hija dócil de la poderosa Casa Vesper. Dulce, obediente y sin ambición. Una señorita incapaz de hacer daño. Pero todos estaban equivocados.

Lyanne no se volvió mala por culpa del mundo. Nació así. Desde niña aprendió a esconder sus colmillos detrás de una sonrisa inocente y a convertir las debilidades ajenas en armas.

Cuando el heredero Kaelen la toma como esposa mientras continúa obsesionado con Wynne, Lyanne comprende que el amor nunca será su moneda de cambio. Si no puede tener su corazón, tendrá algo mucho más valioso: el poder.

Entre intrigas, traiciones, venenos, guerras entre clanes y una lucha por el Trono de la Luna, Lyanne moverá cada pieza sin que nadie descubra quién está detrás.

Porque cuando todos creen estar jugando contra ella…

ya han perdido.

Y Lyanne solo sonríe.

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LA PETICIÓN DEL HEREDERO

Al amanecer, un mensajero llegó con una orden: el Alfa heredero me requería en el salón privado, antes de que la corte despertara. El corazón de Elara dio un vuelco cuando leyó la nota.

—¿A estas horas? —susurró, arrugando el pergamino entre los dedos—. Es una trampa. Seguro que Wynne lo ha puesto en mi contra. No vayáis, señorita.

Me pasé el cinturón de seda y me ajusté el broche de plata con el emblema de la Casa Vesper: la luna creciente entre dos espinas. Sonreí, pero no llegó a mis ojos.

—Si fuera una trampa, me habría mandado arrestar, no invitar. Kaelen quiere algo de mí. Y cuando un Alfa pide, hay que saber escuchar… y cobrar el precio.

Caminé por los pasillos desiertos, donde el eco de mis pasos parecía susurrar secretos. Al entrar, Kaelen estaba de espaldas, mirando por el ventanal la niebla que cubría el valle. No se giró al oírme entrar.

—Lyanne —dijo, sin saludar—. La Casa Vesper es la más respetada del clan. Tu padre es mi consejero más leal. Tu hermano Elian, el mejor guerrero.

—Así es, Alteza —respondí con calma, manteniéndome a tres pasos—. Mi familia sirve al trono con honor.

Se giró de golpe. Sus ojos dorados estaban oscurecidos por la frustración, y algo más… culpa?

—Por eso vengo a pedirte algo que sé que no es justo. Pero no tengo otra opción. —Hizo una pausa, como si le costara formar las palabras—. Quiero que te unas a mí. Como mi esposa. La futura Alfa.

Me quedé inmóvil, pero por dentro todo encajó. Las piezas se acomodaban solas en el tablero.

—¿Y Wynne? —pregunté suavemente, sin ocultar mi duda.

El rostro de Kaelen se tensó.

—Wynne… no puede ocupar ese lugar. Su origen es humilde. Los ancianos nunca lo aceptarían. Pero si me caso contigo, la Casa Vesper me dará el apoyo que necesito para mantener el trono… y así podré protegerla a ella. —Dio un paso hacia mí, con voz urgente—. Será solo en apariencia. Te daré el título, el respeto, todo lo que una esposa merece… excepto mi corazón. Ese ya es suyo. ¿Lo aceptas?

Un escalofrío me recorrió la espalda, pero no de miedo. De emoción fría, calculada. Me estaba entregando el trono con sus propias manos, sin saber que estaba despertando a la bestia.

—¿Me pedís que sea vuestra esposa en público… y una sombra en la oscuridad? —pregunté, bajando la mirada con aparente tristeza—. ¿Que comparta mi vida con un hombre que ama a otra?

—Te lo ruego, Lyanne —suplicó, y por primera vez vi al Alfa débil, roto por su propia obsesión—. Sin el apoyo de tu familia, perderé el trono. Y si caigo, la matarán a ella. Solo tú puedes salvarnos.

Levanté la vista lentamente, y mis ojos lo atraparon como dos luceros gélidos. Mi voz bajó, cargada de un peso que él no supo interpretar:

—¿Sabéis lo que pedís, Alteza? No pedís solo mi mano. Pedís el nombre, la fuerza y la lealtad de toda la Casa Vesper. Y la lealtad tiene un precio.

—Lo que sea —respondió de inmediato—. Tierras, títulos, riquezas… lo que pidas.

—No quiero riquezas —dije, acercándome un paso, tan cerca que pudo sentir mi aliento—. Quiero que prometáis que, cuando sea Alfa, nadie se interpondrá entre mi familia y el poder. Que nadie nos humille. Que nadie nos use y luego nos deseche. ¿Lo prometéis?

Kaelen no dudó.

—Lo prometo. Por la luna y la sangre de mi linaje.

—Entonces acepto —susurré.

Su rostro se iluminó de alivio, como si hubiera salvado lo que más amaba. No sabía que acababa de firmar su propia sentencia.

—Gracias, Lyanne. No te arrepentirás. Serás respetada.

—Lo sé —respondí, con una sonrisa que no llegó a mis ojos—. Alteza.

Se marchó de inmediato, ansioso por contárselo a ella. Cuando la puerta se cerró, mi sonrisa se desvaneció. Me acerqué al ventanal y vi cómo cabalgaba hacia el bosque, hacia el refugio donde la esperaba Wynne.

Elara entró, alarmada al ver mi expresión.

—¿Qué ha pasado, señorita? ¿Os ha hecho algo?

—Nos vamos a casar, Elara —dije, sin apartar la vista de la silueta que desaparecía entre los árboles—. Seré la futura Alfa.

La sirvienta se llevó una mano a la boca, asombrada.

—¡Es maravilloso! ¡Vuestro sueño…!

—No es un sueño —la interrumpí con frialdad—. Es una guerra. Y él acaba de darme el mando del ejército sin saber que yo soy el enemigo. —Me giré hacia ella, y mi mirada era de una claridad aterradora—. Kaelen cree que me ha comprado con un título. Cree que seré su sombra callada mientras él la adora a ella. Pero no sabe que las sombras también tienen dientes. Y cuando llegue el momento… muerden.

—¿Qué haréis? —preguntó Elara, con voz temblorosa.

—Primero —dije, recogiendo un pequeño frasco de cristal de entre mis cosas—, seré la esposa perfecta. La más dulce, la más obediente, la que nunca se queja. Así nadie sospechará. Y mientras todos miran a la dulce Lyanne… la loba estará cazando en la oscuridad. —Lo dejé caer suavemente sobre la mesa—. Wynne cree que ha ganado porque él la ama. Pero el amor es volátil, Elara. El poder es eterno. Y yo voy a tomar ambos.

Al salir de la habitación, vi pasar a dos sirvientas que hablaban en voz baja: “¿Sabéis? El Alfa pidió su mano anoche. Dicen que la señorita Lyanne lloró de emoción.”

Sonreí. La mentira ya se había extendido. Nadie sabía que no lloré de emoción. Lloré… de anticipación.

Porque la boda no sería el final de mi humillación. Sería el principio de su caída. Y yo, la novia perfecta, llevaría el velo más blanco… y los planes más negros.

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Cecilia Rodriguez
bonita novela, gracias por escribirla y compartirla 🌷🌷🌷
Vanessa Ibáñez Fernández
perdieron el primer que??
Vanessa Ibáñez Fernández
no entinedo porque hace un diario, eso no sería como dejar una evidente evidencia??
EspirituCreativo: Jeje lectora
total 3 replies
Ingrid Perez
Felicidades una historia muy bonita de enseñanza gracias te deseo muchísimas bendiciones 🤗😘
EspirituCreativo: Gracias lectora
total 1 replies
🥰Paty💕 💖
tengo una duda,si en la noche de bodas el no fue a verla como quedó embarazada porque claramente ella dijo que fue en su noche de bodas pero en el capítulo de la noche de bodas se dijo que el fue directo con la amante y no fue con ella ,podría ser tan amable de sacarme la duda ☺️
🥰Paty💕 💖: muchas gracias 🥰por aclarar mis dudas 🥰eres muy buena escritora 👏
total 2 replies
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