Todo comienza con una amistad entre un chico y una chica que son mejores amigos. Ella guarda un secreto: está profundamente enamorada de él, pero él tiene novia. Cada vez que habla de ella, la chica siente celos, aunque intenta disimularlos para no perder su amistad. Él asegura amar a su novia y jamás imagina lo que ocurre en el corazón de su mejor amiga. Sin embargo, pasan cuatro años y sus sentimientos comienzan a cambiar. Poco a poco, descubre que siente algo especial por ella. Cuando finalmente comprende que está enamorado de su mejor amiga, quizá sea demasiado tarde.
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Capítulo 3 Nuestro aniversario
Al día siguiente era sábado, 4 de noviembre de 2025, , estaba durmiendo como un tronco.
Bueno… dormir no era exactamente lo que estaba haciendo.
La noche anterior me había quedado jugando Free Fire hasta tardísimo con unos amigos. Como era sábado, pensé que podía levantarme cuando me diera la gana.
Y así fue.
Cuando abrí los ojos, miré el celular.
11:47 a. m.
—Uy, juepucha… —murmuré.
Agarré el teléfono y vi varias notificaciones.
Tenía mensajes de Valeria.
Abrí el chat.
Valeria:
Buenos días, amor ❤️.
Valeria:
¿Ya despertaste?
Valeria:
Steven…
Valeria:
Hoy es nuestro día.
Me quedé mirando la pantalla.
—¡No puede ser!
Me llevé una mano a la cara.
Era nuestro aniversario.
Había olvidado completamente la fecha.
Antes de que pudiera escribirle, apareció otro mensaje.
Valeria:
Ya vi que estás conectado.
Tragué saliva.
Le respondí rápidamente.
—Amor, perdón. Apenas me desperté.
La respuesta llegó casi inmediatamente.
—¿Apenas te despertaste?
—Sí.
—¿A las doce del día?
—Me quedé jugando Free Fire hasta tarde.
Pasaron unos segundos.
—¿En serio?
—Sí, amor. Perdón.
—Steven, hoy es nuestro aniversario.
—Ya sé.
—No. No sabías. Si lo hubieras sabido, me habrías escrito apenas despertaste.
Suspiré.
—Tenés razón.
—¿Y sabes qué es lo que más me duele?
—¿Qué?
—Que yo me levanté temprano pensando que ibas a escribirme.
Me quedé callado.
—Valeria…
—No, dejame hablar.
—Bueno.
—Desde anoche estaba emocionada. Pensé que hoy íbamos a pasar el día juntos. Yo hasta tenía planeado algo.
Sentí culpa.
—Podemos salir ahora.
—¿Ahora?
—Sí. Podemos vernos después del mediodía.
—¿Y esa es tu solución?
—¿Entonces qué querés que haga?
—Quiero que te importe.
—Claro que me importás.
—No parece.
Me quedé mirando el celular.
—Amor, simplemente se me olvidó.
—¡Ese es el problema! ¿Cómo se te puede olvidar nuestro aniversario?
—Fue un error.
—Pero un error que demuestra mucho.
—No exagerés, Vale.
En cuanto envié ese mensaje, supe que había metido la pata.
La respuesta tardó un poco.
—¿Que no exagere?
—No quise decir eso.
—Sí quisiste.
—No.
—Steven, yo siempre estoy pendiente de vos. Cuando estás triste, te escribo. Cuando tenés un problema, estoy ahí. Cuando necesitás algo, te respondo. Y hoy, en nuestro aniversario, vos preferiste quedarte jugando.
—No es que prefiriera eso.
—¿Entonces qué fue?
—Me quedé dormido.
—Después de jugar toda la noche.
—Sí.
—Eso es lo que hiciste.
Me pasé una mano por el cabello.
—Bueno, ¿qué querés que te diga?
—Nada.
—¿Cómo que nada?
—Que ya no quiero hablar.
—Valeria, esperá.
—No.
—Podemos arreglarlo.
—Yo no quiero salir hoy.
—Pero es nuestro aniversario.
—Para vos parece que no.
Sentí un nudo en el estómago.
—No digás eso.
—Es la verdad.
—Te amo.
Ella respondió después de unos segundos.
—No sé si eso sea suficiente.
Me quedé en silencio.
—¿Entonces qué? —pregunté—. ¿Querés terminar?
—No te estoy diciendo eso.
—Pues parece.
—Estoy decepcionada, Steven.
—Yo también estoy mal.
—Pero vos vas a estar jugando otra vez en un rato y se te va a olvidar.
—No es así.
—¿Sabés qué? Mejor dejemos la conversación hasta aquí.
—Valeria…
—No quiero verte hoy.
—Está bien.
—Y tampoco quiero hablar más.
—Bueno.
—Adiós, Steven.
—Adiós.
La conversación terminó.
Me quedé mirando la pantalla durante varios segundos.
No hubo reconciliación.
No hubo un “te perdono”.
Ni siquiera hubo una llamada después.
Solo silencio.
Dejé el celular sobre la cama y me quedé mirando el techo.
Había cometido una estupidez.
Me levanté tarde.
Olvidé nuestro aniversario.
Y encima terminé discutiendo con mi novia.
—Qué embarrada —murmuré.
Por primera vez en mucho tiempo, sentí que había metido la pata de verdad.
Y lo peor era que no sabía cómo arreglarlo.
Mientras tanto, el día apenas comenzaba.
Pero aquel 4 de noviembre de 2025 terminaría siendo uno de esos días que ninguno de los dos olvidaría fácilmente.