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PESADOS POR EL DESTINO

PESADOS POR EL DESTINO

Status: Terminada
Genre:CEO / Posesivo / Grandes Curvas / Completas
Popularitas:333.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

Ella tiene curvas que esconde y un promedio impecable. Él es el hombre perfecto que la observa en secreto. Una noche, un plan macabro los une. ¿El resultado? Una mentira, un bebé y un amor que lo arriesgará todo.

NovelToon tiene autorización de Kyoko... para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 15

Geovanny

La vi entrar a su habitación y el mundo se detuvo.

Esa puerta cerrándose entre nosotros fue como un portazo en mi propia alma. Me quedé paralizado en el pasillo, con la tarjeta de mi habitación en la mano, sintiendo que cada fibra de mi ser quería correr tras ella, derribar esa puerta, tomarla entre mis brazos y no soltarla jamás.

Pero no podía. No debía.

Entré a mi habitación como un autómata. La puerta se cerró con un clic que sonó a sentencia. Y entonces, en el silencio absoluto de esa habitación de hotel, perdí el control.

Caminaba de un lado a otro como una fiera enjaulada. Las manos me temblaban. La mandíbula me dolía de apretar los dientes. Cada vez que cerraba los ojos, veía a Méndez mirándola. Viéndola como si tuviera derecho a desearla. Como si pudiera siquiera acercarse a lo que era mío.

Porque era mía.

Lo supe aquella noche en el bar, cuando la tuve entre mis brazos por primera vez. Lo supe cuando descubrí que era su primera vez y sentí el peso sagrado de ese regalo. Lo supe en cada segundo que pasé observándola durante años, deseándola desde lejos, construyendo castillos en el aire con su nombre.

Romina era mía.

Y yo había sido su primer hombre.

Eso no era una casualidad. Era un designio. Era el universo diciéndome que ella estaba destinada a mí. Y yo, imbécil, cobarde, atrapado en mi propia mentira, no podía reclamarla.

Pero esta noche... Había visto la forma en que me miraba, con esos ojos grandes y marrones que pedían algo que ninguno de los dos se atrevía a nombrar. Había sentido su deseo. Había sentido el mío, quemándome las entrañas.

No podía más.

Me detuve en medio de la habitación, respirando hondo. Mi reflejo en el espejo me devolvió la imagen de un hombre al borde del abismo. Ojos desencajados, camisa desabrochada, cabello revuelto de pasarme las manos una y otra vez.

Y entonces lo supe.

Iba a ir a buscarla.

Iba a arriesgarlo todo. Mi mentira, mi fachada, mi relación con mi padre. Todo. Porque sin ella, nada de eso valía la pena.

Me acerque a la puerta que unia las dos habitaciones, tome la perilla y Empujé suavemente. La puerta cedió sin hacer ruido.

Y entonces la vi.

La habitación estaba en penumbra, iluminada solo por la luz tenue de una lámpara en la mesita de noche. Y allí, sobre la cama, estaba ella. Romina.

en ropa interior.

Su cuerpo, ese cuerpo de curvas imposibles que había recorrido con mis manos aquella noche, estaba casi completamente expuesto. El sostén negro apenas contenía sus pechos, generosos, perfectos, que subían y bajaban con su respiración agitada. su panties negra se hundía en sus caderas anchas, marcando la curva perfecta de sus caderas, el inicio de sus muslos gruesos que tanto deseaba volver a tocar.

Tenía los ojos cerrados. El cabello oscuro derramado sobre la almohada. Los labios entreabiertos, como si estuviera soñando con algo... o con alguien.

Mi dureza fue instantánea. Inevitable. Dolorosa.

Me quedé quieto, observándola, bebiéndome cada detalle. Era tan hermosa. Tan jodidamente hermosa. No entendía cómo podía pasar un solo segundo de su vida sin sentirse la mujer más deseada del planeta.

Ella se movió ligeramente, un murmullo escapando de sus labios. Algo sobre un sueño.

Un sueño.

Eso era. Esa noche iba a ser un sueño para ella. Un sueño del que despertaría sin saber que había sido real, o esos esperaba yo.

Comencé a desvestirme con movimientos lentos, deliberados. La camisa cayó al suelo. Los zapatos, silenciosos sobre la alfombra. El pantalón, los calcetines. Me quedé solo en boxers, con mi dureza evidente, palpitante, reclamando lo que era suyo.

Me acerqué a la cama. El colchón se hundió ligeramente cuando me arrodillé sobre él. Ella seguía con los ojos cerrados, ajena a mi presencia.

Mi mano encontró su piel.

El calor de su cuerpo me golpeó como una ola. Suave, cálida, vibrante. Mis dedos recorrieron su brazo, su hombro, la curva de su cuello. Ella suspiró, moviéndose hacia mi contacto como una flor buscando el sol.

—Mmm...

murmuró, sin abrir los ojos.

— Geovanny...

—Sí

susurré, con la voz ronca.

—Es un sueño.

Y entonces me incliné y besé su cuello.

Su piel sabía a ella. A Romina. A ese olor que había memorizado aquella noche y que había perseguido en sueños desde entonces. Besé la curva de su mandíbula, el lóbulo de su oreja, la comisura de sus labios.

Ella gimió suavemente, arqueando el cuerpo hacia mí. Sus manos, aún torpes por el sueño y el alcohol, buscaron mi espalda, mis hombros, mi pecho.

—Te he soñado tanto

susurró, y esas palabras me partieron el alma.

—Yo también

respondí, besando sus labios por fin.

El beso fue lento al principio. Explorador. Casi tierno. Pero pronto se volvió hambriento, desesperado, profundo. Sus labios, sus dientes, su lengua... todo en ella me volvía loco.

Mis manos recorrieron su cuerpo sin prisa, saboreando cada curva. Sus pechos, que tanto había deseado, llenaron mis palmas con un peso perfecto. Acaricié sus puntos rosados a través del encaje y ella gimió contra mi boca, aferrándose a mí con más fuerza.

Deslicé una mano hacia abajo, sobre su vientre suave, sobre sus caderas anchas, sobre la curva de sus muslos. Ella abrió las piernas instintivamente, ofreciéndose, pidiendo sin palabras.

—Eres mía

susurré contra su piel.

— ¿Lo sabes? Eres mía.

—Sí

jadeó ella, sin saber lo que decía

— Tuya.

Esas palabras fueron mi perdición.

Desabroché su sostén con una mano, liberando sus pechos. Eran perfectos. Grandes, firmes, que pedían ser besados. Mi boca encontró uno de ellos y ella gimió, un sonido alto, desgarrado, que me hizo gemir a mí también.

—Tan hermosa

murmuré, pasando al otro pecho.

— Tan jodidamente hermosa.

Sus manos tiraron de mis boxers, buscando, reclamando. La ayudé a quitármelos, y cuando mi piel desnuda se pegó a la suya, sentí que el mundo se derrumbaba a nuestro alrededor. Solo existía ella. Solo existía este momento.

Su pantis negra cayó al suelo. Sus piernas se abrieron para mí, mostrándome todo lo que era, todo lo que me ofrecía. Y yo, temblando de deseo, me coloqué sobre ella.

—¿Puedo?

pregunté, necesitando su permiso aunque fuera en un sueño.

—Sí

susurró.

— Por favor, sí.

Entré en ella despacio. Con la misma lentitud de aquella primera noche, saboreando cada centímetro, cada gemido, cada pequeño espasmo de su cuerpo. Ella estaba húmeda, caliente, dispuesta. Me recibió como si hubiera estado esperándome toda la vida.

Cuando estuve dentro de ella hasta el fondo, me quedé quieto un momento. Solo sintiéndola. Solo siendo uno con ella.

—Abrázame

susurró.

— No te vayas.

—Nunca

respondí, y lo decía en serio.

— Nunca me iré.

Comencé a moverme. Lentamente al principio, embestidas profundas que la hacían gemir con cada movimiento. Sus uñas se clavaban en mi espalda, sus piernas me rodeaban la cintura, su boca buscaba la mía una y otra vez.

—Eres perfecta

le dije, mientras aceleraba el ritmo.

— ¿Me oyes? Perfecta.

—No...

intentó negar, pero la callé con un beso.

—Sí. Lo eres. Tus caderas, tus pechos, tu piel... todo en ti es perfecto. Y eres mía. Solo mía.

Sus gemidos se volvieron más altos, más desesperados. Sentí que se acercaba, sentí su cuerpo tensarse alrededor del mío.

—Ven conmigo

ordené, sin dejar de moverme.

— Ven ahora.

Y ella se rompió. Gritó mi nombre. Se estremeció bajo mi cuerpo en oleadas de placer que me arrastraron con ella. Y yo, sintiéndola apretarme, sentirla, ser parte de ella, me derramé en su interior con un gruñido que salió de lo más profundo de mi ser.

La noche fue larga.

Nos amamos una vez, y otra, y otra. Cada vez más lento, más profundo, más desesperado. Entremedio, le susurraba cosas al oído. Que era hermosa. Que era mía. Que nunca, nunca, dejaría que nadie más la tocara.

Ella respondía a cada palabra con gemidos, con caricias, con besos. En su mente borrosa por el alcohol y el placer, éramos solo un sueño.

Pero yo sabía la verdad.

Y esa verdad me quemaba.

Cuando el cielo comenzó a clarear, cuando los primeros rayos de sol se colaron por la cortina, ella por fin cayó en un sueño profundo. Exhausta. Satisfecha. Hermosa.

Me quedé mirándola un largo rato. El rostro relajado, los labios hinchados de besos, la piel marcada por mis caricias, mis mordidas, mi deseo. Quería quedarme. Quería despertar con ella. Quería mirarla a los ojos cuando descubriera que no había sido un sueño, que había sido real, que el hombre que la amaba era yo.

Pero no podía.

Todavía no.

Si despertaba y me veía, si recordaba todo, si unía los puntos... podría odiarme. Podría pensar que me había aprovechado, que había planeado todo, que era tan miserable como mi hermano.

No podía arriesgarme.

Con el corazón partido, me levanté de la cama. Recogí mi ropa del suelo y volví a ella.

Me incliné sobre ella y besé su frente con una suavidad infinita.

—Eres mía, Romina

susurré.

— Aunque no lo sepas. Aunque no lo recuerdes. Eres mía. Y lo serás siempre.

Ella sonrió en sueños, como si hubiera escuchado.

Salí de su habitación, cerrando la puerta con cuidado. y me deje caer en mi cama.

Y yo, Geovanny Valverde, el hombre que lo tenía todo pero nada valía sin ella.

Sabía que este juego no podía durar para siempre.

Sabía que pronto tendría que elegir.

continuara...

1
Marcela Moro
te Felicito autora me encanto🥰
Ecodiseño
muy bonita historia felicidades escritora bendiciones
María Victoria Yanicelli
muy bonita 😊
Belkis Sioli
es lo que digo, no se conocen y ya le encajaron un hijo, después ya no es lo mismo😒😒💔💔💔
ʚ֟፝֟፝ɞ Ҡվօҟօ ට.φ ʚ֟፝֟፝ɞ: 🤭sigue leyendo 🫣
total 1 replies
Ecodiseño
no se porque algunas lectoras hacen comentarios tan desagradables estamos leyendo una historia
Belkis Sioli
no , no te mintió, te ocultó, pregunto, era necesario el embarazo???
Belkis Sioli
apúrate Giovanny porque estás aburriendo demasiado
Belkis Sioli
ella una tarada importante y el dice amarla tanto y no se cuido, va a quedar embarazada y de quien va a ser??? seguramente del espíritu santo.
Belkis Sioli
o sea, a él le gustó que para ella sea la primera vez, pero él no perdió el tiempo, no es justo 😒😒😒💔💔💔💔
Belkis Sioli
cuando aparece el protagonista, hasta ahora parece un monólogo 😒
Stella Maris Piray
Hermosa historia gracias escritora por compartirla 🥰💯💯💯♥️♥️
Isela Aguirre
hermosa novela felicidades autora me fascinó saludos
Isela Aguirre
bellisimo capítulo 🥰excelente
Isela Aguirre
excelente novela autora felicidades que bueno que su mamá le dio su apoyo y está con ella
Isela Aguirre
excelente novela autora felicidades 💘🥰
Josefina Giovanna Distefano
AVECES TENES QUE TOMAR LA DECISIÓN, Y LA VIDA SE COLOCA A TU FABOR
Josefina Giovanna Distefano
El caballero que se llevó su regalo es " LEON"
Bernarda Velozo
Escritora tu novela es maravillosa disfrute cada capitulo al máximo porque amo leer y más cuando son tan cautivadoras las historias ... muchas felicidades por hacer magia al escribir 🫰 espero poder disfrutar de más novelas tuyas 🙏
Maria Garcia
me encantó su novela
Gladys Maria Hernandez
Donde se desarrolla la trama, no se gradúan con togas?
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