Ella es una policía que trabaja en una cárcel. Después de morir, ella reencarna en una joven maga quien en sueños ve como muere, así que despierta decidida a cambiar su destino y a cobrar venganza.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mansion Belmont 3
Cuando finalmente terminó el banquete en la mansión Belmont, los invitados comenzaron a retirarse poco a poco.
Adrian acompañó a Circe hasta la puerta de la habitación que le habían preparado.
Ella caminaba a su lado con una sonrisa tranquila, pero él ya la conocía lo suficiente para notar que algo había cambiado.
Desde que había visto a Lord Root, Circe estaba diferente.
Más silenciosa.
Más alerta.
Como si estuviera pensando demasiado.
Al llegar frente a la puerta, Adrian se detuvo.
—Me gustaría entrar y acompañarla.
Circe lo miró de reojo.
Una sonrisa coqueta apareció en sus labios.
—Todavía no hago la poción.
Adrian frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué poción?
Circe sonrió.
Se acercó a él y le dio un pequeño beso en la comisura de los labios.
—Buenas noches, Adrian.
Él la miró con una mezcla de diversión y curiosidad.
—Eso no responde mi pregunta.
—Lo sé.
Adrian soltó una risa.
Antes de que ella entrara, tomó suavemente su mano.
—He dejado guardias de los Vanderbilt afuera de su puerta.
Circe lo miró sorprendida.
—¿Guardias?
—Sí.
—Adrian, sé cuidarme.
—Lo sé.
Él levantó una mano y acarició suavemente su rostro.
—Es para que yo pueda estar tranquilo.
Circe lo observó.
Adrian sonrió.
—Hay demasiados hombres solteros sueltos en esta mansión.
Ella soltó una pequeña risa.
—¿Celoso?
—Preocupado.
—Claro.
Adrian sonrió.
Circe negó con la cabeza, divertida.
—Buenas noches.
—Buenas noches, Circe.
Ella entró en la habitación.
Pero cuando cerró la puerta, su sonrisa desapareció lentamente.
Aquella noche soñó.
Volvió a ver la mansión Root.
Pero esta vez no recordó primero el veneno.
Ni las manos.
Ni la muerte.
Recordó algo mucho peor.
La esperanza.
La otra Circe había llegado a aquella mansión con el corazón acelerado.
Había pensado que finalmente había encontrado a su padre.
Había imaginado que quizás él se arrepentiría.
Que quizás la reconocería.
Que quizás podría llamarlo padre sin sentir vergüenza.
Había entrado creyendo que, por fin, pertenecía a algún lugar.
Y aquella ilusión...
Aquella fue la parte que más dolió.
Porque antes de que le rompieran el cuerpo, le habían roto el corazón.
Recordó la expresión de aquella joven cuando comprendió que Lord Root jamás había querido aceptarla.
Recordó cómo lo miraba.
Como una hija buscando desesperadamente una señal de cariño.
Y recordó el momento exacto en que aquella esperanza murió.
Después vino el veneno.
La desesperación.
Los gritos.
La magia.
Las manos.
La risa.
Circe despertó antes del amanecer.
Se incorporó bruscamente.
Respiraba con dificultad.
Durante unos segundos no supo dónde estaba.
Después miró alrededor.
La elegante habitación.
Las cortinas.
Los muebles.
La cama.
[Estoy aquí.]
Se llevó una mano al pecho.
[Estoy viva.]
Pero aquella mañana no pudo pensar en entrenar.
Ni siquiera estaba en su propia mansión.
Era una invitada en Belmont.
Así que decidió caminar.
Apenas salió de la habitación, uno de los guardias la vio.
—Lady Circe.
—Solo voy a caminar.
—Avisaré al duque.
Circe suspiró.
—Por supuesto que lo hará.
El guardia sonrió tímidamente y se retiró.
Minutos después, Adrian apareció.
—¿No podía dejarme dormir un poco más?
Circe lo miró.
—No era necesario que viniera.
—Me dijeron que había salido sola.
—Solo quería caminar.
Adrian la observó durante unos segundos.
Después caminó a su lado.
—Entonces caminaré con usted.
Circe no protestó.
Los jardines de la mansión Belmont estaban tranquilos a esa hora.
Caminaron durante varios minutos.
Adrian no la presionó.
No le preguntó qué había soñado.
No le preguntó qué había ocurrido con Lord Root.
Simplemente permaneció a su lado.
Hasta que habló.
—Algunos de mis socios desayunarán esta mañana en el salón principal.
Circe levantó la mirada.
—¿Quiénes?
Adrian mencionó algunos nombres.
Y finalmente..
—Lord Root.
Circe se tensó.
Solo un instante.
Pero Adrian lo vio.
Otra vez.
Aquella reacción.
[Definitivamente hay algo.]
Adrian decidió no insistir.
—Podríamos volver a la mansión Vanderbilt.
Circe lo miró.
—¿Por qué?
—Hay demasiadas personas aquí.
Ella sonrió.
—¿Otra vez celoso?
—Siempre preocupado.
Circe soltó una pequeña risa.
Pero justo entonces Adrian miró hacia uno de los senderos.
Un joven soldado de la casa Belmont estaba observando a Circe.
Embobado.
Completamente fascinado.
Circe siguió la dirección de la mirada de Adrian.
Lo vio.
Después miró al duque.
Y sonrió.
Adrian fulminó al joven con la mirada.
El soldado pareció recordar de repente que tenía algo muy importante que hacer en otra parte.
Se marchó rápidamente.
Circe tuvo que contener la risa.
—Pobre muchacho.
—Aprenderá.
—No hiciste nada.
—No fue necesario.
Ella negó con la cabeza.
[Definitivamente es territorial.]
Y, para su desgracia, le encantaba.
Después desayunaron juntos.
Adrian conversó con algunos de sus socios mientras Circe permanecía a su lado.
Ella intentaba mantener la normalidad.
Pero cada vez que alguien mencionaba negocios relacionados con Root, sentía aquella tensión regresar.
Finalmente llegó el momento de despedirse.
Subieron al carruaje.
Esta vez, el viaje fue diferente.
No hubo tantas bromas.
Circe permaneció en silencio, mirando por la ventana.
Los paisajes pasaban lentamente.
Adrian la observó.
Sabía que algo estaba atormentándola.
Pero tampoco quería obligarla a hablar.
Así que simplemente se acercó.
Pasó un brazo alrededor de ella.
Circe no se apartó.
Al contrario.
Se dejó caer suavemente contra él.
Adrian comenzó a acariciarle el cabello.
Después su espalda.
Circe cerró los ojos.
Durante unos minutos no existieron los Root.
Ni la venganza.
Ni el pasado.
Solo estaba allí.
En el carruaje.
Con Adrian.
Sintiendo el calor de sus brazos.
Sus caricias eran tranquilas, sin exigencias.
Y aquello le permitió respirar nuevamente.
[Quizás...]
Apoyó un poco más la cabeza contra su pecho.
[Quizás puedo permitirme esto.]
Adrian no dijo nada.
Simplemente continuó abrazándola.
Circe cerró los ojos.
Y por primera vez desde que había visto a Lord Root...
Su corazón dejó de sentirse como si estuviera preparándose para una batalla.