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Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Telepatía
Popularitas:10.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Ximena Blanco solo debía cumplir una misión: ocupar el lugar de su hermana gemela, casarse con Cristian Montalvo y aguantar el papel de esposa perfecta hasta que pudiera desaparecer con el dinero prometido.
El problema era Cristian.
Frío, rico, impecable y peligrosamente guapo, el heredero Montalvo parecía hecho para arruinarle la concentración. Ximena sonreía como una dama obediente, servía café, bajaba la mirada y fingía no sentir nada.
Pero por dentro era otra historia.
Ay, no. Ese hombre debería traer advertencia. Con esa camisa, esos hombros y esa cara de hielo, una mujer honesta pierde la dignidad.
Lo que Ximena no sabe es que Cristian puede escuchar cada pensamiento suyo.
Cada queja. Cada insulto. Cada fantasía vergonzosa sobre tocarle el pecho, quitarle la corbata o verlo perder el control por ella.
Al principio, Cristian solo quiere descubrir quién es en realidad esa mujer que finge ser tranquila mientras su mente arde sin descanso. Pero cuanto más la escucha, más le cuesta mantenerse lejos. La esposa falsa empieza a parecerle demasiado real. Sus pensamientos indecentes empiezan a gustarle demasiado. Y el hombre que juró no enamorarse termina obsesionado con la única mujer que no puede mentirle por dentro.
Pero Ximena guarda un secreto más peligroso que sus deseos: ella no es la novia que Cristian debía recibir en el altar.
Cuando la verdad salga a la luz, el matrimonio falso, la pasión escondida y todos los pensamientos que nunca debieron escucharse podrían destruirlos... o volver imposible que se separen.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21

Capítulo 21: El accidente

Tres semanas después, Cristian descubrió que la tranquilidad también podía ser sospechosa.

Motita había aprendido a subir al sofá sin permiso. Adriana seguía enviando regalos a Ximena con la naturalidad de quien financiaba una campaña presidencial. Joaquín se había cansado, al menos en apariencia, de preguntar si Cristian estaba enamorado. Y Ximena, por algún milagro doméstico, había pasado varios días sin incendiarle la agenda.

Eso, por supuesto, no podía durar.

La última vez que Cristian la había visto esa mañana, Ximena estaba en el comedor intentando convencer a Motita de que la correa no era un instrumento de tortura.

—Caminar es bueno para tu salud —le decía al cachorro.

Motita se había tirado de panza sobre el piso.

—Mira, somos iguales —había murmurado Cristian al pasar—. Los dos se resisten a salir si no les conviene.

Ximena levantó la vista con una sonrisa demasiado dulce.

—Tú sales todos los días.

—A trabajar.

—Exacto. Por eso estás tan amargado.

*Y tan guapo en camisa clara. Qué desperdicio que el hombre vaya a juntas en vez de quedarse aquí para que yo le enseñe a Motita a no morder calcetines y a su dueño a quitarse la corbata con más lentitud.*

Cristian había seguido caminando con el café en la mano, fingiendo que no había oído nada.

Esa normalidad tonta le regresó a la memoria más tarde, en el salón de té, justo antes de que sonara el teléfono.

Esa tarde, Cristian estaba en un salón de té privado con Joaquín y Mauricio. El lugar pertenecía a un hotel discreto de Polanco, con sillones grises, tazas de porcelana y ventanas que daban a un jardín interior. Era el tipo de sitio donde la gente rica fingía descansar mientras hacía negocios con la mirada.

Mauricio llevaba gorra, lentes oscuros y una sudadera demasiado cara para alguien que decía querer pasar desapercibido.

—Voy a ver a una vidente —anunció, como si hablara de cambiar de entrenador físico.

Joaquín dejó la taza en el plato.

—¿Perdón?

—Una vidente. Muy recomendada. Dicen que lee energías, destinos, amores pasados, futuros y deudas emocionales.

—Entonces te va a cobrar doble —dijo Joaquín.

Mauricio lo ignoró.

—Quiero saber si el próximo álbum pega.

Cristian alzó apenas la ceja.

—Podrías preguntar al equipo de mercado.

—Ellos no usan incienso.

—Una pérdida grave.

Mauricio se inclinó hacia él.

—Vienes conmigo.

—No.

—¿Por qué no? Desde que regresaste de Phuket traes cara de haber visto algo raro.

Cristian sostuvo la taza unos segundos.

Phuket.

El collar de hilo rojo. La mujer anciana del puesto escondido entre templos y turistas. La frase que él había descartado como teatro barato: "lo que no quieras escuchar será lo primero que te salve".

Luego Ximena, aquella primera noche, pensando cosas imposibles en la sala de su casa.

—No creo en videntes —dijo al fin.

Joaquín lo miró con interés.

—Eso sonó muy específico.

—Porque no creo.

Mauricio sonrió.

—Perfecto. Entonces ven para burlarte.

Cristian estaba a punto de responder cuando su celular vibró.

Ximara.

El nombre en la pantalla le tensó algo en el pecho antes de que entendiera por qué.

Contestó.

—¿Qué pasó?

Al otro lado, la voz de Ximena llegó con ruido de tráfico y respiración cortada.

—Cristian...

Él se puso de pie.

Joaquín y Mauricio dejaron de sonreír.

—¿Dónde estás?

—En Reforma, cerca de la glorieta. Choqué. No fue grave, pero... me duele mucho la pierna.

La taza quedó sobre la mesa sin que Cristian recordara haberla soltado.

—No te muevas.

—Estoy sentada.

—Mándame ubicación.

—Ya la mandé.

—Voy para allá.

Colgó y tomó las llaves.

Joaquín se levantó.

—Voy contigo.

—No.

—Cristian...

—Quédate. Si necesito algo, llamo.

Mauricio se quitó los lentes.

—¿Está bien?

—No lo sé.

La respuesta salió demasiado seca.

Quince minutos después, el auto de Cristian se detuvo a unos metros del accidente. Había dos vehículos junto a la banqueta: el Ferrari rosa viejo de Ximena, con el frente raspado y una defensa hundida, y una camioneta gris atravesada de mala manera. Un agente de tránsito hablaba por radio. Varias personas miraban con esa curiosidad inútil que aparece alrededor de cualquier choque.

Ximena estaba sentada sobre el borde de la banqueta.

Tenía el cabello suelto, la falda arrugada y una mano sobre el tobillo. Su rostro estaba pálido, pero los ojos ardían.

Frente a ella, un hombre corpulento gesticulaba con furia.

—¡Claro, como traes cochecito caro, crees que la calle es tuya!

—Usted se metió sin ceder el paso —respondió Ximena, apretando los dientes—. Hay cámara en la esquina.

—No me vengas con amenazas, muñequita.

—No soy muñequita.

—Pues manejas como una.

Ximena apretó la mano sobre el tobillo hasta que los dedos se le pusieron blancos.

—Manejo mejor que usted. Por eso no tuve que invadir carril para sentirme importante.

Un par de curiosos soltaron una risa breve. El hombre se puso rojo.

—¿Te crees muy lista?

—Lo suficiente para saber que hay cámara, seguro y testigos.

*Y lo suficiente para no llorar hasta que llegue Cristian. Luego quizá lloro tantito. No por débil; por estrategia y porque el tobillo está haciendo cosas horribles.*

El hombre dio un paso hacia ella.

Ximena no retrocedió. No podía, pero tampoco quiso darle el gusto.

—Ni se le ocurra —dijo.

Cristian cerró la puerta de su auto.

El sonido fue suficiente para que el hombre mirara.

La expresión agresiva le duró medio segundo.

Cristian caminó hacia ellos con una calma que no tenía nada de calma.

—¿Qué le dijo?

Ximena levantó la cabeza.

—Cristian.

*Ay, llegó. Llegó con esa cara de destruir empresas y hombres groseros. Qué alivio. Qué guapo. No, concéntrate, mujer, te duele la pierna.*

Cristian se agachó frente a ella.

—¿Dónde te duele?

—El tobillo. Mucho.

—¿La cabeza?

—No.

—¿Pecho? ¿Espalda?

—No. Solo el tobillo.

El hombre de la camioneta intentó recuperar terreno.

—Ella venía rápido.

Cristian no se levantó. Solo giró la mirada.

—¿Le pregunté?

El hombre tragó saliva.

Ximena, aun con dolor, casi sonrió.

*Dios mío. Esa voz debería venir con advertencia sanitaria. Si no estuviera a punto de perder el pie, le pediría que repitiera "¿le pregunté?" más cerca.*

Cristian le sostuvo el tobillo con delicadeza, sin moverlo.

—Voy a llevarte al hospital.

—Primero el seguro.

—Julián se encargará.

—El agente...

—También.

—Cristian, puedo...

—No puedes caminar.

Ella abrió la boca.

La cerró.

El conductor agresor retrocedió cuando Cristian se puso de pie.

—Usted se queda aquí hasta que llegue mi equipo legal —dijo Cristian—. Y si vuelve a hablarle con una sola insinuación fuera de lugar, el choque será el menor de sus problemas.

—¿Me está amenazando?

—Le estoy dando una oportunidad de permanecer callado.

El agente de tránsito, que había reconocido el apellido en cuanto Cristian dio su nombre, se acercó con una prudencia nueva.

—Señor Montalvo, podemos tomar declaración después. Si la señora necesita atención médica...

—La llevo ahora.

Ximena intentó incorporarse.

El dolor le cruzó la cara.

*No llores. No frente al bruto. No frente a Cristian. Bueno, frente a Cristian quizá sí, pero solo si después te carga.*

Cristian la levantó en brazos antes de que terminara de fingir valentía.

—Oye...

—Silencio.

—No soy un costal.

—No pesas como uno.

*¿Eso fue un elogio? Me duele tanto que no puedo analizarlo. Pero qué brazos. Qué tragedia tener principios y tobillo inflamado al mismo tiempo.*

Cristian la llevó al auto.

Mientras la acomodaba en el asiento, Ximena evitó mirarlo a los ojos.

—Hay algo más —dijo.

Cristian se quedó quieto.

—¿Qué?

Ella tragó saliva, como si eligiera cada palabra entre piedras.

—Luego te digo.

La puerta quedó abierta entre ellos.

El ruido de la calle volvió de golpe: cláxones, radios, murmullos, el motor del Ferrari herido al fondo.

Cristian la miró, y la angustia se le transformó en una sospecha fría.

El accidente, entendió, no había terminado en la calle.

1
bruja de la imaginación 👿😇
me encanta esta historia
Carely Prieto
bonita narrativa, creativa y gran ingenio
Karina Sanabria
👏👏👏👏muy linda novela!! algo diferente
gracias pero por favor no tardes en subir nuevamente
Karina Sanabria
Dios mío que le pasa a este hombre!!! acaso no le gusta el sexo 🤭🤤🫠
Erika Durán
Hasta el momento
Muy bien,
Carely Prieto
😭 noooo, no seas malita, sube más capítulos 🥹 anda dí que si, anda siiiiiiii??!
wendy arrieta
Dios mio ella si sabe utilizar su mente jajajajajaa
Martha Mena Wong
Por dios me voy acabar las uñas esto se está poniendo peliagudo más capítulos muchas felicidades autora eres genial te atrapa desde el principio la novela bendiciones
Martha Mena Wong
Esto se está poniendo buenísimo por favor que no la idie cuando se entere de la verdad gracias más capítulos por favor está súper la historia
Martha Mena Wong
Noooooo me va a dar el mimisqui cuánto podrá fingir ser quien no debe ahora sí me va a dar algo😭😭😭😭
Martha Mena Wong
Santa cachucha ahora que hará se le junto el ganado jajajaja 🤭🤭🤭🤭
Martha Mena Wong
Celoso de el mismo que divertido genial 🤣🤣🤣🤣
Martha Mena Wong
Por dios esto está más entretenido que las estupidas novelas de la tele felicidades me encanta
Martha Mena Wong
Ajaja se le hizo por fin siiiiiiii
Martha Mena Wong
Ya el se ka imaginaba con lencería buen camino
Martha Mena Wong
Andele a ver si ahora le hace caso
Martha Mena Wong
jajajaja me encanta excelente novela
Martha Mena Wong
🤭🤭🤭🤭🤭🤭
Martha Mena Wong
jajajaja esto está genial imagínate que oigan tus pensamientos bueno si está buenorro yo también pienso cositas o cositas depende jijiji
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