Cuando Valentina Rojas, una joven fotógrafa que intenta reconstruir su vida después de una dolorosa traición, conoce a Alejandro Montenegro, un exitoso arquitecto marcado por secretos familiares, ninguno imagina que sus caminos terminarán unidos por el amor. Entre encuentros inesperados, malentendidos, rivales, sueños y sacrificios, deberán descubrir si el amor verdadero es capaz de superar cualquier obstáculo.
NovelToon tiene autorización de Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
una fotografía inesperada
La sala de reuniones parecía más pequeña desde que Alejandro había entrado.
Valentina intentó concentrarse en los documentos que llevaba consigo, pero cada vez que levantaba la vista se encontraba con los ojos grises del arquitecto observándola con una atención que la ponía nerviosa.
No era una mirada incómoda.
Era algo distinto.
Algo que despertaba sensaciones que creía haber enterrado.
Alejandro tomó asiento frente a ella.
—Entonces, ¿vas a hacer un reportaje sobre nuestro proyecto?
—Sí. La revista quiere dedicar un artículo especial al impacto que tendrá en la ciudad.
—Espero que seamos interesantes.
—Por lo que he leído, lo son.
Una sonrisa apareció en los labios de Alejandro.
—Eso es un alivio.
Valentina abrió su libreta.
—¿Podemos empezar?
—Por supuesto.
Durante la siguiente hora hablaron sobre arquitectura, urbanismo y los cambios que el proyecto traería a varios sectores de la ciudad.
Alejandro explicaba cada detalle con pasión.
Y aquello sorprendió a Valentina.
La mayoría de las personas exitosas hablaban de dinero, reconocimiento o poder.
Alejandro hablaba de las personas.
De los parques donde jugarían los niños.
De los espacios culturales.
De las oportunidades que surgirían para cientos de familias.
Había una sinceridad en sus palabras que resultaba difícil de ignorar.
Cuando la entrevista terminó, Valentina cerró su libreta.
—Gracias por tu tiempo.
—Ha sido un placer.
Ella tomó la cámara que descansaba junto a la mesa.
—Ahora necesito algunas fotografías para acompañar el artículo.
—Perfecto.
Alejandro se levantó.
—Te mostraré las instalaciones.
Mientras recorrían el edificio, Valentina tomaba fotografías de oficinas, maquetas y equipos de trabajo.
La empresa era impresionante.
Todo funcionaba con precisión.
Pero más impresionante era la forma en que los empleados reaccionaban al ver a Alejandro.
Lo saludaban con respeto.
Y también con afecto.
Él conocía nombres.
Preguntaba por familias.
Escuchaba problemas.
No parecía un jefe distante.
Parecía alguien que realmente se preocupaba.
—Tus empleados te aprecian mucho —comentó ella.
Alejandro la observó.
—Intento tratarlos como me gustaría que me trataran.
—No todos los empresarios piensan así.
—Lo sé.
Hubo algo en su voz que sonó triste.
Valentina quiso preguntar más, pero decidió no hacerlo.
Todavía eran prácticamente desconocidos.
Llegaron finalmente a una amplia terraza ubicada en el último piso.
Desde allí podía verse gran parte de la ciudad.
El paisaje era espectacular.
Valentina levantó la cámara de inmediato.
—Esto es increíble.
—Es mi lugar favorito.
—Puedo entender por qué.
Durante varios minutos tomó fotografías del horizonte.
Las montañas.
Los edificios.
Las calles.
La luz dorada de la tarde.
Era perfecto.
Entonces ocurrió algo inesperado.
Mientras revisaba el encuadre de una imagen, Alejandro se acercó a la baranda.
El viento movió ligeramente su cabello oscuro.
La luz del atardecer iluminó su rostro.
Y durante un instante pareció completamente ajeno al mundo.
Pensativo.
Vulnerable.
Humano.
Valentina actuó por instinto.
Presionó el obturador.
Click.
El sonido llamó la atención de Alejandro.
Él giró la cabeza.
—¿Me tomaste una fotografía?
Valentina bajó la cámara.
—Lo siento.
—¿Por qué te disculpas?
—No suelo fotografiar personas sin permiso.
Alejandro extendió la mano.
—Déjame verla.
Valentina dudó.
Luego le mostró la pantalla.
El silencio se instaló entre ambos.
Alejandro observó la imagen durante varios segundos.
Era una fotografía sencilla.
Pero transmitía algo especial.
Algo real.
Finalmente levantó la vista.
—Nunca me había visto así.
—¿Así cómo?
—Como realmente soy.
Valentina sintió un escalofrío.
Aquellas palabras habían salido de su boca con absoluta sinceridad.
—Solo capturé un momento.
—No.
Alejandro negó suavemente.
—Capturaste algo más.
Sus miradas se encontraron.
Y durante unos segundos ninguno dijo nada.
Algo estaba cambiando entre ellos.
Algo silencioso.
Algo imposible de ignorar.
Esa noche, cuando Valentina regresó a casa, descargó todas las fotografías en su computadora.
La mayoría eran excelentes.
Pero una llamó inmediatamente su atención.
La fotografía de Alejandro.
La abrió en pantalla completa.
Y volvió a observarla.
Había tristeza en aquellos ojos.
Una tristeza profunda.
Como si estuviera cargando un peso invisible.
—¿Qué te pasó? —susurró.
Por supuesto, la imagen no respondió.
Sin embargo, la pregunta permaneció en su mente.
No podía evitar sentir curiosidad.
No por el empresario exitoso.
No por el arquitecto famoso.
Sino por el hombre detrás de todo eso.
El hombre que parecía esconder cicatrices que nadie más veía.
Mientras tanto, Alejandro se encontraba en una elegante casa ubicada en una exclusiva zona residencial.
Su madre, Elena Montenegro, estaba sentada en el salón principal leyendo un libro.
Cuando lo vio entrar, sonrió.
—Llegas tarde.
—Fue un día largo.
—¿Todo bien?
Alejandro dejó las llaves sobre una mesa.
—Sí.
Elena cerró el libro.
Lo conocía demasiado bien.
—Mientes terrible.
Él soltó una pequeña risa.
—¿Tan evidente soy?
—Para mí, sí.
Alejandro se sentó frente a ella.
Durante algunos segundos permaneció en silencio.
Luego habló.
—Conocí a alguien.
La sonrisa de Elena se amplió.
—Por fin.
—No exageres.
—Han pasado años desde que te interesaste por una mujer.
Alejandro bajó la mirada.
—Lo sé.
—¿Cómo se llama?
—Valentina.
Elena observó el brillo que apareció en los ojos de su hijo al pronunciar aquel nombre.
Y comprendió inmediatamente que aquello era importante.
Muy importante.
—¿Te gusta?
Alejandro pensó en la respuesta.
Recordó su sonrisa.
Su pasión por la fotografía.
La forma en que lo observaba sin admiración exagerada ni interés por su dinero.
Simplemente como una persona.
—Sí —admitió finalmente.
Elena sonrió.
—Entonces no la dejes escapar.
Al día siguiente, Valentina recibió una llamada inesperada.
Era Laura.
—Necesito que vengas a mi oficina.
—¿Ocurrió algo?
—Solo ven.
La voz sonaba extrañamente emocionada.
Valentina llegó veinte minutos después.
Encontró a Laura revisando varios documentos.
—¿Qué sucede?
Laura levantó la mirada.
—Tenemos una oportunidad enorme.
—¿Qué clase de oportunidad?
—La ciudad organizará una exposición artística dentro de tres meses.
—¿Y?
—Han solicitado a la revista una fotógrafa para realizar una colección exclusiva.
Valentina sintió curiosidad.
—¿Quién la realizará?
Laura sonrió.
—Tú.
Ella quedó inmóvil.
—¿Hablas en serio?
—Completamente.
—Pero hay fotógrafos con mucha más experiencia.
—Tal vez.
Laura se levantó.
—Pero ninguno tiene tu mirada.
Valentina sintió que el corazón le latía con fuerza.
Era el proyecto más importante de su carrera.
—Acepto.
—Sabía que dirías eso.
Ambas sonrieron.
Sin embargo, Laura aún no había terminado.
—Hay un detalle más.
—¿Cuál?
—La exposición será financiada por Montenegro Arquitectos.
Valentina parpadeó.
—¿La empresa de Alejandro?
—Exactamente.
El nombre volvió a provocar aquella extraña sensación en su interior.
Laura arqueó una ceja.
—¿Lo conoces?
—Lo entrevisté hace poco.
—Entonces tendrán que trabajar juntos durante varios meses.
Valentina intentó parecer tranquila.
—No será un problema.
Pero cuando salió de la oficina, una sonrisa apareció en sus labios.
Porque, por alguna razón, la idea de volver a ver a Alejandro no le parecía un problema en absoluto.
Esa misma tarde recibió un mensaje desconocido.
Lo abrió con curiosidad.
"Espero que no te moleste que haya conseguido tu número. Quería avisarte que vi la fotografía que tomaste en la terraza."
Valentina sintió inmediatamente que su corazón se aceleraba.
Alejandro.
Continuó leyendo.
"Y quería darte las gracias. Es probablemente la fotografía más honesta que alguien me ha tomado."
Ella sonrió.
Después de unos segundos escribió una respuesta.
"Me alegra que te haya gustado."
La respuesta llegó casi de inmediato.
"¿Te gustaría tomar un café mañana?"
Valentina observó la pantalla.
Una simple pregunta.
Nada complicado.
Nada extraordinario.
Y sin embargo, aquella invitación parecía abrir una puerta hacia algo completamente nuevo.
Durante mucho tiempo había evitado acercarse a cualquier hombre.
Había protegido cuidadosamente su corazón.
Pero esta vez era diferente.
Porque por primera vez en mucho tiempo no sentía miedo.
Sentía emoción.
Una emoción suave.
Esperanzadora.
Y mientras observaba el mensaje, comprendió que estaba sonriendo.
Una sonrisa que nacía desde lo más profundo de su corazón.
Finalmente escribió:
"Sí. Me encantaría."
Y sin saberlo, acababa de dar el primer paso hacia una historia que cambiaría sus vidas para siempre.