Se dice que existe una Primera Dimensión, el origen y el punto de unión de todas las demás. Un lugar donde los límites entre mundos se quiebran y nuevas realidades nacen, incluso en la era moderna, cuando la humanidad cree haber dejado atrás a los dioses. Mi nombre es EAU VITALE.Soy la última creación de la Diosa de la Nada, también llamada la Primera Diosa.
Fui la última humana que suplicó por su vida antes de ser asesinada por tres seres sobrenaturales que se proclamaron superiores incluso a los propios dioses. Pero la muerte no fue mi final. Como me dijo la diosa al rescatarme: la vida es un ciclo… y la reencarnación también. Mi reencarnación no es común. No regreso como humana. Renazco dentro de distintos seres sobrenaturales, una y otra vez, con el mismo propósito: equilibrar el poder que fue devuelto a estas criaturas cuando los dioses, desesperados, rogaron por la supervivencia de sus creaciones.
Soy el equilibrio entre dimensiones.
La consecuencia de la soberbia divina.
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Capítulo 2: La pequeña heredera de MoonBlack
Capítulo 2: La pequeña heredera de MoonBlack
—¡Bella, corre más rápido, tú puedes! —gritaba Rafael, mi hermano de quince años, mientras avanzaba delante de mí entre los senderos del bosque.
—¡Vamos Bella, no bajes el ritmo! —añadió Andy, mi segundo hermano de trece años.
Mi nombre es Bella Gros Warren. Tengo el cabello plateado como la luz de la luna, piel clara y ojos grises que, según mi madre, heredé de una antigua antepasada de nuestra sangre. Soy hija del alfa Vicente Gros y de la luna Andrea Warren, los líderes de la poderosa manada MoonBlack.
Nuestra manada vivía escondida entre montañas cubiertas por bosques eternos. El pueblo principal parecía salido de un cuento antiguo: enormes casas de madera oscura iluminadas por faroles cálidos, puentes cruzando ríos cristalinos y cascadas rodeando el territorio. En el centro se alzaba la residencia alfa, una construcción majestuosa que dominaba todo el valle como un castillo nacido de la naturaleza misma.
MANADA MOONBLACK.
Mi padre imponía respeto con solo aparecer. Era alto, de cabello negro azabache y ojos fríos como la noche. Su presencia era dominante, oscura y elegante, como un rey creado para gobernar. Siempre vestía de negro, y aunque muchos le temían, para mí era simplemente papá… el hombre que me cargaba sobre sus hombros cuando me cansaba.
Vicente Gros- Alfa de la manada moonblack.
Mi madre era completamente distinta. Andrea Warren poseía una belleza suave y casi irreal. Su largo cabello plateado caía en gruesas trenzas sobre sus hombros, y sus ojos azul hielo parecían capaces de congelar el alma de cualquiera. Pero conmigo siempre era cálida, protectora y amorosa… demasiado protectora.
Andrea Warren- luna de la manada moonblack.
Los jóvenes que no dejaban de gritarme eran mis hermanos mayores.
Rafael tenía el cabello dividido entre negro y blanco, una extraña mezcla heredada de nuestros padres. Aunque normalmente era serio frente a los demás, conmigo se comportaba como un niño travieso. Me consentía demasiado y siempre terminaba metiéndome en problemas.
Andy, en cambio, tenía el cabello completamente oscuro como el de papá. Era más estricto y reservado. Siempre me delataba cuando hacía algo indebido, pero también era el más sobreprotector después de mamá.
Aunque… siendo sincera, nadie superaba a mi madre.
A veces sentía que me asfixiaba con tantos cuidados.
Y últimamente era peor.
Todo porque, a diferencia de otros niños de mi edad, yo no mostraba ningún signo de ser una mujer lobo.
Era extraño. Tenía diez años y era más pequeña que los demás niños. A esa edad, la mayoría comenzaba a despertar algunas habilidades: mejor olfato, visión nocturna, resistencia o una ligera capacidad de curación.
No despertábamos todo de golpe.
La primera transformación normalmente ocurría entre los dieciséis años en adelante… salvo en casos especiales.
Como mis padres.
Papá había obtenido a su lobo, Altair, a los quince años. Su forma era gigantesca, un lobo negro de más de trece metros, majestuoso y aterrador. Todavía recordaba el día en que se transformó para llevarme a recorrer los territorios de MoonBlack. Sentada sobre su enorme espalda, me sentí la niña más feliz del mundo.
Mamá también despertó a Naylam a los quince años. Su loba era completamente blanca, elegante y poderosa, con un pelaje tan suave que parecía nieve viva.
Por eso todos estaban preocupados conmigo.
Ni siquiera había despertado un sentido del olfato más agudo.
—¡Bella, no te distraigas y corre! ¡Tú puedes! —gritó Rafael nuevamente.
Mis piernas temblaban.
Esto es una locura… ya no puedo más…
Intenté seguir corriendo, pero el cansancio venció a mi cuerpo. Antes de caer al suelo, sentí unos brazos fuertes y cálidos atraparme con cuidado.
El aroma familiar de bosque y lluvia me envolvió al instante.
Papá.
No quería abrir los ojos. Estaba demasiado cansada.
Sin embargo, escuché la voz enfadada de mamá resonando cerca.
—¿Cómo pudieron permitir que mi hermosa y delicada Bella se exigiera de esa manera? —regañó furiosa.
Abrí lentamente los ojos.
Frente a mí estaban papá, Rafael y Andy… los tres de rodillas y con la cabeza agachada mientras mamá los reprendía.
—¿Acaso ninguno piensa? ¡Y tú, Vicente! —dijo señalando a mi padre.
Ver al gran alfa de MoonBlack siendo regañado como un cachorro me dio un poco de pena.
Antes de que mamá continuara, tiré suavemente de su manga.
—Mamá…
Ella volteó de inmediato. Toda la dureza de su rostro desapareció al escucharme.
—Mi pequeña Bella… —susurró sonriendo con ternura.
Y en ese momento entendí algo.
Esta era mi familia.
Mi manada.
Mi hogar.
Y no la cambiaría por nada del mundo.