Un joven sufre un accidente automovilístico después de una noche Que se borracha porque pierde la mujer que amaba y queda en coma durante dos años. En el hospital, una doctora se encarga de su cuidado diario y nunca pierde la esperanza de que despierte.
Con el tiempo, su dedicación crea un vínculo especial entre ambos, más allá de lo médico. Cuando el chico finalmente despierta, comienza una nueva etapa de recuperación donde poco a poco ambos descubren que lo que los une se convierte en amor.
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Capítulo 3: Cuando el silencio pesa más que la comida
Salí de la oficina con el pecho apretado.
La casa seguía igual de grande, igual de lujosa… pero para mí ya no significaba nada. Cada paso por el pasillo sonaba como si estuviera caminando dentro de un lugar que no me pertenecía.
Subí las escaleras directo a mi habitación.
Pero antes de llegar, la empleada me llamó desde abajo.
—“Joven… ¿va a comer?”
Me detuve un segundo en las escaleras. Ni siquiera tenía ganas de responder fuerte.
—“No… tranquila. No tengo hambre.”
Seguí subiendo sin mirar atrás.
Entré a mi cuarto, cerré la puerta despacio y me quedé ahí parado unos segundos. El silencio otra vez. Ese mismo silencio que ya me estaba acompañando demasiado.
Me tiré en la cama y me quedé mirando el techo.
Sentía rabia… pero también vacío.
No era solo la pelea.
Era todo.
El hecho de sentir que vivía en una casa enorme, pero sin nadie que realmente me viera.
Respiré hondo… y saqué el celular.
Busqué su contacto.
Mi novia.
No me gusta presumirla ni andar publicando cosas. Ella es de esas personas que prefiero mantener cerca, sin show, sin redes, sin nada. Solo nosotros.
La llamé.
Sonó dos veces.
—“Hola amor… ¿qué pasó?” —respondió ella suave, como siempre.
Y apenas escuché su voz, algo dentro de mí bajó un poco la presión.
—“Estoy… mal” —le dije directo.
—“¿Qué pasó?” —preguntó ella, más seria ahora.
Me quedé unos segundos en silencio.
—“Me peleé con él otra vez.”
Ella entendió de una.
—“¿Con tu papá?”
—“Sí…”
Se hizo un pequeño silencio del otro lado.
—“Cuéntame, estoy aquí contigo.”
Y ahí empecé.
—“Es que… yo ya no puedo con eso. Es siempre lo mismo. Él nunca está. Llega, trabaja, se encierra… y yo soy como invisible en la casa.”
Ella me escuchaba sin interrumpir.
—“Hoy llegué de la universidad y ni me miró. Ni un saludo. Y cuando intenté hablarle… todo terminó en pelea.”
Se escuchó su respiración suave.
—“¿Y qué te dijo?” —preguntó ella.
—“Lo de siempre… que está ocupado, que hace lo que puede, que es por mi futuro.”
Me reí sin ganas.
—“Pero yo no quiero futuro si no tengo presente, ¿me entiendes?”
Ella bajó la voz.
—“Sí te entiendo…”
Yo seguí, ya más soltando todo.
—“Yo vivo en una casa gigante, pero me siento solo. Es como si yo no existiera para él. Solo existo cuando hay que hablar de negocios o de responsabilidades.”
Hubo silencio unos segundos.
—“Amor…” —dijo ella suave— “te estás cargando muchas cosas.”
Cerré los ojos.
—“Es que no sé qué hacer ya.”
Ella habló con calma.
—“Escúchame… respira un poquito. No te ahogues en eso.”
Yo me quedé callado.
Y ella siguió.
—“Tú no eres el problema. No eres menos por sentirte así. Solo estás cansado de no sentirte visto.”
Eso me pegó fuerte.
Tragué saliva.
—“Es que a veces siento que no soy suficiente… o que no le importo.”
Ella negó con la voz.
—“No digas eso.”
—“Es la verdad…”
—“No. Es lo que estás sintiendo en este momento, pero no es la verdad completa.”
Me quedé en silencio.
Ella continuó:
—“Tú eres una buena persona. Estudias, te esfuerzas, tienes tus cosas claras… pero estás viviendo en un lugar donde emocionalmente estás solo.”
Me quedé mirando el techo otra vez.
—“Sí…” —dije bajito.
Ella suavizó más la voz.
—“Estoy contigo, ¿sí? No estás solo en esto.”
Yo respiré más lento.
—“Gracias…”
—“¿Estás en tu cuarto?” —preguntó.
—“Sí.”
—“Quédate ahí tranquilo. No pienses en pelear más hoy. Solo respira.”
Asentí aunque ella no me veía.
—“Ok…”
Se hizo un silencio cómodo.
No incómodo… de esos que calman.
—“Amor…” —le dije al final— “gracias por contestar.”
—“Siempre te voy a contestar” —dijo ella suave— “para eso estoy.”
Sonreí un poquito por primera vez en la noche.
—“Te quiero.”
—“Yo también. Descansa.”
Y colgamos.
Me quedé mirando el techo otra vez, pero esta vez no se sentía tan pesado.
Seguía el mismo problema…
pero por primera vez en el día…
no me sentía completamente solo.