Valeria escapa estando embarazada, en plena noche.
con el siguiente pensamiento
“Si el me encuentra, jamás volveré a ser libre.”
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#2
...El inicio de algo peligroso...
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La oficina parecía demasiado silenciosa.
Valeria apenas podía escuchar otra cosa que no fuera el sonido de las teclas bajo sus dedos y el latido incómodo de su propio corazón.
Habían pasado casi tres horas desde que salió de la oficina de Adrián De Luca.
Y aun así seguía sintiendo el peso de aquella mirada sobre ella.
Intentó concentrarse en la pantalla frente a sus ojos.
Correos.
Archivos.
Horarios.
Trabajo normal.
Nada aterrador.
Nada extraño.
Entonces, ¿por qué seguía nerviosa?
—¿Nueva?
La voz masculina la hizo levantar la mirada rápidamente.
Un hombre rubio sonreía desde el otro lado del escritorio vecino.
Parecía tener unos treinta años y una expresión muchísimo más relajada que cualquier otra persona en aquel edificio.
—Sí —respondió Valeria—. Empecé hoy.
—Ya veo. Entonces todavía no sabes dónde te metiste.
Ella soltó una pequeña risa nerviosa.
—Eso no suena muy alentador.
—Porque no lo es.
El hombre extendió una mano.
—Gabriel Ferrer.
—Valeria Montenegro.
—Mucho gusto, Valeria.
Gabriel se recostó en su silla.
—Déjame adivinar. ¿Te mandaron directamente con Adrián?
Ella abrió los ojos.
—Sí… ¿cómo sabes?
Gabriel soltó una risa corta.
—Porque no aparta la mirada de ti desde que llegaste.
El estómago de Valeria dio un pequeño vuelco.
—¿Qué?
—Nada. Olvídalo.
Gabriel volvió la vista a su computador.
Pero ya era demasiado tarde.
Ahora Valeria podía sentirlo.
Esa sensación incómoda.
Lenta.
Intensa.
Levantó la mirada instintivamente hacia las oficinas de vidrio del fondo.
Y ahí estaba él.
Adrián De Luca.
Observándola.
Desde el otro extremo del piso.
Inmóvil.
Sin disimularlo siquiera.
Cuando sus miradas se encontraron, algo extraño recorrió el pecho de Valeria.
No apartó la mirada enseguida.
Y él tampoco.
El aire pareció tensarse entre ambos.
Después Adrián tomó un teléfono y dijo algo que ella no pudo escuchar.
Un segundo más tarde, el celular sobre el escritorio de Valeria vibró.
Ella frunció el ceño.
—¿Sí?
—Mi oficina. Ahora.
La llamada terminó.
Sin despedidas.
Sin explicaciones.
Gabriel soltó un silbido bajo.
—Buena suerte.
Valeria se levantó intentando ignorar la ansiedad dentro de su pecho.
Caminó nuevamente hacia aquella enorme oficina negra.
Y otra vez sintió que entraba en territorio peligroso.
Golpeó la puerta.
—Adelante.
Entró lentamente.
Adrián estaba sentado detrás del escritorio revisando unos documentos.
Ni siquiera levantó la vista enseguida.
Eso somehow la puso todavía más nerviosa.
—¿Me necesitaba?
—Cierra la puerta.
Ella obedeció.
El sonido del seguro cerrándose resonó demasiado fuerte en el silencio.
Finalmente Adrián levantó la mirada hacia ella.
—¿Qué opinas de este lugar?
La pregunta la tomó desprevenida.
—Es… impresionante.
—No pregunté eso.
Valeria dudó unos segundos.
—Creo que todos aquí parecen tenerle miedo.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Adrián.
—¿Y tú?
Otra vez esa pregunta.
Otra vez esa mirada.
Ella intentó mantener la calma.
—No lo conozco lo suficiente para tenerle miedo.
Él apoyó lentamente los codos sobre el escritorio.
—Eso significa que eventualmente podrías tenerlo.
Valeria no supo qué responder.
Porque la forma tranquila en que lo dijo resultó muchísimo más intimidante que si hubiera levantado la voz.
Adrián se puso de pie lentamente.
Luego caminó alrededor del escritorio hasta quedar frente a ella.
Demasiado cerca otra vez.
Siempre demasiado cerca.
—Gabriel habla demasiado.
El corazón de Valeria se aceleró.
—¿Qué?
—Te estaba hablando hace un momento.
No era una pregunta.
Él lo sabía.
Y eso la inquietó más de lo que quería admitir.
—Solo me estaba ayudando.
—No necesito que nadie te ayude.
El silencio cayó de inmediato.
Las palabras quedaron suspendidas entre ambos.
Pesadas.
Peligrosas.
Valeria frunció ligeramente el ceño.
—Creo que puedo manejarme sola.
Los ojos oscuros de Adrián recorrieron lentamente su rostro.
Y por un segundo pareció divertido.
—Eso vamos a descubrirlo.
Valeria tragó saliva.
No entendía qué estaba pasando.
No entendía por qué ese hombre hablaba como si ya hubiera decidido algo sobre ella.
Adrián inclinó apenas la cabeza.
—¿Tienes pareja o novio?
La pregunta llegó tan de repente que ella abrió los ojos.
—¿Perdón?
—Tu novio o pareja, ¿Existe?
—Eso no parece una pregunta apropiada para el trabajo.
Él sonrió apenas.
—Entonces no tienes.
Valeria sintió calor subirle al rostro.
—No es asunto suyo.
—Ahora trabajas para mí. Muchas cosas relacionadas contigo son asunto mío.
El comentario debería haberla molestado.
Y lo hizo.
Pero había algo peor.
La forma en que Adrián la observaba mientras lo decía.
Como si realmente creyera que tenía derecho a saberlo todo sobre ella.
Valeria respiró hondo.
—¿Eso era todo?
Él permaneció callado unos segundos.
Mirándola fijamente.
Después habló con voz baja.
—Todavía no decides si quieres huir de mí o acercarte más.
El corazón de Valeria dio un golpe brutal.
Porque lo peor…
era que él tenía razón.