Todos creen que Valeria Moretti traicionó al hombre más peligroso del país. Él también lo creyó... y la echó de su vida sin darle la oportunidad de defenderse. Cinco años después, Valeria regresa con una pequeña hija y un pasado que juró olvidar. Alessandro De Luca, el temido Rey de la Mafia, está a punto de descubrir que la mujer que nunca dejó de amar ocultó el secreto más grande de su vida. Pero cuando la verdad salga a la luz, ya no solo estará en juego su amor... sino la vida de su familia.
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Capítulo 5: El enemigo que nunca se fue
La felicidad de aquel momento duró poco.
Alessandro sabía que no podía quedarse para siempre en aquella casa, aunque una parte de él quisiera hacerlo.
Quería escuchar a Sofía contarle sus historias.
Quería saber cuáles eran sus dibujos favoritos, qué cosas la hacían reír y qué sueños tenía.
Quería recuperar cada segundo que había perdido.
Pero también sabía que antes debía enfrentar algo más peligroso.
El pasado.
Porque si alguien había sido capaz de destruir su relación con Valeria una vez, podía intentarlo nuevamente.
Y esta vez no permitiría que nadie lastimara a su familia.
—Nos vemos mañana, princesa.
Sofía sonrió desde la puerta.
—¿Vas a volver?
Alessandro sintió un nudo en la garganta.
—Sí.
—¿Lo prometés?
Él se agachó y la miró a los ojos.
—Te lo prometo.
Valeria observó la escena en silencio.
Había imaginado muchas veces cómo sería ver a Alessandro con su hija.
Pensaba que sentiría rabia.
Pensaba que sería insoportable.
Pero verlo arrodillado frente a Sofía, intentando acercarse con cuidado, había despertado emociones que no esperaba.
No podía negar una verdad.
Alessandro amaba a su hija.
Aunque hubiera llegado tarde.
Aunque hubiera cometido errores.
Era su padre.
Cuando el automóvil desapareció de la calle, Valeria cerró la puerta lentamente.
Sofía seguía sonriendo.
—Me gusta papá.
Valeria sintió un pequeño dolor en el pecho.
—¿Sí?
—Sí. Es divertido aunque parece serio.
No pudo evitar reír.
—Él siempre fue así.
La niña tomó su mano.
—¿Vos lo querías mucho?
Valeria se quedó en silencio.
Porque esa pregunta era más difícil que cualquier otra.
—Sí.
Respondió finalmente.
—Muchísimo.
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Esa misma noche, en la mansión De Luca...
Alessandro estaba sentado en su despacho cuando Marco entró.
La expresión de su rostro era seria.
—Encontramos algo.
Alessandro levantó la vista.
—¿Qué?
Marco dejó una carpeta sobre el escritorio.
—Revisamos nuevamente las pruebas de aquella noche.
Alessandro abrió el archivo.
Había documentos, fotografías y registros.
Todo aquello que cinco años atrás había destruido su vida.
—Había una modificación en los archivos digitales.
Alessandro frunció el ceño.
—¿Qué significa?
—Que alguien alteró la información antes de que llegara a usted.
El silencio fue inmediato.
Porque eso significaba una cosa.
Valeria nunca había tenido la oportunidad de demostrar su inocencia.
Alessandro pasó una mano por su rostro.
Durante cinco años había cargado odio hacia una persona que quizás siempre había sido víctima.
—¿Quién tenía acceso?
Marco respiró profundamente.
—Estamos siguiendo varias pistas.
Hizo una pausa.
—Pero hay un nombre que aparece varias veces.
Alessandro levantó la mirada.
—¿Quién?
Marco colocó una fotografía sobre la mesa.
Una mujer elegante, de cabello oscuro y sonrisa perfecta.
Alessandro sintió que su expresión cambiaba.
—Elena...
Elena Rossi.
La mujer que durante años había estado cerca de la familia De Luca.
La mujer que decía ser amiga de todos.
La mujer que siempre había estado presente cuando Valeria desapareció.
—No puede ser.
Marco lo miró.
—Señor, ¿qué sabe de ella?
Alessandro tomó la fotografía.
Y por primera vez en mucho tiempo sintió una furia diferente.
No era la furia de un líder.
Era la furia de un hombre que descubría que alguien había destruido su vida por una mentira.
—Elena era la única persona que conocía todos nuestros movimientos.
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Mientras tanto...
En un elegante departamento en el centro de la ciudad, Elena Rossi observaba unas fotografías sobre la mesa.
Una de ellas era de Alessandro.
Otra de Valeria.
Y una tercera...
De Sofía.
Su sonrisa era fría.
—Así que finalmente volviste.
Una mujer a su lado preguntó:
—¿Qué harás ahora?
Elena tomó la fotografía de la niña.
—Lo mismo que hice hace cinco años.
La mujer dudó.
—Pero ahora él sabe que tiene una hija.
Elena sonrió.
—Entonces tendré que asegurarme de que vuelva a perderla.
Miró por la ventana las luces de la ciudad.
Había esperado cinco años para ese momento.
Y no pensaba dejar que nadie arruinara sus planes.
Ni siquiera Valeria.
Elena dejó la fotografía sobre la mesa y tomó una copa de vino entre sus manos.
Había esperado mucho tiempo para volver a tener el control.
Cinco años.
Cinco años observando desde las sombras cómo Alessandro intentaba reconstruir su vida después de perder a Valeria.
Pero ahora todo había cambiado.
Valeria había regresado.
Y lo peor de todo...
Alessandro sabía de la existencia de Sofía.
—No entiendo por qué sigues preocupada —dijo la mujer que estaba junto a ella—. Después de tantos años, ¿realmente crees que Alessandro volverá a elegir a Valeria?
Elena sonrió con desprecio.
—No se trata de elegir.
Se acercó a la ventana.
—Se trata de destruir lo que más ama.
La mujer guardó silencio.
Sabía que cuando Elena se proponía algo, era capaz de cualquier cosa.
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En la mansión De Luca, Alessandro seguía revisando los documentos.
Cada página que leía aumentaba su culpa.
Había detalles que había ignorado.
Detalles que, cegado por el dolor y la rabia, no quiso ver.
Recordó a Valeria aquella noche.
Recordó sus lágrimas.
Recordó cómo le suplicó que confiara en ella.
Y recordó algo que ahora lo atormentaba.
Ella nunca le pidió perdón.
Porque alguien inocente no pide perdón por algo que no hizo.
Ella le pidió que la escuchara.
Y él decidió darle la espalda.
Alessandro cerró los ojos.
—¿Cómo pude hacerte eso?
La pregunta salió en voz baja.
Marco, que seguía en la habitación, no respondió.
Porque no había respuesta.
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Al día siguiente, Alessandro volvió a la casa de Valeria.
Esta vez llevaba algo en las manos.
Sofía abrió la puerta antes de que Valeria llegara.
—¡Viniste!
La emoción de la niña hizo que él sonriera.
—Te traje algo.
Le entregó una pequeña caja.
Sofía la abrió con curiosidad.
Dentro había un libro infantil lleno de dibujos.
—¿Es para mí?
—Sí.
—¿Por qué?
Alessandro se quedó pensando.
—Porque quiero conocerte.
La respuesta pareció gustarle.
Sofía abrazó el libro contra su pecho.
—Gracias, papá.
Esa palabra seguía sorprendiéndolo.
Papá.
Una palabra que nunca pensó escuchar de ella.
Valeria observaba desde el pasillo.
Y aunque intentaba mantenerse distante, algo dentro de ella se movía.
No por Alessandro.
Todavía no.
Sino por Sofía.
Porque veía la felicidad de su hija.
Y una madre siempre quiere ver feliz a su hijo.
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Más tarde, mientras Sofía dibujaba en el jardín, Alessandro y Valeria hablaron a solas.
—No quiero quitarte tu lugar.
Valeria lo miró confundida.
—¿Qué?
—Como madre.
Ella guardó silencio.
—Sé que estuviste sola todo este tiempo. Sé que hiciste todo por ella.
Alessandro respiró profundamente.
—No puedo recuperar esos años.
Valeria sintió un dolor en el pecho al escuchar esa sinceridad.
—No.
—Pero quiero estar presente a partir de ahora.
Ella lo observó.
Era extraño verlo así.
Sin arrogancia.
Sin orgullo.
Solo un hombre arrepentido.
—No sé si puedo perdonarte.
Alessandro asintió.
—Lo sé.
—Me hiciste mucho daño.
—Lo sé.
—Y no puedes simplemente volver y esperar que todo sea como antes.
Él bajó la mirada.
—No espero eso.
Una pausa.
—Solo espero tener una oportunidad de demostrarte que cambié.
Antes de que Valeria pudiera responder, escucharon un ruido.
Un auto.
Ambos miraron hacia la calle.
Un vehículo negro estaba estacionado frente a la casa.
Alessandro cambió inmediatamente su expresión.
El hombre protector volvió a aparecer.
—¿Esperabas a alguien?
Valeria negó con la cabeza.
—No.
Alessandro observó el automóvil con atención.
Había algo que no le gustaba.
Tomó su teléfono.
—Marco.
—¿Sí, señor?
—Quiero que averigües quién está en ese auto.
Hubo unos segundos de silencio.
Luego la respuesta llegó.
—Señor...
La voz de Marco sonaba preocupada.
—El vehículo está registrado a nombre de una empresa relacionada con Elena Rossi.
Alessandro apretó el teléfono.
Todo comenzaba a encajar.
Demasiado tarde.
Pero comenzaba.
Miró hacia la casa.
Hacia Valeria.
Hacia Sofía.
Y entendió algo.
Esta vez no solo tenía que recuperar a su familia.
Tenía que protegerla.
Porque el enemigo que había destruido su pasado...
Acababa de regresar.