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1 Soy Mitad Humana Y Demonio

1 Soy Mitad Humana Y Demonio

Status: Terminada
Genre:Venganza / Demonios / Romance / Completas
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Estrella Cloe Pattison Evans siempre supo que era diferente. Mitad humana y mitad demonio, vive ocultando una oscuridad que apenas puede controlar mientras Gabriel, un ángel y amigo de su padre, intenta protegerla del peligro que la rodea. Pero todo cambia cuando conoce a Adrik, un misterioso vampiro ligado al enemigo de su familia.
Su presencia despierta poderes inestables, secretos ocultos y una conexión imposible de ignorar. Mientras fuerzas peligrosas comienzan a buscarla, Estrella descubrirá que su destino podría cambiar el equilibrio entre la luz y la oscuridad.
Ahora deberá decidir si luchar contra lo que es… o aceptar el poder que corre por su sangre.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2

El ruido de la mañana en la casa era el mismo de siempre.

Demasiado normal.

Demasiado cuidadoso.

Como si todos supiéramos que la tranquilidad no duraba mucho… pero fingíamos que sí.

Gabriel ya estaba en la cocina cuando bajé.

No dijo nada de inmediato.

Solo me miró.

Ese tipo de mirada que no pregunta… pero analiza.

—Hoy vas a la escuela —dijo al fin.

Parpadeé.

—¿Como siempre?

—Sí… pero con cuidado.

No pregunté qué significaba exactamente “con cuidado”.

Ya había aprendido que cuando Gabriel decía eso, era porque algo que no se podía ver… ya estaba cerca.

Tomé mi mochila.

Sentí a mi mamá moverse en el pasillo con Gael.

Su vida seguía normal.

La mía no.

Antes de salir, Gabriel se acercó.

Bajó un poco la voz.

—No lo busques con la mirada.

—¿A quién? —pregunté.

Pero él ya se había apartado.

—Solo… no lo hagas.

Salí de la casa con esa frase en la cabeza.

El aire de la mañana se sentía distinto.

No más peligroso.

Solo… atento.

Caminé hacia la escuela.

Y fue entonces cuando lo sentí.

Otra vez.

No detrás.

No lejos.

Cerca.

El camino hacia la escuela nunca había sido realmente peligroso.

Pero esa mañana… se sentía distinto.

Como si cada paso que daba estuviera siendo contado por algo que yo no podía ver.

El viento rozaba mi rostro con suavidad, pero no me relajaba.

Había una presión en el pecho.

Pequeña.

Constante.

Como si alguien estuviera caminando conmigo… sin aparecer.

Apreté las correas de mi mochila.

Intenté concentrarme en lo normal: los sonidos, la gente, el movimiento de la ciudad.

Pero nada lograba distraerme por completo.

Y entonces lo sentí más claro.

No era solo una sensación vaga.

Era dirección.

Alguien estaba ahí.

No detrás de mí.

No a los lados.

Adelante.

Tragué saliva sin darme cuenta.

—No puede ser… —susurré para mí misma.

Seguí caminando.

Más lento.

Más consciente.

La escuela apareció a lo lejos.

Estudiantes entrando, risas, ruido, vida normal.

Todo demasiado normal para lo que yo estaba sintiendo.

Pero entonces lo vi.

Cerca de la entrada.

Apoyado con calma en una de las rejas.

Como si el lugar le perteneciera.

Un chico.

No se movía.

No hablaba.

Solo observaba.

Y su mirada…

se clavó en mí desde el primer segundo.

Me detuve en seco.

No era una mirada curiosa.

No era casual.

Era directa.

Segura.

Como si hubiera estado esperando exactamente ese momento.

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente.

—¿Quién… eres? —murmuré sin darme cuenta.

El chico no respondió.

Solo inclinó ligeramente la cabeza.

Como si esa pregunta le pareciera interesante.

Y por primera vez…

sentí algo diferente.

No peligro.

Reconocimiento.

Como si él ya supiera quién era yo…

y yo aún no supiera quién era él.

El aire dentro de la escuela se sentía distinto.

No era el mismo ambiente de siempre.

Las voces seguían ahí, los pasos, las risas, el ruido de mochilas… todo normal.

Pero para mí… nada era normal.

Cada paso que daba hacia la entrada hacía más fuerte esa sensación.

La presencia.

Esa misma que me había seguido desde casa.

Y entonces lo entendí.

No estaba “cerca”.

Estaba dentro.

Tragué saliva sin darme cuenta.

Mis dedos se tensaron alrededor de las correas de la mochila.

Mi cuerpo ya no se movía igual.

Y lo vi otra vez.

En la misma posición.

Como si no se hubiera movido en absoluto.

El chico.

Pero ahora no estaba solo mirándome.

Ahora estaba esperándome.

Sus ojos se encontraron con los míos en cuanto crucé la entrada.

Y algo en el aire cambió.

No alrededor de él.

Entre los dos.

Sentí un pequeño tirón en el pecho.

No dolor.

No miedo directo.

Algo más confuso.

Como si una parte de mí hubiera reaccionado antes que mi mente.

Di un paso sin darme cuenta.

Luego otro.

El mundo a mi alrededor empezó a bajar el volumen.

Las voces se alejaban.

Los sonidos se volvían lejanos.

Como si solo quedáramos él y yo en ese espacio.

—No… —susurré apenas.

Él inclinó ligeramente la cabeza.

No como alguien confundido.

Sino como alguien que confirma algo.

Y entonces, por primera vez…

dio un paso hacia mí.

El aire se tensó de inmediato.

Mi cuerpo reaccionó.

Una pequeña vibración oscura recorrió mi interior, intentando salir.

La detuve.

A duras penas.

—Estrella.

La voz de alguien me cortó el momento.

Gabriel.

No estaba físicamente ahí…

pero lo sentí.

Como una presión en la mente.

Un aviso.

“Aléjate.”

Respiré hondo.

Parpadeé.

El sonido de la escuela volvió de golpe.

Las voces regresaron.

El mundo se reactivó.

Pero él seguía ahí.

El chico.

Sin moverse.

Sin perderme de vista.

Y ahora lo sabía con total claridad:

No era una coincidencia.

No era un estudiante más.

Era alguien que había venido por mí.

El aire dentro de la escuela se sentía distinto.

No era el mismo ambiente de siempre.

Las voces seguían ahí, los pasos, las risas, el ruido de mochilas… todo normal.

Pero para mí… nada era normal.

Cada paso que daba hacia la entrada hacía más fuerte esa sensación.

La presencia.

Esa misma que me había seguido desde casa.

Y entonces lo entendí.

No estaba “cerca”.

Estaba dentro.

Tragué saliva sin darme cuenta.

Mis dedos se tensaron alrededor de las correas de la mochila.

Mi cuerpo ya no se movía igual.

Y lo vi otra vez.

En la misma posición.

Como si no se hubiera movido en absoluto.

El chico.

Pero ahora no estaba solo mirándome.

Ahora estaba esperándome.

Sus ojos se encontraron con los míos en cuanto crucé la entrada.

Y algo en el aire cambió.

No alrededor de él.

Entre los dos.

Sentí un pequeño tirón en el pecho.

No dolor.

No miedo directo.

Algo más confuso.

Como si una parte de mí hubiera reaccionado antes que mi mente.

Di un paso sin darme cuenta.

Luego otro.

El mundo a mi alrededor empezó a bajar el volumen.

Las voces se alejaban.

Los sonidos se volvían lejanos.

Como si solo quedáramos él y yo en ese espacio.

—No… —susurré apenas.

Él inclinó ligeramente la cabeza.

No como alguien confundido.

Sino como alguien que confirma algo.

Y entonces, por primera vez…

dio un paso hacia mí.

El aire se tensó de inmediato.

Mi cuerpo reaccionó.

Una pequeña vibración oscura recorrió mi interior, intentando salir.

La detuve.

A duras penas.

—Estrella.

La voz de alguien me cortó el momento.

Gabriel.

No estaba físicamente ahí…

pero lo sentí.

Como una presión en la mente.

Un aviso.

“Aléjate.”

Respiré hondo.

Parpadeé.

El sonido de la escuela volvió de golpe.

Las voces regresaron.

El mundo se reactivó.

Pero él seguía ahí.

El chico.

Sin moverse.

Sin perderme de vista.

Y ahora lo sabía con total claridad:

No era una coincidencia.

No era un estudiante más.

Era alguien que había venido por mí.

No debía acercarme.

Lo sabía.

Lo sentía en cada parte de mi cuerpo.

Pero aun así… no me movía.

El chico dio otro paso.

Lento.

Seguro.

Como si no tuviera prisa… porque sabía que yo no iba a huir.

Mi respiración se volvió más corta.

Más inestable.

Mi parte demoníaca reaccionó otra vez, inquieta, como si reconociera algo que yo aún no entendía.

—Aléjate… —murmuré para mí misma.

Pero mis pies no obedecieron.

Él se detuvo a unos cuantos pasos de distancia.

Ahora podía verlo mejor.

Demasiado bien.

No era solo “guapo”, como cualquier chico de la escuela.

Había algo más.

Algo… oscuro.

Pero no en el sentido de maldad.

Sino en el sentido de profundidad.

Como si escondiera demasiadas cosas detrás de esos ojos.

Sus labios se curvaron apenas.

No en una sonrisa completa.

Más bien… en algo contenido.

—Así que eres tú —dijo finalmente.

Su voz no fue alta.

Pero la escuché clara.

Directa.

Como si no hubiera nadie más alrededor.

Sentí un golpe en el pecho.

—¿Qué…? —mi voz salió más débil de lo que quería.

Él dio medio paso más.

Y esta vez, mi energía reaccionó con fuerza.

Un pulso oscuro vibró en mi interior.

Sus ojos bajaron un segundo… como si pudiera verlo.

Como si pudiera sentir exactamente lo que estaba pasando dentro de mí.

—Interesante… —murmuró.

Eso fue suficiente.

Di un paso hacia atrás.

—No te acerques.

No sonó como una orden.

Sonó como una advertencia.

Por un segundo, el aire entre nosotros se tensó.

Como si algo invisible estuviera a punto de romperse.

Y entonces…

alguien chocó conmigo.

—¡Oye, cuidado!

El mundo volvió de golpe.

El ruido.

La gente.

El movimiento.

Parpadeé.

Confundida.

Cuando volví a mirar al frente…

él ya no estaba.

Solo espacio.

Solo estudiantes.

Solo normalidad.

Pero mi corazón no se calmó.

Porque ahora no había duda.

No era imaginación.

No era coincidencia.

Ese chico sabía quién era yo.

Y peor aún…

yo sentía que una parte de mí ya lo reconocía.

No supe cuánto tiempo me quedé ahí parada.

El ruido de la escuela volvió… pero yo no.

—¿Estrella? —alguien me llamó desde atrás.

Parpadeé varias veces.

—¿Estás bien?

Asentí sin pensar.

—Sí… solo… me distraje.

Mentí.

Y lo sabía.

Caminé hacia el salón como si todo estuviera en orden.

Como si no acabara de pasar nada.

Pero cada paso se sentía más pesado.

Más lento.

Más… consciente.

Me senté en mi lugar.

Abrí el cuaderno.

Miré al frente.

Pero no veía nada.

Mi mente seguía ahí.

En la entrada.

En sus ojos.

En su voz.

“Así que eres tú.”

Apreté el lápiz con más fuerza.

—¿Quién eres…? —susurré apenas.

El ambiente del salón se volvió borroso por un segundo.

Y entonces lo sentí otra vez.

No afuera.

No lejos.

Dentro de la escuela.

Levanté la mirada lentamente.

Y por un segundo…

juraría que lo vi.

Desde la puerta del salón.

Observándome otra vez.

Mi respiración se detuvo.

Pero cuando enfoqué bien…

ya no estaba.

Cerré los ojos un segundo.

Intentando calmarme.

Intentando convencerme de que no me estaba volviendo loca.

Y entonces…

lo sentí.

Gabriel.

No como presencia física.

Sino como esa misma presión que había sentido antes.

Más fuerte.

Más urgente.

“Se acercó demasiado.”

Abrí los ojos de golpe.

—Lo sé… —susurré.

Pero esa no fue la peor parte.

Porque esta vez…

no solo sentí a Gabriel.

Había otra cosa.

Más lejana.

Más profunda.

Más… peligrosa.

Como si alguien más…

también hubiera notado el encuentro.

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Maria De Jesus Tirado Rodriguez
quedó inconclusa tan interesante que estaba 😭
CristyGry: también te invito a leer el libro 0.5 que es como la historia de los papás de estrella y de cómo Federico se hizo malo
total 1 replies
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