Damon despierta como Edward un vampiro débil y frágil, pisoteado por todos, el siendo mafioso más temido y el más Sádico, les demostrará quien manda.
Bill un vampiro violento y agresivo qué es manipulado por su amada Roselia pero ella solo lo ve como marioneta, hasta que un encuentro con Edward lo cambia todo.
¿Cual será el destino de ambos?
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Demostrado Quien Manda.
~En el zotano~
Una sirvienta entra y con una cara de disgusto le entrega un plato de arroz con algo de moho con un pan seco y un basó de agua fría, probablemente de algún río.
-¡Hora de comer cerdo! —arrogante - Agradece que la Señorita Sora tiene misericordia y te da de comer.
Edward mira el plato apretando sus puños para luego soltar un suspiro pesado para luego levantarse agarra de los cabellos a aquella criada y obligarla a comer ese mismo arroz qué trajo junto al vaso de agua helada para luego empujarla al suelo mientras la sirvienta solo se queja soltando algunas lágrimas.
-Te cuento algo, hubo un rey que era adicto con la carne y la buena comida, un día llego la hambruna y el rey insatisfecho con su comida, exigía carne —Habla Edward con una sonrisa - Sabes lo que hizo el rey —sujeta el mentón de la sirvienta - Se comió la carne de sus criados qué no cumplían su exigencia y le encanto tanto el sabor de la carne de sus criados, que se la comió cruda ja ja ja ja ja ja.
-Piedad... —Asustada
En ese cuarto lleno de polvo solo se escuchó el grito de la sirvienta, un grito que misteriosamente nadie escuchó sus súplicas y su sufrimiento, al final en ese mismo cuarto solo estaba el cuerpo débil de la criada sin ninguna gota de sangre quien con toda su fuerza seguía suplicando piedad, pero Edward jamás tuvo piedad con sus enemigos, estira su mano creando una bola de llama y quema el cuerpo de la criada hasta convertir su cuerpo en un monto de cenizas.
-Mierda, tu sangre es horrible, pero al menos sirvió para recuperar un poco mi magia —suspira pesado - pero, aún no es suficiente, si quiero dominar este mundo tengo que tener más poder.
Edward sale del sótano y camina por los lujosos pasillos qué brillan, sus pies descalzos con tierra manchaban piso junto a su ropa sucia dirigiéndose al comedor principal para tomar asiento en el sitio de la cabecera de la familia, pero en ese instante un grupo de guardias y sirvientas entran todo indignados con la intención de echarlo y castigarlo por su atrevimiento.
-Justo lo que necesito para aumentar mi poder —sonríe malicioso lamiéndose los labios mientras saca sus garras.
De nuevo en ese lugar solo se escuchan los gritos de todos ellos llamando la atención de todos haciendo que toda la familia se dirija al comedor quedando pasmados con los cuerpos secos de los guardias y criadas.
-¡Qué es todo esto Edward! —expresa el Duque molesto.
-O padre, llegaste... No me quisieron atender como merezco así que los castigue con la muerte. —Responde Edward calmado.
-¡Padre te lo dije, se volvió loco!, incluso me golpeó en el patio cuando solo quise ser amable con el —Expresa Sora con falsas lágrimas en sus ojos.
-Mi pobre hijita mía, esposo te lo pido has justicia para esta humilde Duquesa, no puedes permitir que maltrate a nuestra hija —Expresa la Duquesa Valdivia.
-Tú, hijo ingrato, te doy de comer y un techo, como me pagas, golpeando a mi amada hija y así me pagas ¡Desafiándome! ¡ESTA VEZ NO TE PERDONARE!
El Duque ataca al Vampiro con su magia de fuego, pero Edward lo esquiva y también ataca con su magia de hielo sorprendiendo a todos con esa magia congelando el fuego de su padre y congelando las manos de su padre que grita del dolor.
-Te sorprende Padre, yo Edward Howard heredé el poder de mis ancestros, ese poder qué ya extinguióuio, el fuego y el hielo, por lo tanto, soy más poderoso que tú y toda la mierda de esta familia.
Edward se acerca a su padre y con las dos manos toca a su padre una de hielo y el otro de fuego provocándole un inmenso dolor al Duque qué de sus ojos salieron lágrimas de sangre.
-¡Pide lo que quieres, te lo daré! ¡LO JURO! —Súplica el Duque con los ojos abiertos de miedo y pánico.-¡Por favor!
-¿Lo que quiera? —Interesado.
—¡Sí! ¡Así que para, por favor!
Edward suelta a su padre con una sonrisa quemando los cuerpos secos de los guardias y sirvientas para al final mirar todos que lo miran con terror y a su padre en el suelo apenas pudiendo respirar.
-Vamos porque me miran así, Eres mi padre, como podría yo matar a mi propia sangre —Con una sonrisa palmea el hombro de su padre. - Después de todo, aún me puedes ser útil.
Se aleja de su padre y se dirige donde Sora para agarrarla de los cabellos y estamparlo con el espejo hasta romperlo quien grita del dolor mientras de su rostro se derrama sangre.
-Ahora si te puedes quejar —Mira fijamente a Sora. - O, padre no me gusta mi cuarto así que tomaré el tuyo, espero y no te moleste.
Y así Edward sale del comedor para dirigirse a su nuevo aposento con la frente en alto y esta vez los sirvientes y guardas se ponen de lado haciéndole una reverencia, todos con miedo de enfadarlo y ser asesinado por el.