En un pequeño estudio, bajo el sudor y la luz tenue, comienza la historia de un grupo destinado a brillar con fuerza inigualable.
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Capítulo 11
El regreso de Los Ángeles a Seúl no fue el aterrizaje suave que todos esperaban. Aunque habían vuelto con la gloria de haber conquistado las calles de Santa Monica, la realidad de KQ Entertainment los recibió con una frialdad renovada. Ya no eran solo "aprendices en formación"; ahora eran un producto en fase final de pulido. Y en esa fase, las comparaciones se volvieron más afiladas, más crueles.
El estudio de baile, con sus espejos que parecían haber crecido en tamaño y juicio, se convirtió en el escenario de una competencia silenciosa. La empresa había empezado a asignar roles más específicos para la coreografía de lo que sería su canción de debut. Ya no se trataba de bailar todos al unísono; se trataba de quién destacaba, quién lograba capturar la cámara y quién se quedaba en la periferia de la formación.
—Desde el principio —ordenó el coreógrafo, un hombre cuya paciencia parecía haberse agotado hacía años—. San, estás llegando tarde al acento del segundo tiempo. Yunho, tu movimiento es perfecto, pero le falta la agresividad que San tiene. Si no pueden equilibrarse, la formación se verá rota.
San apretó los dientes. El sudor le resbalaba por la frente, escociéndole en los ojos. Miró de reojo a Yunho. Yunho era la perfección técnica, el "maestro del baile" que nunca cometía un error de posición. San, por otro lado, era puro instinto y emoción. Esa diferencia, que antes era su mayor fortaleza como grupo, empezaba a sentirse como una grieta.
—¿Podemos repetirlo solo nosotros dos? —sugirió Yunho, con la voz tranquila pero cargada de una determinación que bordeaba la frialdad—. Necesito entender tu ritmo, San.
—Mi ritmo es el de la música, Yunho —respondió San, con una punta de irritación—. Quizás tú eres el que está demasiado pegado al metrónomo.
El aire en la sala se congeló. Wooyoung, que siempre estaba entre los dos como un puente, dio un paso adelante, pero Hongjoong le puso una mano en el hombro, deteniéndolo. El líder sabía que este era un veneno que tenían que purgar ellos mismos.
La música volvió a sonar. San y Yunho bailaron solos frente al espejo, mientras los otros seis observaban desde el suelo. Era una batalla de estilos. Yunho se movía con una fluidez geométrica, cada ángulo de sus brazos era exacto, cada paso tenía la fuerza justa. San era un incendio forestal; sus movimientos eran erráticos, potentes, visualmente impactantes pero difíciles de seguir para alguien que buscaba la simetría.
—¡Basta! —gritó el instructor—. Siguen sin encajar. San, si sigues bailando para ti mismo, vas a arruinar la imagen del grupo. Yunho, si sigues bailando como un robot, nadie te mirará a ti, solo mirarán a San. Decidan quién va a ceder.
El ensayo terminó poco después, pero la tensión no abandonó el edificio. En los vestuarios, el silencio era ensordecedor. Mingi y Yeosang intercambiaron miradas de preocupación mientras se cambiaban las camisetas empapadas.
—No es una competencia, ¿saben? —dijo finalmente Jongho, rompiendo el hielo con su pragmatismo habitual—. Si el grupo se ve mal, todos nos vemos mal. No importa quién sea el centro si el barco se hunde.
—Es fácil decirlo para ti, Jongho —soltó San, cerrando su taquilla con un golpe seco—. Tú tienes tu lugar asegurado con tu voz. Pero en el baile... en el baile, si no eres el mejor, eres invisible. Yo no vine aquí para ser el fondo de nadie.
Yunho se detuvo con la toalla en el cuello. Miró a San a través del reflejo del espejo del vestuario.
—¿Crees que yo quiero que seas mi fondo? —preguntó Yunho con una voz que temblaba levemente por la decepción—. He pasado noches enteras ayudándote con los pasos básicos cuando recién llegaste. Te considero mi mejor apoyo en el escenario, pero ahora parece que solo ves un competidor en el espejo.
—¡Porque lo eres! —estalló San, girándose—. Todos lo somos. La empresa solo tiene presupuesto para promocionar a uno o dos como "caras" del grupo. ¿Qué pasa con el resto? ¿Qué pasa si mi estilo "exagerado" es demasiado para ellos y me dejan en la última fila?
Wooyoung no pudo aguantar más. Se levantó y se puso frente a San, empujándolo levemente del pecho.
—Eres un idiota, Choi San. Un idiota egoísta. ¿De qué te sirve ser el mejor bailarín del mundo si pierdes a la gente que te quiere en el proceso? Mira a Yunho. Él no está tratando de ser mejor que tú; está tratando de que el grupo sea imbatible. Si no puedes ver la diferencia entre rivalidad y crecimiento, entonces quizás realmente no perteneces aquí.
San retrocedió, golpeado por las palabras de su mejor amigo. Miró a su alrededor. Seonghwa tenía una expresión de dolor profundo, Yeosang miraba al suelo y Hongjoong... Hongjoong lo miraba con una decepción que le dolió más que cualquier grito del coreógrafo.
Esa noche, San no regresó al dormitorio con los demás. Se quedó en el estudio, practicando hasta que sus pies sangraron. Pero por primera vez, no practicaba para ser el más rápido o el más fuerte. Practicaba mirando el espacio vacío a su lado, imaginando a Yunho, imaginando a Wooyoung.
Cerca de las cuatro de la mañana, la puerta del estudio se abrió. Yunho entró con dos botellas de agua y una bolsa de vendajes. No dijo nada. Se sentó en el suelo y esperó.
San se detuvo, jadeando, con el pecho ardiendo. Se acercó a Yunho y se dejó caer a su lado.
—Lo siento —susurró San, con la cabeza entre las rodillas—. Tengo tanto miedo de perder esta oportunidad que estoy empezando a morder a las personas que me están ayudando a alcanzarla.
Yunho le pasó una botella de agua y le puso una mano en la nuca, un gesto que habían repetido mil veces antes de que la ambición empezara a nublarles el juicio.
—La rivalidad es buena, San. Nos hace mejores. Pero úsala contra el mundo, no contra nosotros. Tú tienes el fuego, yo tengo la estructura. Sin mi estructura, tu fuego quema el escenario sin sentido. Sin tu fuego, mi estructura es solo un edificio vacío.
San asintió, sintiendo cómo la presión en su pecho se aflojaba. No era una resolución mágica, pero era un comienzo. Entendieron que la competencia interna era una llama que, si no se controlaba, podía consumirlos, pero si se canalizaba, sería el motor que los haría imparables. Aprendieron a bailar no *contra* el otro, sino *con* el otro, permitiendo que sus estilos rivales colisionaran para crear algo que el K-pop nunca había visto antes.
Simplemente es perfecto la manera en que estos chicos se apoyan.
Solo puedo decir que el comienzo siempre resulta difícil y doloroso, aunque el mañana podría ser mejor...no conozco al grupo, pero creo que todo resulta bastante realista.
Seguir un sueño que no sabes si se hará real es bastante inquietante y a la vez perturbador.