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SANADOR DESCARTADO

SANADOR DESCARTADO

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía
Popularitas:5.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Invocado a otro mundo como sanador, fue descartado por su propio equipo por no hacer daño.
Herido y abandonado en la frontera, comenzó a curar a quienes nadie miraba: plebeyos, soldados rotos, niños enfermos.
Con conocimientos del mundo moderno y una magia que evoluciona al salvar vidas, su nombre empieza a recorrer el reino.
Cuando la guerra y la peste alcancen la capital, descubrirán que descartaron al único que podía salvarlos.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: El peso de partir

Ren no durmió la noche antes de irse.

No porque el cuerpo no estuviera cansado —lo estaba hasta los huesos—, sino porque la idea de dejar Lorn le apretaba el pecho de una forma que no había previsto. No era su hogar. No lo había sido nunca. Pero en ese lugar había aprendido a ser algo más que “el sanador descartado”. Allí había nombres que lo miraban con esperanza y con miedo, con esa mezcla incómoda que nace cuando alguien se vuelve necesario.

El fuego del hogar se consumía lento. Maera dormía sentada, con la cabeza inclinada hacia adelante, agotada por semanas de tensión. Ren la cubrió con una manta sin despertarla. Afuera, el cielo estaba limpio, cargado de estrellas que no reconocía. Pensó, por un momento, en el metro, en las luces artificiales, en el ruido constante del mundo que había dejado atrás. Ese mundo ya no existía para él. Y, sin embargo, a veces lo extrañaba con una nostalgia que no pedía permiso.

Al amanecer, Kaela Dorn llegó con dos escoltas del gremio. No parecían héroes. Parecían gente acostumbrada a volver a casa con polvo en la ropa y cansancio en los ojos.

Garrik reunió a los aldeanos. No hubo discursos largos. No había nada que decir que no se hubiera dicho ya en silencios.

Maera abrazó a Ren con torpeza.

—No te olvides de hervir el agua —murmuró, intentando bromear.

Ren sonrió.

—No te olvides de obligarlos a hacerlo.

—Volverás —dijo ella, sin convertirlo en pregunta.

Ren asintió. No sabía cuándo. Pero esa promesa le pertenecía.

El carruaje se puso en marcha.

A medida que Lorn se alejaba, Ren sintió un vacío raro en el estómago. No era miedo al camino. Era la sensación de haber dejado atrás algo frágil que había ayudado a sostener. El mundo no se detenía para cuidar de los lugares pequeños. Y eso lo enfurecía más de lo que quería admitir.

El camino hacia la ciudad fronteriza serpenteaba entre colinas secas y tramos de bosque ralo. El polvo se metía en la garganta. Ren bebía agua hervida de una cantimplora que Kaela le había dado. El carruaje avanzaba lento, cuidando las ruedas en los tramos de piedra suelta.

—¿Te arrepientes? —preguntó Kaela, sentada frente a él.

Ren observó el paisaje.

—No —dijo—. Pero duele.

Kaela asintió. No preguntó más.

Al caer la tarde, el sonido de cascos se mezcló con gritos lejanos.

El carruaje se detuvo de golpe.

—Emboscada —dijo uno de los escoltas—. No es para nosotros. Más adelante.

Bajaron.

En el camino, una carreta estaba volcada. Dos mercaderes yacían en el suelo. Uno se retorcía de dolor, la pierna en un ángulo imposible. El otro estaba inmóvil, con una herida abierta en el abdomen que sangraba lento, peligroso.

Ren corrió antes de que Kaela pudiera detenerlo.

El primer vistazo bastó para que su mente ordenara prioridades.

[Diagnóstico Claro: Fractura abierta / Hemorragia interna leve]

[Diagnóstico Claro: Perforación abdominal / Shock hipovolémico]

—Trapos limpios. Cinturones —ordenó—. Necesito presión aquí y aquí. No muevan al de la herida en el vientre.

El mercader consciente gemía, el sudor empapándole la frente.

—No me deje… —murmuró—. No me deje…

Ren se arrodilló a su lado.

—Mírame. Respira conmigo. No te dejo.

Activó Estabilización Rápida sobre el herido grave. La luz envolvió el torso del hombre. El sangrado no se detuvo por completo, pero el pulso dejó de desplomarse. Ren sintió el maná fluir con más precisión que antes. No era un milagro. Era un margen.

—Kaela —dijo, sin apartar la vista del paciente—. Necesito que despejen el camino. Hay que moverlos con cuidado.

Kaela dio órdenes rápidas. Los escoltas se movieron con eficiencia.

El hombre de la pierna rota gritó cuando intentaron enderezarlo.

—No enderecen —advirtió Ren—. Inmovilicen como está. Si se mueve el hueso, sangra más.

Usó Curación Dirigida para aliviar el dolor local. El grito se convirtió en gemido.

—Gracias… —susurró el mercader.

El segundo hombre no despertaba. Ren presionó la herida, sintiendo la tibieza de la sangre empaparle las manos. Recordó el monitor pitando. Recordó la impotencia. Esta vez, no se permitió dudar.

—Respira —murmuró, aunque el hombre no podía oírlo.

El traslado fue lento. Cada bache era un riesgo. Ren no se separó del herido grave, contando respiraciones, ajustando la presión cuando el pulso amenazaba con perderse.

Cuando llegaron a un puesto del gremio al borde del camino, el sol ya se había hundido detrás de las colinas. Los sanadores del puesto recibieron a los heridos con prisa contenida.

—¿Quién estabilizó a este hombre? —preguntó uno de ellos, sorprendido al ver que seguía con vida.

—Ren —respondió Kaela—. Rango E.

El sanador del puesto miró a Ren con interés nuevo.

—No se estabiliza así con rango E —dijo—. No sin perder a uno en el camino.

Ren se lavó las manos con agua hervida, sintiendo el temblor del agotamiento volver.

—No siempre se puede —respondió—. Hoy… se pudo.

Esa noche, en una habitación prestada del puesto del gremio, Ren se sentó en la cama con la espalda contra la pared. Las manos aún le ardían por la presión constante. El cuerpo estaba al límite, pero el corazón latía con una firmeza distinta.

Había dejado Lorn.

Había salvado a dos hombres en el camino.

Había sentido el peso de partir… y el peso de llegar.

Y comprendió algo con claridad incómoda:

Si quería volver a esos lugares pequeños con algo más que promesas, tenía que caminar por el mundo grande. Aprender de él. Tomar sus recursos. Sobrevivir a sus juegos de poder.

No para convertirse en héroe.

Sino para que, la próxima vez que alguien gritara “¡no me deje!”, sus manos alcanzaran un poco más lejos.

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Elba Lucia Gomez
no come? enfermo atendiendo? débil? no se......
btcclic cuenta3
Espero los próximo nuevos capítulos, welcome, perfec./Scare/
Annyely
gracias , tratare de publicar otro isekai este mes, para que me sigas apoyando☺️
🇲🇽Háyme Castelo🇲🇽🇲🇽🇲🇽
Excelente.
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