Ximena Elara Mendoza… aunque, desde hace un año, dejó atrás su apellido. La mujer alta, de cintura esbelta y actualmente con cinco meses de embarazo, eligió ocultar su verdadera identidad demi casar-se con el hombre que ama.
Leonardo Fuentes, un hombre de origen humilde, había sido su senior en la universidad.
—Leonardo, ¿cuándo piensas casarte con mi amiga? Dijiste que ella también está embarazada —dijo su hermana, haciendo que los ojos de Leonardo se abrieran de par en par.
—¡Shhh! No hables de eso aquí.
—¿Por qué? ¿Tienes miedo de que tu esposa se entere? Sería mejor, así ya no tendrían que esconder más su relación. No quiero que juegues con los sentimientos de Dulce Marquez. Sabes bien que ella es una mujer respetable, de una familia influyente. No permitas que la gente descubra que está embarazada fuera del matrimonio.
Lo que ninguno de ellos sabía… es que alguien estaba escuchando toda la conversación.
“Muy bien… seguiré su jueguito. Vamos a ver quién gana al final.”
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Tentang Arrayan Dan Gina
Capítulo 7: Arrayan y Gina
Como de costumbre, Arrayan volvía a casa cuando la noche ya estaba entrada. Hacía cinco años que lo hacía a propósito, por razones que solo él conocía.
Aquel hombre fornido y alto de treinta y cinco años, que jamás sonreía, guardaba sus secretos con llave. Nadie sabía por qué seguía atado a un matrimonio que nunca fue el suyo.
—Recién llegas, ¿no? Sales temprano, vuelves tarde... ¿y tu dinero dónde queda? —lo atacó Gina.
Arrayan la ignoró por completo. No contestó la pregunta que su esposa le hacía todos los días sin cansarse, y que él jamás le había respondido.
—¿Me estás escuchando? ¡Marido desgraciado!
Arrayan dejó a Gina despotricando y se metió al baño.
"Yo pensé que era el dueño de una agencia automotriz, por eso lo atrapé. Resulta que solo es mecánico de taller. Y para colmo, en todos estos años no me ha tocado ni una vez. ¿Cómo voy a quedar embarazada así? Y eso que ya lo intenté todo", refunfuñó Gina para sus adentros.
Arrayan salió del baño completamente vestido. En cinco años de matrimonio, Gina nunca lo había visto desnudo. Era un hombre hermético, que protegía su cuerpo de la mirada de ella como si existiera un muro invisible e infranqueable entre los dos. Gina nunca había logrado derribarlo.
—¿Hasta cuándo va a ser así de frío este matrimonio? —preguntó Gina.
—Nunca me tocas. Me das lo mínimo para vivir. Como si yo no valiera nada para ti —agregó, con un dolor repentino en la voz.
—Sabes perfectamente la razón, Gina. Este matrimonio no fue mi decisión. Fue el resultado de una trampa que tú me tendiste.
—¿Y pretendes que te trate bien? Guárdate esa fantasía —remató Arrayan con frialdad, y se dejó caer en el sofá. El mismo sofá que había sido su cama durante casi cinco años.
El cuerpo de Gina tembló. Después de tanto tiempo ocultando su secreto, resultaba que su esposo lo sabía todo.
—¿Desde cuándo lo sabes? —preguntó.
—¿Importa acaso? Me atrapaste en un círculo vicioso. Tú y toda tu familia no son más que gente del infierno. Crueles y manipuladores, capaces de cualquier cosa con tal de cumplir sus ambiciones —dijo Arrayan.
—Me engañaste porque pensaste que era rico. Cuando supieron la verdad, me humillaron. Pisotearon mi dignidad —continuó.
—Entonces, ¿por qué te quedas? ¿Por qué no me divorcias de una vez? —preguntó Gina, pálida.
—Porque irme sería fácil. Bastaría con pronunciar el divorcio y todo termina. Pero quiero que tú sufras lo suficiente para que seas tú misma quien ponga fin a lo que empezaste —respondió Arrayan, impasible.
—¿Nunca me quisiste, ni un poco? —insistió Gina.
—Deja de hacerte la tonta. Jamás me va a atraer una mujer manipuladora. Y tampoco es que tú me quieras a mí. Solo me usas de adorno para tapar tus porquerías. Sé muy bien, Gina, que te revuelcas con gigolos todos los días.
—Tú y tu madre son iguales. Que yo calle no significa que no sepa lo que hacen. Pero eso tampoco te da derecho a exigirme nada. Algún día me iré. Y cuando lo haga, no habrá fuerza capaz de traerme de vuelta. Así que mientras yo me quede callado, tú también más te vale callar.
Gina salió de la habitación hecha un nudo. ¿Qué le pasaba a ese hombre? Algo no encajaba. Si Arrayan sabía todo lo que ella hacía, ¿para qué se quedaba?
"Rayan esconde algo. Y ese algo es la clave de todo. Será pobre, pero sigue siendo el marido más guapo que tengo."
Sí, Gina siempre presumía a Arrayan frente a sus amigas. Aunque no fuera rico, su apariencia era innegable. Arrayan era un hombre de complexión imponente, mandíbula marcada, nariz recta y mirada penetrante. Cualquiera lo envidiaría. Y eso fue lo que encendió en Gina la idea de tenderle la trampa.
Gina conoció a Arrayan a través de una amiga que fue a comprar un auto. Ese día, Arrayan estaba conduciendo un vehículo de precio astronómico. Gina investigó su identidad y su amiga le dijo que Arrayan era el dueño de la agencia. Desde entonces, Gina se propuso atraparlo.
Pero la noche de la trampa, en realidad no ocurrió nada entre ellos. Solo estaban sentados en la sala de la casa de Gina, empapados por la lluvia.
Los recuerdos arrastraron a Arrayan meses atrás...
—Arrayan, ¿puedo pedirte que me lleves hasta mi casa? Está lloviendo y no tengo cómo irme —dijo Gina, que llevaba toda la tarde esperándolo a la salida del trabajo.
—Nadie te pidió que vinieras —respondió Arrayan sin mirarla.
—Ya lo sé, vine por mi cuenta. ¿Sabes, Rayan? Desde la primera vez que te vi, me enamoré de ti. Te extraño cuando no te veo. Por eso vine, solo para calmar esta nostalgia.
—¿Sabes lo que eso significa? Te amo. ¿Quieres ser mi novio? —Gina le confesó sus sentimientos sin una pizca de vergüenza.
—Espérame afuera. Ya me voy a casa —fue lo único que dijo Arrayan, sin la menor intención de responder a la declaración. Detectó que aquellos ojos no transmitían sinceridad alguna.
Cuando Arrayan entró a la oficina de la agencia, Gina se puso a teclear en su celular con una sonrisa torcida.
La lluvia que caía a cántaros desde que Gina llegó no había cesado cuando llegaron a la casa.
—Baja. No tengo paraguas, así que corre para entrar rápido —dijo Arrayan, inexpresivo.
Gina obedeció. Y entonces ocurrió.
Fingió resbalarse y caer, quedando empapada de pies a cabeza. Arrayan, que no podía dejarla así, bajó a ayudarla. Gina parecía haberse torcido el tobillo y no podía levantarse sola.
La vieja casa de Gina era apenas una vivienda alquilada en un barrio hacinado. Esa noche, mamá Ambar, Gilang y Gavin no estaban. ¿Coincidencia o plan premeditado? Nadie lo supo.
—Ven, te ayudo a entrar —dijo Arrayan, compadeciéndose.
Pero cuando llegaron a la sala, como si todo estuviera cronometrado, Gina resbaló de nuevo. Se aferró al cuerpo de Arrayan y lo jaló con fuerza hasta que ambos cayeron al suelo: él encima de ella.
En ese preciso instante aparecieron vecinos que los vieron. De inmediato acusaron a Arrayan de conducta indecente. Esa misma noche los casaron en la casa del jefe del barrio.
Arrayan declaró que era huérfano. Y después de la boda, aseguró que solo trabajaba como mecánico. Desde entonces, lo trataron como a un pobre diablo.
—Si te hubiera encontrado antes... Te habría hecho mi esposa —murmuró Arrayan para sí mismo.
—Llevo años buscándote. Y lo que siento no ha cambiado. ¿Por qué tuviste que olvidarme? —se lamentó. Cinco años desperdiciados en un matrimonio ficticio. De tanto llorar su mala suerte, había perdido de vista su verdadero objetivo.
La mañana llegó de nuevo. Olvidando que estaba siendo vigilado, Gilang se desperezó desnudo junto a su amante, que aún dormía.
—Zemi... ¿Una más?
Ella no respondió con palabras, pero el movimiento de su cuerpo fue respuesta suficiente. Abrió las piernas y Gilang se hundió en ella sin resistencia.
Gilang perdía todo control, como si el cuerpo de Zemi fuera una droga. Desde la tarde anterior, al salir de la oficina, no había parado. Y esa mañana volvió a la carga con más de una ronda. Parecían insaciables.
Brrr...
El celular de Gilang sonó con fuerza y lo hizo perder la concentración.
—Gilang, ¿por qué no apagas eso? Así se me van las ganas —se quejó Zemi.
—Déjalo sonar. Ignóralo. Ven, cambiemos de posición; llevas mucho rato abajo —dijo él.
Pero justo cuando Zemi se incorporaba para cambiar de postura, el teléfono volvió a sonar sin tregua.
—Por Dios, contesta de una vez, Gilang —dijo Zemi, apartándose.
—¿Hola...? —contestó Gilang sin mirar la pantalla.
—¿Dónde estás, Gilang?
—¿No te olvidaste de tu promesa, verdad? Hoy es el último día para responder. Sí o no. Estoy en la oficina desde temprano, pero tú no apareces. Y anoche tampoco volviste a casa. ¿Dónde dormiste? —La voz de Anye se escuchó con nitidez, porque Gilang había puesto el altavoz.
—Dios mío... Zemi, ¿qué hora es?
no no vi el amor de pareja Xime quiero un esclavo por Dios
Geográficamente hablando empieza supuestamente en México pagando con Rupias????, después dicen que están en indonesia, luego escapan a Dinamarca y resulta que es Suecia, y así entre otros tiene muchísimos errores que dificultan el poder disfrutar de una buena historia que si no fuera por eso la calificaría con 5 estrellas