No creas ni por un instante que mi historia de vida será la típica de hombres salvajes y predecibles. La mía se escribe con fuerza, con intención, con estrategia… con una presencia que se desliza bajo la piel y deja huella.
Haré que tu corazón pierda el compás, que se acelere y se rinda al ritmo de mis movimientos, como si cada paso que doy marcara el destino entre nosotros.
No será una simple historia… será mi historia la que te deje un pulso constante, una tensión que te erice la piel y te obligue a sentir cada latido en sintonía conmigo.
ACTUALIZACIÓN DIARIA
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Bosque
Actualmente estoy en el territorio de los hombres bestias, el reino con el menor poder de cultivo. Que yo sea más fuerte que los hombres bestia promedio ya sería un problema. Debo ocultar mi verdadera fuerza para evitar levantar sospechas de que no pertenezco a ninguna raza de este mundo.
-Soy humana, una raza que no existe en este mundo. Exclame hacia mis adentros.
Aelina Moonveil no se había percatado que desde que cayó desde el cielo e impactó en el suelo algo se había despertado y la acechaba desde lo lejos mirándola con unos ojos de pupilas contraídas de color sangre intenso.
De repente el bosque antes bullicioso, se alza como una catedral viva de sombras y susurros. Altos troncos oscuros se elevan rectos y silenciosos, cubiertos de musgo en sus bases, como si la tierra misma los abrazara para impedir que el tiempo los derribe. Sus copas se entrelazan muy arriba, formando un techo verde profundo que filtra la luz en delgados rayos azulados. La humedad flota en el aire, ligera pero constante, impregnando cada hoja, cada piedra, incluso cada rincón del sendero que observé a lo lejos.
Me dirigí al camino, angosto y ligeramente curvado, que parece deslizarse entre los árboles como una cinta oscura. El suelo húmedo refleja débilmente la claridad que se cuela entre las ramas, creando un brillo suave, casi plateado. A los costados, rocas cubiertas de líquenes y pequeños montículos de tierra sostienen raíces retorcidas que emergen como venas antiguas.
En cuanto a los sonidos, el bosque nunca suele estar realmente en silencio. Se escucha el murmullo suave del viento moviendo las copas altas, un suspiro continuo que va y viene. Las hojas crujen levemente cuando alguna brisa más fuerte desciende entre los troncos. El goteo ocasional de agua cayendo desde las ramas húmedas hacia el suelo. A excepción de los sonidos ambientales no se escucha ni una brizna de vida.
Al caminar por el sendero mis pasos se escuchan apagados, absorbidos por la tierra mojada. Y entre cada sonido natural, existiría también un silencio profundo, denso, casi reverente… como si el bosque respirara lentamente, atento a todo lo que se adentra en él.
En el bosque oscuro a una distancia imperceptible, observa en silencio una serpiente descomunal, como si fuera una criatura salida de una leyenda antigua. Su cuerpo no mide apenas unos centímetros, sino varios metros de largo, grueso como el tronco de un árbol centenario. Cada anillo de su cuerpo forma espirales imponentes que hunden ligeramente el suelo bajo su peso.
Sus escamas son oscuras, de un tono negro azulado profundo que parece absorber la luz del sol. Tienen una textura rugosa y marcada, como si fueran pequeñas placas de piedra pulida, superpuestas con precisión perfecta. Al moverse, esas escamas reflejan destellos metálicos, otorgándole un aspecto casi sobrenatural.
La cabeza, ancha y poderosa, reposa sobre una roca. Sus rasgos son firmes y definidos, con una estructura que transmite fuerza y dominio. Pero lo más impactante son sus ojos: dos esferas de un rojo intenso y brillante, como brasas encendidas en la penumbra. No son simples ojos, sino faros ardientes que parecen observar con inteligencia y amenaza silenciosa.
Su presencia impone respeto. Desenroscada es una sombra colosal deslizándose sobre la tierra, silenciosa, poderosa e imposible de ignorar si te encuentras junto a ella.
Caminé por todo el sendero hasta llegar a un punto donde se encontraban dos caminos en distintas direcciones. Tome el lado derecho, pero me llevaba a un camino sin salida rodeado de piedras gigantescas, opté por regresar y continuar en el otro camino. Pero este por más que caminaba no veía fin.
Cansada de tanto caminar me tomé un tiempo para descansar, saqué de mi espacio una botella de agua, tome un sorbo y reflexione sobre la anomalía de este bosque.
-Si no puedo caminar por el bosque, entonces solo volaré. Hablé en voz baja.
No quería usar mi habilidad con la espada para volar, por miedo a ser descubierta, pero viendo que no puedo salir de este bosque de la forma tradicional, tendré que hacerlo.
Mientras Aelina Moonveil pensaba en hacer su próximo movimiento unos ojos, de un rojo intenso y brillante, resplandecen en la penumbra verde del bosque como dos brasas vivas. No parpadean. Observan. Analizan. Su lengua bífida corta el aire húmedo mientras el viento agita las copas de los árboles.
En ese instante sentí una mirada afilada dirigiéndose a mí, me levanté mirando en la dirección donde sentí la mirada.
-¡Sal! ¡¿Quién eres y por qué me sigues?! Grité en la dirección.
Al voltear vi una colosal serpiente. Quedé sorprendida por su gran tamaño y al instante su cuerpo colosal comenzó a rodearse de una neblina oscura, como si las sombras del bosque respondieran a su llamado. Las escamas se iluminan con un tenue fulgor azulado, y su forma empieza a contraerse, a estirarse en otra dirección. El sonido es suave, como hojas rozándose entre sí.
La espiral se desenrolla y se eleva. La cola se divide y se convierte en piernas firmes. El torso se define, los hombros se ensanchan, la piel adopta un tono pálido y terso. Las escamas desaparecen una a una, transformándose en una larga cabellera azul profunda que cae en mechones lisos hasta más abajo de los hombros, brillante como seda bajo la luz filtrada del bosque.
Donde antes había una cabeza reptiliana, ahora se alza el rostro de un hombre joven y apuesto. Sus facciones son finas pero marcadas, con pómulos elegantes y labios definidos. Sus ojos permanecen iguales en esencia: rojos intensos, penetrantes, con un leve brillo sobrenatural que delata su verdadera naturaleza.
Su expresión es serena, segura, casi dominante. Viste ahora un traje oscuro adornado con delicados detalles dorados que parecen surgir de la misma energía que lo transformó, como si el bosque mismo le hubiera tejido aquellas prendas.
De pie en el sendero, entre sombras y susurros de hojas, ya no parece una serpiente… pero en su mirada ardiente todavía habita la criatura antigua que acecha bajo la piel humana.
-Que guapo. Dije hacía mis adentros sonrojada.
bueno lo importante es que el la esta cuidando pero hay le va tocar difícil con todas esas mujeres
hay no que paso