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CICATRICES BAJO LA LLUVIA

CICATRICES BAJO LA LLUVIA

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor eterno
Popularitas:5.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

Elena: Una talentosa restauradora de arte que perdió la confianza en su talento tras un accidente que le dejó una leve secuela en la mano derecha. Es perfeccionista, un poco retraída y está tratando de reconstruir su vida en un pueblo costero alejado del caos de la ciudad. podrá encontrar su rumbo en este lugar?

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CAPÍTULO 15: EL ARCHIVO DE LAS SOMBRAS

​El aire en el sótano de La Atalaya era denso, frío y olía a una mezcla de tierra mojada y aceite de linaza petrificado por el tiempo. Julián bajaba primero, sosteniendo una potente linterna profesional que cortaba la oscuridad como un bisturí. Elena lo seguía de cerca, aferrada a la barandilla de hierro oxidado que crujía bajo su peso, sintiendo que cada escalón la alejaba más de la realidad y la hundía en un mito familiar.

​—Cuidado donde pisas, Elena. Los cimientos aquí son de piedra seca, pero la humedad ha hecho de las suyas —advirtió Julián, su voz resonando con un eco metálico.

​Al llegar al final de la escalera, la linterna iluminó una estancia amplia, con techos abovedados. A diferencia de la planta superior, devorada por el fuego, este lugar parecía una cápsula del tiempo. Había estanterías de madera maciza repletas de tubos de metal, rollos de lienzos y cajas de madera selladas con cera.

​—Es un búnker de arte —susurró Elena, maravillada. Se acercó a una de las mesas centrales, donde descansaba un cuaderno de bocetos con las tapas de cuero carcomidas. Al abrirlo, vio dibujos de estructuras, puentes y edificios que no parecían de los años setenta.

​Julián se acercó a una pared donde colgaba un plano arquitectónico amarillento. Se quedó paralizado. Su respiración se detuvo y la linterna tembló ligeramente en su mano.

​—Elena... mira esto —dijo él con un hilo de voz.

​Elena se acercó. El plano mostraba el diseño de un teatro, una estructura vanguardista para su época. En la esquina inferior derecha, el nombre del arquitecto estaba escrito en letras doradas: Mateo Torres.

​—¿Torres? —preguntó Elena, sintiendo un escalofrío—. Julián, ¿ese era tu...?

​—Mi abuelo —respondió él, pasando los dedos por el papel con una mezcla de asombro y dolor—. Mi padre siempre decía que el abuelo Mateo había desaparecido después de un gran fracaso profesional en la costa. Decían que su diseño más ambicioso se hundió antes de terminarse. Por eso mi padre me rogó que no fuera arquitecto. Por eso me mudé de ciudad, para empezar de cero sin el peso de su nombre.

​—Él no desapareció, Julián —intervino el anciano guardián, que había bajado tras ellos con una lámpara de aceite—. El abuelo de Julián y la bisabuela de Elena no solo eran colaboradores. Eran los que soñaron con convertir este pueblo en un faro cultural. Pero el 14 de febrero de 1974, alguien provocó el incendio para destruir las pruebas de una estafa inmobiliaria que involucraba a los poderosos de la época.

​El silencio que siguió fue tan pesado como la piedra que los rodeaba. El humor de la superficie parecía un recuerdo lejano, hasta que el sonido de un golpe seco y un balido indignado rompió la tensión.

​—¡Me cachis en la mar! ¡Tato, ten cuidado con la antena, que nos vamos a quedar sin señal aquí abajo! —La voz de doña Rosario bajaba por las escaleras, seguida por el adolescente y, por supuesto, por Pincel, que bajaba los escalones con la agilidad de un escalador experto.

​—¡Tía Chayo, esto es de locos! ¡Parece el set de una película de Indiana Jones! —exclamó Tato, entrando al sótano con su teléfono en alto, grabando todo para su directo—. ¡Gente, no se lo van a creer! ¡Estamos en el sótano de los secretos!

​—Tato, apaga eso ahora mismo o te convierto en abono para mis geranios —ordenó Rosario, aunque ella misma miraba a su alrededor con los ojos como platos—. Vaya, vaya... así que aquí es donde se escondía la verdad. Julián, niño, deja de mirar ese papel como si fuera un fantasma. Tu abuelo era un genio, pero un genio con malos enemigos. Igual que tú.

​Elena se acercó a una de las cajas de madera y, con la ayuda de un formón que Julián le prestó, rompió el sello. Dentro, envuelto en telas de seda, había un cuadro. No era una restauración; era una obra original. Un retrato de un hombre joven con ojos grises intensos, parado frente a un edificio a medio construir.

​—Es tu abuelo, Julián —dijo Elena, con lágrimas en los ojos—. Y el fondo... es San Lorenzo. Él diseñó este pueblo para que fuera eterno.

​Julián se sentó en un cajón, abrumado. La conexión era demasiado perfecta para ser casual. Sus vidas no se habían cruzado por un accidente de coche o por una fianza impagada; sus destinos estaban entrelazados desde hacía tres generaciones.

​—Garrido... —dijo Julián de repente, levantando la vista—. La constructora de Garrido no empezó hace veinte años. El padre de Ernesto Garrido fue el que acusó a mi abuelo de usar materiales defectuosos en el 74. Es la misma historia, Elena. Se repite. Han estado destruyendo a los Torres y a los Valente durante décadas para quedarse con estas tierras.

​Elena tomó la mano de Julián. La calidez de su contacto fue la chispa que encendió una nueva determinación. El romance ya no era solo una cuestión de besos y palabras dulces; era una alianza de sangre contra una injusticia histórica.

​—Entonces vamos a terminar lo que ellos empezaron —sentenció Elena—. Yo restauraré estos lienzos para demostrar la grandeza de mi familia, y tú... tú vas a usar estos planos para demostrar que los diseños de los Torres nunca fueron el problema. El problema siempre fue la codicia de los Garrido.

​—¿Y qué hacemos con el viejo Garrido que está en la cárcel? —preguntó Tato, que seguía grabando a escondidas.

​—Ese es solo el principio —dijo Rosario, tomando una rosquilla de su bolsillo y dándole la mitad a la cabra—. El verdadero tesoro no es el dinero, es la verdad. Y ahora que la tenemos, San Lorenzo va a dejar de ser un pueblo de sombras.

​Julián se levantó, atrajo a Elena hacia sí y la besó frente a los planos amarillentos y las obras olvidadas. Fue un beso que sabía a victoria anticipada y a una promesa inquebrantable.

​Elena —susurró él contra sus labios—. Aún nos quedan muchos por escribir, pero este... este es el que lo cambia todo.

​Salieron del sótano mientras la luna llena iluminaba las ruinas de La Atalaya. El pasado ya no era una carga, sino el combustible que necesitaban para el futuro. Sin embargo, mientras se alejaban en el jeep, una pequeña luz roja parpadeaba en una esquina del sótano. Tato, en su entusiasmo de influencer, había dejado su teléfono transmitiendo en vivo... y alguien, en algún despacho oscuro de la ciudad, estaba viendo exactamente lo que acababan de descubrir.

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✿.。.:* ☆𝙰𝚗𝚗𝚒𝚔𝚊✿.。.:* ☆:.
😌
Rositha🌹📝📚
Excelente 🙏🌷
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
muy buen cap 👏👏👏
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
yo quiero que sea niña
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
es cierto que la fertilidad aumenta luego del primer embarazo?
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
AAAAH 😱jajajaja el muchacho lo volvió a hacer, que linda familia, cada vez se hace más grande
Andrea
Adorable
🦋 Vαηυн ✨🦋
Bueno, yo no sabía que los colores se sentían incomprendidos 🤣🤣
🦋 Vαηυн ✨🦋
🤣🤣🤣🤣 Como sería el moco de trol?? 🤣🤣
yewein¥§
sexo no 🤕
yewein¥§
Cupido un poroto 😁🥵 quiero zexo ver🤧
yewein¥§
son iguales 🤓
yewein¥§
le gustó el nombre 😁
yewein¥§
son 2 gotas de agua
yewein¥§
encontraste tu alma gemela 🤓
yewein¥§
yo Cristian 😁
yewein¥§
que está lloviendo no sabía ☂️
yewein¥§
pobre universo siempre sale siendo acusado 🤓
yewein¥§
es la correcta embarazala😁
yewein¥§
que te den cómo cajón que no cierra🥵
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