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El TELÉFONO NUNCA DEJO DE SONAR

El TELÉFONO NUNCA DEJO DE SONAR

Status: En proceso
Genre:Secuestro y encarcelamiento / Romance / Suspenso
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: atemporal

Alguien siempre está mirando.

No para ayudar.
Para medir cuánto podés resistir.

Finn Calder aprende rápido que el dolor no siempre deja marcas visibles.
Las palabras pesan más que los golpes.
El silencio castiga mejor que cualquier encierro.

El Vigilante observa, corrige, decide.
Juega con el miedo, administra la violencia, convierte la mente en su verdadero campo de batalla.

Nada es casual.
Cada elección empuja a otra.
Cada acto tiene un precio.

Y cuando todo parece explicarse —cuando la verdad por fin toma forma—
suena un ring.

Una llamada.

La duda es simple…

¿es peor no contestar… o descubrir a dónde puede llevarte hacerlo?

NovelToon tiene autorización de atemporal para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

lo que duele cuando resulta que no sos el único

Lo que duele cuando no sos el único

La luz volvió sin aviso.

No fue gradual. No fue amable. Simplemente regresó, como si nunca se hubiera ido, obligando a los ojos de Finn a adaptarse de golpe. El ardor fue inmediato. Parpadeó varias veces, respirando con dificultad, intentando orientarse.

El sótano era el mismo.

La silla.

Las cuerdas.

El teléfono.

Pero algo había cambiado.

No estaba solo.

Lo entendió primero por el sonido: respiraciones ajenas. Irregulares. Nerviosas. Un sollozo ahogado en algún punto de la habitación. El corazón de Finn se aceleró de inmediato.

—¿Hola? —dijo, con la voz tensa.

—Shh… —susurró alguien.

Finn giró la cabeza todo lo que pudo. A su derecha, contra la pared, había otra silla. Y otra. Y otra más. Cuatro en total, formando una especie de semicírculo incómodo.

En cada una, un chico.

Atados.

Pálidos.

Vivos.

El alivio fue instantáneo… y luego vino la culpa.

—No están muertos —dijo la voz del Vigilante, como si hubiera leído su pensamiento—. Todavía.

Finn apretó los dientes.

—¿Quiénes son? —preguntó.

—Eso depende de cuánto quieras saber —respondió la voz—. A veces, conocer a los demás duele más que estar solo.

Uno de los chicos levantó la cabeza. Era alto, de hombros anchos, con el labio partido y una mirada cansada pero desafiante. Sus ojos se cruzaron con los de Finn por un segundo.

—No le contestes —dijo el chico—. Eso lo empeora.

Finn tragó saliva.

—¿Hace cuánto están acá? —preguntó, ignorando la advertencia.

—Tiempo suficiente —respondió otro, más bajo, con el rostro marcado por moretones viejos—. Para saber que no hay respuestas buenas.

El teléfono vibró.

Finn sintió el sonido como una descarga.

—Bien —dijo el Vigilante—. Presentaciones espontáneas. Me encanta cuando cooperan sin que se los pida.

El chico del labio partido bufó.

—Sos un enfermo.

Silencio.

Los segundos se estiraron.

—Tercera regla —dijo finalmente la voz—: no confundas silencio con paciencia.

El chico no tuvo tiempo de reaccionar.

Una luz lateral se encendió de golpe, apuntándole directo al rostro. Él gritó, cerrando los ojos, retorciéndose contra las cuerdas.

—¡Pará! —gritó Finn—. ¡No hizo nada!

—Exacto —respondió el Vigilante—. Eso es lo interesante.

La luz se apagó.

El chico respiraba agitado, con los ojos húmedos de rabia y miedo. Finn sintió un nudo en el estómago. No era solo terror; era impotencia. El castigo no tenía lógica visible. No había forma de anticiparlo.

—Acá nadie es castigado por lo que hace —continuó la voz—. Sino por lo que provoca.

El teléfono sonó.

Ring.

Todos se tensaron al mismo tiempo.

—¿Saben por qué están acá? —preguntó el Vigilante.

Nadie respondió.

—No —continuó—. Y eso los iguala. Pero también los vuelve útiles.

Finn miró a los otros chicos. Uno de ellos temblaba sin control. Otro tenía la mirada perdida, como si ya estuviera lejos de ese lugar.

—Esto no es un juego —dijo Finn, con furia contenida.

—Claro que lo es —respondió la voz—. Solo que no todos los juegos son divertidos para todos.

El teléfono dejó de sonar.

—Hoy vamos a probar algo nuevo —anunció el Vigilante—. Algo simple.

Una pausa.

—Vamos a hablar de elecciones.

Finn sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—Cada uno de ustedes va a recibir una llamada —continuó—. No ahora. No todavía. Pero cuando suene… tendrán que decidir.

—¿Decidir qué? —preguntó el chico bajo.

—Si contestan —respondió la voz—. O si dejan que otro cargue con eso.

El silencio cayó pesado.

—¿Qué pasa si no contesta nadie? —preguntó Finn.

La risa del Vigilante fue suave, casi decepcionada.

—Siempre contesta alguien.

El teléfono vibró de nuevo.

—Empecemos despacio —dijo la voz—. Finn.

El corazón le dio un vuelco.

—Vos vas a elegir primero.

—No —respondió sin pensar—. No juego.

—Ya estás jugando —dijo el Vigilante—. Desde que respirás acá adentro.

El teléfono sonó otra vez.

Ring.

Ring.

—Si contestás —continuó la voz—, uno de ellos se libera una mano.

—Si no —agregó—, ninguno lo hace.

Finn miró a los otros chicos. Sus miradas se clavaron en él al mismo tiempo. Esperanza. Miedo. Desconfianza.

—No confíes —susurró el chico del labio partido—. Siempre miente.

El teléfono seguía sonando.

Finn sentía el pulso en los oídos. Si contestaba, se exponía. Si no, los condenaba a todos a seguir igual. No sabía qué era peor.

—Esto es injusto —dijo.

—La justicia no entra acá —respondió el Vigilante—. Solo las decisiones.

Ring.

Ring.

Finn cerró los ojos.

Pensó en Rian. En su cara cuando se preocupaba. En cómo siempre decía que Finn cargaba con cosas que no le correspondían.

Tal vez tenía razón.

—Si contesto —dijo Finn—, ¿a quién liberás?

Silencio.

—Eso también es parte del juego —respondió la voz.

Finn respiró hondo. Cada músculo de su cuerpo estaba tenso.

—Está bien —dijo finalmente—. Contesto.

El teléfono dejó de sonar justo cuando Finn estiró la mano.

Silencio absoluto.

Durante un segundo, no pasó nada.

Luego, un clic.

Las cuerdas de uno de los chicos cedieron ligeramente. No se liberó del todo, pero una mano quedó suelta. El chico miró su muñeca, incrédulo, y luego levantó la vista.

—Gracias… —susurró.

Finn exhaló, temblando.

—¿Ves? —dijo el Vigilante—. Elegiste.

—¿Y ahora qué? —preguntó Finn.

—Ahora vivís con eso —respondió la voz—. Con la duda. Con la culpa. Con la pregunta de si fue la elección correcta.

El teléfono vibró una vez más.

—Esto recién empieza —continuó—. Y cuanto más se quieran entre ustedes… más interesante se va a volver.

La luz parpadeó.

Finn sintió un peso nuevo caerle encima. No estaba solo. Y eso no era una ventaja.

Era una debilidad compartida.

1
Karla Esmeralda
me gustó mucho ♥️🐻
Yesica Colque
Interesante Autora..
Yesica Colque
Soy la primera Autoraaaa... Bienvenidaaaa...
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